viernes 20 de noviembre de 2009

Saturno restringe todo lo que toca

Podría decirse que las cosas no son como son sino como cada uno piensa que son.

En términos más académicos, cuando la realidad material difiere de la realidad psíquica, las acciones están guiadas por esta última.

El psicoanálisis es una teoría muy confiable porque da cuenta de nuestro funcionamiento psíquico de manera demostrable y cuando es utilizado como técnica terapéutica, se producen cambios favorables y permanentes en la calidad de vida de los pacientes.

Es probable que la validez del psicoanálisis sea una realidad material pero no todas las personas creen en él. En la realidad psíquica de muchas personas, es una teoría incomprensible, costosa o antipática (porque exhibe particularidades nuestras que preferiríamos desconocer).

Sigmund Freud (1856 - 1939) le dio formato científico a un conjunto de creencias y conocimientos que la humanidad había pensado desde diferentes puntos de vista (religioso, mitológico, filosófico).

Quizá la astrología no tuvo tanta suerte porque aún no nació un genio como Freud que le dé ese formato científico y que —sobre todo— sepa comunicarla como lo hizo él.

En la realidad psíquica de muchas personas es más creíble la astrología que el psicoanálisis. En ellas, las acciones se explican en las cartas astrales y no por los móviles inconsciente que determinan el deseo.

Sin embargo, el psicoanálisis y la astrología están de acuerdo en que la escasez de dinero puede provocar sensación de impotencia, baja autoestima y angustia.

Esta dificultad económica obedece —según la astrología— a cómo se ubican ciertos planetas, al signo zodiacal del consultante y a las inteligentes maniobras que pueda hacer para que esos factores externos actúen a su favor.

Cuando la realidad psíquica del consultante toma estos datos como verdaderos, la astrología aporta una explicación tranquilizadora aunque sin provocar cambios permanentes que eviten nuevas dificultades.

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jueves 19 de noviembre de 2009

Por ahora necesitamos la pobreza

En otros artículos (1) he comentado con ustedes la suposición de que el fenómeno vida depende de que los seres vivos hagamos cosas perseguidos por el dolor y atraídos por el placer.

Esto no solo sucede a nivel de cada individuo sino que también sucede a nivel de grupos y de pueblos enteros.

Muchos regímenes han agredido a su pueblo —generalmente por razones económicas (explotándolo)— y algunos han tenido la suerte de liberarse de ellos (imagen: Caída del Muro de Berlín).

En este conjunto de fenómenos penosos y placenteros, existen la esclavitud, la prostitución y la venta de órganos en la misma época en la que otros disfrutan de libertad, de un digno bienestar y una razonable atención de su salud.

Todos los cambios beneficiosos se producen cuando aparecen las soluciones posibles y duraderas.

Mientras esto no sucede, hablamos, escribimos, hacemos discursos, prometemos, alentamos la esperanza de un mundo mejor.

Hablar, escribir, discursear y alentar la esperanza siempre termina siendo frustrante. Tarde o temprano nos damos cuenta de que la realidad no se anuncia, ni se promete ni se describe de mil formas: se disfruta, se vive, es tangible.

Ahora estamos en una situación en la que no se han encontrado soluciones para la pobreza. Por eso estamos rodeados de este bla-bla-bla (incluido el mío).

Así como han caído los regímenes explotadores, se han terminado algunas enfermedades y hemos duplicado la expectativa de vida, algún día dejaremos de hablar de la pobreza por la sencilla razón de que habrá dejado de ser necesaria como forma natural de estimular el fenómeno vida.


(1) La naturaleza es hermosa pero antipática; (Maldita)Felicidad publicitaria; Somos marionetas de la naturaleza ;Loción infalible contra las molestias.


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miércoles 18 de noviembre de 2009

Robert Redford prestamista

En la película norteamericana Una propuesta indecente, el director Adrian Lyne repite la receta que le dio ganancias con Nueve semanas y media, Atracción fatal y Lolita: amor y sexo en situaciones que despierten algún debate moral.

En este caso el actor Robert Redford (imagen) interpreta a un hombre poseedor de una gran fortuna que le ofrece un millón de dólares a un matrimonio con dificultades económicas a cambio de tener una noche íntima con la esposa (interpretada por Demi Moore).

