domingo, 20 de diciembre de 2009

Licencia neuro-dactilar

Me tomo un pequeño descanso pero no se abstengan de agregar o leer comentarios, pues algunos están muy buenos. Vuelvo el 20/01/2010. Un abrazo!

El dinero incestuoso

El dinero es el amor que expresa un colectivo a los integrantes colaboradores.

El cariño, la ternura y la solidaridad son las expresiones de amor que manifiestan los integrantes de una familia a cada uno de sus integrantes.

Utilizaré un ejemplo gráfico: vivimos en dos círculos, uno dentro del otro.

El círculo más pequeño (familia) contiene a los familiares: madre, padre, hermanos.

El círculo más grande (sociedad) contiene a las familias: Los Pérez, los Rodríguez, los González.

La interacción dentro de la familia se realiza en forma solidaria. Todos contribuyen con lo que pueden a las tareas necesarias para la supervivencia y calidad de vida. Esas tareas no son remuneradas sino que existe un acuerdo tácito de cooperación.

La interacción dentro de la sociedad se realiza con un criterio económico. Quienes trabajan para familias diferentes a la propia, son remunerados con dinero.

Si vuelvo al principio podría sintetizar diciendo que el amor no monetario (alimentación, cuidados, mimos) circula dentro de las familias y que el amor monetario circula fuera de las familias.

La pobreza patológica tendría como una de sus causas (quizá existan cientos de causas) el no saber diferenciar la familia propia de las demás familias.

¿Por qué alguien puede confundir a un integrante de la propia familia con los integrantes de otras familias?

La causa más importante y menos obvia refiere a la incomprendida prohibición del incesto.

Efectivamente, quienes tratan a todos como si fueran de la familia creen que eso es pura bondad, bonhomía, solidaridad, cuando en realidad es un intento de transgredir esa insoportable prohibición.

El rechazo del dinero es un intento de considerar a los integrantes de otras familias como integrantes de la propia.

Una vez lograda esta confusión, es posible imaginar que las relaciones incestuosas son posibles pues están autorizadas con esos «familiares» agregados.

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sábado, 19 de diciembre de 2009

El (supuesto) poder de la palabra

El cerebro (o el lugar donde esté ubicada nuestra capacidad de percibir la realidad) tiene mezclado lo que recibimos del exterior y lo que elaboramos por nuestra cuenta.

En condiciones de salud normal, podemos discernir en esa mezcla de ideas, sensaciones, percepciones, qué nos vino de afuera y qué produjimos interiormente.

Esas «condiciones de salud normal» pueden verse afectadas cuando estamos preocupados, angustiados, desesperados.

Cuando algo de esto sucede, es posible que usemos las palabras con tres diferentes intenciones:

1) Suplicante (plegaria);

2) Mágica (ensalmo);

3) Psicológica (sugestión).

Las carencias de salud, trabajo y/o amor constituyen situaciones en las cuales es lógico sentirnos preocupados, angustiados, desesperados.

Muchas personas creen disponer permanentemente de favores especiales de las fuerzas naturales o de alguna deidad (Dios, santos, tótem).

Otras comienzan a creer en esos poderes mágicos solamente cuando las circunstancias graves y duraderas debilitan sensiblemente su racionalidad.

Las palabras usadas con intención suplicante son usadas para dialogar humildemente con esas figuras imaginarias. A veces el pedido de ayuda incluye alguna promesa que consistirá en dedicarle a esa deidad algún sacrificio personal.

Las palabras usadas con intención mágica son usadas por terceras personas (brujo, chamán, curandero) porque supuestamente pueden obligar a la naturaleza (o a la deidad) a que resuelva el problema del consultante.

Las palabras usadas con intención psicológica son las que comunmente recibimos de nuestros seres queridos bien intencionados, para alentarnos, infundirnos ánimo o para reforzar nuestra esperanza.

Aunque ninguna de estas prácticas lingüísticas modifique el curso natural de los acontecimientos, es cierto que nuestro cerebro (debilitado por la adversidad) reacciona con una valiosísima sensación de alivio.

Claro que ese alivio no es más que el bloqueo artificial de los síntomas penosos. La situación, problema o circunstancia difícil no desaparecen.


Nota: La imagen corresponde a San Cayetano, considerado por sus fieles protector del trabajo.

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viernes, 18 de diciembre de 2009

«Einstein era más tonto que yo»

Varias veces he comentado con ustedes que el libre albedrío es una ilusión colectiva.

Mi idea es que tomamos conciencia de nuestros actos segundos después que la naturaleza ordenó a nuestro cuerpo que hiciera algo.

Tomar conciencia significa que un cierto proceso neuronal incluye esa sensación por la que nos enteramos qué haremos (cambiar de trabajo, comer, estornudar).

Desde este punto de vista, las creencias también están determinadas por algún fenómeno físico de nuestro cuerpo que necesita creer en Dios, amar el comunismo o no pasar por debajo de una escalera.

La lectura de este blog modifica el funcionamiento mental sólo en aquellas personas que se producen asociaciones con contenidos mentales que ya tenían.

Es habitual que cuando nos reunimos con nuestros amigos incluyamos como uno de los juegos más divertidos criticar a los ausentes.

Ese entretenimiento posee como elemento placentero el sentirnos superiores.

Es clásica la crítica a personajes públicos que han ganado notoriedad por alguna característica que los destaca (poder político, económico o deportivo, capacidad de liderazgo, protagonismo).

El entretenimiento tiene un efecto secundario que puede ser interesante tener en cuenta.

Si colectivamente nos convencemos de que el presidente es un tonto o un corrupto o un incapaz, saldremos de ese encuentro con la creencia de que somos superiores a una persona que objetivamente posee más talento, capacidad o valentía que nosotros.

Esta satisfacción nos ubica en un lugar que no merecemos, nos sobrevalora, pero sobre todo nos distorsiona la realidad en la que vivíamos antes del juego.

Dicha distorsión no es ni más grave ni menos grave que cualquier otra pérdida de realismo. Lo único que digo es que dicha pérdida existe, pero consolémonos con que no todas pueden ser ganancias y con que sentirse superior es maravilloso.

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jueves, 17 de diciembre de 2009

Las comparaciones son saludables

Sentimos por comparación: sonido sobre silencio, salado sobre desabrido, blanco sobre negro.

Por lo tanto, como primer conclusión —y a pesar de que «las comparaciones son odiosas»—, es necesario comparar.

También comparamos felicidades.

Si veo que mi amigo está muy contento con su auto nuevo, seguramente pensaré que yo podría estar tan feliz como él si cambiara mi ruidoso vehículo por uno nuevo.

Esta comparación de felicidades es el componente principal de la envidia.

Si dejamos de lado los juicios de valor («la envidia es un sentimiento negativo», «no deberías ser envidioso»), concluiríamos que ese sentimiento nos estimula para progresar, para estar mejor y en definitiva, para trabajar en beneficio individual y de la especie (única misión de cada individuo de cada especie).

Pero este incomprendido sentimiento (la envidia) es más importante aún de lo que acabo de señalar.

La medicina en todos los países occidentales es una institución importantísima. Podríamos llamarla «policía sanitaria» porque sus criterios científicos suelen tener fuerza de ley.

Uno de los procedimientos clásicos de esta institución consiste en determinar qué es un cuerpo sano.

Para ello decreta que el nivel de azúcar y colesterol en la sangre deberá ser uno determinado, o decreta que el peso de una persona debe ser alguno en particular y no cualquiera.

Con esos datos decretados hace comparaciones y nos dice a cada uno si estamos bien o mal.

Si estamos mal, nos sugiere igualarnos con esos modelos aceptables.

Para tener los valores exigidos por la medicina, tenemos que envidiar a quienes los poseen y hacer lo mismo que ellos.

En suma: la envidia es un sentimiento oficial e institucionalizado.

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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Trabajo molesto y seguro

Como digo habitualmente (1) el fenómeno vida funciona estimulándonos con el dolor y el placer.

Si la naturaleza fuera nuestro jefe o nuestra madre, estaría contenta si nos viera respondiendo con rapidez a sus estímulos (castigos y premios).

Por el contrario, si nos viera indolentes, lentos, apáticos, no tendrá más remedio que aumentar la intensidad de los castigos y los premios.

Muchos de nosotros padecemos enfermedades crónicas, dolores intensos e inexplicables, pensamientos mortificantes. Algunos llegan a pensar que la vida es un tormento, un calvario, el castigo por algún delito olvidado.

Quizá todo sea más simple que eso: para seguir vivos necesitamos recibir los estímulos suficientes o morimos.

Como el dolor es un estímulo más efectivo que el placer, es al único que registramos y del cual nos quejamos tratando de socializarlo entre nuestros conocidos y amigos.

Quien haya dicho «el trabajo es salud» seguramente se ganó el repudio generalizado y hasta quizá se haya ido a un país donde no lo conocieran.

