
Las costumbres que tienen los pueblos y las personas constituyen en conjunto de prácticas que consideran más convenientes.
Es la evaluación de «conveniencia» lo que no parece tan sencillo porque acá aparecen datos objetivos y subjetivos.
Con los objetivos no hay muchas dudas: tener más confort, esforzarse menos, disminuir la incertidumbre. Pero con los subjetivos hay muchas dudas porque en ese plano nos guiamos por creencias, ilusiones, prejuicios, supersticiones.
Me animaría a decirles que son los datos subjetivos los que más influyen en las costumbres.
A pesar de que el sentido común dice que lo mejor es guiarse por los datos objetivos (los que se pueden comprobar), a la hora de tomar una resolución tendríamos que asumir que pesan más los afectos, sentimientos, deseos, anhelos, esperanzas, fantasías, promesas, intuiciones.
Por lo tanto: Si usted entendiera que mi descripción de los hechos es correcta y teniendo en cuenta que cancelamos nuestras necesidades vitales con la realidad objetiva (comida, abrigo, vivienda), podría ser beneficioso priorizar la atención de nuestra realidad material y postergar la atención de la realidad no material.
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