viernes, 7 de febrero de 2014

Socialismo, capitalismo y envidia


El socialismo y el capitalismo son estilos de organización social determinados por la administración de la envidia que todos sentimos, lo aceptemos o no.

Cuando pensamos en organizar la sociedad (el colectivo en el que vivimos), tenemos dos opciones:

1) Desarrollamos un Estado que acumule, guarde y administre la mayor cantidad de la riqueza que todos producimos (socialismo); o

2) Dejamos que los ciudadanos tengan la libertad de acumular la cantidad de dinero que sean capaces (capitalismo).

Puesto que ambas opciones tienen aspectos positivos y negativos, difícilmente encontremos colectivos que hayan elegido uno solo con exclusión del otro (Cuba y Corea del Norte funcionan con regímenes exclusivamente socialistas). Salvo estas dos raras excepciones, los pueblos optan por una organización básicamente socialista con rasgos capitalistas (China, Brasil, Argentina) o una organización básicamente capitalista con rasgos socialistas (Estados Unidos, Francia, Inglaterra).

Comentaré un inconveniente y una virtud de uno y otro sistema de organización, considerando que la envidia es un sentimiento universal que nos influye individual y colectivamente, pero cuya existencia solo aceptamos en los demás y difícilmente en nosotros mismos.

Socialismo:

Virtud: Los ciudadanos envidiosos (la mayoría absoluta), no sufren pensando que un ciudadano de carne y hueso como ellos posee una gran fortuna. Los envidiosos jamás envidiarían la riqueza del Estado, solo envidian a personas como ellos mismos;

Defecto: Las personas de carne y hueso que administran la fortuna del pueblo, no la cuidan, tratan de apropiarse de ella (robarla) o la despilfarran pues no les costó crearla. Otros fueron quienes trabajaron, produjeron y ahorraron.

Capitalismo:

Virtud: Los ciudadanos envidiosos tienen la oportunidad de calmar su mortificación procurando obtener mediante su esfuerzo aquello que otros tienen y ellos desearían tener. La envidia en el capitalismo es un factor estimulante de la producción, de la competencia, del crecimiento tecnológico y de la prosperidad. Sus fortunas son administradas con gran celo, no hay despilfarros y las fuentes de trabajo que crean (con fines de lucro) están administradas tratando de estimular la máxima productividad de los recursos;

Defecto: Siempre está presente el peligro de que algunos agentes económicos abusen de su poder económico explotando desconsideradamente a los trabajadores. El individualismo, la mezquindad y el afán de lucro crean sociedades donde los menos favorecidos (niños, ancianos, enfermos) corren serios riesgos de perecer.

(Este es el Artículo Nº 2.117)


jueves, 6 de febrero de 2014

El narcotráfico de símbolos

  
La intoxicación orgánica que producen ciertas drogas es objeto de preocupación.

Algunos no parecen preocupados pero lo que en realidad ocurre es que no están informados de cómo el alcohol, la cocaína, las drogas psiquiátricas en general y casi todas las demás que los médicos recetan a manos llenas, son buenas mientras seamos ignorantes de los efectos secundarios provocados sobre el organismo de los consumidores.

Este artículo se refiere a la intoxicación por símbolos, algo sobre lo que presumiblemente usted nunca oyó hablar. Más aun: no sé si alguien habrá propuesto la idea que les propondré en este artículo. Hice la consulta en Google y este respondió: “No se ha encontrado ningún resultado para "intoxicación por símbolos".

Los símbolos son los discursos, los gestos políticos, las conmemoraciones, las inauguraciones, las declaraciones públicas de personajes conocidos, y otros fenómenos humanos por el estilo. Los símbolos son actos que provocan una cierta reacción en nuestras mentes, hasta cierto punto similares a lo que provocan las otras drogas psicotrópicas, legales o ilegales.

En esta línea hace tiempo que estoy inmoderadamente furioso con las increíbles declaraciones del Papa Francisco I, quien señala acusadoramente a los ricos, a quienes tienen mucho dinero y condoliéndose de quienes padecen escaseces indignantes.

