martes, 22 de julio de 2008

¡Esto es vida!

Sobre gustos no hay nada escrito y los gustos son rasgos importantísimos en cada uno de nosotros. Nuestra flexibilidad puede ser grande, moderada o nula. En algunas preferencias podemos llegar a ser radicales.

El criterio de «dormitorio ordenado» que tiene un niño, un adolescente, un adulto y un adulto mayor pueden llegar a ser muy diferentes y luego está la otra alternativa: el criterio de «dormitorio cómodo (o placentero o hermosamente decorado)» también pueden ser variadísimos según las etapas de la vida.

Y todo esto hablando de la misma persona a lo largo de su vida. Cuando hablamos de dos personas diferentes las variaciones son más grandes todavía.

Habrán observado que muchas personas descansan cambiando de ambiente y algunas lo hacen pasando de una vida saturada de confort a la más precaria existencia y lo más alejado posible de la civilización.

Pues bien, si registramos todos estos gustos tan variados (y respetables), también podemos conjeturar que puede existir un grupo de personas que prefiere todo lo que encuentra (y no encuentra) en la pobreza.

Si bien su situación es vista como carenciada, penosa, merecedora de nuestra colaboración, resulta que esa persona disfruta viviendo en ese escenario, en ese ambiente, con esas carencias, con esa «abundancia de precariedad».

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13 comentarios:

Ernesto Sacristán dijo...

Muchos dicen que mi casa está a la miseria, en estado ruinoso y sé (porque me conozco) que sólo me iré de acá si se cae arriba mío y tienen que sacarme los bomberos en una camilla.

Andrea dijo...

A mi abuelo como decorador sólo le gustan las antigüedades. Hasta olor antiguo hay en su dormitorio. Además está para la pureza de estilo: no tiene NADA actual.

teniente dijo...

Es poco probable (pero no imposible, lo reconozco) que alguien quiera vivir entre la mugre, el frío, el piso húmedo, los olores a basura descompuesta, la fragilidad de los techos y paredes.

leticia dijo...

Al principio no estuve para nada de acuerdo con ud pero me acordé de que nada menos que mi hermano es alcohólico y que su cuerpo está duramente autocastigado y entonces puedo admitir que existan personas que se complazcan en todo tipo de padeceres.

amalia dijo...

Con este razonamiento tendría que pensar que yo no soy rico porque me gusta el look de pobre. Me parece que no.

lucila dijo...

Ya tengo asumido que a veces uno disfruta de cosas que nos causan molestias y hasta hace que nos quejemos de ellas. Somos muy raros!

horacio dijo...

Me estoy poniendo viejo. Cada vez llevo más cosas cuando voy de camping.

ricardo esteban dijo...

Vivir de la pesca y de la caza es mi mayor sueño, pero tengo familia, una vida organizada y muy estructurada. No puedo zafar casi nunca de esta cárcel. Sólo me permito soñar. El día de mi retiro jubilatorio no sé qué salud tendré. Quizá ya todo sea demasiado tarde.

edmundo dijo...

Mi filosofía es bien clara: no voy a ayudar a nadie si no me lo pide y si me lo pide evalúo si se trata de un haragán o de alguien con problemas genuinos.

Leonor Rivera dijo...

Envidio con toda mi alma a quienes poseen las mágica capacidad de adaptación a casi cualquier circunstancia. Me siento muy incapaz cuando las cosas cambian.

gladys dijo...

Para ir a trabajar demoro dos horas (y para volver también, por supuesto). Tengo que tomar remedios del psiquíatra para no volverme loca con esta vida tan llena de nada.

lucia dijo...

La mente no es como uds dicen. La mente es igual que cualquier otro órgano. Hay mujeres que tienen menstruaciones dolorosas y otras se enteran sólo por el sangrado. Hay personas que viven comiendo cositas livianas porque todos los cae mal, mientras que otros comen elefante al ajillo y tan campantes. La mente también: algunos digerimos lo que sea y otros se molestan cuando cambia el viento.

Evaristo C. dijo...

Mientras estoy en la compu me quedé mirando la imagen de ese tipo que podría ser yo y que seguramente no está escuchando dos televisores prendidos y a mi mujer hablando por teléfono con la madre que es algo sorda.