domingo, 30 de marzo de 2014

La telepatía no existe


Las ventajas de los mensajes ambiguos e intrigantes.

Las dificultades para comunicarse no dependen solamente de la falta de práctica, o de la pequeñez del léxico (capital verbal, vocabulario), o de la capacidad oratoria, también influye una cierta estrategia social.

La actitud intrigante se caracteriza por insinuar ideas para que el destinatario la termine con lo que imagina.

Por ejemplo, alguien pude decir: «Juan tiene buena fama, sin embargo quienes lo conocemos mejor tenemos una opinión muy diferente».

Con este comentario, quien poco dijo en cantidad de palabras logró instalar una duda en el receptor. La estrategia consiste en no hacerse responsable de lo que dice porque sólo sugiere, dejando cualquier posible interpretación en manos de quien escucha.

Otro objetivo del intrigante es despertar curiosidad para que el interlocutor se quede pensando en el emisor. Si la intención es fijar un recuerdo recurrente, el intrigante logra que el otro nunca deje de pensar eso que no logró entender.

Nunca he oído que los críticos literarios o los teólogos hayan dicho que los textos bíblicos son intrigantes, pero quizá lo sean y es por eso que tantas personas meditan largamente sobre esas escrituras ambiguas, que tanto podrían estar llenas de significados como totalmente vacías.

Acá tenemos un ejemplo donde se muestran las ventajas de una mala comunicación, o de una comunicación insinuante, malintencionada, destinada a encarcelar el pensamiento de quien la reciba. ¿A quién podría ocurrírsele que la biblia tiene una literatura intrigante y maliciosa? No es fácil presentar esta hipótesis, pero usted podría dedicarle unos minutos a descartarla... si es que encuentra suficientes argumentos para hacerlo.

Las personas que reciben una escasa formación educativa pueden encontrar en ese estilo literario (el de expresarse con muy poca claridad aunque con gran ambigüedad, como observamos en la Biblia) y sentir que es mejor no saber mucho porque cuanto más clara es la comunicación menos dominamos a los otros, en tanto siempre quedan en libertad de criticar lo que oyen y entienden.

(Este es el Artículo Nº 2.164)


sábado, 29 de marzo de 2014

Ganadería humana


La esclavitud, la trata de personas, los matrimonios por conveniencia, progresivamente en desuso, agregan ahora la contratación precoz de niños que prometen grandes desempeños deportivos.

La explotación del hombre por el hombre no es un concepto denunciado por Carlos Marx, útil exclusivamente para denunciar las injustas relaciones laborales entre empleadores y empleados.

En este video y artículo les comento lo que cada vez ocurre menos en Latinoamérica: la negociación en la que los padres les exigen al novio de la hija cierta retribución económica como condición para autorizar el matrimonio.

Si bien es cierto que son las mujeres las que eligen a quien será el padre de sus hijos, las cosas no ocurren siempre así. Muchas veces ellas tienen que conformarse con alguien diferente al que siempre desearon (léase: amaron), ya sea porque él estaba comprometido con otra persona, o porque los padres de uno o de otra se opusieron tenazmente, o porque apareció otro interesado en la joven que hizo una oferta económica que la muchacha no pudo despreciar, presionada por su familia.

Estos fenómenos de índole comercial nos retrotraen a la venta de esclavos, a la trata de blancas o de extranjeros. Los seres humanos podemos ser considerados bienes de cambio (canjeables por dinero) o bienes de uso (utilizables para trabajar). En ambos casos funcionamos como mercaderías o como semovientes.

Aunque muchos se escandalizan por esta indignante situación, pueden no ser conscientes de la doble moral que poseen. Efectivamente, si una mujer no tiene derecho a abortar entonces su cuerpo, en forma explícita, no le pertenece. Esto y la esclavitud son casi lo mismo.

Si bien en nuestra heterogénea Latinoamérica estas prácticas van perdiendo protagonismo, no ocurre lo mismo con la firma de contratos en los que los padres venden a un contratista los derechos a utilizar con fines deportivos a su pequeño hijo, que nació con un inocultable don de ser, en el futuro, un gran jugador, capaz de generar para sus dueños, enormes ganancias.

(Este es el Artículo Nº 2.163)


viernes, 28 de marzo de 2014

La escala salarial en los docentes


Si bien el título de este artículo y video refiere a un tema económico, quizá sea oportuno complementar ese objetivo, ya planteado en el video, mencionando otro asunto igualmente importante.

Ahora me referiré a la opción estudiantil de quienes, desconociendo cuáles son las dificultades de cada uno de los trabajos (educación de niños, de adolescentes o de adultos), optan por elegir la que ellos imaginan como la más fácil, es decir, magisterio, la enseñanza de niños.

Erróneamente, muchos estudiantes se vuelcan a esta carrera porque han fracasado en otras o porque nunca fracasaron, pero no querrían fracasar: por eso se dedican a estudiar lo que les parece más sencillo.

Sin embargo, enseñarle a niños pequeños es un poco más difícil que enseñarle a personas que ya han desarrollados las principales competencia intelectuales.

Además, vale la pena mencionar lo siguiente:

La vocación es un impulso natural que traemos desde que fuimos concebidos. Ante este deseo, esta preferencia, este gusto por hacer ciertas tareas, lo más difícil siempre es no hacerlas. Es decir: si alguien posee la vocación para educar niños pequeños, tendrá una vida incómoda si no tiene la oportunidad de estudiar y dedicarse a esa tarea.

(Este es el Artículo Nº 2.162)


jueves, 27 de marzo de 2014

Disgusto por la competencia


Si logramos entender nuestros sentimientos y asociaciones, alterados por los celos, quizá podamos amar a nuestros hermanos menores, quizá podamos conservar el amor de nuestro cónyuge y quizá podamos concursar sin la ceguera que nos impone la pasión irracional.

Si bien en el video que acompaña a este artículo pongo especial énfasis en la filosofía socialista, en tanto ella dificulta participar en un régimen laboral competitivo, ahora el eje temático será un poco diferente.

Uno de los motivos más activos en la conducta poligámica de nuestro cónyuge está fuertemente vinculado a la competitividad a la que nos enfrenta.

Así como celamos con furia homicida a nuestros hermanos menores, porque sentimos que venían a robarnos el amor que recibíamos de nuestra familia, porque percibimos que invadieron nuestro territorio desplazándonos despóticamente, algo similar ocurre con las amistades íntimas que tenga nuestro cónyuge.

Puesto que estamos con él porque lo necesitamos, quizá tanto como necesitamos a nuestros padres cuando aparecieron los hermanos menores, nos pone muy violentos saber que otras personas comparten su atención, su cuerpo, su afecto, su dedicación. No logramos entender que, así como logramos sobrevivir a la invasión de hermanos menores también podremos sobrevivir a la invasión de otros amores de nuestro cónyuge.

