lunes, 31 de mayo de 2010

Trabajo para que necesites mi bienestar

El complejo de Edipo se manifiesta de muchas formas.

La prohibición del incesto implica la prohibición de la endogamia, esto es, la unión sexual entre personas de la misma familia.

En nuestra cultura sólo está permitida la exogamia, esto es, la unión sexual entre personas de familias diferentes.

Pero como todos querríamos amarnos físicamente con nuestros seres queridos (padres, hermanos, tíos) y no nos dejan, entonces hacemos cosas parecidas (metáforas).

Esta es la explicación de por qué los científicos y artistas forman grupos aislados, incapaces de interactuar productivamente con los científicos y artistas de otras disciplinas, escuelas, ideologías, tendencias.

El resultado es que nuestros conocimientos avanzan a paso de tortuga. Todos defienden el punto de vista de su familia profesional o artística, y simultáneamente descalifican a todas las demás.

Metafóricamente los biólogos, físicos, psicoanalistas, se casan con su hermana.

Casi todos estos académicos incestuosos, son conscientes que están mirando la realidad a través de un caño de escopeta, no viendo el paisaje (realidad) completo, pero como el libre albedrío no existe, todos estamos determinados para hacer lo que la naturaleza nos impone, justificando las incoherencias con el primer argumento que se nos ocurra.

En suma: nuestra percepción restringida a un sólo punto de vista, ignorando sistemáticamente los puntos de vista de otros observadores, nos inhibe de saber más, entender mejor y optimizar nuestra calidad de vida.

Enterado de mi deseo, ahora buscaré otros puntos de vista.

He llegado a la conclusión de que mi bienestar depende de que otros —más poderosos— se beneficien con lo que yo haga y que además necesiten mi bienestar para seguir beneficiándose.

Observe lo que digo: mi bienestar actual y futuro depende de que otros tengan bienestar por lo que hago y que siempre deseen mi bienestar.

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domingo, 30 de mayo de 2010

La autoridad del dinero

Varias veces les comenté sobre cómo nuestro pensamiento aplica criterios metafóricamente iguales.

En el artículo titulado La cuidadosa preservación de los objetos rotos les decía, por ejemplo, que es posible pensar que las mujeres son un territorio del hombre porque este siembra semen en su cuerpo (1); o podemos pensar metafóricamente que las tareas manuales son como la construcción de un nuevo ser que realiza el útero (2).

A estas ideas del funcionamiento metafórico, le agregaré ahora un comentario sobre nuestra necesidad de tener límites, frustraciones, normas, disciplina.

Los límites siempre generan una opinión desfavorable, pero a veces, si están demasiado ausentes, podemos llegar a pensar que «nos hubieran hecho falta».

El ejemplo clásico es la lucha feroz contra un padre (o madre) muy severos, pero que, cuando por algún motivo, dejan de imponer sus restricciones, quienes se sentían víctimas, pueden notar lo difícil que es vivir en la anarquía.

Muy pocas personas entienden, aceptan o defienden las limitaciones, la disciplina, las normas, las restricciones o prohibiciones.

Dentro del grupo de los que no reconocen la necesidad del orden, hay un grupo que se auto-impone restricciones indirectamente y quizá, sin darse cuenta.

Son los que optan por tener escasez de dinero mediante el sencillo procedimiento de no trabajar lo suficiente o de gastar en exceso.

La falta de dinero aporta indirectamente una disciplina que no se podría aceptar de otra forma.

A veces los padres que ideológicamente no aceptan las normas, o no tiene la fortaleza de imponérselas a sus hijos, frustran sus interminables demandas de golosinas, juegos o cualquier otro antojo, alegando que no tienen dinero.

La pobreza patológica puede cumplir la función de compensar la carencia de autoridad o la creencia en que frustrar a los hijos es una señal de egoísmo desamorado.

(1) La mujer de Juan Pérez

(2) La creatividad y el miedo

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sábado, 29 de mayo de 2010

La pobreza es causada por la monogamia

Según el psicoanálisis, los varones descubrimos en algún momento que nuestra mamá no tiene pene como suponíamos.

Es por eso que los deseos destructivos que les comentaba en el artículo publicado con el título La depresión constructiva, nos provocarían el temor de ser castigados con esa castración que ya sufrió ella.

En otro artículo publicado hace meses, les comentaba que los varones somos menos necesarios que las mujeres para cumplir la misión de conservar la especie (1).

Les decía que unos pocos varones pueden fecundar a muchas mujeres, aunque nuestra cultura ha distorsionado esa característica —vigente en las demás especies—, imponiendo la institución matrimonial monogámica.

