domingo, 19 de octubre de 2008

Salarios eran los de antes...

El dinero que se recibe por una herencia, por el acierto en un sorteo o porque se encontró tirado en el suelo, no es igual al que se recibe por haber trabajado.

El dinero gratuito es más simpático que el trabajado. Si no fuera por el temor de que otros quieran participar abusivamente en nuestra suerte (de haber heredado, ganado en la ruleta, etc.), podríamos hablar de él y de los usos que le daremos sin muchas inhibiciones. No es tan sencillo sin embargo hablar libremente del dinero que nos ganamos con nuestro esfuerzo.

El dinero gratuito se vive con la alegría que sentíamos cuando, siendo pequeños, nos daban todo lo necesario simplemente por el hecho de existir, porque nos sentíamos amados. La acción que realizábamos para merecer todas esas atenciones estaba representada por el verbo «ser».

El dinero ganado con nuestro esfuerzo es más antipático porque tuvimos que pelear por él, no lo recibimos por ser amados sino porque nosotros «tuvimos que amar» (al cliente o al empleador). La acción que realizamos para merecer este dinero está representada por el verbo «hacer».

El amor propio, el narcisismo y el orgullo que todos tenemos —en mayor o menor medida— hacen que, en la comparación, sintamos que los bienes y servicios recibidos cuando éramos niños fueran realmente valiosos, limpios, santos, dignos, preciosos, mientras que este dinero que recibimos a cambio de nuestra sudor y sacrificio aplicados para satisfacer a gente que ni siquiera es de nuestra familia, sea poco valioso, quizá sucio, maligno, indigno, feo.

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21 comentarios:

Anónimo dijo...

La herencia que recibí de mi madre y algunos familiares fue la CULPA.

Silvia de Meyer dijo...

Hablar de dinero produce pudor. Más aún que los temas de sexualidad.

Moisés Gandolfo dijo...

Parece mentira pero ahora me animo de decirlo: a mi me da vergüenza tener que trabajar para ganarme el sustento. Lo siento como un fracaso personal. Como si hubiera hecho algo mal y no supiera que fue.

Leonardo Obispo dijo...

En la Biblia se dice claramente que el trabajar fue un castigo y me parece lógico que alguien rechace el estar condenado.

Perla dijo...

Mis padres dicen que estoy enferma de vagancia pero ellos no entienden que no puedo hacer eso de trabajar. NO PUEDO!!!!!

Olaf Navarro dijo...

Esto de no querer trabajar para mi que es una enfermedad porque cuando yo no podía trabajar realmente me resultaba imposible, y cuanto más me agredían y me insistían y me empujaban, peor era. Por suerte eso se me pasó.

elina fadal dijo...

Después de haber recibido amor y cuidados en la infancia, sólo porque alguien nos quería y nos veía maravillosos, es muy difícil aceptar, al pasar a la adultez, que ya nadie nos querrá porque sí y que al amor (trabajo, pareja, hijos, sustento, hogar, amigos)hay que ganárselo HACIENDO algo, trabajando.
Pero hay algo que no estamos teniendo en cuenta: nuestros padres tampoco nos querían sólo por el hecho de SER, nos querían porque éramos SUS hijos, parte de ellos.

rosana dijo...

El dinero que nos costó esfuerzo ganar se vive más intensamente: se disfruta más cuando se gasta y se lo sufre más cuando se lo pierde.

nahuel dijo...

Es indigno para mí, tener que hacer lo que me piden para cobrar un dinero a fin de mes. Yo merezco todos los servicios, los cuidados, el amor y el deseo de los demás. Eso me enseñaron mis padres. Aunque daba trabajo me atendían. Mi caca era aplaudida y me alimentaban sosteniéndome en los brazos. Buscaban mi mirada, me sonreían, me hablaban con dulzura y yo repetía cualquier tontería gutural que ni palabra sería. Tiene mucha razón Licenciado, salarios eran los de antes.

germán santos dijo...

De niño no recibí nada valioso ni limpio. Era el noveno de diez hermanos y los juguetes y la ropa llegaban sucios, gastados y con un dudoso valor afectivo.

el observante dijo...

Cuando te ganás unos pesos, aunque sea una cantidad insignificante, saltás de la alegría, sin embargo yo nunca vi a nadie saltar de la alegría cuando va a cobrar su salario.

melchor dijo...

El dinero gratuito sirve para pagar en los espectáculos con entrada libre.

lucio minguito dijo...

Propongo que en los billetes de dinero gratuito se ponga la cara de "el gran gustav"

macarena dalegría dijo...

Con dinero gratuito me compré un consolador. Como es dinero gratuito lo puedo decir alegremente, sin inhibiciones!!

felisberto corredale dijo...

Una vez pelié por un dinero ganado con esfuerzo. La lucha fue bastante pareja, hasta que mi contrincante, horadado por la fatiga, comenzò a ceder. Entonces aproveché la debilidad de mi enemigo, tomé el billete ganado y salí corriendo.

un peón de estancia dijo...

Si Ud. propone que YO ame a mis clientes o a mi empleador, está verdaderamente loco y verdemente degenerado!!

ramón del chircal dijo...

Yo tengo amor propio, como no, pero narcisismo, nadita. En casa ni espejos hay, mire, con eso le digo todo.

garabato paredes dijo...

El dinero gratuito y el dinero ganado, son como gemelos: se ven iguales pero se sienten distinto.

chispita dijo...

Dos relucientes monedas de 10$ conversaban animádamente:
-¡Ya sé cómo hacer para que la fiesta del Gordo esté recopada!
-¿Qué vas a hacer?
-Voy a invitar sólo al dinero gratuito!!

el conjuntivo dijo...

Yo tengo un tonel de narcisismo y una chapita de orgullo.

Anónimo dijo...

Estimado amigo,

Francamente por más que me esfuerzo no logro identificar en mí misma ninguno de los sentimientos que usted describe. Será porque nunca me gané nada ni en la kermés del colegio, pero a mí me encanta que me paguen por lo que hago.
También me gusta, es cierto, hacer cosas gratis, y eso me ha puesto en más de un apuro. Me refiero a cosas sencillas, como dar consejos de herbolaria o cosas parecidas, sobre las que soy bastante experta, y que simplemente no me da el cuero para cobrarle a nadie por unos consejos casi de abuelita. Sin embargo esto en más de una ocasión ha indignado a algunos, que hasta me han esgrimido razones místicas para tratar de disuadirme de hacer eso gratis. Qué pavada.
En fin, gracias por hacerme ver que no ando demasiado mal del coco, porque el dinero que recibo por mi trabajo me parece valioso, limpio, santo, digno, precioso, y me siento orgullosa de ganarlo.