Exactamente esto mismo ocurre en los concursos de oposición a los que tenemos que enfrentarnos para conseguir un trabajo o para merecer un ascenso en la carrera funcional.

Sentimos que esa prueba es una instancia en la que tenemos que luchar con nuestros hermanos para conservar el amor de nuestros padres o en la que teneos que luchar con los amantes de nuestro cónyuge para conservarlo.

La pasión destructiva que se desata en nuestra mente responde a que necesitamos defendernos de un ataque terminal: tenemos que conservar el amor de nuestros padres, tenemos que conservar el amor de nuestro cónyuge, tenemos que alcanzar la jerarquía que más merecemos.

Estas similitudes no son percibidas a nivel consciente. Por eso, cuando se presentan, actúan con un inusitado descontrol. Si entendemos qué les pasa a nuestros sentimientos, qué asociaciones inconscientes nos movilizan, podríamos actuar con más calma, sabiendo que si logramos entender nuestros sentimientos y asociaciones, quizá podamos amar a nuestros hermanos menores, quizá podamos conservar el amor de nuestro cónyuge y quizá podamos concursar sin la ceguera que nos impone la pasión irracional.

(Este es el Artículo Nº 2.161)


miércoles, 26 de marzo de 2014

Ya no hay vendedores


Los cambios en la forma de comprar han ocurrido porque se encontraron maneras de abaratar los costos y porque, emocionalmente, no queremos hablar ni que nos hablen. Antes nos gustaba esa interacción y los vendedores venían a complacernos, ahora no queremos esa interacción y, por suerte, los vendedores no vienen a molestarnos.

Difícilmente encontremos a quien ofrezca cursos de ventas, como ocurría hace unas décadas atrás. Ahora se ofrecen cursos, carreras, conferencias, sobre márquetin, que no es lo mismo que ventas, pero es lo más parecido.

Quizá el márquetin es algo así como la venta que dejó de ser persona-a-persona para convertirse en masiva. La venta persona-a-persona se restringe a muy pocos productos especialmente costosos: joyas, obras de arte, automóviles, viviendas, y pocas cosas más.

¿Por qué ocurrió esto?

Solo se me ocurren dos razones:

1) Los empresarios, fabricantes, importadores, comerciantes, viven una lucha eterna por mejorar su posición competitiva. El precio de lo que venden es esencial, muchas veces determinante. Esa lucha consiste en bajar los costos y, uno de los principales costos es el salario que cobran los trabajadores que participan en el proceso de fabricación, distribución y venta. Por lo tanto, el abatimiento del gasto salarial se está logrando con nuevos procedimientos que prescinden, más y más, de trabajadores. Es así que se inventan máquinas y que se encuentran formas de vender que no requieren la participación de tantas personas: de ahí el autoservicio del que estoy hablando en este video.

2) Una segunda razón quizá sea menos fácil de percibir: los humanos estamos, emocionalmente, más distantes unos de otros. Algo nos está pasando, sin entrar en ningún juicio de valor para decir si está bien o está mal lo que nos ocurre, pero nos gusta el autoservicio porque no tenemos que hablar con nadie, no tenemos que hacer colas de espera (excepto en las cajas donde pagamos), no tenemos por qué explicar cuál es nuestra necesidad o deseo a satisfacer, nadie tiene que darnos su opinión, ni tenemos por qué escuchar que el vendedor, casualmente, usa en su casa eso que nos quiere vender. Estamos irascibles, impacientes, intolerantes, antipáticos, antisociales. Preferimos hacer las compras escuchando la música de nuestro teléfono, sin que nadie nos moleste con su conversación.

En suma: los cambios en la forma de comprar han ocurrido porque se encontraron maneras de abaratar los costos y porque, emocionalmente, no queremos hablar ni que nos hablen. Antes nos gustaba esa interacción y los vendedores venían a complacernos, ahora no queremos esa interacción y, por suerte, los vendedores no vienen a molestarnos.

(Este es el Artículo Nº 2.160)


martes, 25 de marzo de 2014

El amor y las faltas de ortografía


El cumplimiento de las normas ortográficas es posible en personas que también pueden cumplir con otras normas: puntualidad, tránsito, conducta, respeto. Por lo tanto, ante el incumplimiento de las reglas ortográficas podemos pensar que también existen otros incumplimientos.

Los seres humanos somos coherentes. Quizá puedo afirmar que todos los seres vivos somos coherentes... porque la coherencia no es otra cosa que la armonía existente entre las diferentes funciones biológicas, sin la cual la vida sería imposible.

Por lo tanto, los humanos siempre somos coherentes mientras estamos vivos. Fallecemos solo porque perdemos la coherencia, la armonía, la afinidad funcional.

Es gracias a esta coherencia que podemos sacar algunas conclusiones a partir de ciertos datos. El siguiente ejemplo es el motivo central de este artículo.

Cuando señalamos que alguien tiene muchas faltas de ortografía podemos pensar que es descuidado, olvidadizo, rebelde, ignorante, transgresor.

La gramática es el conjunto de normas que regulan nuestro lenguaje. Este funciona colectivamente en tanto podamos cumplir algunas leyes. Si cada uno actuara con independencia de los otros hablantes no podría entenderse con los demás, quedaría incomunicado, aislado.

Este aislamiento puede ser penoso o placentero. Si bien somos animales sociales, gregarios, integrantes naturales de grupos, familias, afiliaciones, religiones, naciones, a veces necesitamos o preferimos estar solos, apartarnos de la manada.

En este caso decimos que esa soledad está provocada por el narcisismo, es decir, por un amor especial a sí mismo, reforzado por el desinterés especial a todos los demás.

Por lo tanto, en las relaciones humanas, si bien podemos escribir y hacernos entender teniendo en cuenta solo la fonética de las palabras, el respeto a la ortografía permite pensar que esa persona, dado que es coherente, muy probablemente también sea sociable, admita las normas de convivencia, respete a los demás, los tenga en cuenta, pueda amarlos, ser puntual para llegar en hora a las citas y también para pagar las deudas; muy probablemente también pueda respetar los reglamentos de circulación por calles y carreteras, ser confiable porque dice lo que piensa, sepa comportarse adecuadamente en diferentes situaciones: viajes, fiestas, trabajo, estudio.

Estos pocos ejemplos nos permiten entender por qué, si alguien no logra respetar las normas ortográficas, está informando una importante variedad de carencias en el desarrollo de su personalidad, que van mucho más allá de ese pequeño detalle de incluir una letra h aunque no suene, o de elegir correctamente las letras c, s, x o z, aunque provoquen sonidos casi iguales.

