
Por ahora nuestra cultura sólo puede «hacer justicia» apaciguando los deseos de venganza de las víctimas contra los victimarios.
Les planteo un razonamiento en
el que participan el dinero, el delito y la venganza...en su versión legal,
esto es: la administración de justicia.
El objetivo de este artículo
es ver al dinero desde otro punto de vista y el objetivo de este objetivo es procurar comprender mejor a este
instrumento de la economía que por un motivo u otro nos perturba, nos pone
nerviosos, nos causa incertidumbre, a veces también sentimientos de culpa, sin
dejar de mencionar que por su ausencia nuestra calidad de vida suele descender
de forma preocupante.
Imaginemos que un hombre,
casado y con dos hijos, es asesinado por un delincuente. Quienes se
especializan en conseguir pruebas e identificar al responsable de dicho crimen
están seguros de que la persona que tienen detenida es el único responsable de
esa tragedia.
La viuda y los dos huérfanos
de padre, no solamente sufren la pérdida irreparable de este ser querido sino
que también sufren las consecuencias económicas resultantes de haber perdido los
ingresos que aportaba.
A partir de este infortunio
ocurrido entre ciudadanos de un mismo país, la administración de justicia
inicia su proceso de reparación, de indemnización, procurando que la pérdida
por todo concepto que provocó el delincuente sea completamente resarcida.
Como podemos observar, nada
podrá hacerse para recuperar a quien murió. Por lo tanto, en nuestra cultura, las
acciones se limitarán a indemnizar a los familiares evaluando hasta qué punto
el homicida puede ser vengativamente castigado.
En otras palabras: en casos
como este, parecería ser que los integrantes de la sociedad solo podemos
encarcelar al delincuente (castigarlo) de tal forma que los deseos de venganza
de las víctimas y del resto de la sociedad queden suficientemente apaciguados.
Algunas
menciones del concepto «venganza»:
Los súper héroes trabajan gratis
(Este es el
Artículo Nº 1.716)
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