lunes, 19 de mayo de 2014

La cultura y la pobreza



 
Nuestra cultura distorsiona la Naturaleza de varias formas, una de las cuales consiste en generar normas, prejuicios, leyendas, que estimulan el enriquecimiento de unos pocos sin quitarle placer a la mayoría.

— Los que menos tienen son los que más dan (bienes, dinero, su tiempo).

— Los que más tienen son los más tacaños, avaros, egoístas y mezquinos.

Estas dos aseveraciones son propias de nuestra especie. Con diferente grado de convicción, son dichas por casi todos.

Este dato de la realidad podría ser interpretado de, por lo menos, dos maneras:

a) Los pobres son más generosos y humanitarios que los ricos o, simplificando en extremo, «los pobres son más buenos que los ricos»; y

b) Los pobres son más ignorantes de sus derechos y por eso obedecen con máxima obsecuencia cualquier norma moral que se les haga saber. Si a un pobre se le dice que debe seguir las enseñanzas de Jesús, es muy probable que lo haga con mayor sumisión que un rico que conoce sus derechos.

De estas conclusiones podríamos sacar otra: los pobres son pobres porque son obedientes y los ricos son ricos porque son desobedientes.

Esto también podría expresarse diciendo: Los ricos son ricos porque son todos corruptos, amorales y delincuentes, mientras que los pobres son pobres porque tienen una conducta ética y obedecen las normas.

Más aún: alguien podría afirmar que los pobres son confiables, buenos ciudadanos, buenos amigos, buenos padres de familia, mientras que los ricos son exactamente todo lo contrario.

Este conjunto de afirmaciones, creencias, prejuicios, tendrían que agravar la desigualdad económica que suele desvelar a los economistas y a los gobernantes, pues es tan adorable ser pobre y tan vergonzoso ser rico, que para serlo, no solo hay que trabajar mucho y romperse la cabeza, sino además hay que remar contra la corriente de las simpatías populares.

Desde el punto de vista afectivo, ser pobre está subsidiado por la sociedad, recibe un estímulo fuerte, es alentado por la mayoría, compuesta por los mismos pobres y también por quienes consideran que esa clase social abandona recursos materiales que facilitan la apropiación por parte de quienes son y seguirán siendo ricos.

En suma: Nuestra cultura distorsiona la Naturaleza de varias formas, una de las cuales consiste en generar normas, prejuicios, leyendas, que estimulan el enriquecimiento de unos pocos sin quitarle placer a la mayoría.

(Este es el Artículo Nº 2.200)