miércoles, 21 de diciembre de 2011
Licencia neuro-dactilar
Me tomo un pequeño descanso pero no se abstengan de agregar o leer comentarios, pues algunos están muy buenos. Vuelvo el 20/01/2012. Un abrazo!
Publicado por
Fernando Mieres
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21.12.11
martes, 20 de diciembre de 2011
Los omnipotentes prescinden del dinero
El subdesarrollo neurológico o educativo conserva la omnipotencia infantil que «no necesita» del dinero.
En el mes de marzo de 2010 (1) les comentaba que los adultos tenemos la convicción de que «todo tiempo pasado fue mejor» y más genéricamente suponemos que la niñez fue nuestra mejor época.
Conscientes o no, hacemos muchos esfuerzos por recuperar aquella etapa infantil en la que según recordamos, éramos inmensamente felices.
Hay quienes hasta se hacen operaciones estéticas para retener la imagen que tenían cuando eran más jóvenes.
Por suerte o por desgracia tengo bastante presente mi historia y no comparto la afirmación de que «todo tiempo pasado fue mejor».
En cada época, la humanidad, mis conciudadanos, mi familia y mis amigos, vivían situaciones tristes, preocupantes, divertidas, felices. Cuando hoy hablamos de eso con los que sigo frecuentando, resulta que no recuerdan los tragos amargos que compartimos.
Por suerte o por desgracia, una mayoría borra de su memoria las vivencias penosas y conserva las más agradables.
Algo maravilloso, desde el punto de vista de los adultos, fue no estar pendientes del dinero. Hasta podría decir que los niños son más felices que los adultos porque no necesitan, no entienden, no usan, no tienen que ganar dinero.
Esto nos podría llevar superficialmente a suponer que «el dinero hace la infelicidad», pero quizá tengamos una explicación más profunda.
Los niños son felices porque la omnipotencia les funciona a pleno. En la mente de ellos todo es posible: volar, vencer a un ejército, frenar un huracán, comprar todos los caramelos, tener hijos con la madre o el padre, matar a los hermanos invasores.
Esta poderosa omnipotencia sólo funciona cuando el cerebro está subdesarrollado y nos quita objetividad.
En suma: Es probable que la pobreza patológica sea causada por la omnipotencia propia del subdesarrollo neuronal o educativo.
(1) El dinero aburre a los niños
Artículo vinculado:
El espíritu es una construcción defensiva
La neurosis nos ayuda a fracasar
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Fernando Mieres
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20.12.11
lunes, 19 de diciembre de 2011
La frágil lógica de hierro
Nuestras decisiones (criterios, filosofías, opiniones, creencias) referidas a la pobreza están orientadas por una lógica escasamente confiable.
Es una particularidad de nuestro pensamiento categorizar todo lo que ocurre como «normal» o «anormal».
Al realizar esta selección encontramos bienestar, alivio, satisfacción.
Apoyados en algún instinto estadístico del que estamos naturalmente dotados, decimos que lo que ocurre casi siempre es «normal» y lo que ocurre raras veces es «anormal».
Nuestro cerebro también necesita excepciones para darle mejor sabor a este alimento tranquilizador. Porque «La excepción confirma la regla» logramos incluir algunos casos que parecen escaparse del rebaño que pastoreamos (como si los casos frecuentes fueran ovejas blancas y las excepciones ovejas negras).
Pero qué nos ocurre cuando «las ovejas negras» parecen más importantes que «las ovejas blancas».
Me refiero a los ricos.
Vemos que los ricos son unos pocos si los comparamos cuantitativamente con los pobres que constituyen una mayoría abrumadora.
Esta evidencia les trae un problema a esos pocos pero ricos: inevitablemente saben que son «anormales» porque los pobres son los «normales».
En suma: si nos olvidamos de las distorsiones provocadas por las ideologías, tenemos que asumir que en la naturaleza «ser pobre» es ser «normal».
Ocurre entonces un fenómeno paradójico: los humanos «anormales» pueden revertir (o al menos generar dudas sobre) esta calificación, destinando el dinero que sea necesario para convencernos mediante el uso de recursos idóneos (propaganda, arte, adoctrinamiento educativo).
De esta manera llegamos al estado actual, en el que la mayoría (pobres) es de gente «normal» como corresponde a la lógica más elemental, pero sin embargo, nuestro pensamiento puede ser confundido al punto de aceptar pasivamente que
— los ricos son «normales»; o que
— no siempre es inconveniente ser «anormal»; o que
— es mejor ser «anormal» y peor ser «normal».