Trabajar es molesto pero está alineado con la metodología natural consistente en causarnos molestias para seguir vivos. Sin ir más lejos, muchos moriríamos de hambre si no trabajáramos.

Una de las molestias más constantes del trabajo es precisamente la inseguridad laboral.

Aunque trabajar sea penoso, el temor a perder el trabajo es como una piedra en el zapato (o en el preservativo como dirían los más sensibles a este riesgo).

Esta es una causa suficiente para que la mayoría de los ciudadanos del mundo aspiremos a ser empleados, en lo posible de empresas muy grandes y sanas económicamente, siendo las oficinas del estado las que mejor califican con estos atributos.


(1) La naturaleza es hermosa pero antipática; (Maldita)Felicidad publicitaria;Somos marionetas de la naturaleza; Loción infalible contra las molestias; La disconformidad universal.

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martes, 15 de diciembre de 2009

La cotización de mamá

Al pensar que existe algo que pueda denominarse pobreza patológica estoy asumiendo que algunas dificultades económicas son un síntoma, la consecuencia de un funcionamiento inadecuado de nuestra psiquis (pensamiento, razonamiento, afectividad).

La propia hipótesis de que algunas dificultades económicas sean el síntoma de una patología psicológica incluye la expectativa de que sean tratables y curables.

La mayoría de (por no decir «todos») los intentos por solucionar la escasez de recursos materiales no aprovechan sistemáticamente las poderosas herramientas disponibles en las ciencias psi (psicología, psicoanálisis, psiquiatría).

Este artículo es otro comentario a los más de setecientos que llevo publicados en este blog.

El dinero y la madre tienen en común que «satisfacen necesidades y deseos».

Es perfectamente posible que el funcionamiento mental confunda (condense) inconscientemente una y otra institución tomándolas (creyéndolas, usándolas, considerándolas) como iguales.

Esta similitud y condensación inconsciente de ambos conceptos (dinero y madre) puede llevar a que los portadores de esa condensación (fusión conceptual inconsciente) no quieran traficar con dinero para no transgredir la prohibición del incesto.

No me canso de pedirles a los lectores menos familiarizados con las ciencias psi que toleren la lógica disparatada que opera en nuestra psiquis.

Las personas no iniciadas pueden sentir horror y rechazo hacia una propuesta que compare nada menos que a la madre con el dinero.

Sin embargo, este horror y rechazo no haría más que confirmar lo que estoy proponiendo puesto que el hermetismo del inconsciente se vale de esos diques (horror, moral, asco) para seguir siendo inconsciente (es decir, no-consciente, ignorado, olvidado, inaccesible).

En suma: algunas pobrezas podrían estar provocadas porque el paciente tiene fusionados en su inconsciente los conceptos madre y dinero, no pudiendo traficar con dinero porque tampoco podría tener comercio sexual con su madre.

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lunes, 14 de diciembre de 2009

Filosofía culinaria

Algunos dicen que para hacer tortilla hay que romper los huevos. Mi abuela —muy católica y llena de vergüenzas—, me explicaba lo mismo de otra manera.

Ella me enseñaba que para hacer una rica comida, no se pueden economizar ni tiempo ni esfuerzo. «Se ensuciarán todos los utensilios que sean necesarios. Ya vendrá tiempo de limpiarlos y dejar la cocina tan higiénica como un quirófano» —decía sin parar de moverse con la mirada atenta en lo que hacía.

Ella era maestra jubilada pero había nacido con el talento de la docencia. La admiraba, le estoy agradecido y siempre traté de imitarla.

Lo que te diré a continuación es un intento de copiar su capacidad pedagógica.

Para elaborar un pensamiento no tenemos que detenernos en las incoherencias o en las contradicciones.

Las ideas contradictorias, reñidas con la lógica o notoriamente falsas, pueden ser simplemente una etapa en el camino hacia una conclusión interesante, valiosa, útil.

Tolerar la incoherencia equivale a usar todos los utensilios y el tiempo que haga falta para cocinar una rica comida.

Si para tomar una decisión notas que se acumulan factores a favor y en contra, si observas que estás aplicando juicios con los que siempre estuviste en desacuerdo, si te oyes defendiendo principio que siempre combatiste, no importa.

Claro que, antes de poner en práctica la conclusión, convendría chequear ese resultado final, de modo similar a como mi abuela probaba la comida antes de servirla.

A veces nos ponemos extremistas, perfeccionistas y desconsiderados. Eso sucedería en este caso si alguien pensara que “el fin justifica los medios”.

Mi abuela no era necia.

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domingo, 13 de diciembre de 2009

Los que reinan sobre los mejores

Somos la especie más vulnerable.

El período de gestación de un ser humano toma años para alcanzar el desarrollo que otros seres vivos alcanzan en horas o días.

Estoy considerando como período de gestación a la suma de las primeras cuarenta semanas que anidamos en el útero más todo el tiempo que nos tomamos después de nacer.

Como nuestro instinto es tan precario, tenemos que aprender casi todo lo que necesitamos saber, cuando otras especies nacen con casi todo sabido.

Uno de nuestros recursos psíquicos compensatorios de esta debilidad (prematuridad) consiste en distorsionar la realidad para «percibir lo que necesitamos percibir» y no la realidad tal cual es.

Si pudiéramos observar a los demás animales, aves e insectos con la suficiente objetividad, nos sentiríamos muy deprimidos, desmoralizados y hasta avergonzados de ser tan incompletos, lentos, retrasados, falibles.

Para que esto no suceda, nuestra psiquis distorsiona los datos que recibe de la realidad.

La modificación que le hace nuestra psiquis a esos datos no es superficial, pequeña, sutil. Es drástica. Tan drástica que convierte lo negativo en positivo, la debilidad en fortaleza, la estupidez en inteligencia.

En esta subversión que hace defensivamente nuestra psiquis para apartarnos de la realidad más insoportable para nuestra autoestima, se incluye la creencia de que somos tan superiores que no dependemos del mundo material.

Somos tan superiores al resto de las especies, que poseemos una parte inmortal (espíritu), que somos los hijos predilectos del gran creador (Dios) o que tenemos derecho a explotarlos (hacerlos trabajar, cazarlos como deporte, destruirles su habitat).

Me hace gracias que algunos ejemplares de nuestra especie van un poco más allá y en lugar de cobrar dinero por su trabajo (para poder comer, vestirse y otras necesidades materiales), cobran honorarios, es decir, algo que representa el honor, la dignidad, la importancia, el prestigio, la superioridad.

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sábado, 12 de diciembre de 2009

Para la zorra los dólares están verdes

En un artículo publicado con el título La felicidad delictiva les contaba la historia de un hombre (Eróstrato) que hace 2.300 años le prendió fuego a una de las siete maravillas del mundo y que fue condenado a que nadie registrara su nombre.

Del dinero tampoco se habla, como si sobre él también pesara un castigo similar al que se le aplicó al incendiario.

Es gracioso que en las consultas comerciales, los compradores y los vendedores hablan del precio al final de la conversación, como si éste fuera un tema secundario, un detalle insignificante.

Si el precio se pudiera mencionar al principio de la conversación, se ahorraría mucho tiempo porque la disponibilidad económica suele ser la que determina si podrá haber o no una compra-venta.

En una suerte de autopsia psicológica, podría pensar que el móvil de Eróstrato fue llamar la atención porque no encontró una manera mejor de recibir amor (llamar la atención, ser mirado, generar algún sentimiento en los demás).

Tampoco es frecuente que la gente divulgue su necesidad de amor.

Aunque suena descabellado para el sentido común, podría decir que el amor y el dinero tienen aspectos en común.

Uno de esos aspectos en común que tienen el amor y el dinero es que no nos gusta confesar que los necesitamos.

De todos modos la resistencia a confesar (y confesarnos) esta necesidad no es igual para ambos conceptos. Al menos las consecuencias son diferentes.

Si no podemos publicar que buscamos amor, quizá nos quedemos solos, mientras que si tenemos dificultades con el dinero, quizá tengamos una mala calidad de vida.

Hasta donde sé (y siento), es preferible tener dificultades económicas y no tener dificultades amorosas.

Con la suerte suficiente, es posible librarse de ambas carencias.

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viernes, 11 de diciembre de 2009

Me casaría con tu sombra

Si con los cánones estéticos de hoy observamos los pies de una mujer china embellecidos a la vieja usanza, seguramente no podremos creer que esa atroz deformación haya sido realizada a millones de personas durante siglos.

Pero sin embargo hoy encontramos hermoso ciertos tatuajes, algunos pearcings, cirugías, levantamiento de glúteos mediante cordeles invisibles y un sin fin de prácticas invasivas que algún día también parecerán atroces.

Los seres humanos tenemos dificultad para diferenciar «lo que es» de «lo que debería ser».

Nuestro funcionamiento mental es defectuoso. Lo valoramos porque es el único que tenemos.

La incapacidad para no reconocer con facilidad la diferencia que hay entre «ser» y «deber ser», nos lleva a buscar cosas que no existen.

