miércoles, 26 de enero de 2011

Los tiranos de bajo perfil

Algunos fracasos profesionales o laborales, están causados por una perversión no diagnosticada.

El psicoanálisis piensa que la psiquis está organizada con la interacción de tres funcionalidades (1):

— el yo, que se dedica a la vida consciente, actual, en estado de vigilia (despiertos);

— el superyó, que se dedica a representar a todas las figuras de autoridad que han dejado en él sus leyes, reglamentos, obligaciones y que supervisa (súper-yo) al yo, controlando que no actúe ilegalmente y, finalmente,

— el inconsciente, donde están guardados los recuerdos perturbadores y los deseos e instintos que fueron prohibidos pero que siempre procurarán satisfacerse.

Como aún no hemos encontrado qué parte del cuerpo se encarga de estas funciones, una mayoría cree que son espirituales.

Los fenómenos sexuales nos hacen suponer que la psiquis también es orgánica.

La impotencia o la frigidez se curan cuando quien las padece mejora su salud mental.

Las patologías psíquicas ofrecen mucho material que nos ayuda a comprender las disfunciones sexuales que afectan una de las dos misiones (2) que tenemos los seres vivos, esto es: reproducirnos.

Dentro de esas patologías me referiré brevemente a los violadores y pederastas.

Estas personas sólo logran satisfacción sexual cuando logran someter a sus víctimas. Se excitan sexualmente ante la debilidad del otro.

Son noticia y constituyen delito, los ataques flagrantes y el abuso explícito, pero también son violaciones y pederastias:

— la imposición que ejercen ciertos profesionales sobre sus consultantes (médicos, abogados, informáticos);

— los docentes sobre los alumnos;

— los burócratas sobre los usuarios;

— los militares y policías sobre los ciudadanos;

— los empresarios sobre los trabajadores;

— los gobernantes sobre los gobernados.

Las víctimas (pacientes, alumnos, usuarios), no pueden litigar contra el abusador-violador-pederasta, pero se alejan de él (lo rechazan silenciosamente) provocándole (¿inexplicables?) fracasos profesionales, docentes o administrativos... que deterioran la rentabilidad de su trabajo.

(1) Maqueta de una psiquis
Libertinaje programado
La violencia amorosa

(2) La única misión

Artículos vinculados:

El radicalismo de los justicieros extremistas

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martes, 25 de enero de 2011

Nadie elige ser rico o pobre

Todos nuestros acontecimientos están determinados por la suerte.

Imaginemos que en pocos días llegan a un cierto territorio deshabitado, 500 familias.

El motivo de esta inmigración es que comenzarán los trabajos de construcción de una fábrica o una represa hidroeléctrica o un puente.

Ocurrirá que otras personas, ajenas a las obras que se realizarán, también llegarán al nuevo poblado para vender mercancías y servicios (comestibles, ropa, reparaciones).

En estos casos, es probable que una mayoría intente ganar dinero haciendo las tareas más rentables (que generen más ganancias con menos inversión de trabajo y capital).

Llegará un momento en que las modalidades laborales más convenientes, dejarán de serlo porque demasiadas personas se dedican a lo mismo.

Este fenómeno (saturación de la oferta), obligará a muchos comerciantes a cambiar de rubro o a irse del lugar.

Quienes harán varios intentos diferentes, comenzarán vendiendo verduras, luego carne, luego ropa, luego zapatos, hasta que encuentren el negocio más conveniente.

En poco tiempo podremos observar que algunos comerciantes serán más prósperos que otros: o porque eligieron la tarea más enriquecedora o porque supieron administrarla mejor.

Simplificando aún más: en pocos meses ya tendremos ricos y pobres.

Quienes creen en el libre albedrío suponen que cada uno hace y obtiene lo que quiere. Quienes creemos en el determinismo, suponemos que cada acontecimiento es el resultado de un conjunto variado de «suertes» (aciertos, casualidades, coincidencias). Por ejemplo:

— Llegar primero que otros, favorece contar con más opciones.

— Conocer la oportunidad, estar en condiciones de mudarse, contar con los recursos suficientes, depende en última instancia de la suerte de algunos y simultáneamente del infortunio de otros;

— Elegir la mejor opción es casual aunque los creyentes en el libre albedrío insistan en que los afortunados hicieron lo posible para ganar y que los desafortunados no hicieron lo posible para ganar.

Artículo asociado:

Una lluvia de palabras provoca una tormenta de ideas

Blog vinculado:

Libre albedrío y determinismo

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lunes, 24 de enero de 2011

La higiene reprime el deseo sexual

Los ricos son asquerosos (sienten asco).

En otro artículo (1) les comentaba que el perro en particular y las otras mascotas en general, se ganan el sustento (las alimentamos, damos alojamiento, paseos, etc.) porque nos entregan el servicio de aceptar nuestros olores más impopulares.

Si sólo contáramos con los recursos que la naturaleza le entrega (instala) a nuestra especie, no tendríamos asco.