En suma 2: no podemos confiar en la lógica.
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Fernando Mieres
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19.12.11
domingo, 18 de diciembre de 2011
La picardía de los futuros altruistas
Los humanos necesitamos sentirnos individuos, libres, autónomos pero soñamos con volver a fusionarnos como las aguas oceánicas.
Bailar en pareja, abrazarse y hacer el amor, son placeres sublimes que necesitan por lo menos dos personas.
Estas sensaciones apoyan la teoría ya comentada (1) según la cual, hasta cierta edad (18 meses aproximadamente) nos imaginamos formando parte del universo.
Aquellas sensaciones de pertenecer al todo debieron ser muy placenteras (2).
La palabra «yoga», que hace décadas está de moda, significa «unión». Más exactamente significa «yugo», ese trozo de madera que une las cabezas de los bueyes para que tiren juntos del arado o de la carreta.
No puedo olvidar el proverbio: «La unión hace la fuerza».
Esta recomendación de la sabiduría popular nos está advirtiendo de los inconvenientes del individualismo, especialmente en lo que refiere a que por ese camino no lograremos compensar adecuadamente la natural debilidad que tenemos los humanos.
A modo de resumen, por un lado gozamos uniéndonos y por otro lado sentimos el impulso a ser individualistas.
La resolución a esta dualidad de intenciones solemos resolverla uniéndonos cuando nos conviene y siendo individualistas cuando nos conviene.
La cultura condena esta actitud, calificándola de incoherente, oportunista, abusadora y otros adjetivos aún más corrosivos.
En nuestra intimidad sabemos que nuestra voluntad hará vanos esfuerzos por corregir esta «incoherencia», pero no perdemos la esperanza de que algún día podamos superarnos, así como hemos dejado de usar pañales, de caminar en cuatro patas y sabemos usar una bicicleta.
Somos optimistas y contamos con que algún día seremos totalmente generosos, solidarios y nos fusionaremos de cuerpo y alma a nuestros compañeros de especie, a la naturaleza, al universo.
En esta convicción optimista, empezamos a «gastar a cuenta» criticando a esos que se arriman al sol que más calienta, a los avivados, egoístas y mezquinos capitalistas.
(1) La burbuja del amor
(2) La vida es placentera gracias a la placenta
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Fernando Mieres
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18.12.11
sábado, 17 de diciembre de 2011
Los impuestos desestimulantes
Es posible encontrar similitudes entre las sanciones penales de los delitos y las políticas fiscales desestimulantes de algunas actividades.
En otro artículo (1) comenté que la política fiscal de una nación no sólo es utilizada para recaudar los fondos necesarios para solventar los gastos comunes sino también para orientar algunas políticas de estímulo y desestímulo.
Tendrán beneficios quienes hagan lo que al colectivo más le conviene (maternidad, cuidados, filantropía, altruismo) y pagarán más impuestos aquellas actividades que la sociedad no tenga más remedio que permitir pero que en realidad desearía prohibirlas (alcoholismo, juego, pirotecnia).
Los impuestos más severos se cobran privando de la libertad a los «contribuyentes».
En el caso del encarcelamiento tenemos que hacer un esfuerzo intelectual para poder categorizarlo como formando parte de la política fiscal, pero este esfuerzo podría estar justificado si nos permite conocer algunas ideas inaccesibles por otro camino.
Aunque resulte irritante, la delincuencia participa activamente en la economía y por lo tanto los delincuentes son agentes económicos.
Mucho dinero cambia de manos a causa de los robos, asaltos, arrebatos, rapiñas, chantajes, estafas, secuestros extorsivos, evasiones fiscales, delitos informáticos.
De todas estas actividades, sólo algunas llegan a conocerse como para que los estados puedan intervenir aplicando las leyes previstas para sancionar a los responsables.
La política fiscal aplicada en estos casos consiste en recuperar lo que la sociedad haya perdido por la acción delictiva más un plus que desmotive la reiteración.
El encarcelamiento es un costo que los delincuentes tienen en cuenta y, como cualquier otro empresario, es considerado a la hora de iniciar el emprendimiento delictivo (asaltar un banco, introducir mercadería de contrabando, sobornar a un funcionario).
Por lo tanto podemos encontrar similitudes entre los impuestos que se usan para desestimular ciertas actividades (alcoholismo, juego, pirotecnia) y las sanciones disuasivas de la delincuencia.