Es tremendo que a los humanos nos ocurran estas lamentables situaciones: todo el mundo festeja las palabras inútiles de un personaje importante mientras quienes padecen penurias económicas siguen teniendo una vida tan indigna como antes.

Peor aun: la seguirán teniendo porque el efecto mental que provocan estas condolencias huecas adormece las mentes de todos quienes podrían ayudar paralizados por esta “intoxicación por símbolos”.

Los narcotraficantes de símbolos (el Papa y demás) se esconde detrás de los otros narcotraficanates, los que venden clandestinamente drogas que alteran la percepción de la realidad.


(Este es el Artículo Nº 2.116)


miércoles, 5 de febrero de 2014

La sexualidad de los ricos


Estamos ante la paradojal situación de ser sexualmente animales, es decir, súbditos de quienes sí practican la sexualidad humana: reyes, gobernantes, ricos.

En otro artículo publicado hoy (1), digo textualmente:

«En otras palabras, se nos hizo pensar que el resto de los seres vivos son inferiores a nosotros y que tenemos sobre ellos todos los derechos que podría tener hasta el soberano más desconsiderado con sus gobernados. Por este motivo, podemos usarlos para que trabajen en nuestro beneficio y hasta podemos matarlos para comerlos y alimentarnos.»

En otras palabras, ahí digo que explotamos al resto de los animales porque ideológicamente se nos inculcó que ellos son inferiores a nosotros. Se nos hizo creer, (y nosotros lo aceptamos acríticamente), que tenemos derecho a hacerlos trabajar en nuestro beneficio y que, si su carne es rica y nos alimenta, podemos quitarles la vida, faenarlos, asarlos y comerlos.

Es decir, la moral con la que fuimos criados nos alienta a explotar al resto de los seres vivos. Por supuesto: si alguno de ellos nos molestara demasiado, también podríamos aplicarles técnicas genocidas para exterminarlos como especie, para que desaparezcan (insectos, microbios o cualquier otro ser vivo que no sea domesticable y explotable).

En el mismo artículo (1) también digo que nuestra moral sexual nos ha inculcado que solo debemos tener relaciones sexuales reproductivas y que la actividad sexual utilizada con fines recreativos es perversa, amoral, condenable. Es decir, se nos ha hecho pensar que recibiríamos algún castigo si utilizamos nuestra sexualidad solo para divertirnos y evitando procrear. Esto equivale a decir que nuestra sexualidad debe ser igual a la del resto de los animales no humanos.

Conclusión: como los seres humanos pueden explotar salvajemente al resto de los animales y puesto que, por otro lado se nos inculcó a practicar una sexualidad exclusivamente animal, apartándola por insana de cualquier otra práctica única en nuestra especie (sexualidad recreativa), quedamos ante la paradojal situación de ser sexualmente animales, es decir, súbditos de quienes sí practican la sexualidad humana: reyes, gobernantes, ricos.

(Este es el Artículo Nº 2.115)


martes, 4 de febrero de 2014

La economía es una ciencia estomacal

Los desocupados colaboran, sin darse cuenta, en controlar la inflación.

Podría decir que «La indiferencia es rentable», si fuera capaz de fundamentarlo.

Podría decir que «La necesidad nos quita fuerza negociadora», si fuera capaz de fundamentarlo.

Veamos un ejemplo de cada caso:

— Si comprar o no comprar un cierto objeto me da lo mismo, (indiferencia), no estaré dispuesto a hacer cualquier esfuerzo con tal de tenerlo. Lo obtendré solo en el caso de que sea muy barato o en el caso de que me lo regalen.

— Si estoy desesperado por tener un cierto objeto (necesidad), quizá esté dispuesto a pagarlo más caro de lo que vale.

Desde hace varios siglos, los economistas no han logrado disminuir la pobreza pero saben colaborar con ella cuando sugieren que para evitar la inflación es necesario que haya trabajadores desocupados.