 (Este es el Artículo Nº 2.159)


lunes, 24 de marzo de 2014

Filosofía oriental y occidental


En occidente creemos que los humanos somos una suma de características, (dualismo cartesiano), y en oriente creen que los humanos somos un todo indivisible (holismo).

Cada vez con más frecuencia se incluyen pruebas psicotécnicas en los concursos o en los exámenes de valoración laboral.

Quienes tienen la responsabilidad de elegir a los mejores candidatos para cubrir una vacante, quizá hayan encontrado que la evaluación fragmentaria de los interesados puede mejorarse con una evaluación que integre los aspectos psicológicos (inteligencia, creatividad, tolerancia, capacidad para inducir y deducir, personalidad, comprensión lectora, umbral de tolerancia a la frustración, estabilidad emocional, sentido del humor, aptitud para trabajar en grupo, afectos, celos, envidia, capacidad de concentración, aptitud para el aprendizaje, memoria, capacidad asociativa y otros).

El intelecto occidental está fuertemente marcado por el dualismo cartesiano. Este verdadero disparate que se ha instalado en nuestra cultura nos impide ver el bosque, porque solo podemos ver árboles, uno por uno, todos juntos (bosque), no.

Con el dualismo cartesiano (según el cual somos la suma aritmética de un cuerpo más un intelecto), suponemos que lo que vamos conociendo de nuestra existencia también debe agregarse en tono de adición, sin poder acceder a una comprensión global del ser humano.

De esta forma, los occidentales seguimos agregando más y más elementos nuevos, a medida que se van conociendo, pero resulta que a medida que se profundizan los nuevos conocimientos, no tenemos más remedio que destinar personas que solo se dediquen a estudiarlos. Esto explica por qué en occidente tenemos especialistas para casi cualquier rama del saber: son personas que saben mucho de poco.

En oriente piensan de forma diferente: ellos tratan de interpretar el mundo que los rodea considerándolo como un todo orgánico, armónico, equilibrado. Para los orientales, cada nuevo conocimiento es integrado al todo, tratando de entender cómo es parte inseparable del resto.

Cada intento de influir sobre algo (en el video puse el ejemplo de los errores ortográficos), debe encararse globalmente, considerando a la persona disortográfica como un ser completo, perfecto, armónico, equilibrado. Para los orientales, solo se puede mejorar algo mejorándolo todo.

Los negocios entre los chinos y los occidentales requieren de estos últimos un verdadero estudio de aquella cultura, porque si se los supone iguales a nosotros los desentendimientos pueden hacer naufragar cualquier contrato.

(Este es el Artículo Nº 2.158)


domingo, 23 de marzo de 2014

La desinstalación de software


Cada vez es más difícil actuar en la ilegalidad y quienes igualmente delinquen son atrapados con mayor facilidad.

Somos mejores de lo que aparentamos, pero la economía de mercado nos obliga a ser peores para tener que comprar asesoramiento innecesario.

Todos estamos confabulados para obligarnos a ser tan inseguros que debamos consultar todo lo que tenemos que hacer.

No solamente les damos trabajo a muchas personas sino que además nos denunciamos, como en un régimen donde las libertades individuales estén severamente recortadas.

Los humanos nacemos con instintos bastante completos y podríamos arreglarnos solos, sin tener que consultar sobre asuntos de salud, administrativos, éticos, legales, laborales, matrimoniales, de alimentación, sexualidad, gestación y cualquier otro tema importante para la vida. 

Somos buenos ciudadanos si tenemos la inseguridad suficiente como para no sentirnos capaces de resolver nuestras dificultades por nosotros mismos, pensando, estudiando, arriesgándonos a probar las soluciones que obtenemos imaginando, razonando, ensayando.

Esto funciona así, no solamente para darle ocupación a los miles de especialistas que tienen que ganarse la vida, sino por algo más tenebroso.

Efectivamente, si fuéramos capaces de resolver nuestros propios problemas seríamos personas de las que se sabría muy poco.

Por ejemplo, cada pregunta que le hacemos a un técnico genera en este varias preguntas (aclaratorias, ampliatorias, confirmatorias), con lo cual nos exponemos a un interrogatorio casi policíaco. Si tenemos información para ocultar, quizá evitemos tener problemas que nos obliguen a consultar pues sabemos que el consultado puede hacernos preguntas que no estemos dispuestos a responder.

Por lo tanto, no solo damos mucha información cuando nuestras compras son pagadas con tarjetas de crédito, sino que también estamos compartiendo nuestra vida y obra con todos a quienes consultamos hasta por la cosa más pequeña.

Dicho de otro modo: si somos personas inseguras, obligadas moral y culturalmente a consultar a otros sobre cómo hacer, resolver, entender, saber, estamos teniendo una existencia muy transparente. Quienes tienen intenciones de actuar en la ilegalidad se encontrarán con este obstáculo difícil de eludir: siempre estaremos dejando huellas de nuestros pasos, sean estos legales o ilegales

Alguien puede decir: ahora contamos con Internet y muchas de nuestras consultas encuentran respuestas en la web. Pues bien, lo que consultamos en Internet también queda registrado, en nuestra computadora y en los servidores.

En suma: cada vez es más difícil actuar en la ilegalidad, y quienes igualmente delinquen, son atrapados con mayor facilidad.

(Este es el Artículo Nº 2.157)


viernes, 21 de marzo de 2014

El negocio de la crucifixión


Que existan ricos partidarios de la Iglesia Católica podría explicarse porque estos interpretan que Jesús fue un buen ejemplo de quien toma riesgos importantes (hasta perder la vida) apostando a una gran ganancia (la vida eterna).

Es posible pensar que los pobres adhieren a la Iglesia Católica porque esta los invita a conservarse en la pobreza, les dice que es muy bueno tener carencias materiales, vivir en la austeridad, no apegarse a los bienes terrenales.

No es tan fácil de entender por qué algunos ricos también adhieren a este dogma empobrecedor.

Creo que una explicación razonable sería la siguiente:

Las sagradas escrituras (la Biblia) constituyen una serie de textos de muy difícil comprensión. Por esta razón es posible asignarles casi cualquier interpretación. Para esa tarea están los sacerdotes, religiosos, teólogos. Pero no solo estos expertos intentan de desentrañar las verdades que supuestamente están expresadas en este libro; otras personas, en el afán de sacar las mejores ventajas de todos sus actos, procuran de entender lo que cuenta esa larga historia pero, como todos los demás intérpretes, tratan de que esas supuestas verdades legitimen sus propios deseos.

Por lo tanto, la infinita ambigüedad de la Biblia también permite suponer que Jesús, enterado de que resucitaría después de morir, se entregó confiado a ser crucificado, porque ese acto penoso sería recompensado con vida eterna. En término de negocios, nada podía ser más rentable: sufrir los tormentos de tan penosa condena (la crucifixión) a cambio de resucitar y vivir eternamente.

