domingo, 28 de febrero de 2010

Analizar es romper

Muy a menudo oímos decir: «este problema es muy complejo».

Nunca (dije: nunca) oímos decir: «mi forma de pensar hace que este problema parezca complejo».

Podría darse por sobreentendido dirá usted, pero déjeme decirle que se hacen muchas aclaraciones sobreentendidas menos ésta.

Los rompecabezas son juegos que permiten entretener a grandes y chicos, individual y colectivamente.

Todas las figuras del cuadro que tenemos que armar están compuestas por más de una pieza. Por ejemplo, es difícil que el ojo de una cara esté en una única piecita.

Con los más complejos (compuestos por miles de piezas), es clásico que nos surja la duda sobre si no nos faltará alguna.

Cuando nos ponemos a analizar un problema (por ejemplo, cómo hacemos para pagar lo que debemos) nos enfrentamos a una especie de rompecabeza.

Es un defecto mental lo que convierte un problema normal en un problema de difícil solución.

Imagine dos científicos ubicados en diferentes partes del planeta que casualmente están tratando de resolver el mismo problema (por ejemplo, la causa de una enfermedad).

Uno de los científicos dispone de todos sus recursos personales mientras que el otro está tullido, inmóvil, acostado en una cama y depende de que muchas personas le traigan información para hacer su investigación.

La diferencia esencial entre ambos es que el primero puede observar el fenómeno completo mientras que el otro no tiene más remedio que trabajar con pequeños fragmentos del fenómeno.

Casi todos analizamos los problemas (los fragmentamos en trocitos) y por eso siempre nos rompemos la cabeza hasta con el fenómeno más sencillo.

Casi todos somos tullidos intelectuales.

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sábado, 27 de febrero de 2010

La inteligencia del burro

El fenómeno «vida» instalado por la naturaleza en cada animal requiere que éste realice ciertas acciones que ella estimula mediante el dolor y el placer.

Está confirmado que su método es eficaz porque nos movemos como ella quiere para evitar el dolor y para conseguir el placer.

En el ámbito laboral, podríamos decir que trabajar responde a los estímulos dolorosos y que cobrar responde a los estímulos placenteros.

Desde otro punto de vista se podría decir que cuando la naturaleza nos hace sentir dolores tales como hambre, frío o cansancio, reaccionamos buscando un trabajo que nos provea dinero para comprar lo que nos alivie (alimento, abrigo o alojamiento, respectivamente).

Todos conocemos la historia del burro que intenta alcanzar una zanahoria atada a su propio cuerpo.

Esta imagen representa bien nuestra esperanza de alcanzar algún día la saciedad, el alivio perpetuo, la satisfacción definitiva.

Pues bien, la propia historia incluye un personaje que usamos como símbolo de la estupidez y la ignorancia.

Cuando decimos que alguien es un burro, estamos diciendo que padece dificultades intelectuales severas.

La popularidad de esta fábula nos permite suponer que en nuestra psiquis consideramos que el procedimiento que utiliza la naturaleza para conservar nuestras vidas, sólo funciona si somos unos «burros».

Cuando los seres humanos «inteligentes y sabios» captan que si cumplen las órdenes de la naturaleza se convierten en «estúpidos e ignorantes», elaboran alguna estrategia para evitar el dolor y el placer.

La sociedad de consumo nos promete evitarnos cualquier tipo de dolor y algunas otras ofertas (medicina y religiones) nos ayudan a resistir la tentación de gozar, disfrutar, «comernos las zanahoria».

Cuando los «inteligentes y sabios» perciben que negar el dolor y placer no es vida, comienzan a delirar con que la verdadera vida está después de la muerte.

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viernes, 26 de febrero de 2010

Trabajar (o fornicar) gratis

Todos tenemos una particular idea sobre cómo es la realidad en la que vivimos.

El hecho de que sea algo personal no significa que existan diferencias muy grandes entre lo que piensan personas que viven situaciones similares.