Esta reacción que tenemos ante ciertos estímulos, es aprendida.

Aunque parezca muy desvinculado, los humanos necesitamos tener asco para poder integrarnos al sistema de convivencia que hemos inventado desde hace miles de años.

El aprendizaje de esta reacción automática, pasa a funcionar con la misma eficacia de una reacción instintiva: tanto parpadeamos cuando sentimos una explosión como fruncimos la nariz mientras nos alejamos de un olor desagradable.

Nuestro sistema de convivencia tiene como uno de sus ejes centrales la prohibición del incesto.

Por semejanza (afinidad, asociación), somos adiestrados para inhibir los deseos sexuales, los que sólo podrán satisfacerse fuera de la familia consanguínea (prohibición del incesto), en una relación heterosexual y dentro de un vínculo permanente y monogámico (matrimonio).

El procedimiento más efectivo para que podamos inhibir nuestra sexualidad, es inculcarnos el asco.

Esta reacción que aprendemos, es muy resistente a los cambios y los adultos conservamos casi intacta la educación higiénica que recibimos en la niñez.

Por este motivo, nuestros padres y cuidadores no podrán evitar imponernos (con diferentes grados de intolerancia) eso que ellos tanto necesitan: no tocar excrementos, bañarse, evitar malos olores.

Para lograr estos objetivos (reprimirnos sexualmente mediante el desarrollo del asco), hacen falta recursos materiales: un baño con agua corriente, pisos lavables, jabón, antisudoral.

En las clases sociales donde estos elementos escasean, el asco es una reacción mucho menos enérgica, la sexualidad está menos inhibida y se reproducen con más facilidad.

(1) El olfato erótico

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domingo, 23 de enero de 2011

El orgullo de José y la humillación de María

Agacharse para orinar favorece la mayor pobreza femenina.

Todas las especies poseen rasgos que las diferencian de las demás. Entre los mamíferos, son bien diferentes los canguros de los gatos.

Sin embargo son las semejanzas las que nos hacen pensar en que un conjunto de animales son vertebrados, dentro del cual encontramos un grupo menor caracterizado por disponer de glándulas mamarias (mamíferos) y dentro de este, un grupo menor de animales que sólo comen carne fresca cazada por ellos (felinos).

Para terminar esta introducción, les comento que dentro de cada especie de vertebrados mamíferos, los ejemplares pueden ser hembras o machos, de tal forma que estos las fecundan para que la especie reponga los ejemplares que en algún momento mueren.

Y ahora sí, comparto una hipótesis sobre algo bastante alejado de lo que habitualmente se habla (el clima, el amor, la delincuencia).

En nuestra especie, mujeres y hombre hacemos muchas cosas de forma similar: dormimos acostados, comemos con la boca ayudados por las manos, defecamos sentados.

Es probable que tenga cierta importancia que orinamos en posiciones diferentes.

El varón orina de pie y la mujer orina agachada. Si lo hicieran al mismo tiempo, y teniendo en cuenta cómo reacciona nuestro cerebro afectado (distorsionado, desnaturalizado) por la cultura, él se muestra superior, mayor, más alto, que ella.

Ante una misma necesidad (orinar), ellas tienen que adoptar una postura que culturalmente es menos digna que la de ellos.

Insisto en esto: Es nuestra cultura la que por ahora piensa que una persona agachada está en una posición menos favorable (elegante, poderosa, soberbia) que alguien que está de pie.

Entonces, una hipótesis que espera ratificación dice: Esta condición anatómica y cultural, las exhibe en desventaja, lo que puede justificar que en las clases económicamente menos favorecidas, predomine el sexo femenino.

Artículo vinculado:

«¿Quién orina más lejos?»

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sábado, 22 de enero de 2011

El olfato erótico

Pagamos para que amen nuestros malos olores.

Desde siempre, los perros se han llevado muy bien con los humanos.

Me pregunto por qué tantas personas actualmente gastan mucho dinero para alimentarlos, abrigarlos, cuidarles la salud.

Hasta los más amarretes, avaros y mezquinos seres humanos, toleran de buen grado mantener una o varias mascotas, a cambio de nada.

Rápidamente me rectifico y digo: quienes mantienen a una mascota lo hacen a cambio de recibir de ellas un servicio que intentaré describir.

Acá tenemos un fenómeno económico, porque alguien alimenta y cuida a otro, utilizando sus propios recursos y sin imponerle (al perro, por ejemplo) algún tipo de producción, como le exigimos a un empleado que nos cobra un salario.

Les propongo una hipótesis que algún día podrá servirnos para encontrar soluciones para la pobreza patológica.

Los perros ofrecen y entregan a su amo el invalorable beneficio de aceptarle lo que otros no le aceptan.

Efectivamente, todos tenemos características muy queridas que resultan intolerables para la mayoría de quienes podrían acompañarnos.

