lunes, 16 de agosto de 2010

La propiedad privada y la esclavitud

Cuando en un país no existe la esclavitud en ninguna de sus formas, los ciudadanos son propietarios de sí mismos y, por lo tanto, de su fuerza laboral.

Para que en un país no exista la esclavitud en ninguna de sus formas, es preciso que los derechos civiles estén reconocidos por las leyes y que además, esos derechos sean respetados.

Pero hace falta algo más para que la esclavitud no esté presente en alguna de sus formas.

Si en una nación sólo es posible trabajar para un único empleador y no existe —en los hechos— la libertad de vender la fuerza laboral a quien uno desee, en la realidad existe una forma de esclavitud, porque el trabajador-esclavo no puede irse (sin perecer por falta de recursos), ni puede desobedecer las órdenes que reciba del empleador-esclavista, porque si lo hiciera, podría ser privado de la oportunidad laboral.

Cuando en un país el índice de desocupación es muy elevado, la libertad de vender la fuerza laboral queda restringida o cancelada.

Es posible decir entonces que, cuando en un país algunos ciudadanos no pueden vender su fuerza de trabajo, están dadas las condiciones para que los que sí están empleados (y temen ser despidos), funcionen en realidad como esclavos.

Corresponde aclarar que los índices de desocupación merecen ser relativizados.

1) Los criterios de medición suelen ser presionados a la baja cuando los gobernantes necesitan ocultar que en su período de gestión, existen condiciones laborales que favorecen la esclavitud.

2) Los criterios de medición suelen ser presionados al alza cuando, entre los desocupados se incluyen personas que buscan trabajo y no lo encuentran porque su fuerza laboral no tiene demanda, por ser escasa, obsoleta o excesivamente especializada.

En suma: los adultos sanos somos dueños de nuestra fuerza laboral, aunque a veces no es respetada.

Artículo vinculado:

Origen de la desocupación laboral

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10 comentarios:

Rogelio dijo...

Para ser completamente dueño de mi fuerza laboral, tendría que poder elegir el lugar donde trabajar, y en realidad eso no puedo hacerlo, sencillamente porque quien elige a sus empleados es la empresa.

Alicia dijo...

La única forma de ser dueño de tu fuerza laboral es siendo un trabajador independiente.

Chapita dijo...

Mi fuerza laboral es escasa porque a las dos horas ya estoy exhausto.

Rulo dijo...

Soy dueño de mi fuerza laboral, y por razones similares a las de Chapita, ahora la tengo descansando.

Oriente dijo...

En la Edad Media, los campesinos trabajaban para la nobleza y el clero. No existía otra posibilidad. Vivían en la pobreza. El bien más preciado que recibían a cambio, parece ser que era la seguridad que podían ofrecer los nobles dentro de su feudo.
Así que hemos progresado, aunque todavía exista la esclavitud, ahora existe en menor medida.

Filisbino dijo...

Yo soy mi propietario pero estoy en alquiler dándole cobijo a una mujer hermosa.

Azulino Pérez dijo...

Mi fuerza laboral ha sido poco trabajada, tengo que admitirlo. Debo prepararme más para que mi fuerza esté cargada de herramientas.

Diego dijo...

La ventaja de que exista un sólo empleador (por ej el estado) es que los trabajadores pueden unirse todos con un objetivo común.
Lo fundamental es que se pueda elegir dentro de qué área trabajar, que se respete la vocación de cada uno.

Laura dijo...

No me parece que los trabajadores puedan hacerse fuertes si el único empleador es el estado. Diego no toma en cuenta que en esos casos el estado tiene mucho poder.

Nora dijo...

Es importante tomar conciencia de que somos dueños de nuestra fuerza laboral, para que podamos enseñorearnos de ella.