Uno de los motivos por el que los pobres son mayoría (quizá en una relación de 80 pobres cada 20 ricos, según el Principio de Pareto (2)), tenga relación con esta condición de los sexos: no hacen falta muchos varones (ricos) pero sí hacen falta muchas mujeres (pobres).

Si desconocemos la existencia de la institución matrimonial monogámica, si imaginamos a la humanidad organizada de otra forma, donde unos pocos son los encargados de fecundar a las mujeres, podríamos reencontrar el Principio de Pareto: un 20% de los varones fecundarían al 80% de las mujeres, y para aplacar el deseo sexual de los demás, entonces un 20% de mujeres (prostitutas), fornicarían con el 80% de hombres excluidos de la función reproductiva.

Suponemos que nuestra forma de organizarnos es la única posible; imaginamos que somos los animales más evolucionados; suponemos que la familia monogámica es la solución inmejorable y rechazamos las ideas cuando son tan desagradables como ésta (aunque fueran ciertas).

En suma: la (sensación de) injusticia distributiva, puede ser provocada por una monogamia anti-natural.

En vez de ser unos pocos los que fecundan, unos pocos (casi todos hombres) acumulan demasiados bienes.

(1) Es así (o no)

(2) El inexplicable Principio de Pareto

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viernes, 28 de mayo de 2010

La cuidadosa preservación de objetos rotos

En dos artículos recientemente publicados (1) (2), les decía que nuestra psiquis actúa metafóricamente, esto es, repite el mismo esquema, aunque de formas parecidas.

En otro artículo (3) les comentaba la teoría de Melanie Klein, según la cual a veces nos deprimimos porque imaginamos que nuestros deseos destructivos provocaron algún daño real.

El comentario de una lectora (Ingrid), me sugirió lo siguiente:

Ella dice que en las actuales circunstancias, suele ser más conveniente comprar objetos nuevos en vez de reparar los viejos deteriorados.

Comparto su preocupación, teniendo en cuenta el funcionamiento metafórico que describo en los dos artículos que menciono en el primer párrafo.

La tristeza que a veces sentimos sin una causa que la justifique (una pérdida, por ejemplo), suele provenir de esa reacción que tenemos cuando nuestras aspiraciones destructivas nos preocupan, angustian, nos hacen sentir culpa y arrepentimiento de algo que sólo imaginamos, que nunca hicimos, y que quizá nunca llegamos a conocer conscientemente porque sólo ocurrió en nuestro inconsciente y lo más próximo que conocimos fue un sueño perturbador.

La reparación de un objeto deteriorado (lavarropas, radio, bicicleta), alivia nuestra tristeza, acorta los períodos de depresión, nos alegra.

Como generalmente no podemos tomar decisiones antieconómicas (es decir, no nos permitimos pagar por una reparación una cantidad de dinero similar a la que gastaríamos comprando un objeto nuevo), nos sometemos a la racionalidad pero tratamos de conservar el objeto antiguo en algún lugar donde no moleste.

En suma: como nuestro inconsciente puede imaginar que las mujeres se parecen a la madre tierra por su capacidad de gestar (2) o nos entretienen las tareas manuales, en tanto nos sentimos tan creativos como una mujer embarazada (1), reparar objetos deteriorados nos alegra porque sentimos que compensamos nuestros deseos destructivos.


(1) La creatividad y el miedo
(2) La mujer de Juan Pérez

(3) La depresión constructiva

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jueves, 27 de mayo de 2010

El inexplicable Principio de Pareto

Cuando tenemos varios vehículos adelante, en espera de la luz verde que nos permita seguir circulando, sentimos la sensación de que los demás conductores no tienen reflejos, que están distraídos, que son lentos.

Desde lejos vemos cómo aparece la luz verde y nadie se mueve. Muchísimos milisegundos después, observamos que los que teníamos delante dejaron de hibernar y además se percataron de que estaban entorpeciendo la circulación.

La percepción subjetiva de lo que son cinco minutos, depende de qué lado de la puerta del baño uno se encuentre.

Esto fue verificado empíricamente desde que las puertas del baño se pusieron de moda.

También fue una observación empírica la que hizo un académico francés llamado Vilfredo Pareto (1848 - 1923).

Él estaba preocupado (igual que yo) por la distribución de la riqueza, e hizo importantes aportaciones a la economía y a la sociología.

Lo más curioso fue esa observación empírica que les adelantaba.

El Principio de Pareto dice que en la realidad se repite la proporción 80/20, de varias formas.