Me refiero particularmente a los olores fétidos (pestilentes, hediondos) que pueden salir de nuestro cuerpo.

Observemos que cada uno de nosotros tolera perfectamente lo que para otros puede provocar asco.

Estos olores que toleramos (y disfrutamos), pero que resultan impopulares para otros semejantes, representan nuestra verdadera esencia.

Todo lo que nos pertenece y sentimos como propio, pero que simultáneamente es rechazado por los demás (olores, ideas, conductas), representan (simbolizan):

— a nuestro narcisismo,
— al amor por nosotros mismos,
— al amor que nadie más es capaz de darnos y que por eso valoramos especialmente.

Pues bien, le pagamos (alimentamos, cuidamos) al perro por su tarea de hacernos algo que sólo nuestra madre pudo hacer: amar nuestra esencia más fétida.

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viernes, 21 de enero de 2011

Equivocarse es humano, envidiar es inevitable

Nuestra calidad de vida depende de que los demás estén igual o peor que nosotros.

La pobreza patológica es un concepto inventado por mí, para denominar esos problemas económicos que no pueden ser superados por quien los padece, a pesar de intentarlo.

El concepto no tiene una definición concluyente (definitiva) porque está y estará en estudio durante muchos años.

En teoría, ningún tema de estudio puede darse por terminado ya que es arbitrario aislar un fenómeno de los demás a los que está asociado directa o indirectamente.

No soy el único dedicado a este tema, aunque sí el único que lo aborda desde un punto de vista psicoanalítico lacaniano.

La consigna de esta búsqueda asegura que «la pobreza es curable».

La pobreza material a la que me refiero, nos impacta tanto objetiva como subjetivamente.

Desde el punto de vista objetivo, nos genera privaciones a necesidades básicas (alimento, abrigo, alojamiento) y

Desde el punto de vista subjetivo nos provoca frustraciones a los deseos básicos (divertirnos, viajar, estudiar).

También podemos decir que algunas carencias comprometen nuestra supervivencia y otras comprometen nuestra calidad de vida.

En orden de importancia, requieren solución más urgente aquellas que ponen en riesgo nuestra supervivencia.

A pesar de existir este indiscutible orden de prioridades, nuestra mente reacciona con gran vehemencia cuando las necesidades básicas están habitualmente cubiertas y es excitada por la envidia.

Este sentimiento hace que aún cuando nuestra supervivencia está asegurada, tengamos una sensación de muerte inminente cuando constatamos que alguien de nuestro entorno incorpora a su vida alguna ventaja (compra un auto, asciende en el trabajo, ostenta algún gasto significativo).

Por lo tanto, la noción de pobreza patológica puede prescindir de los aspectos absolutos (tengo o no tengo para alimentarme), y puede estar fuertemente marcada por aspectos relativos (tengo más o menos que otros).

Artículo vinculado:

«¡Me alegra estar triste!»

Blog vinculado:

La envidia

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jueves, 20 de enero de 2011

Las mayorías sólo cometen grandes errores

Pertenecer a la mayoría es más económico y demanda menos esfuerzo laboral.



Podemos simplificar las ideas y decir que existen por lo menos dos formas de administrarnos:

a) Ganar lo suficiente para cubrir todos los gastos necesarios; y

b) Ahorrar lo suficiente para que el —poco o mucho— dinero que tenemos, nos alcance.

La inmensa mayoría de las personas utiliza el procedimiento b) (subordina la satisfacción de la necesidades y los deseos a los recursos existentes).

Es también la inmensa mayoría la que piensa que «las mayorías no se equivocan».

Lo que en realidad ocurre es que los errores masivos se disimulan mejor que los errores individuales, ya que los mismos equivocados se ponen de acuerdo espontáneamente en que

— «no es tan grave ingresar al país algunas cositas de contrabando» (cualquiera de nosotros); o

— «invadir otro país alegando que ‘ellos se lo buscaron’» (Estados Unidos, Inglaterra, Francia, etc.); o

— matar a millones de personas en defensa de alguna causa superior (nazis, stalinistas, maoístas, turcos).

En suma: una mayoría de personas quiere pertenecer a la mayoría porque de esa manera puede creer que está en lo cierto, que posee la verdad, que es normal y que con más aliados tiene más poder.

A estas ventajas de integrar una mayoría, se agrega un maravilloso invento que hizo el capitalismo hace unos siglos y que aún llamamos economía de escala.

Ocurre que un mismo producto, fabricado en grandes cantidades, disminuye sus costos.

Para que esto pueda funcionar, una mayoría de personas debe aceptar ese producto.

Por este motivo, quienes tienen los gustos y preferencias de la mayoría, viven con menos dinero, tienen que esforzarse menos trabajando, pueden ahorrar y permitirse la inclusión en el grupo b) mencionado al principio (vivir con lo que se consiga en vez de conseguir lo que fuera necesario).

Artículo vinculado:

«Si no me compras, eres un anormal»

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