Los mecanismos de defensa son reacciones automáticas que construye nuestra mente para aliviar o evitar ciertos problemas.Les comento algunos de ellos.
La negación consiste en desconocer la realidad. Por ejemplo, nuestro cónyuge hace días que no duerme en casa y seguimos pensando que «ya volverá»; hemos rendido varias veces el mismo examen y pensamos «lo salvaré y me diplomaré cueste lo que cueste»; gastamos demasiado, pero «¡Dios proveerá!».
La proyección consiste en convencernos de que nuestro problema en realidad es ajeno. Por ejemplo, tropezamos con un árbol y nos indignamos con quien lo plantó ahí; nuestro cuadro de fútbol tiene un mal desempeño que se manifiesta en los resultados y acusamos ferozmente al juez de favorecer a los contrarios; nuestro aparato digestivo no está funcionando bien y le reclamamos a quien cocina que preste más atención a lo que hace.
La formación reactiva consiste en disimular un deseo censurable, al punto de manifestar exactamente lo contrario. La suegra amorosa con su yerno a quien no soporta porque «acapara» a su hija; el mujeriego que en realidad es un homosexual reprimido; el devoto de la moral que apenas puede controlar sus perversiones.
Todas estas soluciones las inventamos cuando fuimos pequeños, sin experiencia, muy débiles, con un cerebro mínimamente desarrollado, cuando no habíamos comenzado nuestra educación. Es decir: en el peor momento para inventar algo.
Sin embargo, de no mediar un psicoanálisis profundo, esas soluciones tan precarias, serán las que usaremos por el resto de nuestras vidas.
Por motivos similares, son pocos quienes comienzan su vida laboral donde realmente están conformes, porque la eligen cuando aún no saben bien quiénes son ni qué es trabajar.
Si usted no falleció, ¡puede cambiar! (los mecanismos de defensa y la forma de ganarse la vida). Si ya falleció, ¡no puede cambiar!
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