viernes, 31 de julio de 2009

La envidia atómica

A medida que fueron pasando los siglos y los humanos nos dimos cuenta que contra la envidia no existen formas eficaces de eliminarla, fuimos llegando a la conclusión de que no hay más remedio que evitar o atenuar sus consecuencias.

Que la mujer estéril mate a sus sobrinos o que el hombre le robe la fortuna a su hermano son casos dramáticos en los que la envidia se exhibe con toda su crudeza.

La furia descontrolada que puede llegar a producir es la causa de acciones irreparables que el derecho penal ha ido sancionando hasta que actualmente existen en menor grado.

Despojada de la descontrolada irracionalidad en la que pueden caer algunas personas, la envidia es una fuente de energía.

Quienes saben lo difícil que es tener la energía suficiente para hacer todo lo que nos exige la realidad para acceder a una calidad de vida digna, no encontrarían inteligente desaprovecharla.

Por lo tanto, ese impulso que nos lleva a igualar el bienestar de quienes están mejor, es un estímulo necesario, conveniente y aprovechable.

Sabemos que tenemos que hacer un uso cuidadoso de ese recurso. Toda gran fuente de energía es peligrosa en manos inexpertas o mortífera en manos negligentes.

Entonces, la pólvora, la electricidad, la fusión nuclear y la envidia son valiosas fuentes de energía cuyo aprovechamiento está reservado para quienes sepan cómo hacerlo.

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jueves, 30 de julio de 2009

La pobreza saludable I

Reconozco que no sé de la realidad cubana todo lo que desearía saber. La información circula con una dosis de pasión distorsionante. Algunos exageran las bondades del régimen y otros sus ineficiencias.

De todos modos creo que a pesar de esta desconfianza que me inspiran los datos que me llegan, tengo una idea que ahora comparto con usted.

Lo que he dado en llamar pobreza patológica es aquella que le provoca malestar a quien la padece y/o a la sociedad.

Por ejemplo, alguien puede luchar denodadamente por mejorar su calidad de vida pero resulta que sus esfuerzos siempre terminan en un fracaso: esta persona podría padecer una pobreza patológica porque su ineficiencia quizá sea el resultado de una mala interpretación de la realidad (u otra causa psicológica).

Por ejemplo, alguien puede ser pobre y vivir de la limosna más la ayuda que el Estado pueda brindarle, pero estar muy conforme con su estrategia de vida: esta persona podría padecer una pobreza patológica porque su ineficiencia la están pagando quienes le dan limosna o los contribuyentes de ese Estado que tiene que mantenerlo.

Por ejemplo: alguien puede ser pobre porque prioriza su desarrollo humano, porque es feliz en la frugalidad, porque gasta la mayor parte de sus ingresos en insumos no materiales: esta persona NO padecería de la pobreza patológica porque no es ineficiente, no está desconforme y la sociedad no tiene que mantenerlo.

Entonces, el caso cubano podría comprenderse dentro de esta categoría: es un pueblo que ha priorizado los valores que defiende el socialismo y se gratifica tomando distancia de los criterios capitalistas. En tanto los cubanos estén bien y no perjudiquen al resto de la humanidad, son pobres por opción, responsablemente, saludablemente.

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miércoles, 29 de julio de 2009

¡Compre ya!

En un antiguo test de inteligencia para personas mayores de 16 años (WAIS - 1955) había una pregunta que decía: «¿Qué debería hacer usted si estando en un teatro viendo una película, fuera el primero en ver fuego y humo?»

Con ésta y otras preguntas por el estilo (por ejemplo: «¿Por qué tiene locomotora el tren?»), este test procura evaluar la aptitud para un desenvolvimiento adecuado a nivel personal y social.

Aunque parezca preguntas ingenuas, muchas personas responden que gritarían «¡fuego! ¡fuego!» y saldrían corriendo (lo cual generaría un caos con varios muertos y heridos) o que la locomotora alerta con su ruido para que nadie se atraviese en las vías.

No es lo mismo estar sentado ante una hoja de papel contestando preguntas, que estar realmente en un cine que se incendia, pero si con esa tranquilidad responde que su actitud sería gritar y salir corriendo, entonces estamos ante alguien que no tiene noción de cómo reacciona un grupo de gente en peligro.

A tal punto existen estos criterios en personas dotadas de inteligencia normal, que algunos sistemas de venta toman en cuenta lo que se llama «psicosis colectiva».

Es más fácil convencer a 500 personas que a una sola.

Algunas empresas organizan eventos promocionales a los que se invita a personas de reconocido poder adquisitivo para que asistan a una presentación en la que son agasajados, se les muestra el producto de forma seductora y aquellos que individualmente nunca hubieran comprado eso que se les ofrece, pueden caer fácilmente en dejarse llevar por la «psicosis colectiva» y tomar una decisión que con más tranquilidad reconocerán como absurda.

Quienes toman decisiones bajo el efecto de una «psicosis colectiva» se equivocan siempre pero lo reconocen pocas veces.

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martes, 28 de julio de 2009

¿Por qué tengo que trabajar el doble?

La recomendación de Jesús de que nos quedáramos tranquilos porque nuestro Padre (Dios) nos daría lo necesario como hace con las aves y los lirios del campo quizá tuvo vigencia en su época pero en la actual es seguro que no la tiene.

Les planteo un razonamiento porque puede servirnos para mejorar nuestra calidad de vida actual y futura.

Pensemos que la expectativa de vida de un ser humano es de 100 años. Si bien las cifras indican algo más de 70, la ciencia avanza a tal velocidad que no es un despropósito calcular esos 100 años.

Cualquier persona que nazca hoy, debería tomarse los primeros 20 años para formarse, capacitarse y quedar en condiciones de ganar dinero. Los padres se encargarían de proporcionarle lo que necesite y desee.