Muy pocos humanos desecharían esta oportunidad. De hecho, muchas veces padecemos sacrificios tan horribles como una crucifixión sin que eso nos vaya a aportar algún beneficio. Generalmente, los humanos nos inmolamos gratis, desinteresadamente. Si tuviéramos la expectativa de tan maravillosa ganancia (la vida eterna), buscaríamos con mayor decisión incurrir en los riesgos que incurrió Jesús (oponerse a los poderosos de su época).

En suma: que existan ricos partidarios de la Iglesia Católica podría explicarse porque estos interpretan que Jesús fue un buen ejemplo de quien toma riesgos importantes, (hasta perder la vida), apostando a una gran ganancia (la vida eterna).

(Este es el Artículo Nº 2.156)


miércoles, 19 de marzo de 2014

La Revolución Cubana compensa dos carencias


Mediante esta descripción pretendo decir que la Revolución Cubana existe porque en esa isla no tienen un territorio inhóspito ni ricos acaparadores.

Los humanos nos desarrollamos mejor si tenemos que luchar para conseguir el alimento.

En realidad, no sé qué órgano es más importante para nuestra especie. Los racionalistas dicen que es el cerebro y los románticos dicen que es el corazón; quizá el que más determina nuestras acciones sea el estómago, sin el cual no padeceríamos hambre que nos obliga a conseguir comida y sin el cual no tendríamos ganas de dormir cuando hemos comido en exceso.

Un segundo órgano importante es el útero, ¡otro órgano hueco! Es en él que se desarrollan nuevos ejemplares, pero debería decir que es en él donde se desarrollan nuevos estómagos que vienen a aumentarnos las necesidades que nos obliga tiránicamente a trabajar, administrar, ahorrar, aguzar el ingenio, ser egoístas o solidarios, según haya o no abundancia de alimentos.

Si aceptamos que el órgano que dirige nuestras vidas es el estómago, también podremos pensar que las circunstancias de cada pueblo pueden ser alguna de estas tres:

1) Que vivamos en un suelo rico y con libertad absoluta, en cuyo caso tendremos personas acaparadoras, ambiciosas, capaces de concentrar enormes fortunas, para que la abundancia no nos vuelva indolentes, haraganes, apáticos, tontos, carentes de energía, de voluntad, de creatividad. Con esto estoy tratando de decir que los ricos son un producto de la naturaleza encargado de regular la abundancia de alimentos;

2) Que vivamos en un lugar árido, de suelo y clima inhóspitos, que nos obligue a trabajar mucho, a unirnos para ganar fuerza, a ser austeros, ahorrativos, disciplinados, para que entre todos podamos enfrentar la escasez del suelo y la agresividad climática (frío, falta de luz, sismos, esterilidad del terreno, exceso o escasez de agua);

3) Que vivamos en un suelo rico pero sin millonarios explotadores, entonces tenemos tiranos que obligan a la población a vivir como si el territorio fuera miserable o como si existieran personas acaparadoras de grandes fortunas (ricos).

Mediante esta descripción pretendo decir que la Revolución Cubana existe porque en esa isla no tienen un territorio inhóspito ni ricos acaparadores.

(Este es el Artículo Nº 2.154)


martes, 18 de marzo de 2014

Otra forma de interpretar la Revolución Cubana

  
Quizá la Revolución Cubana admite otra interpretación diferente.

Antes de la Revolución, Cuba era un país tropical como cualquier otro, es decir, muy rico en alimentos, donde comer era tan fácil que los pobladores no podían desarrollarse superando dificultades, desafíos, escaseces que les exigieran esfuerzos físicos e intelectuales (1).

Como esa abundancia es dañina para el mejor crecimiento de los humanos, existían personas que acumulaban grandes cantidades de riqueza, porque espontáneamente, cuando estamos en un territorio demasiado generoso, unos pocos retiran la riqueza excesiva y nos dejan con lo mínimo para tener que esforzarnos para sobrevivir. Los ricos son eso: humanos que retiran la abundancia dañina, dejando a la mayoría con las condiciones de vida que tendrían en un territorio cuyas carencias exigieran esos esfuerzos que necesitamos hacer para desarrollar todas nuestras potencialidades.

La manera tradicional de adaptarnos a un territorio rico genera fuertes conflictos sociales, (entre explotadores ricos y explotados pobres); los pobres envidian a los ricos recolectores de excesos tóxicos, y en vez de luchar para conseguir lo que necesitan se dedican a odiarlos enceguecidos.

Todo es propicio para que surja un cambio: la Revolución Cubana exterminó a los ricos, instaló un gobierno que monopolizó el rol de extraer la riqueza tóxica y organizó la vida de los pobladores para que todos se sintieran iguales, sin envidia, con un Estado fuerte y rico que administra esos recursos excedentarios, que también fueron retirados del acceso público para que el pueblo pudiera contar con la escasez necesaria, pero sin enemistarse con nadie, sin padecer la envidia que antes sentía hacia los ricos explotadores.

Este experimento solo podía hacerse en una isla, donde fuera posible controlar las fugas de quienes no querían soportar la carencia que los haría crecer como individuos. Además, solo podía hacerse con un Fidel Castro, cuyo carisma permitió instalar este régimen que beneficia al ser humano. Estatizó la concentración de la riqueza excedentaria, la tóxica, la abundancia que les impedía desarrollar todos sus talentos.







(Este es el Artículo Nº 2.153)


domingo, 16 de marzo de 2014

La necesidad de creer en el libre albedrío


Nadie cree en el libre albedrío o en el determinismo porque quiere. Estamos determinados para creer en uno o en otro. Por ejemplo, si usted cree en el libre albedrío, observe cómo no puede creer en el determinismo. El cerebro le hará pensar que este es un error.

Esta es una de mis obsesiones: el libre albedrío. A los lectores de Internet puede servirles porque esta es una patología, (la obsesión), bastante útil pues aumenta la dedicación que alguien puede aplicarle a ciertos temas.

En otras palabras, como este asunto me angustia especialmente, trato de desangustiarme pensando, escribiendo, publicando artículos en un blog (1).

Las promesas incumplidas ¿son mentiras que se descubren por el no cumplimiento? No. Las promesas incumplidas ocurren porque tanto quien promete como quien confía en el cumplimiento de esa promesa, creen en el libre albedrío. A ninguno de los dos se le ocurre pensar que están tomando decisiones sobre asunto que no pueden controlar. Decirle a alguien «Siempre te amaré» es exactamente lo mismo que decirle «Le diré al presidente de los Estados Unidos que te mande mil dólares de regalo».