Imaginen una persona que no sepa diferenciar al objeto de su sombra. Por ejemplo, si fuera carpintero, tanto golpearía sobre el clavo como sobre la sombra que proyecta el clavo.

Esta introducción tiene por objeto pensar sobre nuestra vida laboral, sobre cómo ganamos el dinero suficiente para vivir dignamente.

Los seres humanos deberíamos ser honestos, generosos, solidarios, coherentes, cumplidores, sinceros, monógamos, disciplinados, responsables y varias cosas más.

Siguiendo con el ejemplo, esta es la sombra del ser humano: No es el ser humano. Es un ser humano imaginario, ideal, fantaseado.

Cada cosa que hagamos con la sombra de algo o alguien, será —en el mejor de los casos— tiempo perdido. También podremos perder dinero, oportunidades, calidad de vida.

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jueves, 10 de diciembre de 2009

¿Una mujer presidenta?

En nuestro idioma, la palabra «puta» no es el femenino del vocablo «puto».

Una puta es una prostituta mientras que un puto es una gay pasivo.

Casi todas las culturas maltratan a las prostitutas y creo que esto es así por dos motivos:

1) Porque le tenemos envidia a alguien que puede hacer lo que no nos animamos pero desearíamos fervientemente (tener sexo con todas las personas que nos atraen físicamente);

2) Porque (hombres y mujeres) suponemos que las mujeres son objetos sexuales que deben pertenecer a un sólo hombre ... aunque éste tenga un harén. La que copula con muchos hombres hace pensar que podría ser dueña de su propio deseo, lo cual ofende nuestra cultura machista («los objetos no desean»).

Casi todas las culturas maltratan a los homosexuales pasivos (putos) y creo que esto es así por dos motivos:

1) Porque todos los hombres tenemos un componente femenino u homosexual pasivo reprimidos y los putos son hombres que dejan en evidencia a todos los varones porque en el fondo nos hacen ver que podríamos ser o hacer lo mismo que ellos;

2) Porque penetrar es digno y ser penetrado es tan vergonzoso como ser mujer. Inclusive el homosexual activo (el que penetra a otro hombre) no padece tanto desprestigio como el pasivo.

Cada vez es más impopular el predominio logrado por la fuerza física. Esto va contra el machismo presente en ambos géneros.

Muy lentamente ganan terreno la negociación, la inteligencia, el conocimiento, el diálogo y pierden terreno los ejércitos, la violencia, la brutalidad.

El proceso es lento por dos motivos:

1) Porque los hombres y las machistas nos resistimos a perder el poder que siempre tuvimos;

2) Porque muchas mujeres aún no saben administrar el poder al que están accediendo y se les escapa de las manos o lo ejercen con torpeza.

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Prueba de supervivencia

Un refrán dice: «Lo que ataca, si no mata, fortalece».

Por muchos motivos es legítimo pensar que la naturaleza es la que determina la ocurrencia de cada acontecimiento.

Todo funciona bien aunque la mente humana lo interprete como un caos. Tenemos dificultades para comprender la inmensidad del universo, la historia de millones de años y la lógica de lo que sucede.

Es posible suponer que la autorregulación propia de la naturaleza, se valga de ciertos accidentes para probar la viabilidad de los seres vivos.

En nuestra especie padecemos cataclismos, epidemias, guerras y crisis económicas.

Cada tanto algo termina con la vida de muchas personas.

Todo haría indicar que la mayoría de las víctimas vivían en condiciones precarias, por ser genéticamente más débiles, por estar enfermos u otras causas de vulnerabilidad.

Cuando las circunstancias atacan a grandes grupos humanos, mata a los más débiles pero fortalece a los más fuertes.

En el plano económico, las empresas funcionan como personas y también están expuestas a perecer o fortalecerse cuando se ven sometidas a una crisis.

Las empresas más débiles se caracterizan por deteriorar su vínculo con la sociedad, con los proveedores (dejan de pagar o no hacen acuerdos de pago), con los bancos, con la calidad del servicio a sus clientes y con sus empleados.

De una forma muy parecida a como reaccionan los individuos frente a los infortunios, las empresas pueden entrar en un círculo vicioso o pueden implementar estrategias de supervivencia que les permita llegar con vida al comienzo de tiempos más propicios.

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martes, 8 de diciembre de 2009

Los sentimientos químicos

Es muy conveniente para la convivencia creer que el libre albedrío (1) existe.

Las neurociencias son aquellas ramas de la biología que estudian las causas orgánicas de nuestro funcionamiento psíquico.

Recientemente se han hecho descubrimientos realmente interesantes que podrían llevarnos a pensar que todas nuestras ideas, creencias y sentimientos responden a fenómenos químicos, circulatorios, hormonales.

La oxitocina es una hormona de efectos bastante conocidos pero que sigue sorprendiéndonos con algunas de sus acciones.

Es clásico su uso para inducir el parto. De modo similar se sabe que tiene una gran influencia en el establecimiento de los vínculos.

De hecho algunos la llaman «la hormona del amor» porque aumenta su presencia en el organismo cuando se tienen relaciones sexuales.

Su presencia es fundamental en el establecimiento de un buen vínculo entre la madre y el recién nacido así como también en la producción de leche y la aptitud del pequeño para alimentarse.

En un par de artículos anteriores (2) les comentaba sobre cuáles parecen ser las condiciones necesarias para acceder a la felicidad y nuevamente ahí aparece esta hormona (oxitocina).

Efectivamente, no hace mucho los israelíes (3) descubrieron cómo influye esta hormona no solamente en los vínculos amorosos sino también en la envidia.

Claro que culturalmente este sentimiento está mal visto, pero me animo a defenderlo pues nuestro progreso como especie depende en gran medida de ese malestar que nos produce (la envidia provocada por la oxitocina según los israelíes) cuando otros logran estar mejor que nosotros.

Pero eso sí, en el caso de que el amor y la envidia fueran realmente provocados por esa hormona, nuevamente tengo que pensar que el libre albedrío es una ilusión en tanto nuestras acciones y móviles son la consecuencia de fenómenos químicos.


(1) ¿Qué libertad?, Soy libre de hacer lo que deba, Lexotán con papas fritas, Cállate que estoy hablando, Lo que la naturaleza no da, nadie lo presta.

(2) «Me alegra estar triste» y Con la envidia nos igualamos.

(3) Este link contiene un artículo sobre la investigación de la Universidad de Haifa.

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lunes, 7 de diciembre de 2009

El negocio de la bondad

Una pareja en una isla desierta genera una situación ideal para ambientar una historia erótica (y probablemente humorística).

En este siglo 21 es un hecho universal que los lugares de trabajo tienen casi la misma cantidad de hombres y mujeres.

Este hecho es un desafío para los encargados de la administración del personal porque cuando dos trabajadores se enamoran entre sí, surgen problemas

— de rendimiento (porque se prestan más atención entre sí que a la tarea) y

— de clima laboral (cuando las disputas amorosas ingresan al lugar de trabajo).

Cuando el tamaño de la empresa lo permite, es clásico el traslado de uno de los enamorados a otro lugar físico.

Naturalmente que la organización tiene que evitar que uno sea el jefe, supervise o audite al otro porque la oposición de intereses es una relación que debe ser preservada.

El bienestar de los trabajadores es imprescindible para obtener el mejor desempeño. Los enamoramientos se convierten en una mala noticia cuando se producen rupturas conyugales que podrían haberse evitado.

Con horarios muy extensos y tareas estresantes, aumentan vertiginosamente los divorcios porque los compañeros de trabajo ocasionales se enamoran más fácilmente entre sí.

Por lo tanto es interés y responsabilidad de los administradores de personal evitar las dificultades familiares de sus trabajadores, buscando horarios de trabajo que permitan una mejor relación con su cónyuge e hijos.

Las empresas que atienden el bienestar de sus empleados (salud, estrés, familia) no son filantrópicas, ni ideales, ni generosas: simplemente son eficientes.

Quien ayuda al prójimo para sentirse bueno y recibir el aplauso es un hipócrita que padece una confusión.

Quienes ayudan al prójimo porque entendieron que es más conveniente que ser egoísta, son mejores ciudadanos durante más tiempo.

En suma: Atender los intereses de los colaboradores es más rentable que disfrazarse de generoso.

Nota: este artículo está vinculado con Estrés: demonio último modelo,
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domingo, 6 de diciembre de 2009

Si SOY enfermo no TENGO dinero

La sugestión es curativa. El cerebro puede reaccionar de maneras espectaculares ante una creencia.

Cuando estamos más vulnerables que de costumbre (enfermos, tristes, desorientados, confundidos), el cerebro está dispuesto a perder racionalidad dado el estado de excepción.

En lugar de ser riguroso, estructurado, escrupuloso, puede convertirse en místico, crédulo y supersticioso.

El circuito de curadores por medio de la sugestión (curanderos, chamanes, brujos, magos) suele no cobrar honorarios y cuando los cobra, no son preestablecidos por él sino determinados por la voluntad y la capacidad económica del paciente.

