martes, 7 de febrero de 2012

La salud depende de la coherencia - (Artículo Nº 1.457)

La salud física y mental depende de la coherencia entre lo que somos, pensamos y hacemos.

Fabrico un jabón para uso humano, especial para la ducha y las manos.

Me fue bien hasta que los competidores empezaron a «golpearme».

Mis ventas fueron muy gratificantes los dos primeros años de ventas en el mercado, pero los otros fabricantes quizá se sintieron perjudicados o desafiados y comenzaron a promocionar sus productos similares al mío con especial agresividad.

Agresividad que se expresaba en dos «frentes»: con mayor publicidad y con menor precio.

Tan fuertes fueron para mí sus «golpes» que me obligaron a pensar seriamente en la creación de otro producto de menor costo para competir con los colegas.

Finalmente opté por hacer una pequeña trampita: disminuí los costos directamente sobre el jabón que ya tenía cierta aprobación en el público. Lo hice de tal forma que nadie se diera cuenta: insumos más baratos, envoltorio más económico y una publicidad un poquito exagerada, para lograr una recuperación en las ventas que le trajera más tranquilidad a los números (gastos, rentabilidad, liquidez).

Cinco años después de haber hecho esta «trampita», estoy viendo que los resultados fueron buenos en los números pero algo fue cambiando en mi vida tan paulatinamente que cuando quise acordar me encontraba negociando con mi esposa cómo nos repartimos los bienes gananciales porque ella quería terminar con el vínculo lo antes posible.

¿Qué habrá ocurrido?, me pregunté con la angustia que todos se imaginan.

La culpa la tiene la, pocas veces reconocida, coherencia humana.

Hoy estoy convencido de que aquella «trampita» con el jabón tuvo que integrarse a mi vida y, sin darme cuenta también hice «trampitas» en otras actividades, inclusive la afectiva.

Nuestra sagrada salud física y mental depende de una coherencia entre lo que somos, pensamos y hacemos.

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lunes, 6 de febrero de 2012

La pobreza como proveedora infalible - (Artículo Nº 1.456)

Que sea difícil de creer es parte de una estrategia natural para que busquemos dosis de dolor necesarias para perpetuar el «fenómeno vida».

No estar enterado de algo puede tener varias causas. Por ejemplo:

— la consecuencia de una falta de oportunidad para acceder a la fuente del conocimiento; o

— la consecuencia de una falta de interés por el asunto que ignoramos; o

— la consecuencia de una estrategia. En este caso, la ignorancia es una acción positiva, enérgica, deliberada.

El verbo «deshacer» significa la acción de romper, desarmar, destruir. El mismo verbo «desarmar» significa la acción contraria a armar. Por eso el verbo «desconocer» no significa solamente «ignorar» como suele interpretarse sino más bien «la acción deliberada de quitar de nuestra mente un saber, un recuerdo, una información».

En psicoanálisis hacemos especial hincapié en el «desconocimiento» pues parte de nuestros problemas está en que no nos escuchamos. El psicoanalista tiene como una de sus tareas señalarle al paciente qué está diciendo sin darse cuenta.

Cuando esto ocurre el paciente suele sorprenderse: «¿Yo dije eso?»

La sorpresa en el caso del desconocimiento está en que el paciente cree que jamás se opondría conscientemente a saber mucho, a estar bien informado, a conocerse profundamente.

En otro artículo (1) les comento que los humanos buscamos el dolor tanto como los alimentos y agrego ahora, como el abrigo, el amor, el placer, el descanso, la seguridad.

Algunas posibles explicaciones de este paradójico fenómeno son, por ejemplo:

— nuestro cerebro reclama múltiples excitaciones para funcionar bien;

— el dolor realza el placer por contraste;

— la naturaleza se vale del dolor para estimular el «fenómeno vida» (2);

— el dolor nos aporta sensaciones de estar vivos, muy sutiles, pero apreciables.

Hipótesis: Para obtener esa dosis saludable de dolor, algunos recurren a la pobreza como proveedora infalible.

(1) Necesitamos dolor y alimentos

(2) El «fenómeno vida» está ampliamente desarrollado en el Blog Vivir duele 

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domingo, 5 de febrero de 2012

El secreto de algunos éxitos - (Artículo Nº 1.455)

Somos educados para ser generosos pero nuestra formación no incluye hasta qué punto es inteligente esa generosidad.

Si ordenamos el precio que tienen las empresas de mayor a menor, nos encontramos con que Google está en la cima: ninguna otra empresa tiene un éxito mayor.

Esto es justificado motivo de orgullo para sus creadores, Larry Page (EEUU -1973 - ) y para Sergey Brin (Rusia – 1973 - ), aunque paradójicamente esta mega empresa no tiene precio porque nadie podría comprarla.

Estos ingenieros usan las matemáticas para potenciar permanentemente el motor de búsqueda que devuelve en segundos millones de posibles respuestas, con un elevadísimo grado de acierto, a las consultas más variadas.

