lunes, 7 de septiembre de 2009

«Parásito: Dios te ama»

En muchas religiones existen personas dedicadas full-time a las tareas propias de la creencia pero que para solventar sus gastos dependen de la generosa contribución de los fieles.

Varias veces he mencionado que la doctrina de Jesús de Nazaret (1) sugiere que no tenemos que preocuparnos demasiado por ganarnos la vida porque de todos modos Dios nos cuidará como lo hace con los lirios del campo y con la aves.

A veces se producen vínculos en los cuales alguien abusa económicamente de un semejante. Mencionaré sólo tres modalidades:

1) Llamamos explotación cuando un empleador contrata a un trabajador y le paga menos de lo que se merece;

2) Alguien puede convertirse en parásito de otro porque vive lisa y llanamente de lo que el otro produce (proxeneta, hijos vagos, cónyuge abusador); y

3) A veces sucede que alguien cree que —por las virtudes que posee—, es un hijo predilecto de Dios quien a su vez asignó a otro «elegido» la misión divina de mantenerlo.

En este caso, ambos sostienen roles del tipo explotador-explotado o de parásito-parasitado, pero envueltos en una ilusión piadosa que parece quitarle al hecho todo rasgo de abuso.

Tales fenómenos «místicos» no sólo suceden con los aportes voluntarios que hacen los creyentes (parasitados) para solventar a los religiosos full-time (parásitos), sino también entre personas comunes donde es muy notorio que —dentro de una pareja— uno se esfuerza más que el otro para solventar los gastos familiares.

(1) Por qué tengo que el trabajar doble ; La filosofía rentable

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domingo, 6 de septiembre de 2009

Con los chinos perderemos siempre

Algunas veces les he comentado sobre la defectuosa característica de nuestra mente capaz de generalizar demasiado.

La metonimia (1) es beneficiosa porque nos permite entender que si varias noches consecutivas son seguidas de otros tantos amaneceres, no necesitamos esperar a vivir todos estos eventos para saber que después de la noche sigue una mañana.

Pero cuando esta misma función (metonimia) nos hace creer que por haber perdido un examen no servimos para nada, entonces nos está ayudando a equivocarnos.

Serenamente podemos estar enterados de todos los beneficios y contraindicaciones de lo que tenemos a nuestro alrededor y a partir de ahí disfrutarlos, aprovecharlos sabiendo que no son perfectos y que debemos tomar algunas precauciones.

Algo similar sucede con herramientas tan importantes como un martillo o una pinza. Pueden ser constructivas o destructivas. En manos entendidas son herramientas en manos inexpertas pueden ser un arma.

Para ganarnos lo necesario para vivir bien tenemos que saber usar la metonimia como al martillo o a la pinza.

Si arriesgamos y perdemos, tenemos que entender que no siempre pasará lo mismo; si confiamos en alguien y nos traiciona, tenemos que entender que no todas las personas son traidoras; porque alguien se burle de nuestros fracasos, tenemos que entender que no todas las personas son tan necias.

En suma: La metonimia nos hace ganar mucho tiempo porque nos permite hacer generalizaciones, entender el todo a partir de una parte, pero si no sabemos usarla también puede hacernos creer que una señal negativa significa que la vida es temible.

(1) El adulto con título habilitante; ¿Cuánto pesa Urano?
En otoño los árboles tienen calvicie

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sábado, 5 de septiembre de 2009

La cara del cliente

En el Río de la Plata tenemos una expresión que quizá figure en otras zonas hispanoparlantes.

Por ejemplo, si un señor humildemente vestido llega en su bicicleta a comprar una planta para regalarle a su esposa que cumple años, el vendedor quizá le cobre $ 20.- Por el contrario, si un señor se detiene en su Mercedes Benz para comprar la misma planta, el vendedor quizá le cobre $ 40.-

Cuando vemos que el vendedor tiene este criterio de cotización, decimos que está cobrando «según la cara del cliente»: al que parece tener poco dinero le cobra menos que al que parece tener mucho.