Hace semanas recordaba con ustedes (1) la famosa frase dicha por el artista español Pablo Picasso (1881 - 1973): "A los doce años sabía dibujar como Rafael, pero necesité toda una vida para aprender a pintar como un niño."

Uno de los contenidos de esta idea refiere a la portentosa capacidad del cerebro infantil para creer, sugestionarse y confiar (tener fe).

La recuperación de la salud perdida pasa a ser un objetivo prioritario. Nuestro instinto de conservación así lo impone.

Cuando la racionalidad nos lo permite, accedemos a la autocuración asistida que nos ofrecen los curadores místicos, religiosos, mágicos.

Y en este contexto el dinero cambia de categoría porque para curarnos recurrimos a la infantilización (mecanismo psicológico llamado regresión).

Una de las características de ese niño al que quiso acceder Picasso, es la ausencia del dinero. Los vínculos entre el enfermo y los sanadores más efectivos deja de ser por lo que el consultante tiene (dinero) y pasa a ser por lo que el consultante es (un semejante que necesita ayuda porque está enfermo).


(1) Pablo Picasso pregunta:

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sábado, 5 de diciembre de 2009

Con la envidia nos igualamos

En algunos pueblos de habla inglesa es popular la consigna: «Estemos a la altura de nuestros vecinos» (1).

En un artículo titulado «Me alegra estar triste» comentaba la «paradoja de Easterlin» según la cual la felicidad no mantiene una proporción directa con el enriquecimiento sino que al bienestar se accede con más dificultad que al dinero.

Según los investigadores que participaron en la encuesta del profesor Richard Easterlin, la felicidad la percibimos a partir de compararnos con quienes nos rodean.

Los angloparlantes aluden a la situación de los vecinos porque la felicidad surge cuando nos sentimos igual o mejor que los demás.

Los ingleses son más irónicos y tienen por consigna: «Estemos a la altura de los Beckhams» (2) aludiendo a la condiciones de bienestar cinematográfico que poseen el goleador británico David Beckham (1975 - ) y su familia.

Estos no son más que comentarios preliminares para compartir con ustedes una observación que me llama la atención.

Tenemos en nuestras ciudades muchos gimnasios llenos de caminadores (cinta de correr hedónica [imagen]).

Cuando varias máquinas están puestas una al lado de la otra, los usuarios se ponen a caminar sin avanzar un centímetro. Todos en hilera, avanzan y avanzan ... siempre en el mismo lugar.

No tendría lógica que personas inteligentes desperdicien tan infamemente su valiosa energía.

Pienso —porque necesito una explicación que me permita creer que tienen una actitud inteligente—, que ese ejercicio les permite teatralizar la consigna de los angloparlantes, es decir, moverse pero sin alejarse de los vecinos.

Este deseo universal de conservar la posición relativa con los vecinos, no es otra cosa que la puja entre hermanos por recibir la misma cantidad de amor de los padres.



(1) «Keeping up with the Joneses»
(2) «Keeping up with the Beckhams»

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viernes, 4 de diciembre de 2009

La resaca del éxito

Se denomina «estado de sitio» al régimen por el que quedan momentáneamente suspendidos los derechos y garantías consagrados en la Constitución (libertades de expresión, de circulación, de reunión).

Un «estado de sitio» es un régimen de excepción que puede estar justificado en caso de invasión, guerra exterior o civil.

En nuestra psiquis existe una especie de «estado de sitio» porque la educación y sobre todo la experiencia, nos han persuadido de que ciertos deseos (libertades) deben ser inhibidos, silenciados, frustrados.

Por esta represión interna es que sentimos vergüenza, retraimiento, miedo (e inclusive asco).

Los seres humanos nos acostumbramos a las peores condiciones de vida, pero eso no quita que procuremos el mayor bienestar.

El alcohol es una sustancia que altera todo nuestro organismo pero lo que mejor percibimos es una agradable sensación de libertad y el consiguiente descenso de vergüenza, retraimiento y miedo.

En las reuniones sociales es clásica la ingesta de alcohol para disfrutar de un transitorio levantamiento del abrumador «estado de sitio» en el que vivimos.

Sin embargo algunas personas son abstemias (no ingieren bebidas alcohólicas) porque rechazan categóricamente la resaca (malestar que padece al despertar quien ha bebido alcohol en exceso).

Pues bien, tener dinero también aporta libertad, desinhibición y alegría.

Algunas personas pueden temerle a estas sensaciones porque están convencidas de que luego padecerán algún tipo de resaca (culpa, arrepentimiento, excesiva responsabilidad).

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jueves, 3 de diciembre de 2009

«¡Me alegra estar triste!»

Los seres humanos nos esforzamos por acceder a la felicidad. Quizá ésta sea la tarea que nos consume mayor cantidad de energía.

Como he mencionado en otros artículos anteriores (1) la naturaleza nos provoca dolor y nos ofrece el placer para que hagamos cosas necesarias para conservar el fenómeno «vida».

La búsqueda de la felicidad que nos consume cantidad de energía, es una consecuencia de esa metodología que utiliza la naturaleza para conservar el fenómeno «vida».

Una de las ramas del saber que mejor sintoniza con el tema de este blog es la economía.

Para muchos es conocida la «paradoja de Easterlin». Por si no fuera su caso, se la cuento.

El economista Richard Easterlin es un profesor de la Universidad Southern de California.

Este señor hizo una investigación en la década del 1970 por la que concluyó que un aumento en la riqueza de un pueblo no se corresponde con un aumento similar de su felicidad.

Más concretamente, si el patrimonio de alguien aumenta un 10% su nivel de felicidad aumenta sólo un 6% y si aumenta un 20%, la felicidad sólo aumentaría un 9% (son cifras inventadas por mí para explicar la idea).

Es muy probable que la naturaleza dependa en gran medida de que nuestra sensación de felicidad sea lo más limitada posible porque ella (la naturaleza) necesita este recurso (nuestra infelicidad) para mantener funcionando el fenómeno «vida».

En suma: Cuando estamos infelices debemos ser incoherentes para movernos en búsqueda de la felicidad (porque para eso existe el malestar) y simultáneamente alegrarnos al comprender que esa infelicidad es por nuestro bien.

(1) El budismo zen y La administración del desequilibrio .

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miércoles, 2 de diciembre de 2009

El canibalismo heroico

Mi inseparable amigo el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de Joan Corominas dice textualmente que el verbo chupar significa «sacar con los labios el jugo de una cosa aplicándolos con fuerza».

Agrega que este verbo es uno de los más antiguos de nuestro idioma y que es «imitativo del ruido que producen los labios al chupar».

Al buscar las causas de la pobreza patológica donde no es habitual que otros busquen, llegué a este verbo que me aportó una reflexión paradojal.

La acción de sorber es la que nos permite alimentarnos al nacer. Por lo tanto es de las más primitivas, elementales e instintivas.

Alimentarnos depende en muchos casos de que algún ser vivo muera. No es el caso de la madre que alimenta con sus glándulas mamarias pero es el caso de otros alimentos de origen animal o vegetal.

Por lo tanto, alimentarnos incluye un monto significativo de agresividad.

Aunque la agresividad tiene mala prensa, la que está equivocada es «la prensa» porque sin esa agresividad moriríamos y desaparecería la especie.

En el ambiente laboral donde existe la relación empleado/empleador, se dice que un empleador es chupasangre cuando explota a sus empleados.

Así como la agresividad descontrolada es digna de censura, la explotación del hombre por el hombre también lo es.

Lo paradojal que les mencionaba surge de la seducción que produce en millones de personas el vampirismo.

Desde la novela de Bram Stoker (1847 - 1912), Drácula, basada en un personaje real (Vlad Draculea III, Rumania, entre 1431 y 1476) que torturaba hasta la muerte a sus víctimas y bebía su sangre, el gran público se deleita con las aventuras de un chupasangre (máxima expresión de la explotación del hombre por el hombre).

En suma: toda explicación simplificada de la conducta humana, es un fraude.

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martes, 1 de diciembre de 2009

Rico pero sano

Podría definir a un pobre patológico como un rico sin dinero.

Cuando digo rico, no aludo a quien tiene una fortuna obscena sino más sencillamente a un no-pobre.

La percepción de pobreza incluye sentir la incomodidad de la escasez.

Por lo tanto, la única persona idónea para determinar si alguien es un pobre patológico es uno mismo (pues nadie más sabe qué nos molesta).

¿Y por qué un pobre patológico es un «rico sin dinero»?

Porque todos tenemos necesidades básicas propias del funcionamiento del cuerpo (aire, agua, proteínas), a las que pueden sumársele necesidades cuya frustración no ponen en riesgo la supervivencia (educación, diversión, vehículo).

La riqueza (no obscena) es un estado de salud, es decir la ausencia de pobreza patológica.

Si el razonamiento fuera correcto, estaría concluyendo que la riqueza es el único estado correcto.

