domingo, 18 de abril de 2010

El trabajo es un alivio doloroso

Hace un tiempo decía en Mi cárcel es más pequeña que la tuya, que la sociedad nos encarcela con todas las normas de convivencia que nos impone, pero que en nuestra psiquis (superyó) tenemos normas aún más restrictivas que la exteriores.

No hace mucho, en El mayor hospital psiquiátrico, les comentaba que las personas que imaginan un largo proceso de reencarnaciones, suponen que la llegada a esta vida, no es más que un castigo que se nos impone para purificar nuestro espíritu (hasta que en algún momento, un completo perfeccionamiento, nos exonere de estas ingratas experiencias terrenales).

Los institutos de internación forzosa (cárceles, manicomios, reformatorios), tienen la ambivalente postura de pregonar acciones curativas cuando en los hechos son indiscutiblemente punitivas (en lugar de curar, castigan).

Esto es así por varias razones, pero la más importante es que los humanos aún no tenemos claro qué son salud y enfermedad.

Como les comentaba en otros artículos (1) referidos a la Organización Mundial de la Salud, la definición de salud es poco menos que delirante.

En esos institutos correccionales-castigadores, tienen una actitud frente al trabajo que llama la atención.

A las personas encerradas se les concede el beneficio de trabajar como premio a la buena conducta y se las remunera con un alivio en las condiciones de vida.

No podemos olvidar que los reclusos responden a una lógica humana, adaptada a sus particulares condiciones de vida. Seguramente todos actuaríamos de forma similar si estuviéramos sometidos a ese régimen.

En suma: Por el trabajo en libertad esperamos dinero y por el trabajo en reclusión esperamos alivio.

Podemos decir entonces que «el dinero equivale a un alivio».

Existen quienes gozan (o sienten purificarse) con el dolor, pero pasan desapercibidos porque ni lo saben ni lo admitirían.


(1) La exageración oficial

La buena salud no existe

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11 comentarios:

Jorge dijo...

Para los que no estudiamos sicología, parece más razonable el temor a no tener erecciónes que a perder el miembro.

Orosmán dijo...

Después del orgasmo experimento placidez, deseos de dormir. No me ha pasado de deprimirme.

Rosendo dijo...

Los hombres deberíamos tener, además de escroto, una bolsa más amplia, como la de los marsupiales, para guardar el chingo.

Evaristo dijo...

El pene fláccido inspira en las mujeres mucha ternura (después de que se han satisfecho, vamos a entendernos).

Lucía dijo...

Es medio confusa esta separación de la realidad en psíquica y material.

Damián dijo...

En tiempos de guerra las mujeres defienden la cría y los hombres el territorio.

Elbio dijo...

La sociedad exige "mano dura", pero sólo quienes están autorizados a aplicarla pueden responder al pedido. Quizás esto haga sentir al resto de los hombres, castrados, impotentes, y ese malestar agrava la situación. Los hombres agredidos que no pueden defenderse actúan en sentido contrario a lo que dicta la naturaleza. Entonces el clima social se vuelve muy tenso, falta escape para la presión.
Una hipótesis que cuenta con muchos adeptos, es que esa válvula de escape se encuentra en torno al espectáculo futbolístico, es decir, las peleas entre las hinchadas, los actos de vandalismo a la salida de los partidos, y el hecho de convertir al fútbol en un tema poco menos que filosófico, del cual siempre hay algo para hablar. Parece un mundo inagotable en el que se puede ocupar la mente y canalizar una amplia gama de emociones.

Ingrid dijo...

El desamor es más frecuente que la pérdida de órganos genitales.

Alicia dijo...

Los hombres desean los huevos de oro. Quieren tener una mamá gallina que les devuelva el producto de su fecundación en oro. Hijos valiosos que los enriquezcan y dejen a ojos vista, su hombría.

Mayte dijo...

Nuestro cuerpo también reacciona frente a la realidad psíquica; son las enfermedades psicosomáticas.

Sandra39 dijo...

De acuerdo a lo que ud plantea, ser infértil debe ser una de las peores cosas que le puede suceder a un ser humano. A quien le suceda esto, puede buscar compensación colaborando en la conservación de la especie (ya que no puede hacerlo en la reproducción). Otro camino es la sublimación, es decir, cumplir con la conservación de la especie de manera simbólica, inventando objetos, técnicas, metodologías, que colaboren con el mantenimiento de la vida.