domingo, 7 de diciembre de 2008

Madre hay una sola

Imaginemos dos nenes con sus madres. Uno llora porque siento el dolor propio del hambre y en cinco minutos cuenta con un seno lleno de leche tibia y deliciosa que le quita el dolor produciéndole por eso un enorme placer. El otro llora durante veinte minutos para obtener el mismo resultado.

Dada su corta edad, ninguno de los dos sabe del otro y por eso no pueden hacer comparaciones. Por ejemplo, el que tiene que llorar durante veinte minutos no sabe que hay otro pequeño igual que él que logra lo mismo con la cuarta parte de esfuerzo (llorar y soportar el dolor del hambre).

Como usted y yo ahora somos adultos, podemos entender que si estos niños hubieran podido saber del otro y comparar, se habrían enterado de que para uno las cosas son más sencillas que para el otro.

Se puede suponer que una mayoría de personas prefiere conseguir lo que necesita con la mayor facilidad posible y que una minoría de personas prefiere conseguir lo que necesita con la mayor dificultad posible.

Se puede suponer que así como existen madres que pueden atender el llanto de su niño en 5 minutos (mientras que otras no pueden hacerlo en menos de 20 minutos), también existen regiones, países, gremios, que exigen distintos grados de dificultad para obtener lo necesario para vivir (salarios, honorarios, ganancias) y que por eso las personas buscan dentro del planeta el lugar que más les conviene para radicarse y trabajar.

Los pequeños no tienen tanta suerte porque «madre hay una sola».

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sábado, 6 de diciembre de 2008

Compras que empobrecen

En el artículo de ayer titulado «La historia se repite» nos encontramos con un Aristóteles que decía cosas que para la mentalidad hipócrita de hoy suenan terribles (en cuanto a la legitimidad de la esclavitud y a la subordinación de la mujer al hombre).

Ese mismo filósofo (cuya fama actual obedece a que fue el primero en decir lo que hoy se sigue pensando) tenía dos criterios respecto al cobro de intereses.

Si alguien pide un préstamo para hacer un negocio o para realizar una producción cuya venta le generará ganancias, es legítimo que el prestamista participe en esas ganancias (cobrándole interés), pero si el préstamo se produce por la diferencias de poder económico (el rico le presta al pobre), no es ético cobrarle intereses porque él entendía que esto era lucrar con la dificultad de un semejante.

Ayer nos pudo parecer terrible lo que postulaba el padre de la filosofía sobre esclavos y mujeres, pero ahora podemos pensar que la actualidad es un poco peor porque aceptamos que se cobren intereses por préstamos al consumo.

En estas fiestas que se avecinan, muchas personas se endeudarán (comprando a crédito o pidiendo un préstamo en una financiera) para comprar una cantidad de bienes y alimentos que seguramente se agotarán antes de terminar de pagarlo.

Nadie debería endeudarse para comprar bienes de rápido consumo porque estarán agravando las dificultades económicas que lo llevaron a tener que pedir un préstamo. Estos productos financieros son definitivamente empobrecedores de quienes los compran debido a los intereses que deben pagarse.

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viernes, 5 de diciembre de 2008

La historia se repite

El presente siempre contiene residuos del pasado y por eso puede ser interesante conocer algo de historia.

Transcribo a continuación un texto de alguien muy conocido.

«Los de más baja índole son esclavos por naturaleza, y ello redunda en su benenficio, pues como a todos los inferiores, les conviene estar bajo el dominio de un amo... En verdad, no hay gran diferencia entre la utilización de los esclavos y la de los animales domesticados»

Y añade:

«Es pues evidente que algunos hombres son por naturaleza libres y otros esclavos, y que para estos últimos la esclavitud es a la vez conveniente y justa» y redondea incluyendo el siguiente asunto: «Una vez más, el varón es por naturaleza superior, y la hembra, inferior; y mientras que uno domina, la otra es dominada; este principio, necesariamente se extiende a toda la humanidad».

Estas ideas están escritas por Aristóteles (384 a.C a 322 a.C) en su obra titulada Política (Libro 1).

La redacción del texto hoy suena cruel, dura e indignante, pero considerando que proviene de hace 24 siglos, me parece que sólo hemos cambiado algunas formas pero los contenidos se mantienen.

Hay personas que viven igual o peor que algunos animales, una mayoría de personas prefiere trabajar para un patrón y rehusa enérgicamente ser independiente y , si bien es cierto que algunas mujeres están ocupando lugares similares a los hombres, una mayoría desearían pertenecer a un hombre pero lo niegan porque es difícil encontrar un hombre que no quiera ser esclavo.

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jueves, 4 de diciembre de 2008

Mamás que trabajan

¿Deben trabajar las madres con hijos pequeños?

Dos grandes respuestas tengo para darles.

1) Si a la sociedad le conviene que trabajen, es maravilloso que lo hagan.

2) Si a la sociedad no le conviene que trabajen, es condenable que lo hagan.

No les habré aclarado mucho pero reconozcan que son respuestas bien claras.

Dejando un poco de lado el humor, podemos ver que en la mayoría de las elecciones entre dos (o más) opciones, siempre existen cosas buenas y malas en ambas y que cuando se elije una, inevitablemente se pierden la ventajas de la otra.

