domingo, 9 de noviembre de 2008

«Fabricaré la sopa que más me agrada»

Algo que dio muy buenos resultados económicos hasta hace un tiempo fue la venta de muebles y máquinas para instalar un comercio que al poco tiempo cerraban sus puertas por falta de clientes.

Este negocio ha ido perdiendo rentabilidad porque cada vez está más difundida la técnica de investigación de mercado, evitando la instalación de emprendimientos carentes de futuro.

La técnica de investigación de mercado consiste en averiguar mediante encuestas, estudios estadísticos, observación y entrevistas, cuántas posibilidades de éxito tendrá la intención de vender ciertos productos o servicios para un determinado público.

La incorporación de esta técnica a nivel de las empresas unipersonales o familiares es tan reciente porque hasta hace poco los emprendedores estaban convencidos de que su imaginación era confiable.

Era común que varios amigos se entusiasmaran con algo que sólo a ellos les interesaba o que una familia con necesidades económicas gastara gran parte de sus ahorros en intentar la venta de lo que ellos deseaban producir y vender, suponiendo ingenuamente que —por ese sólo hecho— existirían personas que lo comprarían.

En la incorporación de la «investigación de mercado» ha participado el psicoanálisis porque logró convencer a los agentes económicos de que la percepción subjetiva está cargada de deseos personales que coinciden con la realidad tantas veces como es posible acertar en una lotería.

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16 comentarios:

Grace dijo...

La investigación del mercado es algo realmente acertado. Pero, no debemos olvidar la falta de creatividad que existe en la mayoría de la gente. Cuando alguien emprende algo medianamente con éxito, salen cincuenta haciendo lo mismo. Así repartimos la miseria!

Anónimo dijo...

Quizás también los que poseemos creatividad no sabemos realizar buenos negocios.

soledad dijo...

Le temo a la prostitución, quizá porque tengo muchas ganas de ser sometida salvajemente por cualquier hombre.

Por eso, tantas ganas de prostituirme me produce mucho miedo y al final no gano dinero ni de la manera más noble que puedan ofrecerme.

Mario Rojas dijo...

Yo no voy al médico porque tengo miedo de que me encuentren algo, mucho menos voy a preguntar si me irá bien en los negocios. Consultar a esos tecnócratas es como ir a un adivino que por ahí te dice que te vas a morir esa tarde.

Omarcito dijo...

No hay forma de ser feliz. Cuando uno tiene algo teme perderlo y cuando no lo tiene se lamenta porque no lo tiene. La solución es fácil: Hay que buscar la felicidad sin perder de vista que es inalcanzable. jajaja

César Jaen dijo...

A mi me sigue gustando el juego y por eso prefiero probar suerte con los emprendimientos, quitándome de encima lo que tanto me molesta y es que alguien venga a decirme que mi idea no sirve.

sergio otomano dijo...

Es indiscutible la importancia de las investigaciones de mercado y alentador que las pequeñas empresas comiencen a tenerlas en cuenta.

lucía telechea dijo...

No puedo entender como las comidas que más me gustan y que le gustan a todo el mundo, no le gustan a mi marido. Ahora, con lo que ud plantea, me da por pensar que en realidad lo que me estaba costando, era aceptar que mi marido y yo somos distintos.

grafito paredes dijo...

Vivir es un emprendimiento de futuro indeterminado.

normando dijo...

Mi barrio se convirtió en unos pocos años en zona roja. No sé cuál fue el estudio de mercado que propició eso. A mí me cambiaron la vida. Ahora hay patrullaje, turistas y mucho más servicios.

el jugador dijo...

Mi imaginación es confiable, pasa nada más que todavía no acertó.

el rulo dijo...

¡Ahí está, que se dediquen a investigar cosas importantes y no boludeces!

emiliano paz dijo...

Cada dos por tres se pone de moda un negocio y todos le dan de punta hasta que cae por su propio peso.

chulo dijo...

Pena que no se pueda hacer una investigación de mercado para hacertar la lotería.

laura cuello dijo...

Le tengo miedo a mi percepción subjetiva porque es bastante tremendista.

el chino dijo...

De niño viví en un barrio pobre. Recuerdo que cierta vez, para hacerme de unos pesos, se me dio por vender "artesanías" hechas por supuesto, por mi mismo. El fracaso fue total. Los niños y hasta sus madres me dijeron que lo que vendía eran porquerías. Fue duro pero aprendí mucho.