Los espectadores quedamos atrapados en un conflicto moral porque es sabido que el 90% de las mujeres habrían tenido ganas de acostarse aunque fuera una vez con ese actor y el 90% de los hombres nos habríamos sentidos en una encrucijada al ver el indisimulado entusiasmo de nuestra esposa ante semejante oferta.

Es interesante observar de qué forma pueden darse situaciones complicadas, aún sin que aparezca un galán a causarnos problemas amorosos.

La salud económica se parece bastante a la salud orgánica. Si estamos propensos a enfermarnos por exceso de estrés, cansancio o mala alimentación, es muy probable que algún microorganismo que nos habita sin molestar, se envalentone y comience a reproducirse hasta enfermarnos.

De manera similar, ese matrimonio de ficción cursaba un período de vulnerabilidad económica y fue entonces cuando apareció este simpático virus (Robert Redford) para contaminarlos.

Todos los sistemas de crédito ocupan un lugar importante en el menú de soluciones al que podemos recurrir inteligentemente, pero también pueden funcionar para esclavizarnos, apoderándose de muchas horas laborales de nuestra vida.

El uso desacertado del crédito nos somete a una especie de esclavitud porque tenemos que trabajar muchas horas para abonarle los intereses que legítimamente nos cobra.

El marketing del sistema financiero incluye la posibilidad de presentarse en forma tan seductora y oportuna como lo hizo Robert Redford en Una propuesta indecente.

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martes 17 de noviembre de 2009

La complejidad simplificada

Imaginemos que la especie humana está compuesta por 1000 personas: 500 mujeres y 500 hombres.

Guiados por la Ley Natural tendremos sólo dos objetivos que cumplir: conservarnos como individuos y como especie.

Si nos organizamos con un criterio racional (empresarial, cooperativo), nos repartiremos el esfuerzo para alcanzar estos dos objetivos sobre la base de cómo somos anatómicamente.

Ellas se encargarán de gestar, alimentar con sus glándulas mamarias y —debido al apego natural que tienen los recién nacidos—, educarán a los pequeños.

¿Qué haremos los varones para equiparar el esfuerzo de ellas?

Uno sólo de nosotros podría fecundar a tres mujeres por día. O sea que 500 mujeres podrían ser fecundadas en 167 días.

Como será natural que en algún momento muera una mujer y un hombre (porque ambos somos igualmente mortales), cada una de las 500 hembras tendría que gestar por lo menos dos hijos a lo largo de sus vidas sólo para mantener la cantidad de 1000 ejemplares supuestos.

¿Qué haremos los 499 varones restantes para equiparar el esfuerzo de ellas?

Tendremos que trabajar para proveer los recursos necesarios para que las 4 personas (1 mujer+1 varón+2 niños) vivan dignamente (alimentos, abrigo, alojamiento, salud, diversión, educación).

En suma: éste es el esquema básico de nuestra vida. Se nos presenta más complejo, pero en el fondo no es más que éste.

Nota: El fecundador tendrá 200 días inactivos por año en su privilegiado rol, así que durante este lapso los varones proveedores pasaremos a ser 500.

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lunes 16 de noviembre de 2009

El dinero es amor

Para muchas personas es lamentable que los vínculos tengan más intereses económicos que afectivos.

Desde cierto punto de vista es un síntoma de pérdida de los valores humanos el que cada vez más los temas de conversación dentro de una pareja sean sobre dinero y no sobre amor.

Además de la afinidad personal que pueda existir entre dos personas (que otros llaman feeling o «química») existen algunas características que son muy importantes: la sinceridad, la responsabilidad, la honestidad.

— La sinceridad se manifiesta cuando alguien dice lo que piensa o lo que sabe;

— la responsabilidad se manifiesta cuando alguien cumple lo que promete;

— y la honestidad se manifiesta cuando alguien respeta los derechos del otro.

La Naturaleza nos impone el deseo de reproducirnos y para satisfacerlo (cumplirlo) nos asociamos con alguien del género opuesto.

En casi todas las culturas, la familia es el tipo de sociedad más utilizado para lograr este propósito.

El sentimiento de amor surge cuando, sobre la base de que gustamos de la otra persona, ésta satisface por lo menos las tres condiciones mencionadas (sinceridad, responsabilidad y honestidad).