Por lo tanto, haga lo que haga, siempre tendrá de qué quejarse y de qué alegrarse. Aceptando que la perfección no existe, esa queja podrá ser más moderada y no verá tan comprometida su estabilidad emocional.

E insisto en las demandas de cada coyuntura histórica. Por ejemplo, en épocas de guerra fue fundamental que las mujeres con hijos trabajen, pero cuando los hombres regresaron del frente de batalla, fue muy necesario que ellas retornaran a sus casas para que ellos tuvieran una ocupación de tiempo completo pues venían recargados de adrenalina y si no se ocupaban en algo, enloquecían.

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miércoles, 3 de diciembre de 2008

La gimnasia consumista

Nuestro cuerpo, cuando goza de buena salud, está permanentemente haciendo transacciones económicas.

Recibe alimentos (aire, líquidos, sólidos) y los transforma en energía para solventar los gastos que hace el dueño del cuerpo para conseguir esos mismos alimentos.

Nuestro cuerpo no para de trabajar. No sería justo decir que es como una máquina porque en realidad inventamos las máquinas copiando el funcionamiento de nuestro cuerpo.

Los desarreglos orgánicos se parecen mucho a los desarreglos económicos. Cuando gastamos más de lo que ganamos, nos empobrecemos. Cuando comemos menos de lo necesario, nos debilitamos.

Esta comparación entre la economía doméstica y la alimentación está presente en nuestros inconcientes pero nuestra cultura no acostumbra asociarlos y por lo tanto los consideramos temas independientes, desvinculados entre sí.

Les comento un argumento para fundamentar mi intención de comparar la economía doméstica con el funcionamiento de nuestro cuerpo.

En nuestra cultura está de moda —desde hace más de 100 años—, la delgadez (esto es, ingerir lo imprescindible) y también está de moda no ahorrar, esto es, ganar lo imprescindible.

Para mantenernos en forma, está de moda hacer mucha actividad física, es decir, gastar y gastar energía voluntariamente. Simultáneamente también está de moda comprar todo lo posible, consumir, gastar y gastar dinero voluntariamente.

La moda es tener cuerpos y billeteras lo más «flacas» posible. La gran pregunta es: ¿Nos conviene seguir esta moda o esta moda sólo le sirve a quienes utilizan su poder de generar tendencias culturales con fines de aumentar sus patrimonios?

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martes, 2 de diciembre de 2008

Gracias a Dios soy ateo

Muchos lectores me han hecho saber sus discrepancias sobre las hipótesis que se basan en las creencias cristianas para explicar algunos tipos de pobreza.

Sus principales argumentos apuntan a que existen muchos pobres que son ateos, otros que no conocen nada sobre la biografía de Cristo y otros que, aún creyendo en la existencia de un Dios, están por fuera de toda religión.

Con la precaución de conservar siempre algo de duda sobre la validez intelectual de lo que pienso, en este caso puede ser interesante compartir con ustedes que, habiendo comenzado el mes de diciembre, ya es notoria la aparición del espíritu navideño.

Gran parte de la población mundial comienza a prepararse para que se produzca un cambio de hábitos durante unos cuantos días.

Es probable que el principal motor de toda esta revolución de nuestra especie sea pura y exclusivamente el sector comercial e industrial que se prepara para aumentar su actividad y sus ganancias.

Esta efervescencia la vivimos todos en mayor o menor medida, recordemos o no que se origina en un fenómeno místico, mágico, milagroso, carismático, religioso.

El brusco cambio de intensidad emotiva, sentimental, económica y digestiva no es un hecho menor en nuestras existencias que son mucho más monótonas y repetitivas el resto del año.

Los invito entonces a pensar que nuestras vidas están estrechamente vinculadas con el cristianismo, independientemente de nuestra posición religiosa.

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lunes, 1 de diciembre de 2008

Las inundaciones de dinero perjudican a los pobres

Cuando los españoles descubrieron América a finales del siglo 15 provocaron algo muy perjudicial para los asalariados de toda Europa.

Puesto que los metales preciosos (fundamentalmente oro y plata) comenzaron a entrar a España en cantidades enormes, el precio de estos metales bajó. Esta es una regla clásica de la economía: cuando algo abunda disminuye su precio y cuando escasea, aumenta su precio.

Como también sucede actualmente, esas fortunas traídas de América fueron a parar a los reyes y a pocas personas más, pero estas pocas personas comenzaron a pagar precios muy altos por cualquier cosa que quisieran comprar, incluidos los alimentos.

Los precios de los alimentos en Europa, a los pocos años del descubrimiento, llegaron a multiplicarse por tres, pero no aumentaron en la misma medida los ingresos fijos de los asalariados. Por este motivo éstos se vieron perjudicados por la proeza de Colón.

Hoy tenemos otro fenómeno parecido al descubrimiento de América, que —por supuesto— también perjudica a los asalariados. China e India, que son los países con mayor población de la Tierra, están aumentando su poder adquisitivo y por eso los precios de los alimentos están subiendo para todos nosotros.

El objetivo de este artículo es señalar que pertenecer al grupo de los trabajadores con ingresos fijos y dotados de la menor cuota de poder (fundamentalmente por la ausencia de sindicatos fuertes), fue, es y seguirá siendo un mal negocio.

Este blog procura que ese lugar que ocupan los pobres de una sociedad, quede desierto de potenciales víctimas, así como sería bueno que las zonas inundables no estén pobladas por personas como usted y como yo.

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