jueves, 26 de enero de 2012

Primero gratis y después imprescindible - (Artículo Nº 1.445)

La Ley S.O.P.A. puede responder a un Plan de Negocios de quienes venden lo que una mayoría pirateamos.

Hablemos un poco del integrante de la Cámara de Representantes norteamericana Sr. Lamar Smith.

Este buen hombre presentó un proyecto que está siendo analizado (enero de 2012) en medio de un escándalo mundial.

Su propuesta consiste en «detener la piratería informática por Internet» (Stop Online Piracy Act – S.O.P.A.).

De más está decir que la piratería ya está prohibida desde que se popularizó su uso, esto es, hace más de dos mil años.

La piratería es una forma de robo (1) por asalto, ya sea entre navíos o entre navegantes (de Internet).

Permítanme incorporar un breve comentario que necesitaré para luego presentarles mi hipótesis.

Un Plan de Negocios es la guía que hacen los emprendedores más prolijos y que consiste en, por ejemplo:

1º) Suponer que a la gente le gustaría comer hamburguesas;
2º) Comprar máquinas adecuadas para preparar hamburguesas;
3º) Conseguir un local para fabricarlas y venderlas;
4º) Hacer publicidad;
5º) Esperar un tiempo razonable para empezar a recibir ganancias.

Este tiempo se parece al que necesita cualquier árbol frutal. Un manzano, por ejemplo, se toma alrededor de diez años para producir manzanas. Mientras tanto hay que cuidarlo, agregarle nutrientes, protegerlo de las plagas. O sea que un manzano no solamente no produce manzanas sino que genera gastos.

Con esta idea del Plan de Negocios, es posible pensar que este proyecto de ley norteamericano, (S.O.P.A.), corresponde a una etapa prevista en el Plan de Negocios de quienes venden contenidos informáticos (imágenes, software, música, videos) entregables por Internet.

Si el Congreso norteamericano finalmente aprobara el proyecto del Sr. L. Smith, comenzarían a cobrarnos lo que nos han estado «entregando» gratuitamente para hacernos dependientes de su uso, aunque nosotros creíamos estar pirateándolo.


(1) Sobre la piratería informática

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miércoles, 25 de enero de 2012

Sobre la piratería informática - (Artículo Nº 1.444)

La piratería informática es un robo por donde se lo mire pero nos indignamos contra sus víctimas porque reclaman.

En 2006 un taximetrista de Arizona - EEUU, (Jeffrey Howell), fue demandado en cuarenta mil dólares por las compañías discográficas cuando se enteraron que este señor había cargado en su computadora unos CD’s de música originales comprados en su tienda discográfica.

El formato MP3 es ideal para comprimir archivos de música y los programas P2P (point-to-point), tales como Ares o Emule son ideales para que el contenido de un CD original se replique infinitas veces de tal forma que si aquel taximetrista, Jeffrey Howell, hizo el gasto de aproximadamente U$S 15.- para disfrutar de diez o doce canciones de su cantante predilecto, yo, desde Montevideo, no tengo por qué gastarlos también.

Por su parte, esta inocente operación de bajar música de Internet,

— genera ahorros significativos a los internautas;
— difunde el arte como nunca antes en la historia de la humanidad;
— populariza el talento de los artistas como nunca antes en la historia de la humanidad;
— provoca un robo por un monto nunca antes alcanzado en la historia de la humanidad, pues con los U$S 15.- que gastó Jeffrey Howell, casi todos disfrutamos del talento de un artista gratuitamente.

¿De qué viven los cantantes, músicos y compositores? Viven de lo que recaudan en los conciertos en vivo.

¿De qué viven las compañías discográficas y los comerciantes que venden al por menor? De los CD’s originales que compran quienes son tan visibles que no pueden robar como los internautas: Radios y Salones de Baile.

Seis años después de aquel fatídico 2006 para Jeffrey Howell, las víctimas de este robo mundial (artistas, compositores, compañías discográficas) vuelven a la carga, provocando un escándalo generalizado de los indignados ladrones, uno de los cuales soy yo mismo.

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martes, 24 de enero de 2012

La venta compulsiva de ilusiones - (Artículo Nº 1.443)

Los gobiernos populistas les venden a los ciudadanos una sensación de bienestar a precios tan elevados que los empobrecen.

La búsqueda de la felicidad está alentada por la esperanza.

Si expresamos esto mismo en términos más gráficos, el burro (ser humano) se mueve (busca) porque persigue una deliciosa zanahoria (felicidad) que avanza junto con él (esperanza).

Tener estas creencias tan infantiles no depende ni de la inteligencia, ni de los conocimientos, ni de la madurez emocional de cada uno.

La inteligencia, los conocimientos y la madurez emocional están al servicio de buscar y encontrar argumentos que fundamenten el libre albedrío, según el cual tenemos la libertad de hacer responsablemente todo lo que queramos.