¿Cómo funciona esto?

Si no es fácil conseguir trabajo, los desocupados serán personas que bajen sus pretensiones de ganar mucho dinero porque, como dije más arriba, «La necesidad nos quita fuerza negociadora».

Por el contrario, si el índice de desocupación es muy bajo, son los empresarios quienes padecerán la necesidad de trabajadores y, por lo tanto, serán los empresarios quienes padecerán «La necesidad que les quita fuerza negociadora». Como los empresarios no pueden producir si no obtienen ganancias, habrá un fenómeno inflacionario porque los costos de los empresarios serán mayores al tener que pagar salarios más elevados.

La indiferencia equivale a la saciedad y la necesidad equivale al hambre.

Si los empresarios ofrecen puestos de trabajo muy codiciados por muchos desocupados, se sentirán como reyes, pero si necesitan trabajadores y no los encuentran, esos mismos reyes se sentirán como pordioseros.

El hambre y la saciedad determinan todos los fenómenos de la economía. El órgano rector de esta ciencia no es el cerebro sino el estómago.

(Este es el Artículo Nº 2.114)


lunes, 3 de febrero de 2014

Misteriosa alarma por un peligro insignificante

Mucha gente importante está inexplicablemente alarmada por una eventual confrontación violenta entre 3.750 millones de pobres (leyó bien) y 85 híper millonarios.

Para comenzar el año 2014 tuvimos dos reuniones de los pobres humanos. Una en Davos (Suiza), organizada por el Foro Económico Mundial y la otra en Cuba, organizada por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Los «pobres humanos» nos reunimos en dos lugares diferentes porque unos disponemos de más dinero que los otros. En Suiza nos reunimos quienes disponemos de más dinero y en Cuba nos reunimos quienes disponemos de menos dinero.

Todos somos igualmente pobres ante la vida, todos nos angustiamos, todos vivimos esclavos de algo o de alguien y todos terminaremos de la misma manera: muriendo, liberándonos en menos de un segundo de lo que tuvimos y de lo que padecimos.

El libro se cerrará y nuestro relato vital habrá terminado.

Según los medios de comunicación que han tratado profusamente las alternativas de estas reuniones, lo preocupante es la progresiva desigualdad entre unos y otros. Si la humanidad toda fuera un cuerpo biológico, nos estaríamos desmembrando. Es como si, por razones económicas, ese cuerpo imaginario, (la especie, la humanidad), estuviera despanzurrándose.

Los expertos dicen que la brecha entre pobres y ricos es cada vez mayor. La humanidad tiene una herida que, en vez de cicatrizar, cada vez se abre más.

¿Cuál es el temor que provoca esta desigualdad entre la inmensa mayoría de pobres y la pequeñísima cantidad de híper millonarios? Tememos un estallido social, es decir, tememos que los 3.750 millones, (la mitad de la población mundial), de pobres ataquen a los 85 ricos.

Si tal estallido ocurriera, ¿cuántos milisegundos podría durar el exterminio de estas 85 envidiadas y odiadas personas?

No puedo creer que tantos periodistas, gobernantes, técnicos e intelectuales en general, pierdan su tiempo alarmados por un peligro que parece insignificante.

¡Acá hay algo más!

(Este es el Artículo Nº 2.113)


domingo, 2 de febrero de 2014

La incomunicación y una isla desierta

Si queremos ganarnos el sustento negociando con los demás, deberemos evaluar que si no podemos comunicarnos nuestra situación equivale a estar en una isla desierta.

Aunque sea cierto que «Las apariencias engañan», tenemos que reconocer que a veces «El que calla otorga».

Puesto que «No todo lo que reluce es oro», entendemos que a veces alguien se calla sin estar de acuerdo. Por lo tanto, no siempre que alguien se queda mudo debemos interpretar que está de acuerdo con lo último que se dijo.

