martes, 20 de mayo de 2014

La fuerza de los trabajadores explotados



 
Somos fuertes si somos útiles y somos débiles si somos inútiles.

El narcisismo es la creencia según la cual los demás nos aman con la misma ciega pasión con que nos amamos a nosotros mismos.

Es una suposición muy dulce, tierna, amorosa, placentera, equivocadísima. No es cierto que los demás nos amen tanto como nosotros mismos nos amamos. Más aun: los demás, en el mejor de los casos, son indiferentes; en el peor de los casos nos odian, nos envidian, nos celan, desearían destruirnos.

Así de confusas son nuestras relaciones con los demás: con nuestros padres, hermanos, tíos, primos, cónyuge, compañeros de trabajo, jefes, gobernantes, vecinos, conocidos, desconocidos.

Para ganarnos el pan tenemos que dar algo a cambio. Es decir, excepto mamá y papá, que están instintivamente obligados a cuidarnos, todos los demás no están preocupados por si estamos bien, regular o mal.

Por lo tanto, nos ganamos el pan porque le damos a nuestro empleador algo que para él es útil.

A veces el discurso socialista o comunista es lo suficientemente ambivalente como para dejarnos creer que los capitalistas o el estado tienen que preocuparse por nuestro bienestar. Eso es falso: solo estamos protegidos por nosotros mismos y los demás nos ayudarán en la medida que nuestra existencia les resulte rentable, beneficiosa, divertida, digna de ser cuidada para que ellos (quienes nos ayuden), no se pierdan las ventajas de que sigamos existiendo.

Como vemos: nosotros nos amamos (narcisismo) porque estamos interesados en seguir viviendo (instinto de conservación) y alguien más puede amarnos en la medida que también tenga algún interés, beneficio, conveniencia.

Los trabajadores tienen fuerza siempre y cuando sean útiles para los empleadores. Si los trabajadores no fueran ventajosos para los empleadores no tendrían la potestad de presionarlos amenazándolos con dejar de trabajar (huelga).

En suma: cuantos mayores sean las ganancias que recibe nuestro empleador de nuestra producción, mayor será la fuerza que ejerceremos sobre él, amenazándolo con dejar de producir si no mejora las condiciones laborales.

Somos fuertes si somos útiles y somos débiles si somos inútiles.

(Este es el Artículo Nº 2.201)