Alguien que dispone de esta ilusoria libertad, puede vivir prácticamente en la miseria con tal de creer que tiene lo suficiente para ser permanentemente feliz.

Por ejemplo, puede gastarse todo el dinero que gana en comprar bienes suntuarios (joyas, automóviles, vestimenta).

También puede canjear un trabajo de buena remuneración por otro peor pagado pero más seguro.

Pensemos así: Un trabajador cobra 1.000 en una empresa (fábrica, comercio) pero lo cambia por un empleo público donde cobra 800.

Es posible afirmar que este trabajador gana lo mismo en ambas ocupaciones aunque en la empresa estatal le cobran 200 por concepto de seguro contra riesgo de desempleo.

Parece ser una ley humana, independiente del sistema económico vigente (capitalismo o socialismo), que la seguridad (falta de riesgo), tiene un costo inevitable.

Los gobiernos populistas ofrecen a sus pueblos lo mismo que ofrecen los gobiernos no-populistas, sin embargo el resultado final es diferente.

Los gobiernos populistas les venden a sus pueblos de forma compulsiva un conjunto de sensaciones (intangibles) a precios tangibles (dinero, confort).

Estos pueblos se empobrecen porque compran obligatoriamente sensaciones de honor, esperanza, heroísmo, superioridad racial, ideológica y ética.

Nota: el vocablo «populismo» tiene muchos significados. En este artículo califica a los gobernantes que hacen decir a sus votantes: «Estamos peor pero nos sentimos mejor».

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lunes, 23 de enero de 2012

El patrimonio es un rasgo anatómico - (Artículo Nº 1.442)

La cantidad de dinero que buscamos y obtenemos está determinada por los requerimientos orgánicos de cada uno.

Tengo mis dudas de que algún día lleguemos a saber cómo funcionamos los seres vivos.

Por ahora tenemos unas cuantas ideas que sólo resultan sorprendentes si las ponemos al lado de la ignorancia total, pero que se convierten en unas pocas nociones si las ponemos al lado de todo lo que nos falta conocer de nuestra especie y su vinculación con el medio ambiente.

Pondré un solo ejemplo que es el que me tiene muy conmovido porque esta mañana me avisaron que falleció el hijo menor de un compañero de trabajo.

Este joven de 19 años participaba en una carrera de autos («picada») con otros amigos que se reúnen en una avenida de esta ciudad.

No sé realmente por qué estos jóvenes se arriesgan hasta el punto de que, cada tanto, alguno de ellos muere aplastado por los hierros de su automóvil.

Tengo una hipótesis que comparto con ustedes.

Estos muchachos necesitan dosis extra de adrenalina. Sus cuerpos reclaman excitación fuerte. Si no la tienen, se deprimen, se enferman. Esta adrenalina la obtienen corriendo riesgos con su auto precisamente porque cada tanto uno de ellos muere o queda cuadripléjico.

El desenlace trágico es el verdadero activador de estas prácticas que entristecen a todos quienes nos enteramos.

Una hipótesis bastante confiable, que intenta corregir la falta de conocimientos mencionada al principio, es que cada uno de nosotros funciona con insumos genéricos (comida, abrigo, amor) más otros especiales de cada uno (riesgo, dolor físico, conflictos sociales).

Según esta hipótesis, la disponibilidad de dinero también es un insumo especial de cada uno. Algunos necesitan la abundancia, otros la moderación, otros la escasez.

Para no enfermar, tarde o temprano conseguimos lo que el cuerpo nos exige.

Artículo vinculado:

La armonía global de la que dependemos

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domingo, 22 de enero de 2012

Dificultades para cobrar lo que nos deben - (Artículo Nº 1.441)

Inconscientemente podemos propiciar que nuestros deudores demoren en pagarnos lo que nos deben.

El dinero tiene valor

— por el poder de compra que nos confiere,
— por el esfuerzo que nos cuesta ganarlo y también
— por el esfuerzo que nos cuesta cobrarlo.

Las personas que pagan lo que nos deben con retraso o imponiéndonos dificultades, demoras, esperas, llamadas recordatorias, indirectamente le aumentan el valor subjetivo que le asignaremos a ese dinero el día que lo cobremos.

Acá corresponde hacer un comentario antes de continuar desarrollando la idea.

Según parece, podría ser cierto lo que dice el psicoanálisis en cuanto a que existe una parte de nuestra psiquis que nos es desconocida pero que tiene una gran influencia en nuestras creencias, percepciones, opiniones, gustos, criterios, sensaciones subjetivas.

En otras palabras, si aceptáramos la existencia de esta parte desconocida de nuestra psiquis, también aceptaríamos la hipótesis según la cual podemos tener una buena opinión de algo que inconscientemente descalificamos y podemos tener una mala opinión de algo que en el fondo preferimos.

