martes, 22 de enero de 2013

El temor que provoca elegir




Algunas personas temen morir cuando tienen posibilidades de elegir, pues sienten que todo lo no elegido representa la vida misma.

No cualquiera sabe utilizar y aprovechar los beneficios que le tocan en suerte. A veces tenemos buena salud y no la sabemos aprovechar; a veces recibimos el afecto de otras personas y no las sabemos apreciar; a veces recibimos el dinero que necesitaríamos para vivir dignamente y no lo sabemos administrar.

Más grave aún: a veces recibimos el dinero que necesitaríamos para vivir dignamente y lo utilizamos para vivir mal, tristes, preocupados, deprimidos, estresados, desconfiados, angustiados.

El motivo de que esto ocurra puede ser sencillo pero se nos presenta de tal forma que no logramos captar dónde está la causa que nos impide vivir dignamente a pesar de tener los recursos suficientes.

Acompáñeme en los siguientes pasos de una posible explicación:

1 – Como le ocurre a todos, tememos a la muerte;

2 – Quienes tememos perder la vida, casi con seguridad también nos preocupe cualquier otra pérdida importante, tales como perder a un ser querido, la salud, el trabajo.

3 – Cuando no tenemos dinero tampoco tenemos opciones. Tenemos que limitarnos a las escasas posibilidades que nos permite la escasez de dinero, pero cuando tenemos una cantidad suficiente para mejorar nuestra calidad de vida hasta que sea verdaderamente digna, parte de este bienestar está asociado a poder elegir entre varias opciones.

4 – Acá aparece nuestra tragedia: puesto que elegir significa renunciar a todo lo que no elegimos, esta renuncia nos activa el mencionado temor a las pérdidas en general (punto 2), con lo cual desembocamos en la increíble paradoja según la cual, tener más dinero nos enfrenta a tener que elegir y a renunciar.

Conclusión: algunas personas se angustian cuando para elegir padecen una mortífera sensación al deselegir, abandonar, renunciar, perder.

Otras menciones del concepto «des-elegir»:


 
(Este es el Artículo Nº 1.768)

8 comentarios:

Enrique dijo...

Cuando somos demasiado exigentes con los demás, también es probable que lo seamos con nosotros mismos. Aunque también ocurre que somos muy exigentes con los otros y demasiado blandos con nosotros mismos.En el primer caso, como dice Mieres en el videocomentario, puede que tengamos grandes dificultades para tomar decisiones y por lo tanto para autosustentarnos. En el segundo caso también pueden surgir dificultades porque la excesiva exigencia con otros, cuando biene acompañada de falta de autocrítica, nos dificultará los vínculos laborales.

Olegario dijo...

Recuerdo bien el momento en el que tuve que elegir qué iba a estudiar para insertarme en el mercado laboral. Elegir un camino implicaba dejar muchos otros, morir a otras posibilidades de ocupación y por lo tanto de vida, intereses, conocimientos. Fue un momento difícil. Prové aquí y allá hasta que finalmente logré optar. Fue un proceso que me llevó 3 años.

Ingrid dijo...

La mortífera sensación de deselegir es mortificante. Sí, sí. Querríamos ser dioses; quizás por eso imaginamos dioses y creemos en ellos. Pensamos que algún día nuestra vida será tan completa como la de un dios.
La vida es hermosa, pero vista desde otro cierto ángulo, como quien mira el vaso medio vacío, pierde su belleza y se transforma en una desesperante carrera de frustraciones, de insatisfacción. Desde ese ángulo nos enfocamos más en los límites que en las posibilidades.

Roque dijo...

Podríamos hablar de la monogamia laboral. Dedicarse de lleno a una única profesión u oficio nos expone a pérdidas enormes. Se haría bastante difícil aceptar una reconversión laboral, por ej.
La monogamia laboral puede estar motivada por un enorme afán de éxito. Nos especializaremos, limitaremos nuestras posibilidades de desarrollo armónico, para crecer y escalar una única montaña.
Creo que tenemos capacidad para desarrollar varias habilidades, siempre que nuestro objetivo no sea descollar en ninguna de ellas. Eso sólo lo logran unas pocas personas muy talentosas.

Anónimo dijo...

Le temo a la muerte cuando se presenta como compulsión. Algunas veces me ha pasado eso de sentir un extraño y fuerte impulso de quitarme la vida. Lo que más me asusta es que esos impulsos han aparecido fuera de contexto, sin que yo les pudiera encontrar una explicación compartible.
Del mismo modo le temo a la compulsión al trabajo. Sé que cuando me pongo a trabajar con todas mis fuerzas soy capaz de desequilibrar mi vida a tal punto que termino perdiendo el control.
No soy pobre, pero podría ser mucho más rico. He optado por limitarme a causa de ese temor.

Silvia dijo...

Todos sufrimos pérdidas. En mi caso creo que las pérdidas han sido demasiadas. Ahora le tengo especial temor a las pérdidas. Tengo una vida tranquila y para ser sincera, aburrida. Hasta hace un tiempo deseaba más que nada la paz, y ahora que la tengo sigo desconforme. El temor a las pérdidas lo tengo más o menos manejado, pero a costa de llevar una vida chata y monótona.

Evaristo dijo...

Personas muy inteligentes y creativas usan esa inteligencia y esa creatividad contra si mismas. Se las ingenian para permanecer en un lugar lleno de carencias. Son personas que han optado por caminos difíciles, poco transitados, y les ha ido mal. Esto los llevó a perder la osadía y atrofiar sus capacidades. Incluso a veces estas personas usan su capacidad para inventar desde el inconsciente, refinadas formas de inmovilizarse.

Diana dijo...

A mí me asusta no poder con todo. Se me ocurren montones de ideas que me entusiasman y el escollo está en que le temo a la responsabilidad. Si no puedo sostener lo que empiezo, sé por experiencia que luego me siento muy mal.
Podría tener dos trabajos y un buen pasar. No lo hago a causa de ese temor.