jueves 9 de julio de 2009

Lo constante es el cambio

Muchos coinciden en afirmar que el fundador de la economía como ciencia fue el filósofo escocés Adam Smith (1723 – 1790).

Él puso en duda algo que hoy continúan pensando muchas personas: que el ser humano tiene una forma de ser estable. Por el contrario propuso que los humanos tenemos un comportamiento muy dinámico, cambiante, que se va adaptando a las circunstancias.

Hay quienes sostienen que los dinosaurios desaparecieron de la tierra porque no fueron capaces de adaptarse a los cambios climáticos que se produjeron en el planeta. Por el contrario, las antipáticas cucarachas reaccionaron mejor y continúan tan campantes.

Nuestra especie parece ser muy adaptable a las diferentes condiciones. Hay seres humanos viviendo en lugares muy inhóspitos. Habrán observado que las demás especies viven en ciertas regiones y en otras no. Quizá lo único imprescindible para nosotros es el aire y el agua más algún alimento sólido.

Por lo tanto es muy probable que la idea de Adam Smith haya sido la correcta: la conducta del ser humano no es estática sino dinámica.

Es muy importante tener en cuenta esta característica porque en múltiples ocasiones perdemos oportunidades que podrían mejorar nuestra calidad de vida porque tenemos la creencia de que «eso que nunca hicimos, no podremos hacerlo».

Pero podemos sacar otro beneficio al reconocer nuestra condición cambiante y se refiere a que en nuestra interacción con otras personas, es muy probable que nos sorprendan cambios de actitud como si estos fueran una irregularidad, cuando en realidad lo extraño (y hasta enfermizo) es que los individuos se mantengan incambiados.

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miércoles 8 de julio de 2009

El león es el rey de la cultura

Los animales gregarios y jerarquizados son los que viven en comunidades compuestas por individuos dominantes y dominados (humanos, lobos, felinos).

La teoría evolucionista propuesta por Charles Darwin (1809–1882) supone que el liderazgo del más fuerte surge de una lucha mediante la cual la naturaleza encuentra el ejemplar genéticamente mejor dotado.

De forma similar, la lucha entre machos cuando una hembra está en celo es una forma de recurrir al mismo procedimiento para propiciar el mejoramiento de las especies.

Cabe aclarar que «el mejoramiento de las especies» apunta fundamentalmente a lograr que las nuevas generaciones se adapten mejor a los permanentes cambios que se producen en el ecosistema que habitan (océano, montaña, estepa).

En las economías capitalistas el liderazgo está a cargo de quienes tienen más dinero o a cargo de quienes estos designen. Dicho de otra manera, el jefe es «el capital» y éste siempre tiene opositores que comprueban la conservación de su fortaleza.

Si hacemos las comparaciones que surgen de estos datos, podemos decir que:

1) Los humanos que vivimos en economías capitalistas intuimos que los individuos mejor dotados genéticamente son los que poseen el capital;

2) Por lo tanto, ponemos en el poder a los ricos (o a quienes estos designen);

3) Quienes luchan contra los ricos cuidan la salud del sistema porque nos aseguran que mientras el jefe no caiga es porque aún sirve como jefe.

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martes 7 de julio de 2009

Virus, leones y comerciantes

Juan y María pueden asociarse porque se tienen confianza recíproca. Cansados de obtener escasos resultados a cambio de mucho esfuerzo, se reunieron un lluvioso fin de semana en un hotel campestre y dedicaron gran parte del tiempo a pensar cómo salir de esa situación.