Hecha esta aclaración, es posible sugerir que si bien es cierto que a nadie le gusta (conscientemente) estar perdiendo tiempo y energía para cobrar lo que otro nos debe pagar, en el plano inconsciente puede ocurrir que esas dificultades para recibir lo que ya es nuestro, hacen que subjetivamente (inconscientemente), le agreguen valor a ese dinero que tanto nos cuesta cobrar.

Dicho de otra forma: Si dos personas nos deben 1.000 y una nos paga en el momento acordado, sin causarnos mayores dificultades y otra nos impone todas las molestias y demoras imaginables, conscientemente estaremos furiosos con el moroso (demorón, incumplidor), pero inconscientemente podemos terminar sintiendo que los 1.000 recibidos de este parecen más valiosos y que por lo tanto nos gratifican (premian, agradan) más que los 1.000 recibidos puntualmente.

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sábado, 21 de enero de 2012

Nuestro derecho a pagar y a que nos cobren - (Artículo Nº 1.440)

Pagar por los bienes o servicios recibidos es un derecho del comprador (dije DEL COMPRADOR).

Imaginemos una pequeña comunidad de veinte o treinta personas, de tal forma que todos se conocen e interactúan entre sí.

En las fiestas acostumbran reunirse como una gran familia.

Cuando la señora que sabe coser le hace un vestido a la hija de otro vecino que cumplirá 15 años, lo hace con gran satisfacción porque la madre de la niña cuidó al padre de la modista cuando el hombre estuvo enfermo.

Hasta ahora nadie tiene que preocuparse por conseguir fiambres y embutidos porque los Pérez, cada vez que faenan animales y procesan su carne, reparten entre todos sus proteínicos alimentos.

Nadie teje mejor que «la abuela Rosa» (así le dicen a una de las fundadoras de la comarca). Ella es capaz de crear hermosos abrigos, tanto sea con dos agujas como con una sola de crochet.

Estos intercambios son muy satisfactorios para algunos pero generan ansiedad en otros.

Efectivamente, algunos vecinos están muy pendientes de no abusar de los demás. Aprecian tanto el valor de un corte de cabello, o la comodidad de un excelente par de botas, o la vocación y cariño con que la maestra le enseñó a multiplicar a su hijo, que nunca tienen la tranquilidad de retribuir adecuadamente.

En otras palabras, los vecinos que más valoran los bienes y servicios recibidos generosamente de los otros, se sienten siempre en deuda, temen incurrir en abusos, se afligen pensando que están explotando la bondad ajena.

En esta comarca imaginaria ocurrió que los vecinos tuvieron que prohibir las donaciones y establecer que toda entrega de bienes o servicios sea cancelada en el momento a un precio que conforme a las dos partes para que nadie se mortifique sintiéndose eternamente endeudado (o abusado).

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viernes, 20 de enero de 2012

El dinero parece un comodín - (Artículo Nº 1.439)

El dinero cumple una función similar a la que cumplen los comodines de las barajas.

Los naipes (barajas) son cartulinas rectangulares de 10 x 7 centímetros, que de un lado tienen imágenes que las diferencian unas de otras y del lado opuesto tienen una única imagen que las iguala. De un lado son todas distintas y del otro lado son todas iguales.

Estas cartulinas permiten practicar juegos que pueden llegar a ser apasionantes. El atractivo de esos juegos está en que metafóricamente emulan situaciones dramáticas de nuestra existencia real.

Básicamente los jugadores compiten entre sí como compiten por el amor de los padres, por la valoración social, por el dinero.

Los jugadores también deben aplicar estrategias, engaños, poder de observación, audacia, tolerancia a la frustración, ... como en la existencia real.

Ese conjunto de cartulinas (naipes, barajas) incluyen dos especiales que se denominan comodines o jókers.

Estas cartas se usan en los juegos donde existen naipes polivalentes, que cumplen la función que mejor convenga al jugador. Este puede usarlas para remplazar cualquier baraja que necesite para ganar.

De más está decir que el jugador que recibe un comodín debe sentirse afortunado porque sus posibilidades de ganar aumentan significativamente.

Con este antecedente, vayamos ahora a lo que es la existencia real.

La angustia existencial está provocada por la ansiedad, preocupación, dolor e incertidumbre que nos provocan las carencias: de amor, dinero, alimento, vivienda, salud, y en última instancia de la vida misma.

Cuán afortunado se sentiría alguien que en «el juego de la vida», como si fuera con barajas, recibiera un comodín, un jóker, la posibilidad de resolver infaliblemente cualquiera de esas angustiantes carencias.

Para quitarnos estos malestares, nuestra fantasía crea sus comodines con los cuales logramos un alivio gratificante.

Me refiero a los fetiches, amuletos, ídolos, talismanes y el dinero.

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