¿Por qué alguien puede creer en una promesa de amor y duda sobre la influencia que el prometedor tiene sobre otra persona? Porque el crédulo, que cree en la promesa de amor, supone que el prometedor puede cumplir lo que dependa de su voluntad, (dado que dispone del libre albedrío), pero es menos probable que pueda hacer cumplir a otro, (quien también dispone de libre albedrío), a quien difícilmente pueda controlar su voluntad.

Quienes creen en el libre albedrío no podrían dejar de creerlo porque sería grande el placer que perderían.

El principal componente de ese placer es la sensación de poder, de autodeterminación, de libertad. Quien pueda decir «Hago lo que se me antoja», se siente más poderoso que otro que solo pueda decir «No sé qué será de mí porque estoy determinado por factores que están fuera de mi control».

De hecho, nadie cree en el libre albedrío o en el determinismo porque quiere. Estamos determinados para creer en uno o en otro. Por ejemplo, si usted cree en el libre albedrío, observe cómo no puede creer en el determinismo. El cerebro le hará pensar que este es un error.


(Este es el Artículo Nº 2.152)


sábado, 15 de marzo de 2014

Trabajo gratis para quien da limosna


En algunos pueblos hispanoparlantes, se habla de la dolorosa para referirse al documento comercial que indica de qué monto debe ser una limosna cristianamente válida (con dimensión penitencial).

Aunque el Diccionario de Americanismos de la Real Academia Española aun no lo tiene incorporado, en algunos pueblos hispanoparlantes se le dice dolorosa a la factura de compra, al ticket de caja, al boleto de consumo, a la nota de contado o como le llamen a ese comprobante que debe entregar quien cobra a quien paga.

Por ejemplo, en un bar de parroquianos, se puede oír que alguien dice:

— Mesero, tráeme la dolorosa, (refiriéndose al ticket de consumición), para saber cuánto tengo que pagarte.

Si bien toda compra es un trueque en el que se permuta mercadería común por dinero, no todo el mundo entiende así esta transacción. Especialmente cuando el bien que se paga es un servicio (reparación, pintura de casas y muebles, interpretación artística, atención de salud, limpieza sanitaria).

En un trueque, dos personas intercambian bienes de valor similar; en una compra debemos entender que el dinero también es un bien. Por eso se dice que una compra es un trueque.

Pero para quienes esta transacción no es ni un trueque ni una compra, sino alguna otra cosa que no saben bien qué es, pueden imaginarse al margen de la economía de mercado a la que pertenecen y suponer que entregan lo que entregan, (bienes o servicios), en forma gratuita, siempre que el otro esté dispuesto a darles una limosna.

En los hechos la situación es igual a una venta de bienes o servicios que se pagan con dinero, pero para estos marginales, (porque procuran ubicarse al margen del sistema capitalista), es preferible pensar que trabajan gratis solo para quienes les dan limosna.

En este concepto aparece la doctrina cristina para fijar una pauta económica que beneficia a quien trabaja gratis.

Efectivamente, los católicos dicen que ninguna limosna es un acto cristiano si no le duele a quien la da.

Por este motivo, aquella persona que simuló trabajar gratis tiene en realidad la intención de cobrar más que si le hubiera puesto un precio, pues esa limosna, que opera como remuneración, debe ser tan alta que martirice al comprador.

Llegamos a este punto para entender por qué, en algunos pueblos hispanoparlantes, se habla de la dolorosa para referirse al documento comercial que indica de qué monto debe ser la limosna cristianamente válida (con dimensión penitencial).

(Este es el Artículo Nº 2.151)


viernes, 14 de marzo de 2014

Pensamiento 0 (cero)


La búsqueda del placer saludable suele ser el señuelo que utilizan los estafadores cuando nos prometen lo que desearíamos que ocurriera: hambre cero, delincuencia cero, pobreza cero. La estafa es lograda cuando nuestra capacidad de discernimiento está operando con inteligencia cero.

En las campañas políticas, los demagogos (personas inescrupulosas que no tienen inconveniente en prometer lo que sea con tal de obtener votos que le otorguen poder), abusan de la ingenuidad de los electores, nos engañan como a niños, se burlan de nosotros.

Claro que no son los únicos responsables de este mal uso de la política. Los electores también colaboramos aceptando con irresponsabilidad promesas que notoriamente son proselitistas (guiadas por el único afán de conseguir adhesiones).

El fenómeno forma parte de la conducta religiosa que caracteriza a nuestra especie. Somos capaces de creer en la existencia de un ser superior (Dios), al que le asignamos atributos mágicos y, no conformes con eso, algunos organizan su vida tomando como verdaderas las fantasías creadas en torno a ese personaje de ficción.

Un delirio psicótico es un funcionamiento mental igualmente coercitivo, que guía las conductas del enfermo pero que, a diferencia del pensamiento religioso, no es compartido por otros. La diferencia entre delirio psicótico y creencia religiosa solo es estadística: si muchas personas comparten el mismo delirio (la existencia de Dios), no es un delirio psicótico sino una religión. Si ese mismo funcionamiento lo encontráramos en una sola persona, diríamos que padece una psicosis delirante.

Todo delirio o pensamiento mágico religioso está orientado a complacer, directa o indirectamente, a quien lo vive. El placer orienta casi todos nuestros funcionamientos, mentales y no mentales. Cuando sentimos un dolor, algún proceso interno se desencadena para restablecer la situación no dolorosa (buena salud).

Esta búsqueda del placer saludable suele ser el señuelo que utilizan los estafadores, cuando nos prometen lo que desearíamos que ocurriera: hambre cero, delincuencia cero, pobreza cero. La estafa es lograda cuando nuestra capacidad de discernimiento está operando con inteligencia cero.

(Este es el Artículo Nº 2.150)


jueves, 13 de marzo de 2014

La Iglesia Católica es un sindicato


La prédica a favor de la pobreza que realiza la Iglesia Católica favorece directamente a los empleadores, en tanto cuentan con trabajadores cuyas aspiraciones salariales son más moderadas.

En una sociedad capitalista tenemos sindicatos que unen a los obreros para negociar más equilibradamente con los empresarios y tenemos sindicatos religiosos que, sutilmente pagados por los empresarios, se vinculan con los obreros para convencerlos de que ser ricos va contra los deseos de Dios.

Despectivamente, los sindicatos obreros más combativos y comprometidos con los intereses de la clase trabajadora llaman sindicatos amarillos a los que, clandestinamente, dicen identificarse con los intereses de los trabajadores pero que, en realidad, hacen lo mismo que las religiones, es decir, refuerzan aun más el poder negociador de los empresarios.

El sindicato cristiano católico aplaude y glorifica el dolor provocado por la pobreza. También les dice a los ricos que deseen ganarse el cielo, que una limosna sin dolor carece de la dimensión penitencial que debería tener. Una limosna con lo que sobra no acumula puntos celestiales. Este mensaje de dolor a los ricos que podrían colaboran con los pobres parece más bien un consejo para que no colaboren.

