
Parece un juego de palabras pero no lo es. Esta lucha encarnizada por obtener los mayores logros materiales tiene detrás la búsqueda de una mejor calidad de vida y sobre todo de una mayor CANTIDAD de vida.
El espíritu que anima esta forma de encarar la vida (el capitalismo) trata de generar muchos recursos para alentar la investigación en medicina que permita erradicar todo lo que puedan ser causas de muerte (o sufrimiento).
También se hacen grandes inversiones en la «anti-medicina», es decir en armas para aniquilar a quienes podrían aniquilarnos o quitarnos recursos.
La creencia en vidas futuras ha perdido terreno. Este descrédito puede tener su origen en que cada vez toma mayor espacio el pensamiento científico, que sólo valida aquello que pueda ser demostrado y —de ser posible—, reproducido en un laboratorio.
Los recursos del planeta están administrados (salvo rarísimas excepciones) con criterios capitalistas. Como todos necesitamos obtener algunos de esos recursos para poder seguir subsistiendo, no tenemos más remedio que aceptar esas reglas de juego.
Es razonable que para ciertas personalidades esta aceptación constituya un esfuerzo sobrehumano y que por ese motivo sean estas personalidades las más expuestas a la pobreza patológica.
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