Ya en la mañana del primer día pudieron redactar la siguiente idea central:

«Toda organización opera a partir de un conjunto de hipótesis (supuestos, creencias, datos), entre las que se cuentan cuál es el negocio, qué objetivos persigue, qué necesitan o desean los potenciales clientes y cuál es su disponibilidad económica. Aplicando una estrategia adecuada se lleva el proyecto de negocio a la práctica para alcanzar los resultados deseados en un ambiente impredecible (mercado). En otras palabras, la estrategia logra que el emprendimiento sea oportunista (aproveche las oportunidades). »

Conformes con la conclusión de las primeras horas de trabajo, almorzaron y se acostaron a dormir una siesta. Estaban quedándose dormidos cuando oyen que un periodista decía por la televisión algo así como que «los virus son oportunistas porque colonizan a sus víctimas cuando en éstas baja el rendimiento del sistema inmunológico».

María recordó el horror que le provocan las películas documentales en las que se exhibe a los felinos (leones, leopardos, chitas) persiguiendo y matando (de manera «oportunista») a las presas más vulnerables.

Recordó que su proyecto con Juan implicaba ser «oportunista» y todo el entusiasmo desapareció.

Al comentarlo con Juan éste también se dio cuenta que no podría convertirse en un «oportunista» que «lucra» (gana dinero) con las necesidades y deseos ajenos.

El proyecto fue archivado y el lunes volvieron a sus respectivos trabajos. Se felicitaron por no haber avanzado en la idea y por todas las demás cosas que pasaron aquel lluvioso fin de semana en el hotel campestre.

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lunes 6 de julio de 2009

«No lo vi porque extravié los lentes»

El mes pasado publiqué un artículo titulado La filosofía rentable en el que mencionaba el rechazo inconsciente que podemos tener hacia vocablos como «mercader» y «mercantil», o hacia la expresión «afán de lucro».

Algunos lectores me comentaron que no puede ser que la pequeña influencia de unas palabritas pudiera ser tan importante como para limitar nuestra habilidad para ganar dinero.

Reconozco que no es fácil de entender porque nuestra capacidad de comprensión está condicionada por ciertas proporcionalidades. En este caso el razonamiento podría ser: «Para que yo deje de aprovechar una oportunidad de ganar dinero tengo que estar en cama con 40º de fiebre, pero no porque tenga prejuicios contra el ‘afán de lucro’».

Y sin embargo puede ser que una insignificante palabrita cambie el curso de nuestras decisiones.

La manera de manifestarse este fenómeno es poco evidente pero efectiva. Una de ellas, quizá la más frecuente, es el lapsus. Uno comete errores cuya consecuencia es la imposibilidad de ganar dinero: olvidos, extravíos, hacer comentarios con la persona equivocada. Luego la oportunidad se pierde y diremos que fue mala suerte, casualidad, torpeza.

Otra manifestación posible es un particular desgano, desinterés, descalificación, búsqueda de inconvenientes, defectos, amenazas o riesgos (que si no tuviéramos ese rechazo al ‘afán de lucro’ no aparecerían con tanta contundencia como para que una oportunidad de ganar dinero se pierda, se desvanezca, la dejemos pasar).

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domingo 5 de julio de 2009

El avance hacia atrás

Días pasados publiqué un artículo titulado La astrología autoconfirmada en el que sugiero que los creyentes en las descripciones que hacen los expertos en esa antigua ciencia de los tipos de personalidad correspondientes a los doce signos zodiacales, establecen vínculos prejuiciosos porque al tratar a un ariano suponiendo que es dominante, el ariano se comportará como tal pero no por la influencia de los astros sino por la influencia del astrólogo prejuicioso.

Suele ser difícil abandonar el sometimiento a ciertas creencias porque inconscientemente actuamos como para que se confirmen y eso nos impide dudar de su veracidad.

Al futuro se puede entrar mirando hacia adelante o hacia atrás. Si interpretamos la idea literalmente, podríamos pensar que alguien que camina mirando para atrás tiene más probabilidades de tropezar que otro que mira hacia donde avanza.

Los que sólo avanzan «mirando hacia atrás» creen que la historia se repite en todos sus términos y suponen que ningún conocimiento teórico es tan válido como la experiencia. Esto permitiría suponer que un oncólogo que no haya padecido cáncer no es confiable.