Esta comparación que hago con los sindicatos amarillos (también llamados verticales), está alentada por mi desconfianza en las reales intenciones de los líderes católicos y de los líderes de los sindicatos amarillos.

Mi desconfianza llega al punto de suponer que la obscena riqueza que tiene la Iglesia Católica no pudo haberse formado con las limosnas de los pobres sino con donaciones faraónicas de los ricos, quienes de alguna manera retribuyen la ayuda que, desde los púlpitos, reciben de los sacerdotes cuando con los sermones desestimulan la lucha por mejores salarios.

En los hechos todo sigue igual y esto nos da la pauta de que la sociedad goza de buena salud. Los ricos empresarios, los pobres trabajadores, los sindicatos obreros y los sindicatos religiosos y amarillos de los empresarios, forman un conjunto dinámico de actores que mantiene a nuestra sociedad capitalista con una salud razonable.

En suma: nada tiene por qué cambiar si todos, de una u otra manera, están conformes. En todo caso este artículo sería una simple descripción sobre cómo acontecen algunos hechos que no suelen explicitarse.

(Este es el Artículo Nº 2.149)


miércoles, 12 de marzo de 2014

Tierras fértiles e infértiles, vecinas


La convivencia de inmigrantes laboriosos con nativos indolentes puede ser conflictiva por la diferente actitud frente a la vida de quien conoce los desafíos y de quien no los conoce.

Sabemos que los territorios pueden ser muy diferentes a pesar de estar relativamente próximos. Por ejemplo, una tierra fértil puede estar al lado de una montaña 100% improductiva.

Imaginemos ahora que la zona montañosa y que la zona de praderas, pertenecen a pueblos diferentes. Casualmente, la línea fronteriza que los separa deja de un lado a la montaña infértil y del otro lado tierras aptas para cualquier cultivo.

Es claro que uno y otro pueblo tienen condiciones de vida muy diferentes. Podríamos adelantar que el pueblo que vive en la montaña tendrá que ser más ingenioso, trabajador, disciplinado, ahorrativo, solidario y tecnificado que el otro, el que vive donde la subsistencia puede depender de salir a recolectar frutos cada vez que sientan hambre.

Sin embargo, si esas personas pertenecieran a un mismo país, si ambas áreas geográficas no estuvieran separadas por una frontera, la situación sería diferente. Quizá la montaña estaría deshabitada y todos se juntarían en las tierras fértiles para disfrutar las bondades del terreno.

Ese conjunto de personas que se mudó desde la montaña al valle, ya no tuvo que esforzarse tanto, ni ser ingenioso, ni disciplinado, ni ahorrativo, ni solidario, ni tecnificado.

Existiría otro cambio importante: como todos los seres humanos somos diferentes en muchas características, pero fundamentalmente en nuestros sentimientos, deseos e intenciones, es seguro que los habitantes del valle no tendrían todos el mismo patrimonio: los extranjeros (ex-montañeses) tendrían más riqueza que los nativos, estos se sentirían incómodos con los extranjeros-ricos y eso daría lugar a un conflicto social entre pobres (nativos) y ricos (inmigrantes).

En la primera situación, cuando los habitantes pertenecían a jurisdicciones diferentes, no teníamos un conflicto social porque, en todo caso, ambos pueblos comerciarían, tendrían relaciones diplomáticas, pero no surgirían conflictos por envidia. Probablemente, los agricultores tendrían que importar muchos bienes de los montañeses más tecnificados y esto, hasta cierto punto, equilibraría la calidad de vida de uno y otro pueblo.

Como vemos, pertenecer a un mismo pueblo, el integrar una misma familia, genera conflictos, mientras que la separación aumenta las posibilidades de una mejor convivencia dentro de cada pueblo, buenas relaciones comerciales entre ambos colectivos, y una disminución de conflictos provocados por las desigualdades en la distribución de la riqueza.

Según esta hipótesis, la zona fértil estaría más expuesta a problemas sociales que la zona menos fértil. Los celos, la envidia, más el tiempo y la energía disponibles que permiten un territorio en el que no se presenten grandes desafíos, son factores que propician por sí solos, malestares explosivos.

(Este es el Artículo Nº 2.148)


martes, 11 de marzo de 2014

Territorio suficientemente frustrador


Lo que podemos saber de una buena relación madre-hijo podríamos aplicarlo para imaginar cómo debería ser una buena relación entre las posibilidades de cada territorio y el desarrollo esperado de sus habitantes.

La relación entre la madre y el hijo es fortuita, casual, depende de la suerte: tanto puede ser excelente, como regular o, directamente, mala. Quizá la misma mujer funcione bien con un hijo y mal con otro. Depende de ambos; de la suerte de ambos.

Quizá, de forma similar, algunas personas pueden desarrollarse bien en un cierto territorio y a otros costarles más.

Forzando un poco las palabras, la madre biológica y la madre tierra, (el lugar donde nacimos), tienen semejanzas.

Cuando todo anda bien con nuestra mamá de carne y hueso, ella nos atenderá inmediatamente, o nos dejará llorar un rato, o nos dejará llorar mucho rato.

Cuando todo anda bien con el lugar donde nacimos, tendremos todo al alcance de la mano y eso nos hará muy prósperos o, por tenerlo todo al alcance de la mano adoptaremos una actitud indolente. Para la mayoría de las personas, una madre muy protectora y un territorio demasiado generoso, atrofian el desarrollo.

Existe alguna justa medida, para cada hijo, para cada madre, para cada edad del hijo, para cada riqueza o pobreza territoriales. Esta justa medida nadie la conoce a priori, pero se supone que existió cuando los resultados finales son satisfactorios.

Donald Winnicott (1) fue un psicoanalista inglés que dedicó casi toda su obra a estudiar esta relación entre la madre y el hijo. No me extrañaría que, si nos esforzamos lo suficiente, podríamos entender que sus estudios son una metáfora adecuada de cómo es la relación entre los ciudadanos y el territorio en que habitan. Quizá este hombre, sin darse cuenta, estudió cómo nos desarrollamos los seres humanos según la riqueza o la pobreza del territorio donde crecemos.

En términos generales, es posible afirmar que a los humanos nos tonifican más las frustraciones que las satisfacciones. Cuando no tenemos más remedio que enfrentar algunos desafíos para sobrevivir, se desarrollan nuestras capacidades y resistencias, convirtiéndonos en buenos ejemplares adultos (realistas, disciplinados, perseverantes, solidarios, audaces, maduros, responsables, éticos). Cuando lo tenemos todo al alcance de la mano y sobrevivir no implica esfuerzo ni riesgo alguno, nuestras capacidades y resistencias no se desarrollan y nos convertimos en débiles ejemplares adultos (indolentes, fantasiosos, anárquicos, impuntuales, lentos, corruptos, inconstantes, dependientes, pedigüeños, quejosos, inmaduros).


