sábado, 16 de junio de 2007

Pobreza en defensa propia

Según he podido saber en mis múltiples sesiones de análisis lacaniano, yo le temo mucho a la muerte y además soy muy mezquino. No me gusta que otros vivan bien gracias a mí. Las donaciones me parece horribles; una pérdida insoportable. Cada uno tiene que trabajar para ganarse el sustento. Con la única excepción de quienes notoriamente no lo pueden hacer porque son niños, ancianos, o padecen algún tipo de invalidez, todos los demás tienen que ganarse lo suyo.

Mi filosofía egoísta para no morirme funciona así: con tal de no dejarle una herencia a nadie, soy capaz de no morirme.

¡Ya sé que esta estrategia no resiste el menor análisis! Pero eso no importa porque ninguna estrategia de vida la resiste. Todas tienen algo de disparatado. Los invito a que piensen en las suyas, y podrán comprobarlo.

Muchas personas se parecen a mí en esta manera de pensar, aunque todavía no lo sepan porque no se han puesto a pensar.

Para terminar quiero contarles una variante de esta estrategia alocada que muchos tenemos para evadir la muerte. Hay personas que se creen que teniendo pocos bienes para dejar en herencia, no son víctimas predilectas de la parca [la muerte]. Ustedes habrán visto muchas películas en las que se comente un crimen para cobrar un seguro o para recibir una fortuna. Eso que se muestra en la ficción tiene muchos espectadores porque en el fondo uno puede pensar que la muerte es como un castigo, como un crimen, como una injusticia que se comete con nosotros, y que uno de los móviles predilectos de la muerte es el robo de esos bienes nuestros que ella codicia. La pobreza entonces, puede ser una estrategia para no provocar la envidia de la muerte y que se olvide de nosotros, que no nos tenga en su lista.

Estimados: este pensamiento existe ¡créanme! No solamente es tan disparatado como el mío sino que además es generador de lo que podríamos llamar la «pobreza en defensa propia».

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sábado, 9 de junio de 2007

Un Pro$ac cada seis horas...

Desde que apareció el Prozac en 1986 hasta ahora, pasamos de la euforia a la duda científica. De la creencia a pie juntillas en que este antidepresivo era realmente eficaz, a la suposición de que más bien mejora por sugestión, que sólo es un excelente placebo.

El hecho es que la humanidad vivió más de una década con la alegría esperanzadora de que se había sacado de sus vidas la insoportable depresión.

Lo que sí parece un antidepresivo milenario, que sigue dando buenos resultados a una mayoría de personas, es el dinero.

Efectivamente, no le produce el mismo resultado terapéutico a todo el mundo, pero a una mayoría lo saca del grupo de riesgo de contraer ese penoso desarreglo anímico.

El dinero no produce euforia, excepto cuando se recibe una gran dosis toda junta, en un momento en el que se estaba cursando un síndrome de privación económica (pobreza extrema, insolvencia, quiebra traumática, anorexia monetaria, disfunción eréctil financiera y otros). Cuando se produce un brusco ingreso de dinero en el transcurso de estos períodos, es probable que aparezcan fenómenos de euforia. Pero en general, quienes están acostumbrados a una dosis razonable durante períodos prolongados, suelen disfrutar de una estado de cierta beatitud, paz, serenidad, buen dormir, sexualidad reproductiva y recreativa.

Muchas personas no quieren consultar al psiquíatra. Es una especialidad que genera grandes resistencias en muchas personas. Parece que aprovechar sus aportes al bienestar, implica reconocer una debilidad muy descalificante. Sin embargo, es aún más numeroso el grupo de renuentes a reconocer que el dinero contribuye a la felicidad. Piensan que aprovechar el bienestar que aporta la riqueza demuestra que uno es amigo del deseo y esto, para muchas instituciones moralistas, es un pecado mortal.

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Fin de Un Pro$ac cada seis horas...

sábado, 2 de junio de 2007

Un litro de angustia vale lo que cuesta

La cabeza de un psicoanalista suele estar mucho más desarmada que la cabeza de sus pacientes.

La mayoría de las personas piensa que estar desestructurado es un inconveniente, cuando en realidad, puede ser todo lo contrario.

Una psiquis (cabeza, mente, como ustedes quieran) en estado gaseoso (imaginemos que cada idea o sentimiento es una molécula que se mueve libremente dentro de un envase) estaría dispuesta a acomodarse a la forma de cualquier continente: botella, damajuana, frasquito, tarro, ánfora.

