miércoles, 14 de mayo de 2014

Gratuidad y tiranía



 
Aunque su inmadurez o su avaricia los rechace, el comentario que deseo compartir con ustedes es que deberíamos luchar para que nadie nos regale nada, porque si nos apoderamos de ese regalo, quien nos regala recortará nuestras libertades o nos perjudicará de alguna manera. En el mejor de los casos, quedará esperando nuestro regalo.

El concepto gratuidad es interpretado con tal inocencia que nos permite evaluar cuán ingenuos somos los humanos actualmente.

Somos tan cándidos que nos imaginamos dignos de recibir regalos sin dar nada a cambio, a pesar de que esos regalos desinteresados no existen ni entre los familiares y ni entre los amigos más queridos.

Sostener la creencia en la gratuidad nos marca con claridad hasta qué punto estamos mentalmente inmaduros. Resulta insólito que gente adulta crea que alguien lo eligió para premiarlo sin pedirle nada a cambio.

Pues bien, todo esto, pero aplicado masivamente, nos lleva a entender cómo las naciones, en las que los estados se hacen cargo de muchos costos a través de servicios gratuitos o de servicios subvencionados, no generan suspicacias entre los beneficiados.

En suma: el comentario que deseo compartir con ustedes es que deberíamos luchar para que nadie nos regale nada, porque si nos apoderamos de ese regalo, quien nos regala recortará nuestras libertades o nos perjudicará de alguna manera. En el mejor de los casos, quedará esperando nuestro regalo.

(Este es el Artículo Nº 2.195)

1 comentario:

José Luis Carrillo Quiróz dijo...

Efectivamente. En eso se basa la política electorera. Los partidos y sus candidatos "regalan" una despensa para 3 o 4 días o unas láminas y con eso les regresan el regalo para que vendan cada seis años los recursos del país, empobreciéndolo cada vez más.