martes, 30 de noviembre de 2010

Odiar es un placer costoso

Odiar, criticar y despreciar, es hermoso. Sin embargo, es desagradable reconocerlo.

Es feo decir que rechazamos a otros semejantes; es elegante mostrarse amoroso, comprensivo y capaz de perdonar.

Mentir la edad, disimular la ignorancia y ocultar nuestras características impopulares, es lo más habitual.

Como nuestros grupos de pertenencia (familia, amigos, compañeros de trabajo), comparten nuestro menú de falsedades, engaños y trampas, pasamos desapercibidos y quedamos convencidos de que somos grandes personas, honestas, inteligentes, habilidosas, responsables.

Por lo tanto, para poder conciliar lo hermoso pero mezquino, con lo aceptable aunque falso, nos unimos en cofradías, partidos políticos, religiones, logias, sindicatos, para suponer que nuestras carencias no son tales, sino que son normales.

Existen muchas agrupaciones que tienen como un elemento en común, criticar, censurar y condenar a los ricos.

El cristianismo ha trabajado duramente por siglos para que este odio de clase no se deteriore, no se estropee, no pierda agresividad.

Aunque parezca descabellado, el nazismo generó odio contra los judíos sólo para perfeccionar la cohesión entre los seguidores de aquella doctrina.

Es habitual que los partidos de izquierda digan pestes de Estados Unidos, fundamentalmente para fortalecer la cohesión entre los adherentes a lo que suelen llamar progresismo.

Este estilo de vida (mentir, criticar, acusar), como toda solución, placer o deporte, tiene su precio.

Cuando utilizamos el odio colectivo a los ricos (famosos, exitosos, con buena calidad de vida) como procedimiento para sentirnos más unidos a nuestro grupo de pertenencia, debemos saber que simultáneamente nos estamos prohibiendo mejorar nuestras condiciones de vida (comprarnos un auto, viajar, estudiar o cualquier otro tipo de progreso que hayamos criticado).

En suma: si bien es placentero juntarnos con nuestros amigos para reprobar a los que viven mejor, sepamos que implícitamente estamos jurando no igualarnos a los que viven mejor, es decir: «escupimos para arriba».

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lunes, 29 de noviembre de 2010

Las enamoradas de la pobreza

Hace poco compartía con ustedes una hipótesis (1) que me pareció original, aunque, como siempre ocurre en estos casos, si bien estoy leyendo permanentemente lo que se publica sobre psicoanálisis y economía, estoy muy lejos de haberlo leído todo.

En otras palabras: quizá ya alguien dijo que en las clases sociales mejor favorecidas económicamente, los casamientos se realizan prioritariamente para fortalecer el poderío patrimonial de las familias de los contrayentes, mientras que en las clases sociales menos favorecidas económicamente, las uniones se realizan prioritariamente porque los contrayentes se desean, se aman, están tocados por el casi mágico impulso de reproducirse.

Estas hipótesis no pueden prescindir de otro contexto teórico, según el cual es la mujer la que está dotada de un instinto que la lleva a elegir, seducir y copular con el o los hombres capaces de fecundarle hijos genéticamente mejorados.

De hecho, estoy diciendo que los pobres se casan enamorados y que los ricos se casan por razones económicas.

También estoy diciendo que las mujeres ricas no tendrán más remedio que tener amante, porque no serán tan obedientes (ni tontas) de quedarse sin las delicias del enamoramiento, tan sólo por hacerle caso a sus padres.

Por otro lado, también es posible pensar que la cultura llega con diferente rigor a las ricas y a las pobres.

Esa infinita cantidad de mandatos que emite la cultura de cualquier colectivo, tiene como ingrediente principal, la represión sexual.

El instinto sexual nos acerca más a la realidad animal que poseemos mientras que la cultura lucha por volvernos artificiales, ideales, especiales.

La cultura dedica extensos capítulos a la represión sexual para desanimalizarnos, generando invariablemente, una neurosis (histeria, obsesión, fobia, ansiedad, pánico, angustia).

En suma: las mujeres buscan la cultura de los pobres huyendo de la neurosis y llevadas por su maravilloso instinto femenino.

(1) El enamoramiento genético

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domingo, 28 de noviembre de 2010

Existen vehículos para todos los gustos

Un vehículo, para poder lograr desempeños aceptables, debe:

1º) Tener un motor potente;
2º) Una carrocería firme;
3º) Buenas condiciones de estabilidad;
4º) Excelentes frenos;
5º) Una reversa como accesorio (marcha hacia atrás).

No es mi intención hablar de mecánica con usted, sino hacer una mínima puesta a punto de nuestros conocimientos, tan sólo para seguir usando estos datos como metáfora de algo más importante para nuestras vidas.