Lograron desarrollar un sistema informático que maneja todos los sitios webs públicos (Facebook, por ejemplo, no es una web pública porque los usuarios protegen sus cuentas con una contraseña).

Tengo la certeza de que este excelente sistema informático perdería valor si sus fórmulas pudieran ser conocidas, pero uno de los motivos por los que Google es la empresa más valiosa es que esas fórmulas son secretas.

El caso se parece a la fórmula química de Coca-Cola, producto que indudablemente es tan popular porque la empresa nunca dejó de publicitarlo y de hacer enormes reinversiones de sus utilidades en auspiciar eventos y en mostrarse, pero parece innegable que si la fórmula del jarabe no fuera secreta, Coca-Cola tendría un éxito menor ... si es que aún existiera.

Aunque ni usted ni yo necesitamos poseer una empresa top para disfrutar dignamente de la vida, puede sí interesarnos considerar estos dos casos para preguntarnos si la generosidad es o no conveniente y en caso afirmativo, hasta qué punto es inteligente compartir nuestros descubrimientos inherentes a nuestro oficio, a nuestras técnicas de comercialización, a nuestras acciones para darnos a conocer.

Otras menciones del concepto «éxito»:

El mercado capitalista y el mercado socialista

Con éxito existo

Otras menciones del concepto «secreto»:

Los agentes secretos

Causa lingüística de la pobreza patológica

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sábado, 4 de febrero de 2012

Lo que falta parece invisible - (Artículo Nº 1.454)

Se gana dinero construyendo «lo que no hay» pero nos educan para conocer «lo que sí hay».

En otro artículo (1) comenté que no es tan importante saber qué dicen las leyes sino que lo importante es saber qué no dicen.

Esto está planteado así porque todas las leyes refieren a obligaciones o a prohibiciones, con las cuales sólo podemos tener gastos, pérdidas, o impedimentos para nuestra actividad económica.

Los humanos somos proclives a pensar que el conocimiento compuesto por abundancia de datos (información, teorías, opiniones) es rentable.

Algo que nadie nos enseña es a «percibir» lo que no está.

En base a esta situación, que pocas veces tomamos en cuenta, es que no podemos desarrollar la capacidad de entender el conjunto para poder luego discernir qué falta a partir de lo que la información nos dice que está.

Por ejemplo, cuando vemos la palabra «dineo» descubrimos que falta la «r» porque conocemos la palabra completa. Lo mismo ocurre con una serie de números: 2-4-6-8-12. Entendemos que es un conjunto de número pares y que falta el «10».

Normalmente nos percatamos de una ausencia, cuando conocemos su existencia y tenemos necesidad de ella. Por ejemplo, nos damos cuenta que en el refrigerador repleto de alimentos no hay leche si vamos en busca de ella y no la encontramos.

Sin embargo, cuando tenemos que conseguir una fuente de ingresos (para autosustentarnos, para fundar una familia), casi seguramente nos prepararemos para conocer todo lo que siempre hay (leyes, teorías económicas, técnicas de mecánica, idiomas extranjeros), pero nadie nos desarrolla la capacidad de «percibir lo que falta».

Estos hechos explican por qué es tan difícil ser innovador, encontrar qué hacer sin ser empleados por un empresario y descubrir cuál es la demanda insatisfecha cuya satisfacción podría darnos ocupación rentable.


Nota: Si nadie te lo informara, sería difícil que vieras al hombre que nos mira desde las semillas de café.

(1) El conocimiento intuitivo y la salud mental

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viernes, 3 de febrero de 2012

El conocimiento intuitivo y la salud mental - (Artículo Nº 1.453)

Es inútil saber de leyes si no desarrollamos la capacidad intelectual para deducir (imaginar, discernir, intuir) qué está permitido.

Conocemos la frase «La ignorancia de la ley no exime su aplicación». (1)

En otras palabras: Estamos sometidos al imperio de la ley independientemente de que sepamos de ella.

Una frase menos famosa pero igualmente conocida, dice: «Quien avisa no traiciona».

En este caso se está diciendo exactamente lo contrario: sería una forma de traición exigir algo sobre lo que no hemos advertido.

Por ejemplo: Si reprendemos a nuestro hijo porque llegó dos días después de haber salido a divertirse,

— sería una forma de traición de nuestra parte si antes no le advertimos que esperábamos su regreso dentro de las 24 horas; y, a su vez,

— él también estaría perpetrando una especie de traición por no haber comentado que desconocía el día y la hora de regreso.

Como vemos, tanto las normas de jurisdicción colectiva como las de jurisdicción hogareña, están indisolublemente vinculadas con la información, ya sea para legitimarlas o para convertirlas en una forma de traición.

Debemos recordar que una ley de alcance colectivo debe ser publicada para que cobre vigencia. Antes de la publicación carece de valor jurídico.