Por ejemplo, el 80% de la riqueza pertenece a tan sólo el 20% de la humanidad. O sea que el 80% de la población mundial sólo posee el 20% de la riqueza total.

Estos valores nunca son exactos, pero cantidades similares se repiten llamativamente.

Suele constatarse que el 80% de los problemas está provocado por tan solo el 20% de las causas posibles. El resto de las causas (80% restante), sólo provocan el 20% de los problemas.

Se repite con asombrosa regularidad, que sólo un 20% de los clientes generan el 80% de la facturación de muchas empresas.

Ocurre a menudo que el 20% de los procesos consumen el 80% del tiempo total.

Cuando observamos la realidad para posicionarnos y tomar decisiones, no está de más tener en cuenta estas inexplicables coincidencias.


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miércoles, 26 de mayo de 2010

Las cajeras no cobran

Desde que tenía 8 o 9 años, comencé a ir al cine y algo que intenté averiguar, fue porqué los sobornos, chantajes y honorarios de criminales a sueldo, siempre se entregan dentro de un sobre.

El dinero es algo que provoca fenómenos psicológicos que no hemos logrado describir con acierto.

En el artículo titulado Tocar dinero no es elegante les decía que este instrumento de pago parece adecuado sólo para varones o prostitutas.

A pesar de esto, muchos varones rehusan tomar el dinero entre sus manos.

Es habitual que:

— Los profesionales tengan una secretaria que se encarga de la desagradable tarea de recibir el dinero de los clientes o pacientes; y además

— La mayoría de las oficinas encargadas de cobrar o recaudar en comercios o instituciones, son atendidas por personal femenino.

Como a nadie se le ocurre pensar que las cajeras son prostitutas por recibir dinero, entonces nuestra percepción se confunde.

Cuando pagamos nuestras compras, impuestos u honorarios a una mujer que podría ser nuestra hija o esposa, nos hace suponer que esos billetes son otra cosa, no el sucio dinero cuya existencia y uso tanto nos perturba.

El hecho universal de que casi todas las cajas receptoras de dinero están atendidas por mujeres, sugiere —junto con el hecho de que los honorarios de los profesionales es cobrado por secretarias—, que la intención es disimular, distraer, confundir, atenuar la sensación de que alguien es tan materialista, avaro, interesado, grosero y poco elegante como para cobrarnos.

Piénselo al revés: Si nuestros proveedores cobraran directamente o encargaran de esa tarea a personal masculino, nuestra sensación de pago se volvería más nítida.

Este es un fenómeno que ocurre, pero que está tan reñido con la lógica, que cuesta entenderlo y aceptarlo.

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martes, 25 de mayo de 2010

Tocar dinero no es elegante

Es posible aceptar la hipótesis de que nuestra psiquis posee una parte inconsciente, que nos gobierna.

Aceptar esta hipótesis, implica aceptar que estamos determinados (sin libre albedrío).

Es posible suponer que para muchas personas es imperioso creerse superior al resto de los animales.

Suponer que un órgano inconsciente nos gobierna tanto como el instinto gobierna a los demás animales, puede provocar una herida narcisística tan profunda, que descompense a los más sensibles.

Para este enorme grupo de defensores de la racionalidad, de la autonomía y del libre albedrío, somos diferentes y superiores al resto de los animales.

A esas personas tan vulnerables, les puede interesar saber que estas no son más que hipótesis, que pueden o no verse confirmadas algún día.

Aunque nuestros pensamiento cotidiano (consciente), está permanentemente actualizado por el principio de realidad (sabemos que día es hoy, qué está pasando en el resto del mundo, a cuánto se cotiza la moneda extranjera), nuestra psiquis responde a criterios mucho más primarios, ancestrales, filogenéticos, históricos, quizá también simiescos.

En un artículo publicado hace poco con el título Menos orgasmos y menos salario, les decía que alrededor del 66% de las mujeres no tienen orgasmos. Algunas, nunca lo experimentaron.

Asociaba este fenómeno con la feminización de la pobreza, esto es, que la mayoría de los pobres son mujeres.

En nuestra cultura, en nuestro inconsciente, suponemos que el dinero es una cuestión de hombres y de prostitutas.

Ya sé que usted no piensa así, pero lo que le digo es que usted, yo, todos funcionamos así, aunque conscientemente opinemos lo contrario.

En ese núcleo primitivo de nuestra psiquis, las mujeres respetables no tienen que usar dinero. Si lo hicieran, se denigrarían como prostitutas.

Felizmente, existen las tarjetas de crédito, aún cuando sea un hombre quien tenga que cancelarlas.


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