Hay muy pocas personas que nacen con el talento de captar rápidamente cuál es la situación de los demás. La mayoría tenemos que trabajar muy duro para desarrollar esa sensibilidad.
Para ganar el dinero suficiente para satisfacer nuestras necesidades y deseos nos será preciso conocer qué necesitan y desean los demás.
Ese dinero nos llegará si podemos entregar nuestro trabajo a quien lo demande y esté dispuesto a pagarlo.
Cuando vamos a comprar algo también nos enfrentamos a una tarea en la cual podemos mejorar nuestra situación económica gastando lo menos posible.
El valor de los bienes y servicios se establece por medio de la oferta y la demanda.
El criterio universal consiste en que todos queremos obtener el mayor beneficio y eso conduce a que los vendedores pongan el precio más caro mientras que los compradores están dispuestos a pagar el precio más barato.
De esta oposición de intereses surgen negociaciones entre ambas partes que pueden ser pasivas o activas.
En la negociación pasiva, el comprador sólo busca el mejor precio y efectúa la compra donde le parece más conveniente.
En la negociación activa, el comprador regatea con el dueño del objeto o el servicio, aplicando técnica de persuasión que pueden lograr resultados diversos.
En ambas modalidades, quien va a comprar inicia un trabajo que consiste en recorrer, buscar, pedir información, hacer anotaciones, comparar (pasiva) o en esperar el mejor momento, conocer el costo y regatear con quien esté facultado para hacer rebajas (activa).
Cuando vamos a comprar entonces también estamos trabajando y dependerá de nuestra habilidad y persistencia la rentabilidad que produzca ese esfuerzo.
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