Es probable que dos peruanos de Lima tengan formas similares de ver el mundo, pero si hablaran con un mexicano notarían algunas discrepancias.

Siempre que estamos en desacuerdo, pensamos que el otro está equivocado, es tonto o malintencionado.

Por lo tanto los criterios de verdad son siempre personales, más o menos compartidos con otras personas y determinantes de la interpretación que hacemos de la realidad.

La interpretación que hacemos de la realidad está directamente asociada a cómo interactuamos con ella.

Utilizaré dos ejemplos vinculados a la prostitución.

1) Si alguien desprecia a las prostitutas, puede sentir un rechazo furioso contra cualquier situación laboral en la que entienda que «hace lo que le piden porque para eso le pagan».

En otras palabras, la personal forma de entender la realidad determina que cualquier forma de complacer las demandas de un cliente o proveedor que paga, es una forma de prostituirse.

2) Cuando alguien está convencido de que «en una economía capitalista no hay más remedio que prostituirse» y supone que esas mujeres son todas degeneradas, corruptas e indecentes, podrá desempeñarse como empresario o empleado que vende su fuerza laboral, pero con una actitud tan inescrupulosa, corrupta e indecente como imagina que son las prostitutas.

En otras palabras, su personal forma de entender la realidad determina que no hay más remedio que prostituirse copiando las características morales propias (según su creencia) de esas trabajadoras sexuales.

En suma: Algunas personas no pueden cobrar cuando satisfacen una demanda porque piensan que ésta siempre es sexual.

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jueves, 25 de febrero de 2010

Pagar para creer

Las mujeres (al igual que las demás hembras de otras especies mamíferas), convocan a los hombres y eligen (1) al que ellas intuyen que posee la dotación genética más adecuada para gestar hijos sanos y hermosos.

El varón elegido difícilmente desaproveche ese honor que le ha tocado en suerte.

La fuerza seductora de una mujer es casi mágica ... aunque culturalmente, —para que ellas no se envanezcan con su poder—, se las convence de que no es tan así.

Claro que para que la invitación tenga esa fuerza sobrenatural, la naturaleza cuenta con la desesperante necesidad del varón de ser convocado.

La 99% de la prostitución (2) es ejercida por mujeres que se ganan la vida haciéndole creer a los hombres que fueron elegidos por ellas (el 1% es ejercida por varones que atienden esa necesidad en la pocas mujeres que la padecen).

Por lo tanto, desde la más remota antigüedad (porque la prostitución es la profesión más antigua), el ser humano paga para que le permitan creer.

Si bien parecería ser que la necesidad de creer más antigua es la del hombre que desea ser elegido como semental de una mujer, es legítimo pensar que el ser humano paga para que lo ayuden a mantener otras creencias.

En el artículo titulado ¡Haremos el bien caiga quien caiga! hice un comentario sobre la beneficencia. Concretamente decía que los filántropos, «—por alguna razón que el psicoanálisis podría explicar—, no pueden evitar el «hacer obras de bien».

Es posible pensar que los filántropos pagan para creer que son generosos, que son más fuertes que los pobres que ayudan y más buenos que los semejantes que no hacen donaciones.

Si además creen en que existe un Juicio Final, también pagan para mejorar sus antecedentes ante esa instancia.


(1) «A éste lo quiero para mí»; «Soy celosa con quien estoy en celo»; «La suerte de la fea...».

(2) La prostitución decente.

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miércoles, 24 de febrero de 2010

Ya sé por qué no me entiendes

En un artículo publicado recientemente (1) digo que todo lo que tenemos que hacer es producir (para alimentarnos y re-producirnos).

En otro publicado hace más tiempo (2) decía que aquellas personas que logran un buen desarrollo en los lenguajes verbal y matemático, acceden a las categorías socio-económicas que disfrutan de una mejor calidad de vida.