Como somos todos diferentes, usted está «sano» poseyendo 100, yo lo estoy con 200 y el otro lo está con 300.

Teniendo en cuenta esta diversidad, los tres tendremos pobrezas patológicas diferentes (99, 199 y 299, por ejemplo).

Pero estas ideas tan aburridas podrían dejar de serlo si le prestamos atención al rechazo que surge en nuestro ánimo ante la idea de que deberíamos sentirnos ricos para no ser enfermos.

Si usted repele la idea de que «riqueza es salud» y de que «pobreza es enfermedad», entonces algo dentro suyo puja para que sea pobre, pierda dinero o tenga carencias.

Cuando esto sucede podemos decir que la frustración es auto-generada.

La humorada muy popular que dice «prefiero ser rico y sano que pobre y enfermo» causa gracia porque incluye una transgresión a lo que deberíamos pensar.

Nuestra cultura suele inculcarnos que no debemos aspirar a la riqueza y a la salud simultáneamente.

¿No le llama la atención esta publicidad tan negativa?

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lunes, 30 de noviembre de 2009

Tarjeta amarilla para el espermatozoide Nº 10

Los juegos son una representación teatral de la vida, en la que los aciertos se gozan como reales y los fracasos se padecen «sin perder de vista que no es más que un juego».

Hace poco leí que una de mis artistas predilectas (Björk, nacida en Islandia en 1965) dijo que «El fútbol representa el esfuerzo de once espermatozoides tratando de fecundar un óvulo».

La idea vale para los demás juegos donde los puntos se obtengan introduciendo una pelota dentro de un arco, aro u hoyo.

Tomo estas ideas porque soy un convencido de que las únicas «misiones» del ser humano consisten en lograr la supervivencia propia y la de la especie.

Incluyo estas ideas en este blog porque es asombrosa la cantidad de dinero que circula en torno a estas competencias.

Suponiendo que no existen transacciones ilegales ocultas detrás de las ligas, federaciones, clubes, intermediarios y deportistas por los que pasan esas grandes sumas de dinero, cada billete sale del bolsillo de algún trabajador.

Los canales afluentes a ese océano de dinero provienen sobre todo de entradas vendidas y de la venta de imagen, ya sea por la publicidad como por los derechos de televisación.

No puedo (al menos por ahora) ir más allá de un simple enunciado del fenómeno. Carezco de explicaciones que pudieran contribuir a entender la pobreza patológica.

El hecho —en pocas palabras— es que los trabajadores pagamos directa o indirectamente parte de nuestro dinero para ver una teatralización de esa lucha por fecundar (hacer goles, tantos, puntos) el óvulo y engendrar un nuevo ser (ganar un campeonato).

Sin duda el dinero es algo muy tangible pero lo ganamos y lo gastamos por motivos que en gran medida son metafóricos (simbólicos, teatrales).

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domingo, 29 de noviembre de 2009

El fascismo personal

La desesperación es un estado anímico muy angustiado en el que nuestra percepción se altera tanto como nuestra capacidad de pensar razonablemente.

Cuando estamos desesperados tendemos a considerar que lo mejor es «cortar por lo sano», «raspar hasta el hueso», que «el fin justifica los medios», «¡basta!», «¡nunca más!», «eliminarlo de raíz» y otras expresiones por el estilo.

Dicho de otra forma: para que podamos ser buenos ciudadanos y no constituirnos en un peligro para los demás, no tenemos que estar desesperados.

El fascismo es la expresión política de la desesperación.

Acostumbramos identificar con esta filosofía a los gobiernos de Adolfo Hitler (1889 - 1945) en Alemania y al de Benito Mussolini (1883 - 1945) en Italia.

En el artículo titulado El repudio a Hitler y la inmortalidad del alma les comentaba que el exagerado énfasis que la historia ha puesto sobre las aberrantes conductas de ese personaje siniestro, encubre en realidad nuestras actitudes fascistas.

Efectivamente, cuando estamos desesperados (por razones de salud, económicas, afectivas) solemos caer en actitudes tan innobles como las que caracterizan al fascismo.

Aflora en nosotros la inescrupulosidad, la impiedad, la crueldad, el desprecio por los intereses ajenos y nos volvemos fascistas porque nos convencemos que lo único importante son nuestras necesidades.

Se nos ocurren muchos argumentos que nos justifican de modo similar a como esos dictadores obtuvieron la justificación incondicional del pueblo.

La desesperación nos induce al descontrol, la racionalización nos permite inventar justificativos para abandonar nuestros escrúpulos y a partir de ahí nuestros actos se vuelven peligrosos e impredecibles.

Convertimos en famosos a Hitler y a Mussolini porque cuando estamos desesperados buscamos primariamente las soluciones más drásticas y violentas.

Es bueno (pero desagradable) saber que la desesperación puede provocarnos actitudes que siempre condenamos.

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sábado, 28 de noviembre de 2009

Sangre y dinero

Si digo «la temperatura es de 26º» estoy entregando un DATO, pero si digo «la temperatura en Montevideo es de 26º el sábado 28/11/2009 a la hora 12:00» estoy entregando una INFORMACIÓN.

A esto puedo agregar que los DATOS no tienen casi ninguna utilidad mientras que la INFORMACIÓN sí puede tenerla.

Complicándola un poco más, si vemos un punto color rojo sobre una hoja blanca, no estamos recibiendo algo útil, pero si vemos millones de puntos de diferentes colores, ubicados de determinada manera sobre esa hoja blanca, podremos tener la foto de un ser querido.

Cada punto de una imagen digital (pixel) es un DATO mientras que todos juntos crean una imagen y eso es INFORMACIÓN.

En el artículo titulado El dudoso honor de ser consultados les comentaba (con otras palabras) que si bien nuestras acciones y situaciones están determinadas por fenómenos naturales, nuestros intercambios de información nos afectan, modifican, influyen.

Más recientemente, en el artículo titulado Mis moléculas aman a las tuyas, les decía que las moléculas del universo (DATOS), se mueven según ciertas Leyes Naturales para generar en cada instante un estado de cosas (INFORMACIÓN) del cual formamos parte como algo más.

En un órgano (hígado, cerebro, estómago) observamos que si tiene que aumentar su actividad en beneficio de la conservación de la vida del individuo, comienza a recibir más sangre (alimentos, calorías, oxígeno).

Conclusión: Es posible pensar que, en esta inmensidad en la que vivimos (universo), el dinero es un fluido que llega en mayor cantidad (como la sangre a un órgano) a quienes son más necesarios para la conservación de la especie.

Este razonamiento parece correcto pero las premisas podrían ser incorrectas. Si fueran correctas, la pobreza sería un fenómeno natural.

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viernes, 27 de noviembre de 2009

Mujeres pacificadoras

La prohibición del incesto, como Ley de los Hombre, tiene el máximo rango. Está por encima de la Constitución de cada nación.

No es una Ley de la Naturaleza. Para ésta la fecundación entre ejemplares de la misma familia ni está prohibida ni produce taras genéticas.

Si está en el máximo rango es porque la cultura tiene instituida esta prohibición en forma de tabú, es decir, que la transgresión a ese mandato no solo recibirá la peor sanción sino que además no se sabe exactamente cuál sería esta sanción ni tampoco se sabe por qué está prohibido el incesto.

En menos palabras: «cometer incesto es horroroso».

Con el intento de saber qué hay detrás de este tabú horroroso, algunos han postulado que no es una prohibición sino una obligación lo que acá está en juego.

La obligación consistiría en entregar las mujeres a otras familias (o tribus).

El origen de esta prohibición-obligación puede que sea económico.

En algún remoto pasado, las continuas guerras entre pueblos vecinos habrían terminado luego de haber pactado que nadie copularía con las mujeres del mismo clan sino que las entregarían vírgenes a las tribus vecinas.

Este acto daría por resultado que las enemistades se convirtieran en lazos familiares, mezclando la genética de uno y otro bando y gestando niños cuya mamá pertenecía a la tribu que antes era enemiga.

De este modo, habrían terminado conflictos muy costosos en vidas humanas y también en bienes de valor económico.

Pero además estos nuevos lazos permitieron que las tribus enemigas se asociaran a partir de este intercambio de mujeres posibilitando el crecimiento económico de ambos grupos.

En suma: La prohibición del incesto surge de una obligación para con otras familias o tribus y tiene un fin pacificador que favorece el crecimiento económico.

Artículos vinculados: No recuerdo que me olvidé ; Hermanos compatriotas

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jueves, 26 de noviembre de 2009

Mamá bank

Partamos del supuesto (bastante confiable) de que nuestro instinto de conservación participa en casi todas nuestras decisiones.

Se manifiesta cuando evitamos correr riesgos, cuando procuramos ganar más dinero para acceder a una mejor calidad de vida, cuando estamos preocupados.

Es muy probable que la lógica del instinto de conservación incluya la incorporación de toda práctica que alguna vez nos haya dado resultado.

