Imaginemos dos nenes con sus madres. Uno llora porque siento el dolor propio del hambre y en cinco minutos cuenta con un seno lleno de leche tibia y deliciosa que le quita el dolor produciéndole por eso un enorme placer. El otro llora durante veinte minutos para obtener el mismo resultado.Dada su corta edad, ninguno de los dos sabe del otro y por eso no pueden hacer comparaciones. Por ejemplo, el que tiene que llorar durante veinte minutos no sabe que hay otro pequeño igual que él que logra lo mismo con la cuarta parte de esfuerzo (llorar y soportar el dolor del hambre).
Como usted y yo ahora somos adultos, podemos entender que si estos niños hubieran podido saber del otro y comparar, se habrían enterado de que para uno las cosas son más sencillas que para el otro.
Se puede suponer que una mayoría de personas prefiere conseguir lo que necesita con la mayor facilidad posible y que una minoría de personas prefiere conseguir lo que necesita con la mayor dificultad posible.
Se puede suponer que así como existen madres que pueden atender el llanto de su niño en 5 minutos (mientras que otras no pueden hacerlo en menos de 20 minutos), también existen regiones, países, gremios, que exigen distintos grados de dificultad para obtener lo necesario para vivir (salarios, honorarios, ganancias) y que por eso las personas buscan dentro del planeta el lugar que más les conviene para radicarse y trabajar.
Los pequeños no tienen tanta suerte porque «madre hay una sola».
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