En otro artículo publicado hoy (Nadie es mejor que mi perro) sugiero la hipótesis según la cual el lenguaje es una función asociada al instinto sexual.

De hecho, si podemos suponer que lo que determina que un macho y una hembra se consideren como pertenecientes a la misma especie es que puedan ser complementarios en la reproducción, no estamos lejos de aceptar que la forma de comunicarse entre ellos es esencial.

En otras especies diferente a la nuestra, la atracción de los machos que producen las hembras cuando entran en celo, es una forma de comunicación (en este caso no acústica o gráfica, como la humana, sino olfativa).

En síntesis:

— Puesto que estar alineados con la naturaleza significa en última instancia producir para conservarnos como individuos y re-producirnos para conservarnos como especie;

— Si constatamos que un buen desarrollo lingüístico (lenguaje verbal y matemático) son determinantes para acceder a los mejores niveles de calidad de vida;

— Estamos reconociendo que estar alineados con la naturaleza (en última instancia con la realidad), es la condición más favorable para no padecer la pobreza patológica.

… y además:

1) La función lingüística podría estar asociada al instinto de conservación a través del instinto sexual;

2) Podríamos entender mejor el fenómeno humano si no estuviéramos tan apegados a la noción de que hombres y mujeres somos tan parecidos entre nosotros como un gato y una gata o un toro y una vaca.

(1) Menos orgasmos y menos salario,

(2) Nuestros dos lenguajes.

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martes, 23 de febrero de 2010

Mamá es demasiado fácil

Los límites que imponen las prohibiciones son necesarios para la generación de energía y ésta es imprescindible para que el fenómeno vida continúe.

Si cortamos el curso de un río con una pared (represa) [imagen], el agua acumulada sube su nivel inundando una vasta superficie de terreno (embalse). En la base de esa pared la presión es máxima.

Los orificios allí ubicados permiten que escape el agua con la fuerza suficiente como para mover las máquinas generadoras de energía eléctrica.

Por lo tanto, el límite (represa) prohíbe el libre paso del agua generando una gran presión que se convierte en energía.

Los vehículos reciben energía en sus ruedas porque dentro del motor explota un combustible inflamable dentro de un lugar cerrado. Si esa explosión se produjera en un lugar abierto (sin límites), no habría energía y el vehículo no podría desplazarse.

No hace falta estudiar leyes para saber que «los derechos de cada uno terminan donde empiezan los derechos de los demás».

Estamos rodeados de límites y prohibiciones. La propia piel es un límite que prohíbe la entrada a los microbios que desearían parasitarnos y también prohíbe que nuestros órganos escapen (lo cual implicaría perder la vida).

No se sabe por qué en nuestra especie está prohibido el incesto. Circulan algunas teorías pero realmente no se conoce el motivo verdadero.

Una de esas teorías tiene que ver con lo que mencioné más arriba.

Si los humanos tuviéramos relaciones sexuales con nuestra madre, padre, hermanos y tíos, todo sería demasiado fácil.

La generación de la energía necesaria para conservar la vida depende de las prohibiciones que padecemos.

Vivir requiere luchar, trabajar, vencer resistencias, soportar prohibiciones, avanzar a pesar de los límites, casarnos con alguien de otra familia.

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lunes, 22 de febrero de 2010

«¡No te banco más!»

El verbo «bancar» es de uso exclusivo en Argentina y Uruguay pero su existencia puede aportarnos alguna utilidad a todos los hispanoparlantes.

El origen de los vocablos siempre es incierto. No existe un acta fundacional de cada palabra. Por eso tenemos que conformarnos con teorías y conjeturas. Es todo lo que tenemos.

Los «bancos» son instituciones que forman parte del sistema financiero de cualquier país.

Hace muchos siglos, en la ciudad italiana de Florencia, los encargados de hacer préstamos y cambiar dinero, atendían a sus clientes sentados en los bancos de las plazas de esa ciudad y de ahí proviene el nombre que hoy conocemos.

