martes, 26 de marzo de 2013

El amor al dinero o a Dios




Quienes aman el dinero tienen fe en la sociedad que lo emite y quienes solo aman a su Dios tienen exclusivamente fe en sí mismos.

Los humanos no somos caprichosamente desconformes: necesitamos, deseamos y anhelamos cosas diferentes a lo largo de la vida.

Esta condición puede ser una consecuencia de nuestro instinto gregario o, por qué no, la causa de ese instinto. En otras palabras:

— o tendemos a reunirnos en colectividades y por eso aprovechamos las diferentes destrezas de nuestros compañeros para disfrutar de sensaciones distintas;

— o es nuestra necesidad de disfrutar sensaciones diferentes lo que nos lleva a reunirnos con gente que tenga distintas habilidades.

Sea por el motivo que sea, el hecho es que durante toda la vida practicamos el trueque.

Cinco siglos antes de Cristo aparecieron las monedas: trocitos de metal valioso que podían ser cambiados por cualquier objeto.

Hace apenas dos o tres siglos nos animamos a remplazar esas monedas poseedoras de un valor propio (el metal precioso del que estaban compuestas) por los trozos de papel pintado que hoy usamos como dinero en forma de billetes.

Este cambio fue dramático, revolucionario, insólito. ¿Puede imaginar el estado de ánimo de quien permutó, (compró), una casa entregando una cantidad de monedas de oro y termina canjeándola, (vendiéndola), por una cantidad de papeles?

Esta revolución consistió en pasar del dinero material al dinero fiduciario, es decir, al dinero cuya circulación y aceptación dependen exclusivamente de la confianza que inspire entre los ciudadanos.

Eso es el dinero fiduciario: un papel que inspira confianza, credibilidad, fe.

La pasión, el amor, la predilección por uno mismo se denominan egoísmo, egocentrismo, individualismo.

Podríamos concluir que: Quienes aman el dinero tienen fe en la sociedad que lo emite y quienes solo aman a su Dios tienen exclusivamente fe en sí mismos.

(Este es el Artículo Nº 1.831)

lunes, 25 de marzo de 2013

La explotación escolar



 
Durante la etapa escolar, estudiar es una forma de trabajo infantil y exigir ciertos resultados es una forma de explotación.

En la cadena alimentaria los más grandes se comen a los más chicos, aunque según dicen ahora, los más veloces se comen a los más lentos.

Ya sea por tamaño o velocidad, los niños llevan las de perder porque son pequeños y lentos.

Para contrarrestar los inevitables abusos provocados por los grandes y/o veloces, cada tanto nos reunimos en algún evento lleno de publicidad benefactora y hacemos algunas declaraciones justicieras, llenas de buenas, indiscutibles y sagradas intenciones, para que los niños sufran lo menos posible o, para que, quienes los perjudican disimulen un poco más.

A la postre, esas declaraciones tienen alguna consecuencia cuando, publicidad mediante, se logra que los colectivos erijan alguna condena a ciertas prácticas abusivas, gracias a lo cual algunos moderan su desconsideración con los más pequeños y lentos y otros, más proactivos, mejoran los procedimientos para ocultar lo que hacen.

Los pedófilos practicantes son muy pocos, pero parecen muchos cuando pertenecen a instituciones que pretenden pontificar, evangelizar, dictarnos normas morales, como ocurre con unos pocos religiosos de la Iglesia Católica.

Los niños, por su escaso desarrollo, son inimputables porque no tienen aún desarrolladas las nociones de bueno y malo, no parecen capaces de asumir responsabilidades, sus actos no merecen ser castigados como si fueran adultos.

Estas constataciones parecen eximirlos de obligaciones y, por el contrario, los hacen titulares de varios derechos especiales: al juego, a la protección durante los conflictos armados, a la protección contra el trabajo infantil y la explotación económica.

Declaramos ruidosamente muchos derechos para nuestros pequeños pero suele ocurrir que les imponemos algunas obligaciones «por su bien».

Efectivamente, estudiar es una forma de trabajar y exigirles ciertos resultados es una forma de explotación.

(Este es el Artículo Nº 1.830)

domingo, 24 de marzo de 2013

Militares y universitarios




Los universitarios somos militares descafeinados, bajas calorías, de guante blanco, disimulados, indirectos, hipócritas, pero igualmente autoritarios.

Si aceptáramos que, como dice el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra «ciencia» significa: «Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales.» (1), tendríamos que llegar a la conclusión que la Economía fracasa precisamente porque es, o pretende ser, una ciencia (ciencia económica), porque sus conocimientos de la conducta humana en términos económicos son «obtenidos mediante la observación y el razonamiento».

Sin embargo, el D.R.A.E. flexibiliza su definición de «ciencia» cuando nos provee una tercera acepción que dice: «Habilidad, maestría, conjunto de conocimientos en cualquier cosa.»

Los economistas son seres humanos.

Este dato es importante para no perder de vista que son personas muy angustiadas con lo que pretenden dominar. Si la economía no fuera para ellos algo temible, no aplicarían tanta energía en tratar de conocerla para conquistarla, dominarla, controlarla, someterla, manipularla, esclavizarla, explotarla.

