miércoles, 7 de septiembre de 2011

La lógica informática

Una lógica tan rígida como la usada por la informática nos conduce a saber que somos corruptos.

La expresión coloquial «Sí, es lógico» con la que se aprueba la formulación de algún razonamiento pudo haber surgido de la palabra de origen griego «silogismo».

El más clásico utilizado por los profesores se plantea así:

1º) Todo ser humano es mortal;
2º) Aristóteles es un ser humano;
3º) Aristóteles es mortal.

Como puede verse, se trata de un razonamiento irrebatible.

La clave para que no falle está en la veracidad de las premisas 1º) y 2º) porque la conclusión deriva de ellas.

Ahora que trajimos al presente algo que nos enseñaron hace años, quedamos en condiciones de hacernos un silogismo para nuestro uso abordo (en este artículo).

1º) Todo ser humano se equivoca;
2º) Los políticos son seres humanos;
3º) Los políticos se equivocan.

Cuando se inventaron los silogismos no existía la computación pero ahora podemos hacernos un programita que permita sustituir la palabra «equivoca» por otras que también sean características propias del ser humano, y así habremos construido un software capaz de informarnos sobre qué son los políticos.

Claro que para hacer este programa no necesitamos saber tanto de informática como de nosotros mismos.

Nos encontramos entonces que para desarrollar este generador de atributos de los políticos tenemos que remontarnos otra vez a la Grecia clásica para cumplir el requisito de «conócete a tí mismo».

Aunque también podemos cambiar de objetivo y, en lugar de generar una lista de atributos de los políticos, invertimos el funcionamiento e ingresamos en la conclusión 3º) lo que ya sabemos de los políticos para que nos diga qué somos nosotros como seres humanos.

Y cuando ponemos en el punto 3º) que «Los políticos son corruptos», el punto 1º) mostrará «Todo ser humano es corrupto».

Artículos vinculados:

Las corrupciones
Los gobernantes son menos corruptos de lo que aparentan

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martes, 6 de septiembre de 2011

El poder del pensamiento

«Querer es poder» piensan quienes creen en la desgracia provocada por una maldición y hasta prefieren empobrecer antes que ser envidiados.

Nuestra flexibilidad de criterio está al servicio de nuestro bienestar.

Gracias a esa elasticidad podemos aplaudir a un narcotraficante porque donó una estufa eléctrica en la escuela de nuestro hijo, podemos votar al peor político de nuestro partido y hacer campaña en contra del mejor político del partido opositor y tenemos leyes que no consideran delito que un padre oculte a su hijo delincuente.

Y ya que menciono a la delincuencia, los humanos podemos sentirnos identificados con un ciudadano poderoso, popular, rico utilizando el mismo grupo de sentimientos con el que desconocemos la condición humana de quienes están pupilos en los centros de reclusión (cárceles, reformatorios, manicomios).

Dicho de otro modo: nos identificamos con los prestigiosos y no lo hacemos con los menos favorecidos. Amamos a los ganadores y despreciamos a los perdedores. Reverenciamos a los temibles y «hacemos leña del árbol caído».

Cuando nos complace identificarnos con un semejante, podemos sentir sentimientos de hermandad hacia él. De hecho algunas religiones lo explicitan cuando se refieren a otros adherentes al mismo credo.

«Nada mejor que formar parte de una familia», dice la mayoría.

Efectivamente existe el convencimiento en que una familia es la mejor forma de agrupación.

Sin embargo en este grupo también ocurren circunstancias adversas que arrancan lágrimas de indignación en algunos integrantes.

Los celos entre hermanos son eternos y universales.

Y los celos se agravan con la envidia. Quienes saben lo que se siente por un hermano envidiado, jamás querrían recibir ese sentimiento.

Quien cree en la omnipotencia del pensamiento («Si deseo que alguien muera, morirá»), se horroriza de que alguien sienta por él lo que él siente por quienes envidia.

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lunes, 5 de septiembre de 2011

El valor económico del amor

Necesitar y querer (amar) a un trabajador siempre repercute en la cantidad de dinero que le entregamos a cambio de acompañarnos, ayudarnos, aconsejarnos, protegernos, enriquecernos.

Le pagamos más dinero a quienes tienen mando (líderes, jerarcas, jefes).

¿Por qué les pagamos más?

Una explicación está en que cumplen tres condiciones:

— Saben organizar, ordenar y hacer cumplir sus órdenes;
— Son necesarios para el funcionamiento de los equipos de trabajo;
— Son escasos, muy pocos tienen esa característica personal.

Es una lógica del sistema capitalista que los precios (incluidos los salarios) resulten de la oferta y la demanda del mercado, es decir, que la demanda ofrezca más y más dinero para comprar algo (un bien o un servicio), hasta que esa cantidad de dinero sea tan deseada como el bien o servicio adquirido.