«Bancar» en el lunfardo rioplatense significa genéricamente: soportar, mantener, aguantar, tolerar, financiar, solventar.

Por ejemplo: «¡No te banco más!» significa «¡No te soporto más!»; o «Mis padres bancaron mis estudios» significa «Mis padres pagaron mis estudios»; «Fulano es imbancable» significa «Fulano es difícil de tratar».

Más allá de que es lógico pensar que el origen de la palabra «banco» sea el resultado de una metonimia (sustitución de la función de prestar y canjear dinero por el nombre del lugar donde se realiza), es posible pensar que el mueble llamado «banco» se caracteriza por «soportar» el peso de quien lo usa. En eso precisamente consiste su utilidad: en aliviar el esfuerzo que hacen las piernas.

El uso que hacemos en el Río de la Plata de este vocablo, nos permite inferir que el dinero (principal mercancía del negocio bancario), es algo que

— nos soporta (nos mantiene, nos permite vivir),

— nos alivia (cuando compramos servicios de salud, descanso, o diversión);

— nos aguanta (resolviendo nuestros problemas, compensando nuestros errores), además de

— financiar (nuestros emprendimientos) y

— solventar (nuestros gastos).

Otro ejemplo: alguien con dinero y usando esta acepción del verbo «bancar», puede parecer tolerante, afectuoso, comprensivo simplemente satisfaciendo los caprichos de alguien.

Nota: la foto es del famoso cantor de tangos Carlos Gardel (1887-1935) cuya nacionalidad se disputan argentinos y uruguayos.

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domingo, 21 de febrero de 2010

Vivir es molesto

En varios artículos propongo aceptar que la única misión que tienen los seres humanos es la misma que tienen todos los demás seres vivos: conservarse a sí mismos y a la especie (1).

De esta definición se desprende otra deductivamente: el instinto de conservación es el más importante y los demás son derivaciones suyas. (2)

En la misma línea de extremar la simplificación, agrego ahora que los vínculos tienen como modelo la relación con nuestra madre.

Cada vez que establecemos lazos afectivos con otra persona, asumimos el rol de hijo o de madre, independientemente de cual sea nuestro género anatómico.

Estos roles pueden ser rotativos: a veces nos sentimos el hijo (o hija) de nuestro ser querido (madre, padre, cónyuge, hermano, amigo) y otras veces su madre.

La naturaleza se vale de excitarnos con dolor o placer para provocarnos acciones necesarias para conservar el fenómeno vida (por ejemplo, tenemos dolor por el hambre, buscamos comida y sentimos el placer de saciarnos) (3).

Nuestra psiquis siempre procura la quietud, la estabilidad, la paz, la ausencia de dolor y se irrita cuando registra algún estímulo molesto.

Esa predisposición a mantener la saciedad, es necesaria para que reaccione enérgicamente cada vez que aparecen necesidades.

Son escasas las ocasiones en las que no nos falta algo. Diría que son inexistentes. Es casi seguro que cuando tenemos todas las necesidades satisfechas, nos atormente el aburrimiento, que es otro estímulo irritante de la psiquis.

El dinero es la única mercancía que puede canjearse por la mayoría de los bienes o servicios que nos satisfacen (transitoriamente) los deseos o necesidades que nos surgen a cada momento.

Es fácil padecer la ilusión de que podemos tener una existencia carente de molestias y por eso es fácil padecer la ilusión de que el dinero puede mantenernos permanentemente aliviados, felices, en paz.

(1) El dinero o la vida; No al aborto. Sí a la castración; Fornicamos con seriedad; La disconformidad universal

(2) Giuseppe Verdi: ¡Eres mi vida!

(3) (Maldita) Felicidad publicitaria; Loción infalible contra las molestias; Menos culpa y menos estrés; Por ahora necesitamos la pobreza; Trabajo molesto y seguro.