Más precisamente no es la economía lo que pretenden dominar los economistas sino que más bien procuran dominar a los seres humanos que parecen pendientes de la riqueza, la rentabilidad, el poder económico.

En esta línea de pensamiento podríamos decir que la preocupación de estos seres atormentados, (los economistas), es dominar a quienes están obsesionados por el dinero y sus múltiples impactos sobre la conducta humana.

Los profesionales universitarios somos así: ambiciosos de poder sobre los demás semejantes, usando y abusando de la racionalidad. Los profesionales militares son parecidos pero más explícitos, sinceros, honestos, pues apelan al poder de mando sobre los demás mediante el uso de las armas y usando uniformes identificatorios.

Los universitarios somos militares descafeinados, bajas calorías, de guante blanco, disimulados, indirectos, hipócritas, pero igualmente proclives a los abusos de poder.

 
(Este es el Artículo Nº 1.829)


sábado, 23 de marzo de 2013

Los peligros del socialismo



 
Según este razonamiento, para quienes nos reconocemos tontos o ingenuos, los contextos sociales socialistas son más peligrosos que los contextos sociales capitalistas.

Todos podemos imaginar a un zorro disfrazado de cordero y sabemos que con ese atuendo puede entrar a cualquier gallinero para saborear a alguno de sus habitantes.

Lo que nos cuesta es imaginar a un individualista disfrazado de socialista. Por eso no podemos percibir los estragos que hacen cuando llegan al poder.

Con estos dos ejemplos podríamos concluir que lo más peligroso es el disfraz, puesto que tanto los zorros como los individualistas sueltos activan las defensas de gallinas y votantes, respectivamente.

Otra reflexión oportuna podría aportar que por algún motivo no existen disfraces de zorro y de individualista.

Esto me lleva a una conclusión: los más peligrosos son los corderos y los socialistas porque como uno no sabe si son verdaderos o disfrazados, por las dudas convendría apartarse de cualquiera de esas formas (reales o aparentes).

¡Caramba! se me ocurre otra conclusión: Nuestra naturaleza está mejor preparada para circular entre zorros e individualistas que entre corderos y socialistas.

Efectivamente, nuestro instinto de conservación con su sistema inmunógeno está dotado para que estemos alertados de los peligros pero nos abandona cuando los estímulos exteriores, (disfraces de cordero y socialista), son tranquilizadores.

Esta línea de pensamiento podría llevarnos a una estrategia confiable según la cual es preferible vivir en contextos sociales agresivos pero honestos a vivir en contextos sociales bondadosos, solidarios y filantrópicos pero de dudosa honestidad.

Tendríamos que aceptar que los depredadores naturales, (egoístas, explotadores, capitalistas, inescrupulosos), buscarán aprovecharse de los ingenuos que no saben detectar a los disfrazados, simuladores, hipócritas.

Por estos motivos y porque sé que soy débil, vulnerable y tan tonto que parezco ingenuo, prefiero a los capitalistas descarados y desconfío de los generosos socialistas.

(Este es el Artículo Nº 1.828)

viernes, 22 de marzo de 2013

La polarización ‘ricos y pobres’ es artificial



 
Propongo pensar que la humanidad crea grupos opuestos para poder percibirnos por contraste, por ejemplo, izquierdistas y derechistas, ricos y pobres.

La palabra «progresista» es un inteligente vocablo inventado por los políticos de izquierda para sugerir que ellos tratan de que el pueblo esté cada vez mejor.

«Pobrismo» es una palabra inventada por los políticos de derecha para sugerir que sus naturales opositores, (los «progresistas» de izquierda), lo que en realidad hacen es igualar la calidad de vida de todos los ciudadanos, lo cual solo puede lograrse descendiéndola al nivel del que está peor, pues es imposible lograr que todos sean ricos aunque sí es posible lograr que todos sean pobres.

El pueblo, mientras tanto, tiene que seguir luchando para comer, vestirse y alojarse todos los días.

Por qué algunos son de izquierda y otros son de derecha?

Según creo esto ocurre por dos motivos importantes más otros motivos secundarios.

Esos dos motivos importantes son:

1) Las anatomías de toda la humanidad funcionan mejor de una determinada manera. Algunos cuerpos funcionan mejor cuando la parte cerebral de dicha anatomía piensa como izquierdista y otros cuerpos funcionan mejor cuando la parte cerebral piensa como derechista. Es decir, propongo la hipótesis, (tan probable o improbable como cualquier otra explicación), de que el origen de estas ideologías tiene su raíz en el metabolismo de unos y otros partidarios;

2) Los humanos solo percibimos por contraste (1) del tipo ‘blanco sobre negro’, ‘ruido sobre silencio’, ‘romántico sobre materialista’, ‘izquierdista sobre derechista’. En otras palabras, la humanidad necesita ideologías polarizadas para que podamos percibirnos unos a otros también en el plano de las ideas, de la filosofía, de la moral.

Si esta hipótesis que refiere a la percepción fuera correcta, quizá algún día podamos percibirnos unos a otros sin apelar a la polarización ‘pobres y ricos’.

(1) Artículos publicados sobre la percepción por contraste llamada Gestalt.

 
El (pez grande) gobierno vive del (pez chico) ciudadano 

 
(Este es el Artículo Nº 1.827)