En otras palabras: si en un mercado de libre competencia pago 100 por un bien (o servicio), es porque para mí el uso que puedo darle a esos 100 es igual o inferior (nunca superior) al bien que estoy comprando.

Si a un jefe le pagamos 1.000 es porque la utilidad que tienen para nosotros esos 1.000 es igual o inferior a la productividad, tranquilidad y eficiencia que nos aporta ese trabajador.

Tenemos que pagar esa cifra porque no hemos conseguido a nadie que nos ofrezca lo mismo por 900.

El desempeño de este jefe a quien le pagamos más que a los demás trabajadores, logra que la productividad general de quienes están a su cargo genere ganancias que nos permiten pagarle más que a otros empleados.

No fue fácil encontrar a este líder y nos alegramos mucho cuando se incorporó a nuestra empresa.

Por eso lo queremos, lo amamos, lo deseamos, lo necesitamos, lo extrañamos cuando se toma licencia y por todo eso le pagamos 1.000 y no menos.


Artículos vinculados:

El amor y el dinero
El dinero es amor

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domingo, 4 de septiembre de 2011

El «ser humano básico»

En cada uno de nosotros anida un «ser humano básico» (primitivo) que rechaza tanto la cultura como la riqueza.

No le creo a quienes escriben libros. Lo que más me interesa de estos objetos coleccionables es el índice (si está bien redactado).

Ocurre algo similar con los artículos periodísticos: si son hechos por profesionales, cualquier lector se siente informado tan solo leyendo el título y el resumen (colgado, copete).

Si la nota incluye una imagen, el lector podría dar una conferencia sobre el tema.

De esta forma una atenta lectura del índice es suficiente para saber qué dicen las 300 páginas siguientes.

Con esta postura anti-académica, me permito dialogar con usted para proponerle que un ser humano primitivo, que no ha sido culturizado, no es neurótico y agrego, la neurosis es una enfermedad provocada por la cultura. O sea: alguien muy culto es muy neurótico.

Por lo tanto, el «ser humano básico», el que en cada uno de nosotros yace aplastado por la cultura, es un tipo sano, tranquilo, juguetón, que vive el presente, que trabaja lo imprescindible, que no ahorra para cuando sea viejo, que ama lo que más le conviene y odia lo que menos le conviene.

Ahora imaginemos cómo sería la vida de una persona (hombre o mujer) muy hermosa, seductora, excitante, que provoca oleadas de hormonas reproductoras en quienes la ven.

Quienes conocen a esa persona imaginaria no pueden dejar de acercársele, tocarla, susurrarle, intentar raptarla, decirle poemas, hacerle invitaciones amatorias.

El «ser humano básico» de esta persona imaginaria viviría muy mal y odiaría a todos.

En suma: como la riqueza material atrae a muchos que molestan (fastidian, enojan) al «ser humano básico» del rico, podemos decir que es nuestro «ser humano básico» quien huye de la riqueza, de la cultura y de la neurosis.

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sábado, 3 de septiembre de 2011

El dinero se gasta pero el amor no

El dinero tiene características del amor pero el dinero se gasta y el amor no. Es un asunto de «suma cero» (1).

Hablar de dinero no es fácil. Aún entre personas que pueden conocerse íntimamente, llegado el momento de tratar un asunto económico, algo parece obstaculizar el libre fluir de las comunicaciones.

— ¿Cómo te fue con tus amigos anoche? —pregunta ella mientras le sirve el desayuno.

— Bien. Siempre hablamos de lo mismo, defendemos idénticas ideas, a los chistes viejos les cambiamos el texto y nos reímos como cuando éramos chicos. Por eso son mis mejores amigos —contesta él feliz de recordar la reunión.

— ¿Cuánto gastaste? —consulta ella con el mismo tono anterior.

— ¡Qué te importa! —responde él, atorándose con la tostada y cara de furia.

Ya podemos imaginar cómo seguirá este día: de pésimo humor, entre sí y ante terceros.

¿Qué tiene de malo que ella quiera saber cuánto gastó, siendo que ambos trabajan, ambos aportan dinero para los gastos de la pareja y a nadie se le ocurre molestarse cuando informa lo que gastó en el súper mercado o en un regalo para el sobrino?

La respuesta más segura que tengo para darles es «No sé».

La respuesta algo insegura que tengo para darles es la siguiente:

— Quien se reunió con los amigos dijo que los quiere y que pasó bien con ellos.

— Inconscientemente el dinero tiene características del amor (2).

