lunes, 12 de mayo de 2014

La ineficacia papal



 
Los pobres, que sienten cómo su Santo Padre rezonga a los hermanos ricos para que sean más dadivosos, quizá se queden esperando algún efecto beneficioso de tales rezongos. Si así fuera, estas sugerencias papales estarían siendo contraproducentes, agravando la brecha entre pobres y ricos.

Muchas personas pobres creen en Dios y hasta son fieles a la Iglesia Católica.

El Papa, (Francisco I o cualquier otro), inspira, entre los católicos, veneración, alegría, confianza, protección, esperanza. Quizá consideren que ese jerarca es el ser humano que está más cerca de Dios.

Estos estados de ánimo, propulsados por la fe, generan efectos tangibles, pero presumo que podrían estar perdiendo eficacia.

La idea que comparto con ustedes refiere a que, según algunas mediciones, la desigualdad entre ricos y pobres es cada vez mayor.

Es probable que los papas de todos los tiempos hayan pedido a los fieles ricos que fueran más generosos con los pobres. Es probable también que esos fieles ricos hayan escuchado con atención ese reclamo papal y que hayan sido más generosos en las donaciones, en la ayuda social, en el pago de salarios, en las contribuciones a las asociaciones filantrópicas (a la propia Iglesia, incluida).

Vivo en Uruguay, uno de los países más laicos del planeta. Esto es muy satisfactorio para los ateos. También es satisfactorio para quienes poseen la libertad de practicar el culto que prefieren.

Si los papas de todos los tiempos estimularon a los ricos para que fueran más generosos con los pobres y estamos asistiendo a una mayor desigualdad entre ambas clases socio-económicas, es posible pensar que esa prédica es menos efectiva que antes, por no decir que ahora es contraproducente.

No podemos descartar la hipótesis de que aquellas prédicas mantenían una mayor justicia distributiva pero que ahora, esas mismas prédicas excitan a los ricos para que sean más ambiciosos y que desestimulan a los pobres para que luchen por un mayor bienestar en sus vida.

Los pobres, que sienten cómo su Santo Padre rezonga a los hermanos ricos para que sean más dadivosos, quizá se queden esperando algún efecto beneficioso de tales rezongos. Si así fuera, estas sugerencias papales estarían siendo contraproducentes, agravando la brecha entre pobres y ricos.

(Este es el Artículo Nº 2.193)