Dicho de otro modo: Si nuestro instinto de conservación «observa» que luego de evitar todo tipo de riesgos, seguimos vivos, incorporará como procedimiento obligatorio, «evitar todo tipo de riesgos».

Otro ejemplo: Si nuestro instinto de conservación «observa» que los fracasos provocan en nuestra madre una deliciosa actitud cariñosa y protectora, incorporará como procedimiento obligatorio, «fracasar».

El sistema financiero puede tener actitudes que podrían interpretarse como maternales.

Para concedernos un préstamo nos solicita tanta información personal que terminará conociéndonos tanto o más que un familiar.

La supervisión de nuestras finanzas personales es tan intrusiva y persecutoria, que para muchos puede recordar la dependencia económica que tuvimos cuando éramos niños o adolescentes.

Y nuevamente, si nuestro instinto de conservación tomó como modelo la eficacia de aquella vida familiar dependiente de unos padres «intrusivos y persecutorios», no sería extraño que en la edad adulta procuremos ser el hijo adoptivo de algún banco.

En suma: los desfinanciamientos o los sobreendeudamientos sostenidos a lo largo del tiempo, pueden estar alimentados por un procedimiento generado automáticamente por nuestro instinto de conservación.

Esto explicaría por qué suele ser tan difícil reencauzar algunas economías personales.

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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Trovador traidor en 3D y Dolby System

Charles Dickens (1812 - 1870) fue y sigue siendo un famoso novelista inglés.

Su producción literaria coincidió con una época de esplendor del Imperio Británico bajo el reinado de la reina Victoria.

Ella realizó la Revolución Industrial en la que se agudizó la «explotación del hombre por el hombre».

Dickens logró —con su talento y capacidad de seducción— un notable éxito editorial.

Como gran parte de la población vivía en la pobreza, sus novelas eran vendidas en pequeños fascículos. El público esperaba con avidez cada nuevo capítulo.

En 1843 publicó su novela titulada Cuento de Navidad en el que se narra con particular sensiblería el cambio que tuvo su personaje principal (Ebenezer Scrooge comienza presentándose como huraño, avaro y muy trabajador).

Ciertas circunstancias sobrenaturales que incluyen la interacción con fantasmas, lo hacen recapacitar y convertirse en una persona más generosa (supongo que también habrá dejado de ser tan trabajador).

En dos artículos publicados recientemente (1) les comentaba que el arte puede ser un buen sustituto de la represión policíaca cuando los gobernantes y/o clases sociales privilegiadas necesitan anestesiar a los explotados.

Agrego un dato más que ya les había sugerido con el artículo titulado El ideólogo Walt Disney.

Está por estrenarse en casi todo el mundo la versión moderna de aquel cuento de Dickens, ahora realizada por los Estudios Disney (imagen).

Nos será inyectada una fuerte dosis audio-visual de bondad empobrecedora. Saldremos del cine con ganas de ayudar a los ricos disuadiendo con nuestro generoso amor a los explotados que pudieran tomar a mal sus heroicas privaciones.


(1) – Trovador traidor y Los perjuicios del beneficio.

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martes, 24 de noviembre de 2009

Los perjuicios del beneficio

Hace unos días publiqué un artículo con el título Trovador traidor en el que proponía la hipótesis de que el arte (literatura y canto) puede estar al servicio de la explotación de los ciudadanos más débiles para beneficiar a los gobiernos y a las clases privilegiadas que se dejan criticar por ellos para descomprimir la furia que podría terminar en un estallido social.

Pasan los milenios y la desequilibrada distribución de la riqueza continúa.

Pude tratarse de una condición inevitable o puede tratarse de un error que algún día se corregirá. Apuesto a esta última posibilidad.

Además de esos artistas traidores, existen instituciones que procuran conservar la pobreza.

Las organizaciones de beneficencia, que deberían existir con carácter transitorio para resolver las necesidades urgentes de quienes transitoriamente carecen de los recursos materiales suficientes, pasan a tener un rol permanente.

Quienes han encontrado en la ayuda a los necesitados un sentido para sus vidas, no querrán de ninguna forma quedarse sin ese trabajo porque caerían en un pozo depresivo muy doloroso.

Estos benefactores profesionales quizá se inicien en esta actividad con el impulso juvenil que se caracteriza por el idealismo y la actitud solidaria, pero luego encuentran que sin la ayuda a los pobres no sabrían qué hacer.

Es en este punto donde los filántropos se convierten en agentes empobrecedores.

Como la mayoría de las culturas aplaude esta actitud, los empobrecedores profesionales son alentados a continuar.

Esta aprobación social a los benefactores que a la postre evitan la erradicación de la pobreza, es un espectáculo realmente paradójico.

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lunes, 23 de noviembre de 2009

Poco pero mío

«Hoy sólo me llamaron cien personas. Ya nadie me quiere».

Esta queja podría haber sido dicha por Madonna, a quien seguramente la llaman diariamente mil personas.

Nuestro cuerpo tiene la extraordinaria particularidad de adaptarse a las condiciones en las que le toca (sobre)vivir.

Alguna vez leí que nuestra especie es la que puede vivir en lugares más dispares. Sólo necesitamos aire, un poco de agua dulce y algunos alimentos.

Esta maravillosa adaptabilidad también requiere cierto período de adaptación. Un esquimal no la pasaría bien si en pocas horas se instalara en un país tropical.

Además tenemos una notoria resistencia al cambio. Nuestro cuerpo puede adaptarse pero procura evitarlo. Cada vez que se nos presenta la oportunidad de cambiar de hábitat, de dieta, de trabajo, sentimos que se nos hace difícil.

Lo mismo que digo imaginando la vida de Madonna (que se deprime si sólo recibe cien llamados telefónicos diarios) lo digo para cualquiera de nosotros si repentinamente comenzáramos a tener mucha fama, mucho poder o mucho dinero.

Aunque nuestra fantasía se divierte imaginando escenarios diferentes, mucho más excitantes, divertidos o mágicos, nuestro cuerpo no acompaña de buen grado cualquier cambio brusco hacia escenarios imaginados como maravillosos.

Soñamos con ganar el premio mayor de la lotería, pero nuestro cuerpo se resistiría a ese cambio porque se vería sometido a las consecuencias de las nuevas condiciones económicas (más posibilidades, satisfacción repentina de viejos anhelos, amigos sonrientes que aparecen llenos de amor).

En suma: somos la especie más adaptable, pero nos resistimos a los cambios, y esto podría ser una buena razón para no querer abandonar un estado de pobreza con el que estamos aparentemente desconformes.

Nota: Este artículo está vinculado a La resistencia al cambio.

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domingo, 22 de noviembre de 2009

Trovador traidor

En algunos artículos anteriores (1) ya he mencionado que la pobreza puede ser autoimpuesta por razones filosóficas que en última instancia mejoran el bienestar anímico de quienes la practican.

El vocablo “indigencia” significa la falta de alimentos, abrigo y demás elementos necesarios para vivir dignamente.

El vocablo “pobreza” significa la escasez de alimentos, abrigo y demás elementos necesarios para vivir dignamente.

Algunos gobiernos han impuesto a sus pueblos la pobreza por la fuerza para poder realizar obras que principalmente sirven para la glorificación de esos gobernantes.

Esos gobiernos han procurado dejar a la mayoría fuera de la indigencia pero sometidos a la pobreza extrema. Para neutralizar la natural oposición a ese régimen explotador, utilizaron procedimientos policíacos, represivos, violentos.

Todo esto también puede lograrse —aunque con resultados menos espectaculares a los que hoy observamos en China— mediante el arte.

En todos los pueblos existen poetas, escritores o cantantes que se especializan en glorificar a las víctimas de la explotación, acusando con severidad y audacia a los ricos, explotadores y malos gobernantes.

Quien los lee o escucha, puede pensar que esos artistas corren un grave riesgo al realizar esas denuncias contra personas poderosas, crueles, inescrupulosas, vengativas, violentas.

Sin embargo, estos artistas no son más que traidores infiltrados que logran aplacar la furia que despierta la explotación, apelando a engordar el ego de los explotados aunque sigan adelgazando sus cuerpos por la escasez de recursos.

No es tan riesgoso acusar a los ricos mientras éstos sepan que así conservarán sus privilegios.

De todos modos, esta teatralización necesita presentar algún acto represivo contra estos artistas populares, para que se mantenga la creencia de que realmente es efectiva su prédica contra los poderosos.

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(1) Pobreza: ¿mérito o padecimiento? , La arrogancia de los espirituales

sábado, 21 de noviembre de 2009

La vergüenza universal

Por una razón tan objetiva como es la física, «la unión hace la fuerza».

Para ganar dinero, tenemos que tener fuerza (energía, voluntad, resistencia).

Dentro de la realidad tangible (la que se puede tocar), estas ideas son muy claras, entendibles, fácilmente aceptables: si tenemos que mover una mesa, lo haremos más fácilmente si unimos la fuerza de dos personas.