— Si ella y él creen que el amor y el dinero funcionan igual, cuando ella le preguntó cuánto gastó fue para recriminarle cuánto dejó de quererla a ella por querer a los amigos (pues el dinero no puede gastarse dos veces sino una).

— Él se atoró con la tostada porque le teme a una escena de celos... como la habría provocado él si la situación hubiera sido la inversa.

(1) Los ricos son campeones
(2) El amor y el dinero
El dinero es amor

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viernes, 2 de septiembre de 2011

Los verbos Ser y Estar

Las consignas «lo único permanente es el cambio» y «se salvan quienes mejor se adaptan», siguen vigentes.

Hace unos años publiqué un artículo (1) referido a un concepto que por ahora parece que utilizo yo sólo a pesar de que no lo patenté.

Lo había bautizado «genocidio laboral» y refiere a lo que ocurre con los trabajadores que pierden su fuente laboral cuando en las empresas incorporan nuevas tecnologías que demandan una capacitación de los usuarios que algunos no pueden aprender.

Aunque perjudica a muy pocas personas, el otro día un ilusionista (artista que se dedica a exhibir actos de magia y prestidigicación) me comentó que unos cuantos «traidores» estaban ganando dinero exhibiendo cómo se hacen esos trucos, con lo cual la rutina queda «quemada», «inutilizada», «inservible».

Efectivamente, en Youtube pueden verse unos cuantos videos, caseros y profesionales, en los que algunos «traidores» muestran cuál es el «secreto» de muchos trucos (buscar por «trucos revelados»).

Estas ideas me inspiraron otras:

1º) La expresiones confirmatorias «Si no lo veo, no lo creo» o «Yo lo vi con mis propios ojos», quedan claramente desautorizadas cuando podemos constatar cómo somos engañados en nuestras propias narices y con relativa facilidad.

2º) Solemos pensar alegremente que estar empleados, tener una fuente de ingresos, una profesión, una empresa, nos da garantías suficientes, sin contar con algunos «accidentes» de la evolución (cambios tecnológicos, modas, tendencias) pueden sacarnos del mercado en poco tiempo.

3º) Un tema más profundo e importante refiere a cómo estamos parados frente a la vida. Alguien puede decir «soy» abogado, carpintero, vendedor cuando en realidad correspondería decir «estoy» (trabajando como) abogado, carpintero, vendedor.

En suma: lo que parece garantizar mejor (aunque no completamente) nuestra estabilidad, es admitir y adecuarnos a la transitoriedad de las circunstancias, las condiciones del mercado, los escenarios económicos.

(1) La ametralladora del progreso

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jueves, 1 de septiembre de 2011

El amor y el dinero

Necesitamos suministros narcisísticos para seguir vivos, esto es, amor, afecto, compañía, reconocimiento, valoración, miradas, dinero. Estos insumos completan nuestra alimentación.

Desde hace tiempo propongo que lo único que tenemos que hacer los seres vivos es mantenernos vivos el mayor tiempo posible.

Necesitamos mantenernos vivos para reproducirnos y que la especie a la que pertenecemos no se extinga (1).

Vivir implica consumir energía. En eso nos parecemos a un motor encendido: siempre estamos consumiendo energía.

Ya todos sabemos que necesitamos comer y beber. Ese tipo de combustible es conocido por todos.

El amor también es conocido por todos pero no necesariamente nos referimos a él considerándolo un combustible, un proveedor de energía.

Con este artículo procuro resaltar esa condición del amor: estimularnos, darnos fuerza, resistencia.

Siempre necesitamos contar con una o más personas que nos conozcan y nos quieran.

Para facilitar la redacción, aludiré a una sola persona, pero debe entenderse que necesitamos una, dos, varias o muchas.

Esa persona es nuestro proveedor de afecto, amor, consideración. Es la que nos suministra esos recursos que son tan imprescindibles como la comida.

Esa persona es tan importante como la persona que le da de comer al niño.

El niño no puede conseguirse el alimento y ninguno de nosotros, ya adultos, tampoco podemos proveernos el afecto, amor, consideración.

Por lo tanto, respecto a la necesidad de amor, funcionamos como niños porque lo necesitamos de alguien externo. Lo único que cambia es que el niño necesita adicionalmente quien le proporcione la comida, pero en cuanto al amor, los niños y los adultos somos igualmente dependientes.

La persona que nos da su amor puede hacerlo mediante su compañía, su mirada (2), escuchándonos, acariciándonos, pagándonos con dinero.

Efectivamente, el reconocimiento laboral o empresarial es una forma de amor que nos da la energía que complementa a los alimentos.

(1) La represión de las coincidencias

(2) Las miradas se parecen al dinero

Artículos vinculados:

La empresa y el dormitorio

El dinero es amor

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