jueves, 24 de enero de 2013

El gerenciamiento de la imagen personal




Para tener un lugar privilegiado en la sociedad, solo conservemos la fama de ser personas honorables, sin necesidad de serlo.

Aunque parezca insólito, fue una tía, (hermana de mi mamá), quien me dio las primeras ideas sobre cómo es la sexualidad adulta.

Yo tenía 8 años y ella me había sorprendido en una especie de autoerotismo, me puse muy nervioso, comencé a llorar, ella me abrazó, nos sentamos en un banco de mármol que había en el jardín de mi casa y, cuando hube recobrado la tranquilidad, inició lo que fue para mí la introducción a la sexualidad adulta.

Ella sabía mucho de hombres porque mi abuela, mujer delgada, nerviosa, muy gritona y reprimida, se lo pasaba amonestándola cuando mi tía llegaba de madrugada, siempre en un auto distinto, acompañada por alguien también diferente, de quien se despedía como si ya estuvieran por casarse.

Cuando terminé mi doctorado en prácticas eróticas en la Universidad de la Vida, seguí pensando en la sabiduría de aquella mujer, quien nunca más vi porque ingresó en una religión que prácticamente secuestraban a las novicias.

Ella misma me hacía caricias de diferente manera y me decía, paso a paso, qué sensaciones estaba teniendo en mi cuerpo.

En cierta ocasión, quizá no tenía ganas de hablar sobre el tema de su especialidad, me dijo algo que aun recuerdo muy bien, como podrán constatar cuando se los cuente.

Ella, como pensando en voz alta, dijo:

— Guillermito, hay un antiguo refrán que dice: «Vale más malo conocido que bueno por conocer», por lo tanto, si me prometes que no se los dirás a tu madre, debo decirte que la sociedad en la que vivirás se guiará más por tu fama que por tus auténticos valores. Preocúpate por conservar tu buen nombre que nunca te faltará bienestar.

(Este es el Artículo Nº 1.770)

miércoles, 23 de enero de 2013

Universidad formal y Universidad de la Vida




La Universidad formal tiene algo valioso: desarrolla en los estudiantes una disciplina personal que la Universidad de la Vida difícilmente logre.

Algunas personas se sienten orgullosas de haber estudiado en la Universidad de la Calle, también llamada Universidad de la Vida.

Yo tuve la suerte de haber estudiado en las dos y me siento con cierta autoridad para decir que las dos tienen características buenas y malas.

En los hechos diría que ninguna de las dos es mejor que la otra, porque como acabo de decir, ninguna de las dos nos aporta todo el conocimiento necesario para librarnos de los problemas que tenemos los seres vivos: temores, incertidumbres, inexperiencia, datos erróneos, creer que sabemos, suponer que los no-egresados de alguna de esas Universidades son personas menos valiosas que los egresados, pensar que vendrán a buscarnos para darnos trabajo, imaginar que nuestro salario será necesariamente mejor que el de otros trabajadores no-egresados, y un sin fin de ineficiencias que volverán ineficaz nuestra gestión laboral, con miras a conseguir los recursos económicos que necesitamos para fundar y solventar una familia.

Como la mayoría de los trabajadores es egresada de la Universidad de la Calle (o de la Vida), les comentaré algo de la otra Universidad, la de los eruditos, la que impone ciertas formalidades para alcanzar alguna titulación.

— Existe el prejuicio entre los potenciales empleadores que la Universidad de la Calle es desprolija, indisciplinada, imprevisible, contradictoria, incompleta, poco confiable;

— Tenemos que reconocer que los prejuicios de los empleadores afectan a los buscadores de empleo, por lo que la Universidad de la Vida es más apta para aquellos jóvenes que prefieran prescindir de trabajar para otros y prefieran trabajar por cuenta propia;

— Lo más valioso de la Universidad formal es que desarrolla una disciplina personal que la Universidad de la Vida difícilmente logre.

(Este es el Artículo Nº 1.769)

martes, 22 de enero de 2013

El temor que provoca elegir




Algunas personas temen morir cuando tienen posibilidades de elegir, pues sienten que todo lo no elegido representa la vida misma.

No cualquiera sabe utilizar y aprovechar los beneficios que le tocan en suerte. A veces tenemos buena salud y no la sabemos aprovechar; a veces recibimos el afecto de otras personas y no las sabemos apreciar; a veces recibimos el dinero que necesitaríamos para vivir dignamente y no lo sabemos administrar.

Más grave aún: a veces recibimos el dinero que necesitaríamos para vivir dignamente y lo utilizamos para vivir mal, tristes, preocupados, deprimidos, estresados, desconfiados, angustiados.

El motivo de que esto ocurra puede ser sencillo pero se nos presenta de tal forma que no logramos captar dónde está la causa que nos impide vivir dignamente a pesar de tener los recursos suficientes.

Acompáñeme en los siguientes pasos de una posible explicación:

1 – Como le ocurre a todos, tememos a la muerte;

2 – Quienes tememos perder la vida, casi con seguridad también nos preocupe cualquier otra pérdida importante, tales como perder a un ser querido, la salud, el trabajo.

