
Los varones se dedicaban a la caza y a la pesca, mientras las mujeres recolectaban alimentos de las inmediaciones a sus casas.
Ellos, quizá por no estar tan bien dotados como ellas para cuidar a los niños, los enfermos y a los ancianos, se alejaban de sus familias por varios días buscando las mejores presas terrestres, voladoras o acuáticas.
Las artes de la caza o de la pesca, requieren de gran pericia, experiencia, conocimientos, poder de observación, ingenio, paciencia, puntería, tomar riesgos, pasar privaciones.
Algo muy importante para desempeñar estas tareas, consiste en conocer los hábitos y ciclos de comportamiento de las presas, para ser oportuno, aplicar las técnicas adecuadas (trampas, señuelos, sorpresa), con el menor esfuerzo y máximo rendimiento.
Podríamos resumir esta búsqueda de suministros, en que las mujeres conseguían los alimentos de origen vegetal, aves de corral y lácteos, mientras que los hombres proveían principalmente los alimentos ricos en proteínas (grandes mamíferos, peces, aves silvestres).
Volvamos rápidamente a la época en que vivimos usted y yo para verificar que, tres mil años a esta parte, han cambiado los instrumentos aunque no los procedimientos.
Las mujeres siguen estando mejor dotadas para atender a los hijos, enfermos y ancianos (aunque ya muchas familias han tenido que distribuir de otra forma estas ocupaciones) y los varones están mejor dotados para ocuparse de tareas fuera de la casa (aunque muchos hombres están trabajando en sus casas e inclusive cuidando niños, enfermos y ancianos).
Actualmente, los varones también tienen que conocer los hábitos y ciclos de comportamiento del mercado, tienen que ser oportunos, aplicar técnicas adecuadas (informarse de las novedades, de las ofertas, demandas y oportunidades), quizá utilizando exclusivamente su computadora o teléfono celular como armas que le permitan capturar el dinero necesario.
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