Podemos pensar que el dinero es amor. No como sinónimos sino que la existencia de dinero dentro de la sociedad conyugal es un indicador de que hay amor: amor entre los cónyuges que se estimulan para trabajar y amor hacia la sociedad que gratifica con dinero el aporte que uno o ambos hacen al colectivo.

Lo comparo con un club deportivo.

Los afiliados, deportistas y la Comisión Directiva, forman una sociedad.

El amor hacia los colores de la institución pone a todos en actitud competitiva para ganar campeonatos y trofeos que luego se exhiben orgullosamente en una vitrina puesta en algún lugar visible de la sede.

Pues bien, dentro de una familia también podemos encontrar ese tipo de amor aunque esos trofeos sean el dinero que logran conquistar.

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domingo 15 de noviembre de 2009

La madre tierra

Hace miles de años no existían las ciudades. Todos los seres humanos vivían en los campos, ya sea en forma estable (sedentarios) o ambulante (nómades).

En algún momento nuestros antepasados decidieron juntarse y prefirieron destinar algunos terrenos para la construcción de calles, plazas, iglesias, mercados.

Para ello tuvieron que quitarle a esas parcelas su disposición para producir alimentos vegetales o para la cría de animales de consumo.

A partir de este momento los alimentos dejaron de estar al alcance de todos y surgieron los intermediarios. Algunos ciudadanos (habitantes de una ciudad) los traían de las tierras productivas y poco habitadas para venderlos en las tierras improductivas y muy habitadas (las ciudades).

La construcción de la ciudad hizo necesario el trueque primero y el dinero después.

Cuando un ser humano vive en el campo, puede alimentarse de lo que encuentra porque vive en un terreno productivo que puede alimentarlo casi como una madre.

Cuando un ser humano vive en la ciudad, puede alimentarse sólo de lo que otros desechan (basura) porque vive en un terreno estéril que no puede alimentarlo.

La otra opción que tiene es trabajar y ganar dinero para comprarle alimentos a quienes los importan de las tierras fértiles y maternales.

Sin embargo, no todos pueden trabajar, ya sea porque son niños o adolescentes, enfermos, discapacitados o ancianos.

Los que por algún motivo no pueden trabajar dependen de la buena voluntad de otros que sí pueden trabajar y ganar más dinero del que necesitan.

No es un rasgo de los seres vivos en general repartir sus posesiones y por eso los humanos que preferimos vivir en ciudades tenemos que obligarnos por la fuerza a que se atiendan las necesidades de los que no pueden ni trabajar ni vivir en los campos.

Este collar de hechos que acabo de redactar explica porqué en las ciudades tenemos más diferencias socio-económicas y violencia.

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sábado 14 de noviembre de 2009

Desconozco lo que sé

Aunque las palabras «ignorancia» y «desconocimiento» figuran como sinónimas, algunos les han quitado esa condición para usarlas marcando un matiz interesante.

Por ignorancia puede entenderse el no saber algo. Por ejemplo, yo ignoro cómo está programado este Windows 7 (porque Microsoft lo mantiene cerrado para los usuarios, a diferencia de Linux que puedo conocerlo porque es abierto para los usuarios).

Por desconocimiento puede entenderse lo que sé pero no lo tomo en cuenta o podría saberlo pero no lo aprendo.

Esta segunda acepción está muy cerca de un mecanismo de defensa psicológico que usamos a menudo y que se llama «negación» (por ejemplo, niego tener en cuenta que algún intolerante puede atacarme porque no le gustan mis propuestas).

Desde que se popularizó la informática e Internet, el mundo laboral es otro muy diferente al anterior.

Quienes tenemos más de 20 años hemos recibido educación (conocimientos) de personas que no saben (o saben muy poco) lo que hoy está pasando.

El problema que estamos padeciendo no es de ignorancia sino de desconocimiento.

Tenemos todo para saber que

— debemos competir contra máquinas que emulan muchas destrezas que antes eran monopólicamente humanas,

— que tenemos que competir en forma globalizada porque muchas tareas pueden hacerla a distancia trabajadores de cualquier parte del mundo,

— que Internet nos mantiene informados en tiempo real de todo lo que ocurre en la mayor parte del planeta.

Estos datos no los ignoramos, pero los des-conocemos porque no los usamos, no los integramos a nuestra comprensión del escenario en el que nos tocó vivir porque nacimos justo ahora.

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