(Este es el Artículo Nº 2.147)


lunes, 10 de marzo de 2014

Los ricos retiran excedentes tóxicos


En los países de suelo y subsuelo muy ricos, aparecen personas que, de alguna forma, generan enormes acumulaciones de riqueza cuyo objetivo natural podría ser el de extraer excedentes tóxicos para un mejor desarrollo humano de la población.

Aun reconociendo que esta idea es excesivamente incómoda, quizá rara, eventualmente también extravagante, no está de más mencionarla porque puede que algunos la acepten como creíble.

Parto de una premisa según la cual el ser humano puede vivir y sobrevivir en casi cualquier parte del planeta donde haya suficiente oxígeno, sin perjuicio de los cual, algunos lugares son más aptos que otros.

Contrariando el pensamiento clásico, en este artículo propongo pensar que la abundancia excesiva es tan contraproducente, para un buen desarrollo humano, como la escasez excesiva.

Por este motivo constatamos que, territorios tan pobres como los de Suiza, Israel y Japón están habitados por personas de elevado desempeño y casi liberados de la pobreza socio-económica, mientras que territorios tan ricos como los de Venezuela, Colombia y Argentina, están habitados por personas de bajo desempeño, casi sumidos en la pobreza socio-económica.

Una excepción podríamos encontrarla en el territorio y en la población de Estados Unidos. En este caso podría pensarse que a este paraje tan rico llegaron inmigrantes europeos, que no abandonaron la predisposición a vencer las limitaciones de un suelo tan pobre como el que tuvieron que abandonar. De ahí que, gente muy trabajadora en un terreno rico, diera como resultado un país especialmente poderoso.

Si estas consideraciones fueran aceptadas podríamos avanzar un poco más y pensar que, en los países en los que el suelo y el subsuelo son excesivamente pródigos, se desarrollan ciudadanos que, sin quererlo, intentan regular la riqueza empobrecedora, tóxica, capaz de anular el desarrollo humano.

En suma: en los territorios muy ricos suelen surgir ciudadanos que enriquecen, (por medio del trabajo, la corrupción, o lo que fuere), como forma de regular los excesos de alimentación y recursos que inhiben el desarrollo humano de la mayoría.

No creo que esos ricos se enriquezcan para hacerle un bien a alguien, sino que su forma de acumular bienes está provocada por un fenómeno natural, que nadie llega a entender y mucho menos a manipular.

(Este es el Artículo Nº 2.146)


domingo, 9 de marzo de 2014

Territorios ricos y pobres


Aunque estamos acostumbrados a pensar y a decir que los lugares con mayor riqueza ambiental son muy propicios para la mayorías de los seres vivos, sin excluir a nuestra especie, en los hechos podría ocurrir lo contrario.

El tema central de este artículo refiere al clásico asunto de la desigualdad entre pobres y ricos, pero enfocado desde otro punto de vista, es decir, tratando de ver qué relación existe entre los territorios pobres y su población, y, por lo tanto, qué relación existe entre los territorios ricos y su población.

Lo observamos tanto en los vegetales como en los animales: algunos hábitats son, para el desarrollo biológico, más propicios que otros.

Es probable que los humanos podamos vivir en cualquier lugar del planeta donde haya suficiente oxígeno, pero los resultados pueden ser muy diferentes.

Todo haría pensar que en los territorios más ricos el desarrollo humano es muy escaso mientras que, en los territorios más pobres, el desarrollo humano es mejor.

Así como en tierras tropicales la vida parece estallar en cantidad y en variedad, quizá sea cierto que los humanos pierden vitalidad y creatividad en parajes demasiado benignos.

Aunque estamos acostumbrados a pensar y a decir que los lugares con mayor riqueza ambiental son muy propicios para la mayorías de los seres vivos, sin excluir a nuestra especie, en los hechos podría ocurrir lo contrario.

Me animaría a decir que las desigualdades que deberían ocuparnos refieren a la riqueza o a la pobreza de los territorios que habita cada pueblo, porque las desigualdades socio-económicas entre los habitantes son mayores en los territorios ricos.

En esta línea correspondería estudiar, caso a caso, territorio a territorio, qué deberían hacer los seres humanos establecidos en territorios muy ricos para contrarrestar el perjuicio que esto les causa. Por el contrario, no debería ocuparnos qué hacer en los territorios de aridez ideal porque los pueblos que ahí se establezcan lograrán resolverlo dejándose llevar por el instinto animal que tenemos y que aparece cuando nos enfrentamos a desafíos de supervivencia.

(Este es el Artículo Nº 2.145)


sábado, 8 de marzo de 2014

El enriquecimiento mediante el empobrecimiento


El enriquecimiento mediante el empobrecimiento, sugerido por San Pablo a los Corintios, podría tener una explicación racional.

«Siendo rico (Jesús) se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza». Sobre estas palabras de San Pablo a los Corintios, el Papa Francisco I entreteje el mensaje cuaresmal (febrero-marzo de 2014) con el que desea ayudarnos a recorrer el camino de la conversión.

Estoy tratando de entender este mensaje, que descalificaría automáticamente si no fuera porque tantos inteligentes ciudadanos del mundo lo aceptan como válido.

Mis dudas son varias.

Por ejemplo, ¿es razonable que apliquemos una filosofía de vida (empobrecer para enriquecernos) igual a la que aplicó alguien (Jesús) hace más de dos mil años?

Como casi todo se puede fundamentar o descalificar, —si producimos los discursos adecuados—, trataré de fundamentar, apoyar, defender ese mensaje a los Corintios que, en pleno siglo 21, reactualiza el papa.

Existe una forma de enriquecer empobreciéndose y que consiste en lo siguiente:

El fenómeno vida (1) ocurre porque la naturaleza nos provee sensaciones dolorosas y placenteras para movilizarnos en una cierta dirección, favorable para la conservación de dicho fenómeno (la vida). Por ejemplo, sentimos malestar por sed y placer bebiendo agua.

De este mecanismo vital podemos extraer la conclusión de que lo verdaderamente movilizante es el dolor que dispara la búsqueda del placer (alivio), es decir, la sed (carencia penosa) nos moviliza a buscar agua.

Si aceptamos que la pobreza representa al conjunto de carencias penosas, entonces es posible pensar que asegurándonos la pobreza es como si nos consiguiéramos un pozo petrolífero, o una central hidroeléctrica, o un reactor atómico, para uso personal.

En suma: el empobrecimiento, visto desde este punto de vista, es una forma de enriquecer.

