domingo, 12 de septiembre de 2010

Intercambio de cariñosos rehenes

No necesito justificarlo: todos procuramos darle permanencia a lo placentero e inexistencia (o brevedad) a lo que molesta.

La niñez es una etapa de nuestras vidas con características especiales.

No necesito justificarlo: los niños no pueden participar en la producción económica.

Cuando un niño trabaja con menos de doce años, algo inconveniente está ocurriendo en esa sociedad (explotación, hambruna, prostitución).

Estas ideas muy genéricas están acá para señalar un punto que puede ser interesante.

Las personas que disfrutan de los niños, procuran que sus hijos conserven esas características.

Por el contrario, quienes no gustan de los niños, procuran que sus hijos terminen cuanto antes esa etapa infantil.

Surge rápidamente el idealismo: «Nadie debería ni frenar ni acelerar el desarrollo normal de un ser humano, para gratificar la conveniencia propia».

Esta propuesta es razonable, pero detrás de cada eslogan moralista, hay un esfuerzo de voluntad por ser lo que se debería ser, reprimiendo lo que nuestros instintos nos sugieren.

En suma:

1º) Algunas personas gustan de los niños y otros no.
2º) Todos tratamos de conservar los estímulos gratos y evitar los desagradables.
3º) Quienes gustan de los niños procurarán que estos conserven las características infantiles el mayor tiempo posible.
4º) Quienes gustan de los niños, e intentan preservar sus características infantiles, procurará que estos empiecen a trabajar lo más tarde posible.

Lo diré de otra forma:

Es probable que muchas inserciones laborales se vean postergadas, porque alguno de los progenitores prefiere ayudar económicamente a su hijo, con tal de conservar el mayor tiempo posible las características infantiles que son de su agrado.

Estos hijos, estimulados para no crecer, son eternos estudiantes, incapaces de ganar dinero, pero adorables, mimosos y expertos en Play Station.

El secuestro puede terminar cuando los padres les conceden la libertad a cambio de un nieto.

●●●

12 comentarios:

Maruja dijo...

La felicidad de los padres no es completa si no pueden quejarse de mantener a sus hijos como niños (y en el fondo cómo les gusta!).

Marcos dijo...

No tengo dudas de que cambiar hijo inmaduro por nieto de juguete es un buen negocio.

Mariela dijo...

A mí me pasa algo peor; como mis hijos insisten en crecer, yo tengo que hacerme la joven.

Verónica dijo...

Si por mí fuera, habría mantenido a mis hijos hasta la etapa del gateo. Cuando empiezan a caminar se vuelven muy independientes.

Rulo dijo...

Yo empiezo a trabajar lo más tarde posible porque la mañana no me va.

Jaime dijo...

A algunos hay que acelerarles el desarrollo normal. Es como a los relojes, a veces hay que ponerlos en hora.

Anónimo dijo...

Prefiero no ayudar económicamente a mis hijos... ni a nadie.

Martín dijo...

Ahora lo veo claro. Mi madre no me mandaba al dentista porque prefería que siguiera sin dientes.

Clarisa dijo...

Y bueno, si los hijos son eternos estudiantes ya es bastante.

López dijo...

Mi instinto me dice que si no estudia ni trabaja, le parto la cabeza.

Rogelio Hambruna dijo...

Mi hijo ya cumplió trece y no me había dado cuenta!

Evaristo dijo...

Soportar a los bebes se me haría más fácil si pudiera ponerles camisa y corbata.