Una psiquis en estado líquido también puede adaptarse a cualquier tipo de envase, siempre y cuando no sea más chico, porque el líquido no se comprime como el gas. O sea que el líquido es maleable pero no tanto.

Una psiquis en estado sólido no se adapta a nada. O tiene un envase a la medida o queda desajustada. Una psiquis en estado sólido (estructurada, con todas las piecitas en su lugar, rígida, inamovible) sólo puede estar cómoda en un único y exclusivo envase (contexto, situación, circunstancia).

Fíjese qué curioso: popularmente es preferible una mente rígida, con escasas posibilidades de adaptación y que casi nada le viene bien. Son psiquis tan dependientes del entorno, como un pie lo es de su zapato preferido.

¿Sabe por qué popularmente es más valorada una personalidad rígida que una flexible? Porque es previsible. Una persona imprevisible nos produce miedo, incertidumbre y angustia. Uno mismo se siente más seguro cuando se maneja dentro de un dogma que lo explica todo, cuando vive dentro de una rutina inmutable. Entonces, todos queremos de los demás (y también de nosotros mismos), la más absoluta inalterabilidad.

El psicoanalista tiene prohibido ser inalterable. Debe tener su mente en estado gaseoso para poder entender a los variadísimos moldes rígidos que le vienen a pedir que por favor lo rescaten de ese estado inmutable y mineral, tan falto de vida y tan lleno de muerte. Por eso cobran tan caro.

Fin de Un litro de angustia vale lo que cuesta

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sábado, 26 de mayo de 2007

¡Derogar el tabú del incesto ya!

Es probable que una pareja de novios se lleve bien hasta que una vez concretada la unión intenten hacer realidad la fantasía que los llevó a ese estado de cosas, esto es, retomar la vida familiar que tenían con sus padres y hermanos, pero ahora incluyendo las relaciones sexuales que antes estuvieron vedadas.

«Matrimoniarse» es la meta de un gran número de personas, pero —según las estadísticas— fracasa demasiadas veces.

Pensando en términos muy elementales, todo comienza con un formato exogámico. Ambos se muestran lo mejor posible ante el otro, intentan seducirse y hacen todo lo posible para que el otro se enamore, se fascine. Ahí tenemos entonces maquillaje, delgadeces, vestimenta atractiva, perfumes, adornos, gentilezas, y otros gestos prenupciales.

El inicio de la unión de tipo matrimonial permite imaginar que ahora sí está permitido el incesto, sólo que el pariente deseado está representado por una persona ajena a la familia. Para mejorar la puesta en escena de esta fantasía incestuosa, comienzan las conductas que los padres toleran solamente a sus hijos y a nadie más: desprolijidad, desconsideración, irresponsabilidad, inestabilidad emocional, berrinches, etc. Ante estas circunstancias, el no-familiar representante del consanguíneo deseado, trata de traer a la realidad al incestuoso desubicado... y aparecen las famosas «riñas y disputas».

El psicoanálisis propone que el ser humano haga siempre lo que desee, siempre y cuando sepa qué desea, porque si no lo sabe, se animaliza.

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sábado, 19 de mayo de 2007

Caput, capital, capitalismo


Para esos adeptos a las fundamentaciones etimológicas, con los cuales no comulgo en absoluto pero a quienes quiero tanto como a mis hermanos, tengo algo para comentarles.

La palabra capitalismo deriva de capital y ésta del latín caput = cabeza.

La cabeza está asociada con el razonamiento mientras que los sentimientos están ubicados imaginariamente en el corazón.

Nada peor para un psicólogo que el razonamiento. Los psicólogos nos preciamos de ser sensibles, y muchos de nosotros estamos a un paso de pasarnos a la parapsicología si es que ya no estamos adentro.

El sufijo ismo se asocia con el sustantivo capital para agregarle un sentido de doctrina, sistema o partido. En otras palabras, el capitalismo es la doctrina, sistema o partido que respeta las decisiones basadas en el razonamiento, el pensamiento formal, la matemática, las ciencias duras y descalifica, desautoriza o desprecia las decisiones emocionales.

Para los psicólogos el razonamiento es como un músculo capaz de hacer el trabajo rudo, mientras que el sentimiento es como un instrumento musical que puede interpretar las armonías más sublimes. (Puse interpretar en negrita porque es el verbo que más usamos en nuestra profesión).

