
Sin tomar conciencia de ello, pensamos tomando en cuenta mucha información no confirmada, aplicamos procedimientos cuyo principal mérito es que siempre se hizo así, suponemos que si los demás tienen cierta convicción, es porque lo habrán meditado el tiempo suficiente.
Una de las convicciones más arraigadas referidas a la economía, sostiene que en un país, las relaciones de intercambio cumplen la regla de suma cero, esto es, que para que uno gane inevitablemente otro tiene que perder.
Comenté este fenómeno en dos artículos anteriores (1).
La falta de crecimiento en los intercambios, impone un sentimiento de culpa a quien resultara ganancioso, con lo cual, la mayoría de las buenas personas -que predominan en cualquier colectivo-, tratarán de ganar poco, porque suponen que un afán progresista irá en detrimento del bienestar o patrimonio de otros vecinos.
En suma 1: la creencia en que las relaciones de intercambio económico impone una suma cero, obliga a esa mayoría de ciudadanos a procurar disminuir al máximo sus ingresos, generándose por esta vía la pobreza patológica.
Si la relaciones de intercambio funcionan con una lógica de NO suma cero, es principalmente porque los mercados son abiertos y no cerrados.
Para que sean abiertos, los agentes económicos tienen que practicar el comercio exterior, deben exportar parte de su producción y quizá también importar algunos productos a sus clientes extranjeros.
Esto sólo ocurre si los exportadores admiten vincularse con otros pueblos, países, mercados (así agregarán riqueza extra a la comunidad, para que las relaciones comerciales permitan que todos ganen en vez de que sólo pueda ganarse a costa de pérdidas ajenas).
En suma 2: Para que podamos transar (intercambiar, negociar) con otras economías, NO podemos ser comercialmente monógamos sino que deberemos ser comercialmente polígamos.
(1) ¿Quién tiene lo que me falta?
Un trozo de PBI con Coca-Cola
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9 comentarios:
Que yo sepa siempre fuimos comercialmente polígamos.
En dónde existe monogamia comercial?
Se supone que soy monógamo pero igual transo con quien quiero.
Cuando un país abre puertas y ventanas a los productos extranjeros, puede que arruine el desarrollo de su industria. En ese caso a la corta o a la larga se queda sin industria. Desde ese momento queda condenado a importar todo lo que necesita, no puede elegir que le conviene comprar y qué no.
Seguimos creciendo: antes exportábamos cobre; ahora chaparritas.
Si uno gana y otro pierde no es tan grave. El tema es que uno gana y muchos pierden.
Me gusta timbear porque casi nunca salgo ganancioso. Eso me permite dormir bien.
Tenemos que exportar turismo.
Suerte que Hernandarias trajo las vaquitas antes de que se empezara a vender el eco-cuero.
Yo sé que prodigo amor con demasiado entusiasmo. Tan es así que actúo en detrimento del matrimonio de otros vecinos.
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