(1) Los síntomas generan pobreza
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Fernando Mieres
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17.12.11
viernes, 16 de diciembre de 2011
Pedir ayuda en forma explícita o sugerida
Quienes piden ayuda aceptan el capitalismo mejor que quienes sólo comentan sus problemas a la espera de ofrecimientos desinteresados.
En mayor o menor grado rechazamos la incertidumbre.
Por este motivo anhelamos leer descripciones sin ambivalencias, que tengan una única interpretación y que abarquen todos los casos, es decir que no haya excepciones a la descripción.
Es una importante dificultad, tan importante como la miopía severa, o la hipoacusia (sordera), o la baja resistencia a la fatiga, perder la estabilidad emocional (enojarnos, llorar, huir) cuando la vida nos enfrenta a estas situaciones de dualidad, inseguridad conceptual, imprecisión.
Compartiré un comentario con ustedes que lamentablemente está cargado de excepciones.
Les decía en otro artículo (1) que nos hacemos amigos de quienes nos prestan alguna utilidad, esto es que nos dan su ayuda o que nos piden su ayuda.
Con las imprecisiones y abundantes excepciones ya advertidas digo que hay dos tipos de personas:
1º) Las que comentan sus angustias, preocupaciones, carencias, simplemente porque necesitan compartirlas con alguien, sentirse escuchadas, y
2º) Las que comentan sus angustias, preocupaciones y carencias porque no saben cómo pedir expresamente la ayuda que necesitan.
Los del primer grupo sólo quieren poner en palabras, aliviarse, sentir que alguien los escucha y nada más; los del segundo grupo no quieren pedir ayuda porque sienten que están molestando, porque no quiere «endeudarse» (deber favores) o se avergüenzan de ser débiles, carenciados, imperfectos.
En suma: Los primeros piden lo que necesitan con claridad y los segundos sólo insinúan la petición.
— Los primeros pueden participar de los ambientes capitalistas porque aceptan negociar, comprar, reclamar, exigir, pagar, lucrar; mientras que
— Los segundos pueden participar en ambientes socialistas, solidarios, sin fines de lucro, cooperativos.
Estas descripciones ambivalentes y llenas de excepciones, afirman que los integrantes de un grupo poco lograrán fuera de su ambiente.
(1) La necesidad de recibir y de dar
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Fernando Mieres
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16.12.11
jueves, 15 de diciembre de 2011
El acoso padecido o provocado
Nuestro cerebro es incompetente para determinar cuándo es víctima y cuando procura serlo.
Antiguamente teníamos la certeza que todos los seres vivos habían sido creados por un ser superior, un personaje de poderes sobrenaturales, un gran padre.
En ese entonces a nadie se le ocurría hacer el planteo más contemporáneo sobre «¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?» pues ya se sabía que había sido la gallina, creada a su vez por el dios de ese pueblo.
La ciencia le quitó terreno a las creencias mágicas, místicas, fantásticas, pero como los seres humanos vivimos mejor si nos reunimos en torno a una convicción y la palabra «religión» deriva de religiosus = escrupuloso, contrario a la negligencia, terminamos creyendo que la ciencia sí nos provee verdades incuestionables, lo cual, a largo plazo, tampoco es cierto porque las «verdades» científicas se renuevan con lo cual podemos decir que las anteriores no eran tan verdaderas.
En suma: la ciencia es una religión, con muchos devotos y hasta con inquisiciones, porque los «científicos fundamentalistas» suelen ponerse muy agresivos con quienes cuestionan sus «verdades».
Con esta introducción sólo intento quitarle un poco de luz al encandilamiento religioso de la ciencia para decir que el ser humano no es apto para acceder a la verdad, aunque sí está dotado para soñar con ella al punto de creer que ese sueño es realidad.
Voy al punto: como dije en otro artículo (1), tenemos una actitud tan ambivalente hacia nuestro padre que hasta podemos imaginarnos sexualmente acosados (hijos e hijas), sin dejar de amarlo y respetarlo.
En ciertos casos esto se resuelve desplazando esos sentimientos a otros personajes y circunstancias, como por ejemplo a otras figuras paternas (gobernantes, clientes, competidores, maestros, jefes), sin saber qué ocurrió primero: si él quiso abusarnos o nosotros buscamos esa prueba de amor.
(1) La inadaptación al «maldito» dinero y la pobreza
Artículo vinculado:
El acoso del deseo
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Publicado por
Fernando Mieres
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15.12.11
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