Esto puede suceder si el estado no interviene y permite que los agentes económicos (vendedor y comprador) negocien libremente. Si el estado fuera intervencionista, obligaría al vendedor a tener una tarifa centralmente determinada para ese tipo de plantas: $ 15.- por ejemplo.

Si vamos un poco más al fondo de la cosa, podríamos observar que el señor de la bicicleta tiene que trabajar una hora para ganar esos $ 20.-, pero el señor del Mercedes Benz tiene que trabajar también una hora para ganar esos $ 40.-

En esencia, el vendedor les está exigiendo a los dos el mismo esfuerzo laboral: ambos tienen que destinar una hora de su trabajo para llevarse una planta.

Como puede verse, esta absoluta libertad de acción de los ciudadanos permite una democracia más perfecta que aquella que está aparentemente protegida por un estado regulador, que interviene en la vida de sus ciudadanos.

Este es un razonamiento característico de aquellos que dicen que «el mejor estado es el que no existe» (y en el caso de que tenga que existir, que se entrometa lo menos posible en la libertad de sus ciudadanos).

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viernes, 4 de septiembre de 2009

«Necesito ese anillo de oro con urgencia»

Continúo con la idea que le propuse en el artículo de ayer titulado Sobre libros y películas en el cual afirmo que la naturaleza se vale de sutiles y groseras influencias para provocar las atracciones y rechazos entre seres vivos o no vivos, porque ella «funciona así».

En esta idea es preciso aceptar que si pudiéramos observar el cosmos desde afuera de nuestra humana realidad, veríamos que por ejemplo los huracanes tiran árboles, generan inundaciones, matan muchos seres vivos, cambian muchas cosas de lugar así como también Walt Disney provocó actitudes específicas en millones de personas por la ideología que trasmite en sus seductores dibujos animados.

Es frecuente escuchar que algún influyente ciudadano dice que para tal tema (políticas tributarias, despenalización del aborto, etc.) hay por lo menos «dos bibliotecas», queriendo decir con esta metáfora que algunos escritores defienden una idea y otros defienden la contraria.

Uno de tantos temas que tiene «dos bibliotecas» enfrenta las siguientes posturas:

— El economista británico John Maynard Keynes (1883-1946) aseguraba que tenemos que trabajar haciendo lo que el público pide (él decía que la demanda genera la oferta, que es lo mismo). Esta idea está en conflicto con la siguiente:

— Acá la lista es extensa: todos los detractores del consumismo (de Karl Marx para acá) cuestionan la ética de la publicidad y el marketing porque inducen al ser humano a comprar cosas que no necesitaría (pero que finalmente parece necesitar, de lo contrario no las compraría).

La pregunta queda planteada: ¿A quién le creemos para orientar el esfuerzo que haremos para ganarnos el sustento? ¿Hacemos lo que nos piden aunque no nos guste o hacemos lo que nos gusta y tratamos de venderlo?

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jueves, 3 de septiembre de 2009

Divide y reinarás

En un artículo recientemente publicado con el título Las discusiones de la naturaleza comentaba que el libre albedrío no existe sino que formamos parte de los fenómenos naturales.

Por ejemplo, si usted es un defensor acérrimo de la comida vegetariana, no lo hace porque haya llegado libremente a esa determinación sino simplemente porque fue sutilmente inducido a tener esa actitud contraria a los que comen carne.

En otras palabras, la naturaleza se vale de fenómenos de atracción y rechazo para mantenerse en movimiento perpetuo, incluyéndonos como unos cuerpos físicos más, juntos con el resto de los seres vivos y de los objetos.

El sistema financiero se vale de este fenómeno en tanto sabe que algunos clientes tendrán una actitud opuesta al resto, simplemente porque la naturaleza nos induce a estar en dos bandos opuestos.

Una parte del dinero que el banco recibe de sus depositantes, lo presta confiando en que no vendrán a retirarlo antes de que se lo devuelvan.