Pregunta: ¿Cómo hace un sublime psicólogo para vivir en una sociedad en la que las decisiones se toman con la cabeza y en la que se descalifican las propuestas que provengan del corazón?

Respuesta: Hace lo mismo que hacen las plantas tropicales para desarrollarse y reproducirse en Alaska: Unas pocas lo logran, otras se quedan enanas y no se reproducen; la mayoría desaparece.

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sábado, 12 de mayo de 2007

La conspiración más grande de la historia

En un país que no merece ser mencionado, se reunieron hace muchos años un grupo de personas de gran poder político. En ese cónclave deliberaron y tomaron decisiones que aún nos afectan.

Lo llamativo del hecho es el hermetismo con el que todos ellos se manejaron cuando el periodismo los asedió a la salida del histórico recinto.

Unos pocos trascendidos fueron apareciendo a lo largo del tiempo y dada la importancia de aquellas decisiones, los he ido juntando para publicarlos ahora en este blog.

La idea central era procurar que una mayoría de personas estuviera dispuesta a renunciar a la cuota parte de los bienes del planeta que matemáticamente le correspondería. «La torta» —como llaman los economistas a la producción global— tenía que repartirse en forma desigual para que los participantes del cónclave tuvieran mucho y todos los demás poco. Pero el objetivo —que finalmente se alcanzó— era que esa mayoría de pobres abandonara voluntaria o negligentemente lo que le tocaba en el reparto igualitario.

Este objetivo se logró a través del sistema educativo y de la religión. En el primero se difundieron noticias sobre héroes magníficos que entregaron su vida desinteresadamente para que los actuales ciudadanos gozaran de libertad y la religión se encargó de instalar la creencia en que la pobreza equivale a un pasaporte a la vida eterna en el paraíso.

El sistema educativo agregó comedidamente densos cursos de matemática para que esa mayoría asumiera que su inteligencia es tan escasa que no está capacitada para administrar la fortuna que le correspondería. Además, observen ustedes que el signo más importante en esa ciencia es el que representa a la igualdad (=), que es lo que precisamente se quiere evitar. Es decir: quienes terminan aborreciendo las matemáticas, combaten —sin saberlo— la igualdad.

Las ideas en sí fueron muy sencillas pero lo más inteligente viene siendo el sigilo de su implementación. Los herederos de aquellos participantes del cónclave, actúan como si efectivamente estuvieran decididos a revertir la pobreza. El sistema educativo revé los planes de estudio, aplica nuevas metodologías pedagógicas, aumenta la carga horaria de los cursos y la religión parece desvelarse por compensar en algo la miseria a la que están condenados tantos feligreses.

Por su parte los pobres se han adaptado de tal forma, que lo vienen tomando como un estilo de vida. Así como un camellero del Sahara difícilmente se adapte a vivir en un apartamento de Pocitos (1), la inmensa mayoría de pobres ya no hace nada por cambiar su situación y vive relativamente feliz recordando viejas glorias deportivas y con la esperanza de un futuro mejor.

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(1) Populoso barrio de clase media en Montevideo.

sábado, 5 de mayo de 2007

¿Señor Drácula? ¡Mucho gusto!

Es bastante popular la frase «el dinero es la sangre del sistema capitalista». Esta metáfora se refuerza cuando se habla de «dinero circulante».

El vampirismo es algo así como un deseo tan mortífero que no nos dan las manos para controlarlo. No hay peor miedo que el miedo que uno siente de sí mismo, del disparate que uno puede llegar a cometer impulsado por un deseo siniestro. El vértigo por ejemplo es algo así como el miedo que tenemos a que un impulso irracional nos lleve a tirarnos al vacío.

Cuando el deseo es muy grande, provoca miedo y éste tiene el mérito de salvarnos de una cantidad de problemas.

Usted tiene que haber sentido alguna vez las ganas enormes de comerse a un ser vivo, por ejemplo un niño o un amante. Felizmente terminamos «comiéndolos con los ojos» que es mucho más benigno.

Todo lo que uno haga para controlar estos impulsos asesinos tan llenos de amor, es bueno: nos salva a nosotros y lo salva al apetecible.

El vampirismo es divertido para quienes sienten placer con el miedo a sus propios impulsos destructivos. Por el contrario, una mayoría optamos por no jugar con fuego y preferimos una comedia, un programa de entretenimientos, una telenovela, ...

El dinero, «la sangre del sistema capitalista», puede provocarnos miedo, precisamente porque lo deseamos demasiado. Por eso algunos optan por ser pobres para vivir tranquilos.

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