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sábado, 20 de febrero de 2010

Giuseppe Verdi: ¡Eres mi vida!

El instinto de conservación es nuestro Gran Instinto. El sexual y el de apoderamiento derivan de él.

¿De qué modo se responde al instinto de conservación leyendo este artículo? Un lector podría responder: porque permanentemente estoy buscando ideas, sugerencias, información sobre cómo mejorar mi calidad de vida.

¿Qué acciones nos impone este instinto?

— Algunos pasan toda la vida consiguiendo cosas para comer, abrigarse y mantener a la familia;

— Otros aplican todo su esfuerzo para conservar una situación privilegiada que les suministra lo necesario (monarquía, herencia, empleo público);

— Los hay quienes aplican parte de su energía a buscar suministros materiales para sobrevivir dignamente y otra parte a conseguir suministros narcisísticos (fama, obediencia, gratitud).

Las combinaciones son muchas, pero en síntesis, los animales disponemos de un cuerpo adecuado para cumplir con el instinto de conservación.

Además de esta visión panorámica —que puede ser tan verdadera como cualquier otra conocida— quería detenerme en el último ejemplo mencionado.

Algunas personas dedican parte de su energía a colaborar con quienes no saben, no pueden o no quieren ser autosustentables económicamente.

Caridad y filantropía significan prácticamente lo mismo.

¿De qué modo alguien responde al instinto de conservación ayudando a los demás?

Un lector caritativo o filántropo nos explicaría que no podría vivir sin luchar por un mejor reparto de la riqueza, por conseguir donaciones de los que tienen riqueza excesiva para alimentar a los hambrientos o curar a los enfermos o terminar con la mortalidad infantil.

Todos hacemos lo que hacemos porque es cuestión de «vida o muerte».

Aunque suene exagerado y dramático, siempre aplicamos toda nuestra energía para sobrevivir.

Es muy claro cuando trabajamos por la comida pero mucho menos notorio cuando pagamos un dineral por un (imprescindible) palco en la ópera.

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viernes, 19 de febrero de 2010

Obesidad extra corporal

El tamaño de nuestro cuerpo no es tan fácil de determinar.

Claro que se pueden hacer mediciones objetivas: altura, peso, cantidad de azúcar en la sangre, cantidad de urea en la orina, etc.

Sin embargo nuestra psiquis se rige por otras mediciones del cuerpo cuando imaginamos que otras personas y objetos forman parte nuestra.

El afecto hacia los seres queridos incluye el sentir que su cuerpo es nuestro aunque no sea tan fácil de controlar como el que consideramos realmente nuestro porque nos acompaña hasta la muerte.

Las posesiones materiales también son imaginadas como corporales. Si alguien ingresa a nuestro terreno sin pedirnos permiso, si un antisocial nos raya la pintura del automóvil o si nos roban el celular, tenemos sentimientos muy similares a cualquier atropello a nuestro físico (manoseo, lesión o empellón, respectivamente).

Es verdad que somos muy vulnerables. Pocas especies son tan débiles como nosotros. Las 40 semanas de gestación no le alcanzan a la naturaleza para hacer todo lo que tiene que hacer. Por eso podemos decir que todos nacemos prematuramente.

Esta debilidad corporal está parcialmente compensada por un híper desarrollo de la mente. Lo que no tenemos por el lado físico lo tenemos parcialmente compensado por la psiquis.

Y digo «parcialmente» porque la función psíquica tiene sus defectos, comete errores gruesos, padece engaños.

Una de esas particularidades menos confiables de nuestra psiquis es pensar que tener un gran tamaño equivale a mayor fortaleza y por lo tanto a mayor defensa contra la muerte.

La expansión de nuestro cuerpo físico (obesidad) y/o de nuestro cuerpo virtual (posesiones familiares [mi esposa, mi hijo, mis padres], sociales [tener personas dependientes como empleados, gobernados o usuarios] y materiales [inmuebles, vehículos, dinero]), puede ser una estrategia inconsciente para disminuir nuestro temor a la muerte.