1º) Cada uno de nosotros está dotado genéticamente de una cierta cantidad de energía, potencia, resistencia a la fatiga, pujanza, perseverancia, velocidad de reacción (reflejos, tanto físicos como intelectuales).

2º) Además de esas energía anímica, tenemos que tener un cuerpo que la soporte, que permita hacer con él lo que nuestra inteligencia se propone. Mientras estamos padeciendo ciertas enfermedades o fracturas, el cuerpo no puede acompañar (responder) a nuestros proyectos, emprendimientos, decisiones.

3º) El vocablo «estabilidad» lo utilizo para referirme a nuestra habilidad para evitar accidentes, para no cometer errores que detengan nuestra marcha, el avance de nuestro trabajo, que nos aparten transitoriamente del camino que empezamos para llegar a nuestros objetivos.

La baja accidentalidad es un indicador de destreza, habilidad y también de un deseo íntimo de llegar al objetivo cuanto antes, seguramente al solo efecto de comenzar otro emprendimiento que nos mantenga con la adrenalina al tope, como sólo se logra con ambición (no dije avaricia!!), entusiasmo, afán de logro.

4º) Es muy difícil para muchas personas entender que hay cosas que no es conveniente hacer. Saber cuándo frenar y cuando insistir es todo un arte, del que no se pueden dar recetas. Combinar las dosis de paciencia y tolerancia a la frustración con la dosis de perseverancia, demanda un talento similar al artístico.

5º) Lo mismo ocurre con saber arrepentirse, cambiar de objetivo y hasta pedir perdón.

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sábado, 27 de noviembre de 2010

La Gestapo descafeinada

La administración del poder es algo necesario en nuestra especie, o al menos eso ocurre desde que el mundo es mundo y sobrevivimos hasta hoy.

No es que quiera cambiar nada, pero describir lo que acontece es útil para que deje de acontecer y dé paso a nuevas formas de vida, más evolucionadas, modernas, actualizadas.

Si la pobreza continúa siendo algo que nos golpea desde que tenemos registros históricos, es porque todo lo que hemos hecho hasta ahora ha colaborado para que así sea, aunque los promotores de la igualdad económica (o, aunque sea, de la igualdad de oportunidades) hayan quedado afónicos gritando que desean evitarla.

Según observo, la administración del poder actual apela a los siguientes recursos para someter a la mayoría de los ciudadanos:

— La idea principal continúa siendo la de hacernos creer que tenemos todo el poder y que los gobernantes sólo cumplen nuestras órdenes;

— Para quitarnos todo el poder posible, se utiliza la propaganda tal cual hizo el régimen de la Alemania nazi;

— Esa misma propaganda incluye condenar furiosamente al régimen nazi para disimular que se usan los mismos criterios de dominación de las masas;

— Somos educados centralmente. Nadie tiene derecho a eludir la enseñanza oficial. Todos debemos oír y luego repetir lo que se nos dijo. Tenemos derecho a oír y repetir cualquier otro conocimiento, pero el oficial es obligatorio;

— La forma más radical de desautorizarnos, es convenciéndonos de que funcionamos mal, que nuestro cuerpo está potencialmente enfermo (lo cual es cierto porque todos somos enfermables).

El Estado, pretextando criterios epidemiológicos, nos obliga a ser inspeccionados y evaluados por la policía médica, la que, de paso, impondrá una segunda carga impositiva, sugiriéndonos consumir algunos medicamentos preventivos, correctores de posibles dolencias mortales (lo cual también es cierto porque todo ser vivo, es mortal).

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viernes, 26 de noviembre de 2010

El enamoramiento genético

Con un artículo (1) que publiqué ayer, quedé más conforme de lo habitual.

En él expongo una ocurrencia que permite explicar varias dificultades que se nos presentan en nuestra vida matrimonial.

Si fuera cierto que:

1º) Son las mujeres las que eligen y determinan con qué hombres prefieren tener hijos, porque la naturaleza les informa a través de su instinto, con quienes mejorarán la especie; que

2º) Existen varias dotaciones genéticas masculinas; pero que

3º) Cada mujer sólo beneficiaría la especie si es fecundada por unas pocas; entonces

puede entenderse que existan tantas dificultades para la formación de parejas exitosas, esto es, que conserven el vínculo por muchos años y gesten varios hijos.

Las mujeres con más hijos, suelen ser embarazadas por distintos hombres y, como dato complementario, pertenecen a las clases socio-económicas menos favorecidas.

Si bien la conservación de la especie es el objetivo primordial, los humanos nos organizamos teniendo en cuenta los factores económicos.