Sin embargo, como «La excepción confirma la regla», no faltan los pícaros que generan una situación de mudez para que las apariencias engañen, esto es, para que el mudo parezca estar aprobando lo que se dijo.

Impedir que el comprador hable es una técnica frecuente, tanto en los malos vendedores como en los vendedores comunes de malos compradores. Los buenos compradores son aquellos que no se marean con la verborragia del vendedor dispuesto a enmudecerlos.

Los malos vendedores son aquellos que solo quieren vender, sin importarles la conformidad del comprador. Olvidan que un comercio sobrevive si cuida a sus clientes evitando que malgasten su dinero.

Los vendedores que hablan-y-hablan para que el comprador no piense, para que no evalúe lo que intenta comprar, para que quede hipnotizado a merced del vendedor-depredador, se organizan con una estrategia de corto plazo. No comprenden que una persona desconforme destinará parte de su energía a desprestigiarlos.

La táctica de no dejar hablar al interlocutor para quedarse con la última palabra no solo es usada en las negociaciones comerciales. Fuera de ellas, muchas personas tratan de evitar que los demás se expresen: ocurre entre amigos, entre compañeros de trabajo, entre profesores y alumnos, entre votantes y candidatos, entre cónyuges.

La otra variante de este fenómeno de incomunicación ocurre cuando quien habla no es escuchado. En los hechos es como si no pudiera expresarse porque sus ideas no llegan a quien van dirigidas.

Obsérvese que si nuestra forma de ganarnos la vida depende de la comunicación con los demás, cuando esta comunicación no ocurre, tendremos que ganarnos la vida como si estuviéramos en una isla desierta (pesca, caza, agricultura, recolección).

(Este es el Artículo Nº 2.112)


sábado, 1 de febrero de 2014

Sobre demonios interiores y consumismo

El dinero no es diabólico. Es para evitar los demonios interiores que tanta gente trabaja, ahorra y consume obsesivamente.

Hay quienes se empeñan en vivir sin dinero.

Consideran que este instrumento de canje, esta mercadería polivalente, esta especie de comodín que todos aceptan en cualquier intercambio, genera una especie de maleficio que nos hace perder la cabeza, nos esclaviza, corrompe, envilece.

Muchas personas piensan esto y no me animaría a decir que están equivocadas, pero sin embargo propondré otra explicación de por qué el dinero parece diabólico.

¿Alguna vez oyó hablar de los demonios interiores?

Son una representación fantástica de los remordimientos, de los recuerdos tristes, perturbadores, de las ideas persecutorias, de los impiadosos deseos de venganza. También son las ideas fijas, las preocupaciones, los celos incendiarios, los deseos prohibidos de incesto o los socialmente condenados de homosexualidad. Dichos demonios interiores también son el miedo a enloquecer, a contraer una enfermedad grave, terminal o invalidante; se incluyen los miedos a ser abandonados por un ser querido, a caer en la ruina económica, a  cometer una locura (tirarnos por una ventana, embestir a un peatón, matar a un niño).

Ahora volvamos al deseo de eliminar el dinero porque parece diabólico.

Antes del dinero está el tiempo trabajado. El dinero es trabajo: no es otra cosa. Tiempo ocupado en producir.

Como ya habrá adivinado, mi hipótesis consiste en pensar que los demonios interiores se desatan, atacan y molestan cuando no estamos entretenidos, ocupados, atentos a alguna tarea. Es el aburrimiento lo que habilita la esclavitud a los horrores diabólicos, no el dinero.

Mientras estamos ocupados (produciendo dinero), los demonios no molestan. Por este motivo muchas personas no quieren tomarse vacaciones: temen enloquecer.

El consumismo y la avaricia no son enfermedades en sí mismas, son un recurso utilizado por quienes no se animan a estar solos consigo mismos. Quienes conviven pacíficamente con sus pensamientos, pueden ser haraganes, ascetas, ermitaños, austeros, sobrios, frugales, nunca ahorrativos, nunca avaros ni consumistas.

(Este es el Artículo Nº 2.111)