Debemos recordar que los abogados no conocen todas las leyes de jurisdicción colectiva. Por lo tanto, todos estamos expuestos a cometer una infracción y a ser inesperadamente castigados.

Alguien podría pensar que para ganar el dinero necesario tendríamos que poseer la mejor información sobre las leyes que nos gobiernan.

Esto es parcialmente así.

Lo más importante es poseer la salud mental suficiente como para comprender intuitivamente cómo es la cultura (ética, costumbres, tradición, folklore, jurisprudencia) que habitamos.

Las leyes están para prohibir, restringir, evitar y sólo una comprensión profunda de nuestra cultura nos permite saber qué está autorizado, aceptado, tolerado.

(1) La educación aumenta las exigencias

La ignorancia defensiva 

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jueves, 2 de febrero de 2012

Lo que gana Paul McCartney - (Artículo Nº 1.452)

Nuestra disponibilidad de dinero depende de muchos factores no económicos que merecen también toda nuestra observación, dedicación y esmero.

Los varones estamos genéticamente dispuestos a tener actividad sexual con cualquier mujer que nos lo solicite. Las mujeres están genéticamente dispuestas a tener actividad sexual con cualquier hombre que, según su instinto, posea el ADN que le geste los mejores hijos imaginables. (1)

El desenlace de estas dos tendencias tan distintas y, hasta cierto punto opuestas, es que los varones somos esencialmente polígamos y las mujeres esencialmente monógamas.

En este escenario irrumpe la cultura para generar distorsiones tan profundas que nunca terminaremos de crear nuevas actuaciones de celos, desencuentros, infidelidades, corazones rotos, homicidios pasionales, celibatos y demás teatralizaciones que parecen pura ficción.

Una de esas teatralizaciones que parecen más realistas se expresa en nuestra vida laboral.

Efectivamente, los humanos disfrutamos de algunas tareas, toleramos discretamente otras y odiamos al resto.

Nuestra energía, inspiración, resistencia a la fatiga, están naturalmente puestas a disposición de realizar esas tareas preferidas, y rinden mucho menos cuando son destinadas a las meramente toleradas. Asimismo están destinadas con su mayor énfasis a no realizar las insoportables.

Ahora bien, si lo que más nos gusta hacer está bien remunerado por el mercado, entonces tendremos la suerte de no conocer la escasez de dinero, y así sucesivamente con las combinaciones posibles.

Una empresa alemana acaba de pedirle a Paul McCartney (Ex-Beatle. 1942 - ) que le ponga música a un nuevo juego de video.

Este hombre, que si algo no necesita es dinero, no para de mejorar sus ingresos, no porque sea ambicioso, sino porque tiene talento musical, adora lo que hace y justo nació en un lugar y época que paga muy bien lo que él produce por puro placer.

En suma: Nuestra disponibilidad de dinero no siempre depende de factores económicos.

(1) La violación metafórica

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miércoles, 1 de febrero de 2012

El auge de las psicopatías en tiempos de crisis - (Artículo Nº 1.451)

La psicopatía es propia de muchos seres humanos «normales» pero se vuelve problemática en períodos de crisis económica.

El cerebro humano quizá sea el único que padece de incertidumbre. Para compensar esta característica perjudicial, quizá sea el único que puede creer en Dios

Son ‘acción y re-acción’ complementarias: primero sufrimos con la incertidumbre y después creamos la existencia de Dios para aliviar la ansiedad resultante.

En el terreno de la salud mental, por un lado observamos que algunas personas hacen cosas insólitas que nos inspiran temor, para tranquilizarnos salimos a buscar explicaciones, la ciencia nos satura con datos, estadísticas, teorías, opiniones, pero si a alguien se le ocurre profundizar apenas un poquito, descubrirá lleno de pavor que la ciencia no está segura de nada.

Lo único que nos queda entonces es aferrarnos a una ilusión, a una fantasía que en definitiva nos ayuda. Las religiones aportan la compañía de otros creyentes igualmente angustiados y entre todos nos consolamos, nos damos ánimo y hasta nos olvidamos de los problemas.

Muchos pueblos están padeciendo una profunda crisis económica desde hace varios años.

En épocas como esta la angustia y la desesperación se convierten en campo propicio para que emerjan con su mayor esplendor nuestros clientes, competidores, jefes y compañeros de trabajo psicópatas.

Por supuesto que la ciencia nos dirá que la psicopatía es un trastorno de personalidad que se manifiesta por una pérdida de escrúpulos y las religiones nos dirán que son «ovejas descarriadas que Dios pone en nuestro camino para probarnos», pero ¿qué hacemos con un acosador, con una brillante manipuladora, frente a un competidor que no reconoce los riesgos, con una compañera de trabajo que sólo respeta sus códigos personales?

Lo que hacemos con ellos es lo mismo que hacemos con cualquier otro fenómeno natural adverso: guarecernos para sobrevivirlo.

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