No puede prestar todo lo que recibe en depósitos porque se presume que uno de los bandos (algunos depositantes) tendrá la actitud de retirarlo en cualquier momento mientras que el otro bando tendrá la actitud de dejarlo depositado.

He mencionado en el artículo titulado El huracán Walt Disney que con sus dibujos animados este creador había logrado influir en la conducta de millones de personas como si se tratara de un fenómeno climático adverso (huracán, inundación, sismo).

En el sistema financiero puede suceder que la actitud de los dos bandos de depositantes se iguale y concurran simultáneamente a retirar sus ahorros, provocando la quiebra del banco.

El fenómeno climático adverso que produce una corrida (pánico de los ahorristas, crisis de confianza), puede ser hasta un simple rumor que ponga en duda la confiabilidad de la institución.

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miércoles, 2 de septiembre de 2009

¿Alguien tomó mi billetera por error?

Una cosa es lo que nuestra especie tiene instalado por la naturaleza y otra cosa es lo que nuestras culturas (indígena, hindú, europea, etc.) tratan de imponernos.

El resultado es producto de una mezcla dinámica porque la naturaleza no deja de presionarnos para que se cumplan sus designios y la cultura no deja de amenazarnos con castigar la desobediencia de sus normas, leyes, dogmas, prejuicios, refranes, costumbres, modas.

Digo que es una mezcla dinámica porque a veces predominan en nosotros las características humanas (naturales) y otras veces predominan en nosotros las características ciudadanas (cultura).

El ser humano en su estado natural no respeta la propiedad privada, pero las normas de convivencia interponen muchos obstáculos a quienes roban o no devuelven lo que recibieron en préstamo.

— Si un gobierno legítimamente constituido devalúa la moneda del país, le está provocando una pérdida a todos los que la poseen (en efectivo o que la han prestado a otros). Equivale a un robo lisa y llanamente, aunque me consta que popularmente el hecho no es tipificado como tal.

— Cuando un obrero baja deliberadamente su rendimiento hace algo parecido al caso anterior: devalúa su producción y eso equivale a un robo a quien le sigue pagando el mismo salario.

— En el caso de una persona experta en apropiarse de un vehículo para desarmarlo y vender sus piezas, también comente un robo a su propietario o a la compañía de seguros y está claro para todos que esto es un robo.

En asunto que quiero señalar es que si concentramos toda nuestra atención en el caso del ladrón de vehículos, desatendemos las otras manifestaciones de nuestra tendencia natural a no respetar la propiedad ajena.

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martes, 1 de septiembre de 2009

Gracias a Dios, trabajo

La energía humana es imprescindible para conseguir el dinero que necesitamos para acceder y conservar una buena calidad de vida.

La pobreza patológica se produce cuando alguna causa psicológica tiene como uno de sus síntomas la pérdida de esa energía necesaria para producir.

Cuando alguien posee la disposición anímica que le provee la energía necesaria para trabajar, producir, crear y ganar dinero, decimos que esa persona «está motivada».

Si sucede lo contrario, decimos que esa persona «está desmotivada».

La motivación es una forma de entusiasmo y la palabra entusiasmo —en su origen— refiere a un fenómeno místico, a un sentimiento que se relaciona con Dios, con lo espiritual y lo religioso.

Es imposible demostrar que Dios existe pero es imposible negar que haya muchas personas que creen que Dios existe.

Hasta donde he podido averiguar, nuestras creencias forman parte de la armonía psicofísica que nos conserva saludables.

Entonces, alguien que cree en Dios se imagina formando parte de un fenómeno maravilloso que le da fuerza, que le produce entusiasmo y de esa forma logra tener la energía con la cual trabajar, ganar dinero y acceder a una calidad de vida satisfactoria.

En suma: la creencia en Dios puede ser una característica necesaria en ciertas personas para obtener y conservar la energía que necesita para ganarse el sustento.

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