De este razonamiento se deduce su opuesto: si acceder a la pobreza equivale a obtener una fuente de energía vital, entonces acceder a la riqueza equivale a perder una fuente de energía vital.

Conclusión: Cristo nos enriqueció (según San Pablo y el Papa), aportándonos la sugerencia de ser dueños de una gran fuente de energía vital mediante la pobreza.


(Este es el Artículo Nº 2.144)



viernes, 7 de marzo de 2014

Discapacidad para cobrar dinero


Aunque el diccionario diga que los pobres son también humildes, creo que no pretender cobrar una deuda o un trabajo realizado demuestra un exceso de arrogancia.

Aunque el diccionario de nuestra lengua indica que una persona humilde es modesta y pobre, algo podría llevarnos a pensar que no siempre es así.

Si bien no puedo denunciar con nombre y apellido, entre otros motivos porque son demasiados, sé de infinidad de personas que se resisten a cobrar lo que les deben, que tienen dificultades para fijar un precio razonable al trabajo del que viven, que pagan generosamente todo lo que deben y que nunca regatean el precio que les piden cuando necesitan comprar algo.

En otras palabras, estas personas parecen humildes dados su bajo perfil, su modestia, el apocamiento con el que se presentan ante los demás.

El motivo de este artículo es denunciar la falsedad presente en muchas de estas actitudes. Detrás de ese aspecto sumiso tenemos a una persona tan soberbia que se cree Dios, alguien que no le cuesta nada hacer lo que hace.

El planteo que proponen estos humildes es claramente asimétrico: no les gusta cobrar lo que les adeudan, pero pagan hasta el último centavo de lo que deben a otros; prácticamente no cobran nada por lo que producen pero disfrutan no regateando las pretensiones lucrativas de quienes les venden algún bien o servicio.

Efectivamente, lo que pretendo denunciar, —con cierta furia, por qué negarlo—, es esta falsedad, esta arrogancia disfrazada de sencillez, este afán de mostrarse omnipotente, súper capaz, incansable trabajador, ser humano con rasgos de Dios, porque no necesita ni comer, ni vestirse, ni descansar, porque en su delirio despilfarrador de poder imaginario, quizá se crea inmortal, puro espíritu, infinitamente superior a todos los demás.

Con gente así nunca podremos disminuir la injusticia distributiva.

(Este es el Artículo Nº 2.143)


jueves, 6 de marzo de 2014

Qué hacen con lo que saben de nosotros


Las molestias provocadas por la cantidad de información nuestra que poseen los gobiernos y los proveedores, se deben a una fantasía juvenil y divertida.

Gran parte de nuestra educación proviene del cine, las novelas, los chismes, la televisión, la radio, los hermanos mayores, los comics. También aprendemos algunas cosas interesantes (pocas) del Sistema Educativo.

Ninguna de las mencionadas fuentes de conocimiento, que invadieron nuestra privacidad o que fuimos a buscar con avidez, es perfecta o nos enseñó alguna verdad indiscutible. Todas nos fueron aportando datos, ejemplos, experiencias, ideas, sugerencias, consejos, imposiciones, con las que terminamos armando nuestra conducta, nuestra filosofía, nuestra configuración de mundo.

Hemos aprendido que los grandes personajes poseen secretos. Los héroes viven en Baticuevas, o en la selva (Tarzán), o escondidos tras una doble personalidad (Superman), o en la clandestinidad aunque con licencia para matar (James Bond).

Hemos aprendido, por nuestra propia deducción, que para disfrazarnos de grandes personajes sería bueno tener una vida secreta. Dedujimos que la transparencia erosiona nuestro prestigio, mientras que el anonimato y la opacidad tenebrosa nos hacen grandiosos, temibles, admirables.

Es por este conjunto de circunstancias de nuestra existencia que, para muchas personas, resulta muy molesto saber que los gobiernos, los proveedores y los adminsitradores de tarjetas de crédito, saben de nosotros más de lo que se puede saber de Batman, Robin, Tarzán, James Bond.

Objetivamente, no es preocupanate ni problemático tener una vida transparente, al menos para quienes vivimos dentro de la ley y el orden. Es problemático sí para quienes cumplir con las normas básicas de convivencia es difícil o imposible.

El hecho es que a la mayoría, a quienes llevamos una existencia alejada de todo lo que debe hacerse sin luz, a escondidas, con guantes que oculten nuestras huellas digitales, es bueno que los malos ciudadanos no tengan dónde ocultar sus tropelías y es bueno que los proveedores sepan qué realmente preferimos para que se dediquen a fabricarlo en mayor cantidad y a un precio menor.

(Este es el Artículo Nº 2.142)


miércoles, 5 de marzo de 2014

La gota de agua


Con el refrán «La gota de agua horada la piedra» estamos sugestionados con que, para solucionar la injusticia distributiva, debemos resistir y tener paciencia hasta morirnos.

En otro artículo y video (1) les dejaba un comentario sobre esa cantidad enorme de obras literarias (después convertidas en películas o no), en las que el héroe y triunfador es un personaje pequeño, quizá un niño o un pobre, que logra vencer a un gigante, quizá un delincuente, genio malévolo o rico.

El esquema tiene éxito en casi todos los casos: el público compra, lee, disfruta, con las dificultades de alguien muy parecido a nosotros, los lectores. Infaliblemente, en un final agónico, dramático, electrizante, el bueno y débil vence al malo e invencible contrincante, que durante toda la película estuvo amenazándonos a través de nuestro representante, el pequeño héroe.

Lo que les comentaba en el mencionado artículo es que, gracias a estas obras literarias o cinematográficas, los pobres y débiles nos mantenemos tranquilos, cada uno por su lado, disfrutando en solitario con estas fantasías, para que a ninguno se le ocurra cuestionar demasiado la insólita y eterna desigualdad entre pobres y ricos.

Para perfeccionar este canto coral de los menos favorecidos, el Papa, desde su trono casi celestial, también dice acongojado: «¡Qué horrible, cómo sufren ustedes, los pobres. (Los ricos) deberíamos hacer algo!».

En el video asociado a este artículo les comento algo similar.

Cuando sentimos el sabio refrán que dice: «La gota de agua horada la piedra», nos sentimos plenos de sabiduría y a partir de este estado místico, nos dedicamos a insistir, perseverar, reclamar, pedir, trabajar, declamar, llorar, aguantar y todos los verbos similares, por tiempo indeterminado, porque, como bien lo enuncia el referido refrán «Si una débil gota de agua horada la piedra, ¡cuánto más podré yo, que soy más fuerte que una gota de agua!»

Quizá, por tratarse de que ya estamos en el siglo 21, deberíamos reformular el refrán, el que quedaría redactado así: «La gota de agua MOJA la piedra».


(Este es el Artículo Nº 2.141)