3 – Cuando no tenemos dinero tampoco tenemos opciones. Tenemos que limitarnos a las escasas posibilidades que nos permite la escasez de dinero, pero cuando tenemos una cantidad suficiente para mejorar nuestra calidad de vida hasta que sea verdaderamente digna, parte de este bienestar está asociado a poder elegir entre varias opciones.

4 – Acá aparece nuestra tragedia: puesto que elegir significa renunciar a todo lo que no elegimos, esta renuncia nos activa el mencionado temor a las pérdidas en general (punto 2), con lo cual desembocamos en la increíble paradoja según la cual, tener más dinero nos enfrenta a tener que elegir y a renunciar.

Conclusión: algunas personas se angustian cuando para elegir padecen una mortífera sensación al deselegir, abandonar, renunciar, perder.

Otras menciones del concepto «des-elegir»:


 
(Este es el Artículo Nº 1.768)

lunes, 21 de enero de 2013

Explicaciones milenarias del malestar actual


Existen leyendas que explican por qué el ser humano fue feliz, pero algo hizo que lo condenó a ser infeliz.

La pobreza patológica (que tanto me interesa!!) es la escasez aparentemente evitable que padecen algunos seres humanos.

Este es el artículo número 1767 que publico proponiendo distintas causas probables de este fenómeno que los economistas y políticos no han podido resolver en miles de años.

El arraigo popular de algunas creencias suele ser un hecho que propicia la eficacia de muchas causas de la pobreza. Por ejemplo, la creencia cristiana según la cual es bueno ser pobre, mantiene a muchos pobres patológicos viviendo en el subsuelo del planeta, como si eso les generara ventajas que recién aprovecharían después de la muerte.

Pero no solo el cristianismo patrocina la pobreza, la austeridad, el apartarse de una calidad de vida «privada de privaciones» innecesarias, que provocan sufrimiento por el solo gusto de pasar mal.

Observemos otras creencias milenarias que nos explican por qué es lógico que ahora pasemos mal. Son leyendas que nos hablan de un pasado de esplendor que, por algún motivo que la propia leyenda explica, se perdió para siempre.

1) La leyenda del Rebis (1) nos informa que originalmente éramos perfectos, iguales a Dios, pero que este temió por nuestra competencia y nos dividió en dos. Por eso ahora somos tan débiles y tenemos que buscar a nuestra otra mitad.

2) Antes del Pecado Original (2) vivíamos en el Paraíso, pero los abuelos (Adán y Eva), comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal y acá estamos, fuera del Paraíso;

3) Antes todos hablaban el mismo idioma, pero quisimos conocer el cielo y Dios nos impuso idiomas diferentes.

En suma: según estas leyendas milenarias parece lógico e inevitable que ahora tengamos carencias, pobreza y una baja calidad de vida.

     
(Este es el Artículo Nº 1.767)


domingo, 20 de enero de 2013

La administración familiar



 
Las grandes empresas destinan importantes recursos a administrar los ingresos y egresos de dinero. Las familias también necesitan hacerlo.

El dinero es un recurso interesante, que eventualmente puede darnos muchas satisfacciones, mejorando nuestra calidad de vida, permitiéndonos acceder a bienes y servicios que dignifican nuestra existencia.

Para obtener estos beneficios tenemos que saber ganarlo y administrarlo.

Hasta aquí todo parece muy natural, sencillo, accesible, pero estas no son más que sensaciones engañosas porque quienes intentamos vivir lo mejor posible sabemos qué difícil es ganar y administrar el dinero, especialmente cuando tenemos la responsabilidad de atender las necesidades y deseos de otras personas.

El tema de este artículos es realmente sencillo y elemental, aunque no por esto tan obvio como para que no justifique escribirlo y leerlo.

Nuestra inteligencia está convencida de que trabajar es producir algo que pueda convertirse en dinero, ya sea cobrando un salario, honorarios o el producido de la venta de nuestra producción.

Pero trabajar es algo más que este proceso pues da mucho trabajo administrar el dinero obtenido.

Este comentario puede ser útil para tener en cuenta que, si bien generar ingresos de dinero merece destinarle mucha energía (trabajar), administrar la utilización de esos recursos también exige destinarle mucha energía. En otras palabras: trabajar es tanto producir como administrar esa producción.

Cada empresa cuenta con varios trabajadores dedicados exclusivamente a la administración de todo el proceso productivo para la que fue creada (extraer, producir, prestar servicios).

Una familia es una pequeña empresa y es buena cosa que alguien le preste especial atención a cuidar los recursos, organizar su aplicación, racionalizar su distribución,  ahorrar para acumular reservas.

Por razones de tamaño, una familia no necesita tener una oficina montada con personal administrativo como si fuera una gran empresa, pero alguien tiene que hacer el imprescindible trabajo de administrar.

(Este es el Artículo Nº 1.766)