Ahora más que nunca, debido a que los cambios son muy frecuentes y profundos, quienes actúen guiados por la experiencia, los que entran al futuro mirando hacia atrás, están más expuestos que nunca a cometer errores.

En gran medida todo depende de la fortaleza de la que estemos dotados. Los inseguros son más temerosos y procuran no arriesgar: tratan de «conocer» a alguien por su signo zodiacal y ante cada nueva situación aplican métodos ya probados en situaciones similares.

Los poseedores de mayor fortaleza, pueden ingresar en un nuevo vínculo sin prejuicios o en nuevas situaciones ensayando nuevos métodos.

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sábado 4 de julio de 2009

«Peleo como Tyson»

La acción de identificar consiste en «hacer que dos o más cosas en realidad distintas aparezcan y se consideren como una misma.»

En el Diccionario de Psicoanálisis de Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis describen la identificación como el «Proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones. »

Por ejemplo alguien, con el transcurso de los años imita inconscientemente los siguiente rasgos: habla pausado como su padre, se peina igual que Robert de Niro en la película Heat (Fuego contra fuego), cuando desconfía, levanta una ceja como un cierto héroe de un comic, defiende los colores de un equipo de fútbol igual que su tío más querido, cruza las piernas como Sharon Stone en la famosa escena de la película Basic Instinct (Bajos instintos).

Muchos se preguntan por qué el Vaticano ostentan tanta riqueza siendo que la Iglesia Católica pregona la austeridad y la pobreza.

Las personas creyentes en la existencia de un ser superior que los ayuda a cambio de sacrificios, destinan los mejor de sí para hacerle ofrendas.

Esta particularidad psicológica que todos poseemos de identificarnos con cierta figuras admiradas, queridas, reverenciadas, permite que algunas personas no padezcan las penurias económicas que sufren porque se sienten tan ricos como el dios, el santo o la virgen que veneran.

También pueden estar como anestesiados para los sufrimientos de la pobreza, identificándose con jugadores de fútbol que nadan en la abundancia, con estrellas del espectáculo multimillonarias o consumiendo telenovelas donde todo es diversión y nadie trabaja.

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viernes 3 de julio de 2009

Mamá-papá

El hermafroditismo —también llamado intersexualidad— es la poco frecuente presencia de glándulas sexuales masculinas y femeninas en un mismo individuo.

En la naturaleza existen especies —fundamentalmente del reino vegetal— con esa particularidad pero en ningún caso un ejemplar de ellas puede fecundarse a sí mismo.

No se conocen casos de seres humanos hermafroditas capaces de producir simultáneamente óvulos y espermatozoides.

Sin embargo la fantasía nos hace soñar (anhelar, desear) con la posibilidad de ser totalmente autosuficientes, con el poder de prescindir de los demás.

Nuestro instinto reproductivo suele ser el causante de fuertes emociones contradictorias porque ese deseo de ser autosuficientes se ve frustrado por la necesidad de reproducirnos recurriendo a otra persona del sexo opuesto.

La necesidad de cooperación entre dos roles (sexos, géneros) para lograr la reproducción de las especies inspiró la llamada división del trabajo.

Desde hace siglos sabemos que un fabricante de alfileres puede hacer 1.000 por día pero si la tarea se reparte entre varios, cada trabajador puede hacer 10.000.

El inconveniente en este caso es que nadie podrá sentirse el fabricante de un solo alfiler porque a lo sumo habrá cortado el alambre, o le habrá formado la cabeza, o le habrá formado el extremo punzante.

Para algunas personas constituye una dificultad intolerable unirse a otra para gestar un nuevo ser y transcurren su existencia sin haber concebido hijos. En otro orden, hay personas que no pueden limitar su tarea a una rutina muy sencilla y monótona, sin sentirse protagonistas del producto terminado.

La división del trabajo tiene fines netamente económicos, de rentabilidad, pero puede ser desmotivador para los trabajadores que necesitan percibir su participación en el producto terminado.

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