Algunas familias, las que detentan mayor poder, las que forman conglomerados económicos, dan gran importancia a las uniones matrimoniales priorizando las consecuencias patrimoniales que de ellas derivan.

Esto me permite deducir lo siguiente:

En las clases sociales en las que predomina la fidelidad al instinto reproductivo, las mujeres suelen tener varios hijos de distintos hombres porque eso es lo que ellas encuentran a lo largo de sus existencias: su cultura les permite enamorarse de aquellos hombres cuya dotación genética les gestaría los mejores hijos y así lo hacen con la mayoría de los que encuentran.

En las clases sociales en las que predomina la fidelidad a la cultura, al poder, al patrimonio, las mujeres suelen tener pocos hijos con los hombres que la familia les impone: su cultura les prohíbe enamorarse de aquellos hombres cuya dotación genética les gestaría los mejores hijos.

(1) ¡Qué sola estoy!

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jueves, 25 de noviembre de 2010

Los pobres son la piedra del escándalo

Los hispanos vivimos casi todos en democracia. La excepción la constituye Cuba, que tiene un partido único.

A su vez, todos los hispanos vivimos en países en los que una mayoría son pobres, luego tenemos una clase media más o menos numerosa y un sector muy acaudalado, compuesto por unas pocas familias.

En todos los países democráticos, tenemos por lo menos dos partidos políticos que detentan posiciones antagónicas y que, generalmente son elegidos alternativamente para gobernar.

Casi siempre ocurre que cuando el país cursa un período de auge económico, la mayoría de los votantes cree que esa es una obra del gobierno actual y lo reelige para que la bonanza no se interrumpa. Luego, cuando el péndulo de la economía pasa para el otro extremo (algo que siempre ocurre, más tarde o más temprano), la mayoría de los votantes castiga a los ineficientes y cambia el partido de gobierno.

De más está decir que los avatares de la economía suele no tener mucho que ver con quienes gobiernan, sino que las alternativas económicas (auge o recesión) suelen estar determinadas por agentes (empresarios, guerras, sequías, modas, rumores, expectativas) que están fuera de los límites territoriales de cada nación.

La mayoría de los votantes suponen que los gobernantes deciden su bienestar o malestar, pero esto no es así.

Lo que sí es cierto es que esos partidos políticos que pugnan por llegar al gobierno (atraídos por algún beneficio muy importante que sólo ellos conocen y que yo prefiero no imaginar), tratan de dificultarle la gestión de gobierno a quien tuvo la suerte de llegar.

Como los pobres conforman la clase votante más numerosa, cualquier buena idea que surja para beneficiarlos realmente, será sistemáticamente saboteada por el partido que no la haya propuesto, por lo cual, la pobreza no puede terminarse.

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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Rescatarse de los padres

El verbo plagiar, significa varias cosas:

1. tr. Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias.
2. tr. Entre los antiguos romanos, comprar a un hombre libre sabiendo que lo era y retenerlo en servidumbre.
3. tr. Entre los antiguos romanos, utilizar un siervo ajeno como si fuera propio.
4. tr. Am. Secuestrar a alguien para obtener rescate por su libertad.

En otro artículo (1) les comentaba que los padres pueden cometer el error de inculcar en uno o en varios hijos, la incapacidad para independizarse económicamente, para de esa manera asegurarse que contarán con ellos cuando en la vejez necesiten quien los cuide amorosamente, con respeto, dignidad, es decir, mejor a como lo harían las empresas especializadas en hospedar ancianos.

Es curioso observar que nuestro idioma utiliza un mismo vocablo, para designar dos acciones que parecen diferentes.

Por un lado, refiere literalmente a una apropiación indebida del esfuerzo y el talento de otro y por el otro significa llanamente un secuestro con pedido de rescate.

Dicho de otro modo, con esta palabra se informa sobre algo indebido, consagrado universalmente como ilegal, emparentado con la privación de libertad y la extorsión.

Este ejemplo puede ser útil para aclarar de qué estamos hablando cuando nos referimos a una acción inconsciente.

Para una mayoría significa algo que se hizo por descuido, sin querer, por error, pero no es esto exactamente.

De un acto inconsciente no tenemos noción, idea, conocimiento, conciencia. Más aún, si alguien nos sugiriera —por ejemplo—, la hipótesis de que amamos a nuestro cónyuge porque nos recuerda inconscientemente a nuestros progenitores, no podríamos aceptarlo, ni creerlo y hasta podría llegar a ofendernos.

Menos aún aceptaríamos que deseamos secuestrar a nuestros hijos, cobrarles (rescate) por haberlos fecundado y criado, abusar de su talento y esfuerzo como si nos pertenecieran.

(1) El hijo jubilatorio

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