martes, 26 de agosto de 2008

Prefiero los caramelos de sal

Todos hemos visto que cuando el domador trata de lograr ciertas conductas atípicas de un animal, lo premia con un bocado sabroso (azúcar, por ejemplo) o lo castiga produciéndole un fuerte dolor (un golpe de látigo, por ejemplo).

Como los animales no tiene expresión facial que denote la contrariedad que padecen cuando tienen que comportarse como seres humanos porque de lo contrario recibirán un castigo, los amantes del circo adoramos a ese elefante que juega al fútbol o a esa foca que aplaude y miles de destrezas más.

Adiestrar a un animal es relativamente sencillo porque son muy coherentes, pero adiestrar a un ser humano es mucho más complicado porque no somos coherentes. Cada uno tiene un particularidad personal y el supuesto domador (entrenador, coach) tiene que estudiar uno por uno a sus alumnos para poder lograr alguna destreza valiosa.

Una extraña particularidad que tenemos es que no todos disfrutamos de lo mismo. Hay consenso en que a la mayoría nos gustan que nos reconozcan con justicia cuando hacemos algo bien. Hay consenso en que a la mayoría nos gustan los piropos, las galanterías, los aplausos. Sin embargo esto no es una regla. Existen personas que reaccionan exactamente al revés. Si los eligen como empleado del mes, se deprimen; si alguien aplaude su gestión, agradecen con aparente sinceridad pero al poco tiempo su rendimiento cae en picada; si pasan a trabajar con jefes despóticos, se conviertien en empleados brillantes.

Como no puedo contener mi apasionamiento, debo decirles que el psicoanálisis casualmente hace especial hincapié en que somos todos únicos y por eso los tratamientos son tan personalizados.

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17 comentarios:

Isabel Allende (jaja) dijo...

Historia inventada: Un adiestrador de perros era el más solicitado porque lograba que sus "alumnos" saludaran dando la patita y MIRANDO A LOS OJOS. Esta destreza suya le valió ganar una fortuna porque le traían perros de todas partes del mundo. El negocio comenzó a fracasar cuando él empezó a no poder mirar a los ojos a los clientes, quienes se retiraban airados sin dejar a sus mascotas en manos de alguien tan descortés.

carolina gonella dijo...

Hace miles de años se usaban elefantes para llevar por delante y aplastar al enemigo. Me los imagino todos adornados como para asustar y provocarían un desbande.

regina dijo...

Hace poco entendí que aumentando las remuneraciones no se aumentan los rendimientos. Lo aprendí conmigo misma. No salgo de mi asombro. Tengo menos ganas de trabajar que antes.

manuel antonio dijo...

Los directivos simpáticos me parecen todos hipócritas.

cintia guzzini dijo...

Los animalitos adiestrados me parten el corazón porque no puedo olvidarme de todo el dolor que les provocaron.

ubaldo dijo...

Se dice que genéricamente somos hijos del rigor. Para mí que es verdadero.

isabel palotti dijo...

Cuando tomé conciencia de los diferentes que somos todos, empecé a mirar a un lado y a otro aterrorizada porque no reconocía a nadie.

marita amastraín dijo...

Mi perro no es como el resto de los animales, cuando lo castigo me hace frente. Se cree que es el que lleva los pantalones en la casa.

marina mendi dijo...

Usted tiene razón Licenciado. Tengo dos hijos que reaccionan completamente diferente. Por ej: si a la nena le suben la nota, se esfuerza más, pero el nene, cuando tiene las notas altas, se duerme en los laureles.

laura ayestarán dijo...

Mi hermana es una histérica, no podés regalarle nada porque te lo tira por la cabeza. A mi me encanta que me hagan regalos y ella nunca me hace.

paula dijo...

Mi perro de coherente no tiene nada. Entra cualquiera y el muy regalado le hace fiesta.

valentina techera dijo...

Mi coach sabe que mi particularidad son los dólares.

armando amado dijo...

Mi psicoanalista es única pero ella no es afín a algo más personalizado.

marcelo roldós dijo...

Hoy dejé subir adelante a una mujer en el ómnibus y la mina se enojó. Yo no sé, si sos caballero te toman por machista y si de verdad sos machista te linchan.

narciso quemado dijo...

Tuve que abandonar mi carrera de actor porque odiaba los aplausos.

maggi masterson dijo...

La escucha psicoanalítica es la que más se parece a la justicia.

obdulio fernández dijo...

A veces ser incoherente es la única forma de acercarse a la libertad ¡viva la incoherencia humana! pero como jode...