Dentro de la realidad intangible (la que no se puede tocar), estas ideas son menos claras, entendibles, aceptables: si deseo algo que me lo prohíben sin decirme por qué, quedaré confundido, perplejo y frustrado.

La prohibición del incesto es algo que nos debilita, pero no por el hecho de que no podamos casarnos con un familiar directo sino porque deseamos hacerlo y la sociedad nos lo prohíbe sin explicarnos por qué.

Es un tema del que no se habla. Cada uno de nosotros, alguna vez tuvo deseos incestuosos y tampoco pudo comentarlo, plantearlo. Aquel anhelo nos hizo pensar que éramos los únicos poseedores de una aspiración tan aberrante, monstruosa y degenerada que no se podía ni mencionar.

Este silencio hermético nos hizo pensar que algo dentro de nosotros era malo, peligroso, enfermo. Como el tema era tabú, no pudimos consultar sobre él, confirmar (o no) si era algo propio de nuestra especie o algo personal efectivamente malsano de lo que tuviéramos que avergonzarnos y cuidarnos.

Lo desconocido, el secreto, lo silenciado, genera miedo, desconfianza, rechazo.

Fue tan mortificante aquella sensación de anormalidad que sentimos, que la olvidamos por insoportable.

Pero no podemos anular lo que nos pasó. Apenas podemos olvidarlo, quitarlo del campo de la conciencia, hacernos los distraídos.

Por eso, aquella sensación de monstruosidad que sentimos continúa activa inconscientemente, dividiéndonos, haciéndonos sentir que tenemos a un enemigo dentro, que no somos confiables, debilitándonos, quitándonos energía para todo, incluso para ganar el dinero necesario.

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viernes, 20 de noviembre de 2009

Saturno restringe todo lo que toca

Podría decirse que las cosas no son como son sino como cada uno piensa que son.

En términos más académicos, cuando la realidad material difiere de la realidad psíquica, las acciones están guiadas por esta última.

El psicoanálisis es una teoría muy confiable porque da cuenta de nuestro funcionamiento psíquico de manera demostrable y cuando es utilizado como técnica terapéutica, se producen cambios favorables y permanentes en la calidad de vida de los pacientes.

Es probable que la validez del psicoanálisis sea una realidad material pero no todas las personas creen en él. En la realidad psíquica de muchas personas, es una teoría incomprensible, costosa o antipática (porque exhibe particularidades nuestras que preferiríamos desconocer).

Sigmund Freud (1856 - 1939) le dio formato científico a un conjunto de creencias y conocimientos que la humanidad había pensado desde diferentes puntos de vista (religioso, mitológico, filosófico).

Quizá la astrología no tuvo tanta suerte porque aún no nació un genio como Freud que le dé ese formato científico y que —sobre todo— sepa comunicarla como lo hizo él.

En la realidad psíquica de muchas personas es más creíble la astrología que el psicoanálisis. En ellas, las acciones se explican en las cartas astrales y no por los móviles inconsciente que determinan el deseo.

Sin embargo, el psicoanálisis y la astrología están de acuerdo en que la escasez de dinero puede provocar sensación de impotencia, baja autoestima y angustia.

Esta dificultad económica obedece —según la astrología— a cómo se ubican ciertos planetas, al signo zodiacal del consultante y a las inteligentes maniobras que pueda hacer para que esos factores externos actúen a su favor.

Cuando la realidad psíquica del consultante toma estos datos como verdaderos, la astrología aporta una explicación tranquilizadora aunque sin provocar cambios permanentes que eviten nuevas dificultades.

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jueves, 19 de noviembre de 2009

Por ahora necesitamos la pobreza

En otros artículos (1) he comentado con ustedes la suposición de que el fenómeno vida depende de que los seres vivos hagamos cosas perseguidos por el dolor y atraídos por el placer.

Esto no solo sucede a nivel de cada individuo sino que también sucede a nivel de grupos y de pueblos enteros.

Muchos regímenes han agredido a su pueblo —generalmente por razones económicas (explotándolo)— y algunos han tenido la suerte de liberarse de ellos (imagen: Caída del Muro de Berlín).

En este conjunto de fenómenos penosos y placenteros, existen la esclavitud, la prostitución y la venta de órganos en la misma época en la que otros disfrutan de libertad, de un digno bienestar y una razonable atención de su salud.

Todos los cambios beneficiosos se producen cuando aparecen las soluciones posibles y duraderas.

Mientras esto no sucede, hablamos, escribimos, hacemos discursos, prometemos, alentamos la esperanza de un mundo mejor.

Hablar, escribir, discursear y alentar la esperanza siempre termina siendo frustrante. Tarde o temprano nos damos cuenta de que la realidad no se anuncia, ni se promete ni se describe de mil formas: se disfruta, se vive, es tangible.

Ahora estamos en una situación en la que no se han encontrado soluciones para la pobreza. Por eso estamos rodeados de este bla-bla-bla (incluido el mío).

Así como han caído los regímenes explotadores, se han terminado algunas enfermedades y hemos duplicado la expectativa de vida, algún día dejaremos de hablar de la pobreza por la sencilla razón de que habrá dejado de ser necesaria como forma natural de estimular el fenómeno vida.


(1) La naturaleza es hermosa pero antipática; (Maldita)Felicidad publicitaria; Somos marionetas de la naturaleza ;Loción infalible contra las molestias.


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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Robert Redford prestamista

En la película norteamericana Una propuesta indecente, el director Adrian Lyne repite la receta que le dio ganancias con Nueve semanas y media, Atracción fatal y Lolita: amor y sexo en situaciones que despierten algún debate moral.

En este caso el actor Robert Redford (imagen) interpreta a un hombre poseedor de una gran fortuna que le ofrece un millón de dólares a un matrimonio con dificultades económicas a cambio de tener una noche íntima con la esposa (interpretada por Demi Moore).

Los espectadores quedamos atrapados en un conflicto moral porque es sabido que el 90% de las mujeres habrían tenido ganas de acostarse aunque fuera una vez con ese actor y el 90% de los hombres nos habríamos sentidos en una encrucijada al ver el indisimulado entusiasmo de nuestra esposa ante semejante oferta.

Es interesante observar de qué forma pueden darse situaciones complicadas, aún sin que aparezca un galán a causarnos problemas amorosos.

La salud económica se parece bastante a la salud orgánica. Si estamos propensos a enfermarnos por exceso de estrés, cansancio o mala alimentación, es muy probable que algún microorganismo que nos habita sin molestar, se envalentone y comience a reproducirse hasta enfermarnos.

De manera similar, ese matrimonio de ficción cursaba un período de vulnerabilidad económica y fue entonces cuando apareció este simpático virus (Robert Redford) para contaminarlos.

Todos los sistemas de crédito ocupan un lugar importante en el menú de soluciones al que podemos recurrir inteligentemente, pero también pueden funcionar para esclavizarnos, apoderándose de muchas horas laborales de nuestra vida.

El uso desacertado del crédito nos somete a una especie de esclavitud porque tenemos que trabajar muchas horas para abonarle los intereses que legítimamente nos cobra.

El marketing del sistema financiero incluye la posibilidad de presentarse en forma tan seductora y oportuna como lo hizo Robert Redford en Una propuesta indecente.

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martes, 17 de noviembre de 2009

La complejidad simplificada

Imaginemos que la especie humana está compuesta por 1000 personas: 500 mujeres y 500 hombres.

Guiados por la Ley Natural tendremos sólo dos objetivos que cumplir: conservarnos como individuos y como especie.

Si nos organizamos con un criterio racional (empresarial, cooperativo), nos repartiremos el esfuerzo para alcanzar estos dos objetivos sobre la base de cómo somos anatómicamente.

Ellas se encargarán de gestar, alimentar con sus glándulas mamarias y —debido al apego natural que tienen los recién nacidos—, educarán a los pequeños.

¿Qué haremos los varones para equiparar el esfuerzo de ellas?

Uno sólo de nosotros podría fecundar a tres mujeres por día. O sea que 500 mujeres podrían ser fecundadas en 167 días.

Como será natural que en algún momento muera una mujer y un hombre (porque ambos somos igualmente mortales), cada una de las 500 hembras tendría que gestar por lo menos dos hijos a lo largo de sus vidas sólo para mantener la cantidad de 1000 ejemplares supuestos.

¿Qué haremos los 499 varones restantes para equiparar el esfuerzo de ellas?

Tendremos que trabajar para proveer los recursos necesarios para que las 4 personas (1 mujer+1 varón+2 niños) vivan dignamente (alimentos, abrigo, alojamiento, salud, diversión, educación).

En suma: éste es el esquema básico de nuestra vida. Se nos presenta más complejo, pero en el fondo no es más que éste.

Nota: El fecundador tendrá 200 días inactivos por año en su privilegiado rol, así que durante este lapso los varones proveedores pasaremos a ser 500.

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lunes, 16 de noviembre de 2009

El dinero es amor

Para muchas personas es lamentable que los vínculos tengan más intereses económicos que afectivos.

