viernes, 24 de abril de 2009

Dime cuánto vales … y te diré cuánto vales

En el artículo publicado ayer (La anormalidad rentable) comento con ustedes que la normalidad, si bien es un rasgo deseado en las personas, no carece de efectos secundarios indeseables en tanto que ofrecer lo que todo el mundo ofrece hace que —en una economía de mercado— seamos poco valorados.

Algo parecido sucede con la precisión (exactitud). En algunas dimensiones aspiramos y necesitamos que las mediciones sean exactas y objetivas, pero en otras preferimos la ambigüedad, la imprecisión, la inexactitud.

«¿Mis padres me quieren más a mí o a mi hermana? Notoriamente ella es la mimada de la familia y a mí siempre me echan las culpas por las cosas malas que suceden, pero prefiero quedarme con la duda. No quiero una constancia objetiva de algo que tanto me duele. »

«Con los estudios que tengo debería ganar más dinero. Todos los demás ganan más que yo. Prefiero quedarme con la duda y no enterarme de cuánto más ganan los otros porque sé que me amargaré.»

Uno de los motivos por el que tantas personas odian las matemáticas, es que éstas son capaces de aportar precisión y exactitud justo ahí donde más necesitamos tener dudas: en todo aquello que manejamos mejor en la fantasía que en la realidad. La objetividad de los números suele destruir las ilusiones que le dan un poco de alegría a la existencia.

El rechazo al dinero puede tener idéntica justificación: Por culpa del dinero puedo tener un dato objetivo de cuanto valgo y, peor aún, de cuánto me valoran. El salario que me pagan habla de cuánto me aceptan. El valor de los regalos que recibo, habla de cuánto me quieren, etc., etc..

●●●

26 comentarios:

Raquel dijo...

Me gustó la humorada del título.

Adelina Cabrera dijo...

Adoro las comparaciones donde yo salgo ganando.

Atención!hay gente que dice genéricamente que las odia, pero en realidad odia sólo aquellas que la perjudican.

Es bueno aclarar esto. Al menos para mí.

Saludos, abrazos, besos.

Luján Ximénez dijo...

Totalmente de acuerdo con la sugerencia de que el dinero puede ser repulsivo cuando una lo considera un delator de ciertos datos terribles.

Feliciano Romero dijo...

Quedaron para la historia las discusiones que teníamos con mi prima cada 6 de enero, evaluando qué regalos eran más valiosos, importantes. Siempre quedábamos inseguros, pero si nos hubieran presentado las facturas, la discusión se habría simplificado pero uno de los dos habría caído fulminado por la evidencia.

Menos mal que ese dato faltó siempre.

Verónica Prieto dijo...

Soy el rey de los eufemismos. No tolero a la gente grosera que dice las cosas sin importarle la sensibilidad ajena. Por eso no me gustan los médicos. Se creen que con la verdad todo se arregla.

Cristina Sobredo dijo...

Saben cual es la medida NORMAL de una cintura? No, no se los voy a decir porque se están manejando una cifras bien de hijos de puta, para que todo el mundo se amargue. Insisto: son unos hijos de puta.

Gabriel Grimaldi dijo...

Está bueno que existan las matemáticas porque gracias a ellas se solucionan miles de cosas de nuestra vida, pero NO SE PUEDEN MEZCLAR con el espíritu. El resultado es dañino.

Panda dijo...

La humanidad avanza (estaremos de acuerdo en que avanza verdad?), sólo gracias a las personas suficientemente locas para pensar las utopias pero que se asocian con personas razionales que les permite hacerlas compatibles con la realidad.

Antonia Sobrino dijo...

Hay personas para las que es imposible llamar a las cosas por su nombre. No pueden y no es que sean falsas o cobardes. Algo se los impide. No sé qué es.

Zulema Iriarte dijo...

Ay, licenciadito, qué dices corazón? Cómo que el valor de los regalos habla de cuánto me aman. Eres un cruel, frío, racional.

¿Cómo se te ocurre tamaña salvajada?

Recapacita, por favor. Te lo pide alguien que bien te quiere.

Prof. Elena L. dijo...

Hay dos tipos de personas que no quieren a la matemática: Las que dicen que se sienten idiotas para pensar y las que dicen que hay errores pedagógicos.

Sergio Prini dijo...

La dificultad con aprender los cálculos es de todos los países. Algo debe estar pasando.No puede ser casualidad que todo el alumnado tenga dificultades.

Puta Fina dijo...

Odio el dinero que nunca tendré.

Fátima N. dijo...

Estoy de acuerdo con lo que se dice acá pero lo que quería decir es que para conseguir cualquier cosa es necesario saber para qué se quiere esa cosa. Algunas personas quieren tener dinero pero no sabrían que hacer con él cuando lo tuvieran. Algunos se emborracharían, otros saldrían a caminar hasta caer rendidos, otros harían una fiesta para todos los amigos, Puros festejos pero si uno no sabe exactamente para qué lo quiere, no lo gana nunca.

Sarita dijo...

El dinero no compra la felicidad porque la compra hecha. JI.

Cacho dijo...

¡Qué cintura, qué abdominales, qué moñita...qué mina carajo!!!

Entuerto Colegial dijo...

Parece que Raquel es otra lorita del Licenciado.

Grafito Paredes dijo...

El valor de los regalos que recibo refleja la clase en la que estoy inserto.

Eduardo Reggio dijo...

Es cierto que muchas veces preferimos la ambigüedad para no afrontar la realidad, pero también es cierto que no todo se puede medir con exactitud. En general las cosas que más nos importan son más factibles de categorizar que de medir.

Guyunusa dijo...

No estoy de acuerdo con respecto a que el dinero pueda exprezar el valor de una persona.

la mula dijo...

El dinero que me pagan habla de cuánto me arriesgo.

Carmelita Fraticida dijo...

Mis padres querían más a mi hermana y supe aceptarlo. Es más: actué en consecuencia.

Marta Gendarme dijo...

El misterio está lleno de ambigüedades, impresiciones e inexactitudes. Por eso a mi marido no le pierdo pisada.

Eva dijo...

Cuando miro mis fotos siento admiración ante la misericordia de mi fantasía.

Rúben dijo...

Me dejó pensando en que si devalúa nuestra moneda, pasaremos a valer menos ¡qué cosa, todos estamos en el mismo barco!

MUERTEVIDEANOS dijo...

Pobre de aquel que siempre busca espejos en los otros, yo mido mis logros por mi pasado humilde y el de mis padres, en eso soy millonario, poco me importa si mi vecino se llena de dinero, es cosa suya, solo me mantengo suficientemente alejado de la contaminación.