jueves, 18 de diciembre de 2008

Las categorías como presidio

En el artículo de ayer titulado El Yo olímpico decía que lo imposible de medir (como son ciertas características de la psiquis) son igualmente medidas mediante el recurso de establecer categorías.

Así tenemos al que logró mayor entrenamiento, al que pudo hacer mayor esfuerzo, al más dotado.

El nivel olímpico y la clase de los más ricos del mundo, están escasamente poblados. La gente excepcional es muy poca. Su rareza inspira más curiosidad que deseos de imitarla.

Todos los demás también nos incluimos en categorías por género, profesión, tenencia de auto, categoría de vivienda, edad, tipo de familia, etc.

Nadie queda fuera de alguna (o varias) categoría y nos complace que así suceda porque sentimos que nuestra identidad queda reforzada, podemos ser reconocidos y esto lo interpretaremos como un síntoma de inclusión social que, si no la tuviéramos, nos haría sentir muy angustiados.

A los efectos prácticos es muy conveniente tener en cuenta una consecuencia negativa de estas categorizaciones: es frecuente que alguien que pertenece a la categoría «mayor de 30 años» no quiera seguir estudiando porque de esta categoría se espera que no lo hagan; las que pertenecen a la categoría «madre de dos hijos pequeños» pueden considerar que no deberían trabajar fuera de la casa; si pertenecen a la categoría «mujer», no deberían estudiar para cardiocirujanas porque no conocen a ninguna mujer con esa profesión, etc.

En suma: Saber que pertenecemos a una cierta categoría puede imponernos todas las condiciones que supuestamente deben cumplirse aunque en realidad no sea obligatorio hacerlo.

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20 comentarios:

Martín Sobrero dijo...

Mi padre dice que no estoy pronto aún para hacerme cargo de algunas cosas de su empresa. Para mí que me aplica el código de la categoría de mi edad porque otros están para diversiones ultra-light.

Muiño dijo...

Los trabajadores después de los 40 ya no servimos.

Graciela dijo...

La vida arranca todos los días a las 7 de la mañana. Todo de cero, sin antecedentes que tranquen.

Osvaldo dijo...

Los médicos se creen dioses. Todos ellos.

Ernesto dijo...

La fama del colectivo es útil. Si uno está en un gremio mal visto, como es mi caso que trabajo en un taxi, no sirve de nada hacer las cosas bien que siempre te van a interpretar mal.

Ana Luz dijo...

Al gremio de las mujeres nos creen menos de lo que merecemos.

Lujambio dijo...

Hazte fama y échate a dormir, dice muy bien el refrán.

Nicanor dijo...

Me acertó justo licenciado!! Tendría que hacer un curso de perfeccionamiento para poder competir y resulta que me molesta meterme entre gente mucho más joven que yo.

Anónimo dijo...

Es como decir que cada CLAN defiende su territorio y no quiere invitados por temor a perder su status.

chuki dijo...

Usted dice que puedo votar al Partido Nacional, aunque no use camisa escocesa y pelo peinado para atrás con gomina?!

el politólogo dijo...

Esta claro chuky ¿no te acordás que el Partido Colorado había incluído al Peluca? y si precisás más ejemplos ¿viste alguna vez a Astori tomando mate?

arturo puig dijo...

Se puede medir la atención pero no si uno es atento.

Mª Eugenia bis dijo...

¿Cómo tenemos al más dotado? ¿Con lo que se puede medir o con lo que no?

gregorovius dijo...

El nivel olímpico y la clase de los más ricos se parecen a Uruguay.

aída custurica dijo...

Excepcionalmente la gente excepcional tiene un ego bien formado.

blanca negri dijo...

A los famosos nos gusta verlos en las revistas o por la internet. Cuánto más sepamos y más lejos estén, mejor.

el traba dijo...

En las categorías por género, pertenezco al terciopelo.

confesión storni dijo...

Desde que me di cuenta de lo maniobreros que son los bolches, me cuesta más sentirme incluída en la categoría marxista.

paolo legnani dijo...

Mi caso es grave. Desde que pertenzco a la categoría "mayor de 3 años" no quiero seguir estudiando.

yegua fantasiosa dijo...

Soy la primera hembra padrilla.