sábado, 21 de enero de 2012

Nuestro derecho a pagar y a que nos cobren - (Artículo Nº 1.440)

Pagar por los bienes o servicios recibidos es un derecho del comprador (dije DEL COMPRADOR).

Imaginemos una pequeña comunidad de veinte o treinta personas, de tal forma que todos se conocen e interactúan entre sí.

En las fiestas acostumbran reunirse como una gran familia.

Cuando la señora que sabe coser le hace un vestido a la hija de otro vecino que cumplirá 15 años, lo hace con gran satisfacción porque la madre de la niña cuidó al padre de la modista cuando el hombre estuvo enfermo.

Hasta ahora nadie tiene que preocuparse por conseguir fiambres y embutidos porque los Pérez, cada vez que faenan animales y procesan su carne, reparten entre todos sus proteínicos alimentos.

Nadie teje mejor que «la abuela Rosa» (así le dicen a una de las fundadoras de la comarca). Ella es capaz de crear hermosos abrigos, tanto sea con dos agujas como con una sola de crochet.

Estos intercambios son muy satisfactorios para algunos pero generan ansiedad en otros.

Efectivamente, algunos vecinos están muy pendientes de no abusar de los demás. Aprecian tanto el valor de un corte de cabello, o la comodidad de un excelente par de botas, o la vocación y cariño con que la maestra le enseñó a multiplicar a su hijo, que nunca tienen la tranquilidad de retribuir adecuadamente.

En otras palabras, los vecinos que más valoran los bienes y servicios recibidos generosamente de los otros, se sienten siempre en deuda, temen incurrir en abusos, se afligen pensando que están explotando la bondad ajena.

En esta comarca imaginaria ocurrió que los vecinos tuvieron que prohibir las donaciones y establecer que toda entrega de bienes o servicios sea cancelada en el momento a un precio que conforme a las dos partes para que nadie se mortifique sintiéndose eternamente endeudado (o abusado).

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11 comentarios:

Luis Rubén dijo...

Excelente Fernando, que bueno que ya regresó de sus vacaciones!!! Saludos

Ingrid dijo...

Creo que la invención del dinero no ha sido suficiente para evitar los abusos.

Evaristo dijo...

El dinero ha sido una solución ingeniosa para facilitar los intercambios. Seguramente podrán facilitarse mucho más aún cuando los humanos aprendamos a ser más felices.

Rodolfo dijo...

Es penoso sentirse endeudado cuando no se sabe cuando, ni como se devolverá el favor recibido. Acertadamente sabemos que nada es gratis, y que el discurso verbal no coincide con el del corazón. Hasta que uno no paga se siente amenazado por una exacerbada paranoia.

Marcos dijo...

Son pocas las veces que la vida me rueda tan bien como para pagar espontáneamente todas mis deudas en tiempo y forma. Sin la presión coercitiva, es seguro que retrasaría mis pagos, aún sintiéndome mal.

Mariana dijo...

Cuando la humanidad se organice sin necesidad del dinero, será muy simple. Los muchachos no podrán entender cómo aquella gente lograba vivir bajo tanta presión.

Diana dijo...

A veces no sentimos la necesidad de retribuir porque creemos que jamás se nos ha beneficiado.

Lucas dijo...

Si yo estuviera en la Comisión de esa comarca, mandaría a los vecinos ansiosos a terapia y mantendría el dinero lejos.

Adriana dijo...

Imagino que a los más ansiosos les habrá costado establecer un monto de pago que los deje conformes. Si estás demasiado pendiente de lo que das y lo que recibís, te enredás más de lo necesario.

Alicia dijo...

Tenemos que reglar todo porque no sabemos autoregularnos.

Alejandro dijo...

Estoy tan acostumbrado al anonimato de la ciudad, que creo me sería imposible disfrutar del compromiso afectivo y la convivencia con tantas personas.