Desde cierto punto de vista es un síntoma de pérdida de los valores humanos el que cada vez más los temas de conversación dentro de una pareja sean sobre dinero y no sobre amor.

Además de la afinidad personal que pueda existir entre dos personas (que otros llaman feeling o «química») existen algunas características que son muy importantes: la sinceridad, la responsabilidad, la honestidad.

— La sinceridad se manifiesta cuando alguien dice lo que piensa o lo que sabe;

— la responsabilidad se manifiesta cuando alguien cumple lo que promete;

— y la honestidad se manifiesta cuando alguien respeta los derechos del otro.

La Naturaleza nos impone el deseo de reproducirnos y para satisfacerlo (cumplirlo) nos asociamos con alguien del género opuesto.

En casi todas las culturas, la familia es el tipo de sociedad más utilizado para lograr este propósito.

El sentimiento de amor surge cuando, sobre la base de que gustamos de la otra persona, ésta satisface por lo menos las tres condiciones mencionadas (sinceridad, responsabilidad y honestidad).

Podemos pensar que el dinero es amor. No como sinónimos sino que la existencia de dinero dentro de la sociedad conyugal es un indicador de que hay amor: amor entre los cónyuges que se estimulan para trabajar y amor hacia la sociedad que gratifica con dinero el aporte que uno o ambos hacen al colectivo.

Lo comparo con un club deportivo.

Los afiliados, deportistas y la Comisión Directiva, forman una sociedad.

El amor hacia los colores de la institución pone a todos en actitud competitiva para ganar campeonatos y trofeos que luego se exhiben orgullosamente en una vitrina puesta en algún lugar visible de la sede.

Pues bien, dentro de una familia también podemos encontrar ese tipo de amor aunque esos trofeos sean el dinero que logran conquistar.

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domingo, 15 de noviembre de 2009

La madre tierra

Hace miles de años no existían las ciudades. Todos los seres humanos vivían en los campos, ya sea en forma estable (sedentarios) o ambulante (nómades).

En algún momento nuestros antepasados decidieron juntarse y prefirieron destinar algunos terrenos para la construcción de calles, plazas, iglesias, mercados.

Para ello tuvieron que quitarle a esas parcelas su disposición para producir alimentos vegetales o para la cría de animales de consumo.

A partir de este momento los alimentos dejaron de estar al alcance de todos y surgieron los intermediarios. Algunos ciudadanos (habitantes de una ciudad) los traían de las tierras productivas y poco habitadas para venderlos en las tierras improductivas y muy habitadas (las ciudades).

La construcción de la ciudad hizo necesario el trueque primero y el dinero después.

Cuando un ser humano vive en el campo, puede alimentarse de lo que encuentra porque vive en un terreno productivo que puede alimentarlo casi como una madre.

Cuando un ser humano vive en la ciudad, puede alimentarse sólo de lo que otros desechan (basura) porque vive en un terreno estéril que no puede alimentarlo.

La otra opción que tiene es trabajar y ganar dinero para comprarle alimentos a quienes los importan de las tierras fértiles y maternales.

Sin embargo, no todos pueden trabajar, ya sea porque son niños o adolescentes, enfermos, discapacitados o ancianos.

Los que por algún motivo no pueden trabajar dependen de la buena voluntad de otros que sí pueden trabajar y ganar más dinero del que necesitan.

No es un rasgo de los seres vivos en general repartir sus posesiones y por eso los humanos que preferimos vivir en ciudades tenemos que obligarnos por la fuerza a que se atiendan las necesidades de los que no pueden ni trabajar ni vivir en los campos.

Este collar de hechos que acabo de redactar explica porqué en las ciudades tenemos más diferencias socio-económicas y violencia.

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sábado, 14 de noviembre de 2009

Desconozco lo que sé

Aunque las palabras «ignorancia» y «desconocimiento» figuran como sinónimas, algunos les han quitado esa condición para usarlas marcando un matiz interesante.

Por ignorancia puede entenderse el no saber algo. Por ejemplo, yo ignoro cómo está programado este Windows 7 (porque Microsoft lo mantiene cerrado para los usuarios, a diferencia de Linux que puedo conocerlo porque es abierto para los usuarios).

Por desconocimiento puede entenderse lo que sé pero no lo tomo en cuenta o podría saberlo pero no lo aprendo.

Esta segunda acepción está muy cerca de un mecanismo de defensa psicológico que usamos a menudo y que se llama «negación» (por ejemplo, niego tener en cuenta que algún intolerante puede atacarme porque no le gustan mis propuestas).

Desde que se popularizó la informática e Internet, el mundo laboral es otro muy diferente al anterior.

Quienes tenemos más de 20 años hemos recibido educación (conocimientos) de personas que no saben (o saben muy poco) lo que hoy está pasando.

El problema que estamos padeciendo no es de ignorancia sino de desconocimiento.

Tenemos todo para saber que

— debemos competir contra máquinas que emulan muchas destrezas que antes eran monopólicamente humanas,

— que tenemos que competir en forma globalizada porque muchas tareas pueden hacerla a distancia trabajadores de cualquier parte del mundo,

— que Internet nos mantiene informados en tiempo real de todo lo que ocurre en la mayor parte del planeta.

Estos datos no los ignoramos, pero los des-conocemos porque no los usamos, no los integramos a nuestra comprensión del escenario en el que nos tocó vivir porque nacimos justo ahora.

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viernes, 13 de noviembre de 2009

El árbol se atravesó en mi camino

Cuando dos vehículos chocan, es poco probable que sus conductores dialoguen en calma haciendo una valoración objetiva de las responsabilidades.

Lo probable es que acusen salvajemente al otro por la impericia, descuido e imprudencia.

Acto seguido, ambos demandarán al otro la inmediata indemnización por los daños reales y probables.

El sistema financiero ha perdido mucho dinero para aprender a cuidarse de lo que técnicamente llaman el «riesgo moral».

Denominan de esta forma al increíble cambio de actitud que tiene un cliente cuando el dinero pasa a estar en su poder.

Aquel solicitante humilde, servicial, capaz de prometer la honestidad más inconmovible, se transforma en alguien que comienza a preocuparse por otros asuntos diferentes a las promesas de cumplimiento que había realizado antes de cobrar.

Lo último que han aprendido las empresas prestamistas es que sus clientes podemos ser ubicados en diferentes categorías.

Para marcar de alguna manera tangible esa diferencia, cobran intereses diferentes. Quien ofrece mayor seguridad en la devolución del préstamo paga tasas más bajas.

Disponer de crédito equivale a disponer de dinero.

Aunque las normas contables no reconocen que nuestra credibilidad como buenos pagadores pueda considerarse un capital, en los hechos lo es.

Para acceder a ese capital (el crédito) necesitamos ser conocidos (quienes siempre compran al contado, no son conocidos) y tener una conducta confiable (pagar en fecha los compromisos asumidos).

El «riesgo moral» se manifiesta de una manera similar al choque de dos conductores pues los clientes incumplidores consideran que ellos recibieron el préstamo porque la institución se los entregó con afán de lucro.

En otras palabras, los malos clientes son también malos ciudadanos porque están seguros de que todos son responsables excepto ellos mismos.

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jueves, 12 de noviembre de 2009

Invertir en cerveza es mejor que gastar en ropa

En una pareja suele pensarse que cuando hablan libremente de sexo, han logrado toda la confianza posible.

Ellos piensan que con haberse confesado las fantasías, preferencias y expectativas más atrevidas, ya lo han logrado todo.

Esto no es así. Sobre lo que aún no han hablado lo suficiente es sobre dinero.

Cada uno posee un criterio justo (¿?) que suele no coincidir con el criterio (también justo) del otro.

Algo de nuestra cultura nos dificulta hablar de ese tema. Sólo incursionamos en él cuando no hay más remedio y ahí puede observarse qué difícil es hacerlo con serenidad.

En otros artículos he comentado que somos gobernados por dos códigos: el de la Naturaleza y el de los Hombres (1).

El tema tabú correspondiente a nuestra subordinación a las Leyes de la Naturaleza es el tema sexual, mientras que el tema tabú correspondiente a nuestra subordinación a las Leyes de los Hombres es el tema del dinero.

Seguramente existe una vinculación importante (en nuestro inconsciente) entre la sexualidad y el dinero.

También es notorio que la cultura recién ahora está incorporando mayor desinhibición en los temas sexuales.

Este blog intenta contribuir a disminuir la fuerza bloqueante que todavía nos produce el tabú del dinero, porque en la medida que podamos superarlo, podremos tener más facilidad para obtenerlo y disfrutarlo.

Pienso que un tratamiento desinhibido de los temas económicos aportará beneficios similares a los que observamos en la desinhibición respecto a los temas de la sexualidad.

Poder hablar con libertad de las fantasías, preferencias y expectativas referidas al dinero, es un paso que nos faltaría dar para que la confianza entre nosotros sea aún mayor.


(1) Menos culpa y menos estrés y Hermanos compatriotas.

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