
Una madre está regida por más leyes que un padre. Como ellas poseen el organismo mejor dotado para la conservación de la especie, todos (hombres y mujeres) controlamos que no haga un mal uso de su cuerpo.
Ellas son ricas por disponer de un cuerpo capaz de gestar y luego de alimentar, y por eso todos le imponemos más obligaciones y restricciones.
Como los varones hacemos un mínimo aporte, tenemos menos responsabilidades, menos compromisos, la cultura es más tolerante con nosotros.
Desde cierto punto de vista, los humanos pensamos así: «a quien más contribuye con la preservación de la especie, más le exigimos».
Si condensamos aún más la idea, podríamos decirlo así: «los que más tienen, más deben».
La idea opuesta también es válida: «los que menos tienen, menos deben».
Razonando de esta forma, llegamos a la conclusión de que es poco conveniente ser o parecer una mujer, y al revés: conviene ser o parecer un varón.
Por lo tanto, el machismo («actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres»), no sólo es un abuso de poder derivado de la mayor fuerza física, sino también es la consecuencia de una objetiva condición desfavorable del sexo femenino.
Dicho de manera más elemental:
— Ser mujer es más difícil que ser varón;
— El machismo es una reacción adaptativa inteligente ante opciones tan dispares en cuanto a conveniencia;
— Todos monitoreamos que ellas cumplan con lo que deben.
Conclusión 1: Es el único caso en el que, quien más tiene y más vale, menos decide, gobierna y enriquece.
Conclusión 2: «Tener» y «ser útil» sólo es conveniente cuando la cultura está dispuesta a remunerar adecuadamente esos méritos. De lo contrario conviene «no tener» y «ser inútil».
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