Luego, tendría que trabajar 40 años y a los 60 años (20 + 40) jubilarse.

Una vez jubilado, viviría otros cuarenta años para llegar a los 100 (60 + 40).

Pero el tema central de este artículo es que durante los 40 años de actividad, deberá generar el doble de lo que necesita para vivir. La otra mitad la tiene que guardar para los cuarenta años finales, cuando quizá tenga menos energía y ganas de trabajar, pero tendrá necesidades y ganas de divertirse.

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lunes, 27 de julio de 2009

En mi PC caben «todos»

En un encuentro de colegas me tocó presenciar un duelo verbal de bajas calorías pero divertido.

Una le preguntó a otra «¿Cuántos años tienes?». En vez de ruborizarse (porque en nuestra cultura esta pregunta cae dentro de los límites de la indiscreción) le preguntó a su vez «¿...y tu cuánto ganas como psicóloga?».

Esta segunda pregunta es algo más indiscreta que la anterior, pero como quizá correspondía no retroceder ante el desafío, le informó una cifra demasiado optimista para nuestro país a lo cual la primera respondió indicándole una edad imposible de creer.

Las tecnologías de la información han permitido la aparición de una nueva modalidad laboral llamada teletrabajo.

Usando esta palabra clave en algún buscador de la web usted podrá acceder a miles de sitios web que le hablarán del tema.

A veces la edad es un factor decisivo a la hora de conseguir una fuente de ingresos porque la valoración que hagan nuestros clientes, proveedores o empleadores puede estar negativamente condicionada por los prejuicios.

Suelen no conseguir trabajo personas demasiado jóvenes o demasiado viejas. A unos se los supone ineptos e irresponsables y a los segundos lentos y con dificultades de aprendizaje.

Ambos defectos laborales pueden estar presentes a cualquier edad, pero el teletrabajo ofrece varias ventajas a quienes lo realizan y a quienes lo compran.

Es probable que funcione como un buen «seguro de desempleo» estar informados de esta solución porque puede practicarse aunque se esté con otra tarea, se puede utilizar en caso de perder la fuente de ingresos principal y también se puede usar para rentabilizar el merecido descanso jubilatorio en el caso de que el ocio se torne abrumador.

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domingo, 26 de julio de 2009

Perder por temor a perder

El miedo a perder es una de las principales causas de que tengamos pérdidas.

Esto nos haría concluir rápidamente que el miedo más que evitar algo temido, lo provoca. En otras palabras: es contraproducente.

Cuando alguien concurre a una subasta (remate), es muy probable que termine pagando un sobreprecio cuando el motivo por el cual concurrió a ese evento fue comprar barato.

Para describirlo en pocas palabras, una subasta es la venta de un bien al mejor postor. Existen muchas modalidades y la historia de las subastas incluyen anécdotas insólitas y entretenidas.

Sin embargo lo que procuro comentar con ustedes es una particularidad de nuestra forma de reaccionar ante el miedo a perder.

Cuando deseamos obtener un bien y competimos en tiempo real con otros que también lo desean, pasa a un primer plano de nuestra atención el deseo de no perder el bien que se subasta, por lo cual podemos entrar en una puja descontrolada con los demás interesados.

Por su parte, el rematador (martillero) —quien gana un porcentaje del precio final recibido tanto del antiguo dueño (vendedor) como del nuevo dueño (comprador) del bien rematado—, funciona como un instigador (alentador, fustigador) de esa lucha para que, en definitiva, hagan el peor negocio.

Resumiendo: Es ventajoso saber cómo funciona nuestra psiquis en todos los casos. El temor a perder puede llevarnos a focalizar nuestra atención en un detalle (comprar un bien), haciéndonos olvidar que ese bien tiene un precio razonable, superado el cual empezamos a perder ... por temor a perder.

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sábado, 25 de julio de 2009

Américo Colón inventó las Antillas

El escritor inglés Gilbert K. Chesterton (1874 – 1936) escribió algo que forma parte de la personalidad de muchas personas, aunque a veces no lo sepan: «Cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa».

Es más conocida otra frase que dice: «El ocio es la madre de todos los vicios» (aunque por razones de género, debería decir «es el padre»).

Los niños suelen tener falta de concentración. Se distraen con facilidad o pueden mantener la atención en un solo tema durante un corto tiempo. Su cerebro —en pleno desarrollo— hace que sus pensamientos sean más volátiles, desorganizados, poco controlables. En casos complejos pueden tener dificultades de aprendizaje.

Si el desarrollo cerebral se enlenteciera o detuviera por alguna causa (enfermedad, falta de estímulo, accidente), puede llegar a la adultez con esa dificultad para controlar sus pensamientos, para concentrarse en un solo tema por vez.

Cuando esto sucede suelen aplicarse los mismos métodos que se aplican para otras dificultades: O se elimina el síntoma (el efecto desagradable) o se intenta curar la causa (mejorar el funcionamiento cerebral).

Una forma de mejorar la concentración mental sin atender el problema cerebral consiste en disciplinarse para cumplir rutinas muy rígidas. Otra forma consiste en focalizar la vida en ideas totalizadoras como son algunas religiones o ideologías,.

La idea es tratar de que la persona no piense. Se le aconseja que acepte un pensamiento que ya le viene dado, con respuestas para cualquier situación que se le presente en la vida. Debe esquematizarse, automatizarse, dogmatizarse.

A veces no hay recursos técnicos o materiales para encarar una curación de ese pensamiento disperso y descontrolado, entonces eliminar sólo sus efectos puede ser la solución menos mala, siempre y cuando no se le imponga la pobreza económica porque ésta nunca es una solución.

Nota: Este tema está comentado desde otro ángulo en La neurosis canina

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