
Y no lo es porque somos proclives a utilizar la lógica como la mejor (y a veces única) forma de pensar.
Me explico:
La lógica nos dice —por ejemplo— que si A es igual a B y que B es igual a C, entonces A es igual a C. Este es un axioma, un razonamiento perfecto.
Sin embargo falla. ¿Por qué falla? Falla cuando lo que decimos de A es prejuicioso, una convicción nunca confirmada.
Veamos una idea más concreta.
Alguien puede pensar: «Para formar una familia tengo que conseguir un trabajo donde me paguen un salario».
Esta idea inicial surge porque nuestro cerebro está anatómica y fisiológicamente condicionado para segregar esa idea y no otra.
Los motivos de este condicionamiento pueden ser muchos, pero básicamente obedecen a una determinada dotación genética, a un conjunto de experiencias de vida, a una tradición familiar, etc. QUE NO SON INMUTABLES.
Nuestra dotación genética nos predispone pero no nos condiciona; si preferimos trabajar de lunes a viernes, no tenemos por qué pensar que somos esclavos de esa preferencia; si nuestros padres y abuelos fueron empleados, no estamos obligados a continuar la tradición.
Hay por lo menos dos alternativas posibles: o usted lee este artículo y lo olvida o por el contrario se produce un cambio en su conducta, por ejemplo, intentando ser empleador y no empleado.
Como intento ser razonable pero no siempre lo logro, tengo que terminar diciéndole que no depende de usted lo que haga de ahora en más. Si su infinita complejidad lo induce a cambiar, no podrá evitarlo y si lo induce a olvidar este artículo, tampoco podrá evitarlo.
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