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jueves, 18 de febrero de 2010

«Mi colaboración es totalmente desinteresada»

Existe una etapa de nuestras vidas (cuando tenemos entre 6 y 9 años de edad) en la que vivimos un intenso conflicto entre lo que deseamos y lo que sabemos que está expresamente prohibido.

Algunos niños generan una formación reactiva, consistente en dedicarse exageradamente a realizar lo contrario de lo que desean.

Tanto el deseo como la formación reactiva, son procesos inconscientes.

Por ejemplo, pueden aparecer incontrolables perfeccionismos en la higiene porque sienten que el afecto por la suciedad les traerá problemas sociales graves.

Cuando alguien se ruboriza ante una situación que podría ser amorosa, casi seguro que su deseo inconsciente es muy intenso a favor de tener un desborde sexual.

Y cuando esta conducta de rechazo feroz e inconsciente queda instalada en la personalidad del adolescente y del adulto, nos encontramos con un doble discurso, del cual daré algunos ejemplos:

— «Abajo los gobiernos de derecha (pero exterminemos a los delincuentes)»;

— «¡Cárcel para los evasores de impuestos! (pero quisiera traerme una computadora de contrabando)»;

— «¡Condenemos la trata de blancas! (pero sigo con mi marido porque me mantiene)»;

— «¡No soporto a quienes fuman! (aunque lo estuve haciendo hasta hace poco y tuve que abandonarlo porque la propaganda me inculcó miedo)»;

— «Los ricos son ricos de tanto robarle a los pobres que son buenos, ingenuos, indefensos (pero si yo fuera rico no diría esta sarta de tonterías)».

En términos generales, las personas que padecen una formación reactiva, desean una cosa pero no pueden satisfacerla porque en el contexto social que viven serían censurados, condenados y castigados en los hechos.

Debo resaltar que la contradicción es muy enérgica precisamente porque ambos factores en conflicto son inconscientes. Por ejemplo: el rechazo a los ricos es tan vehemente como el deseo de tener mucho dinero.

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miércoles, 17 de febrero de 2010

Compra-venta de excepciones

El alfarero (imagen) moldea la arcilla cuando todavía está húmeda, hasta que obtiene la forma que él quiere, desea o necesita.

Luego le quita toda la humedad usando el calor de un horno para que la forma final se mantenga incambiada.

Los adultos (padres, maestros) moldean la conducta de los niños hasta que logran que estos sean como ellos (los adultos educadores) quieren, desean o necesitan.

La propia condición humana hace que las conductas adquiridas, luego se conserven con relativa estabilidad.

Conclusión 1: la tarea del alfarero con la arcilla es similar a la tarea de los adultos educadores con los niños.

………

Si el alfarero quisiera remodelar la vasija una vez secada, no podría. No existe la forma de ablandar la arcilla una vez que fue secada en un horno. El único cambio posible es romper la vasija.

Para transformar la conducta de un adulto habrá que considerar cuán rígido es éste, cuán inmodificable es su forma de actuar, cuánta firmeza tiene su forma de ser.

Los adultos blandos son fácilmente modificables. Con solo pedirles que sean flexibles, adecuarán su forma de ser a lo que cualquiera le pida.

Los adultos duros son los que necesitan un tratamiento de ablandamiento especial.

Son precisamente estos los sensibles al soborno, a los regalos, a la adulación.

El grado de dureza de estas personas es proporcional a la entidad del soborno (regalos o adulación) necesaria para lograr el ablandamiento requerido.

Algunos duros nunca llegan a participar en un acto de corrupción porque nadie necesita de su flexibilidad dada la escasa importancia que tienen las tareas que es capaz de realizar.

Conclusión 2: los corruptos son un subgrupo perteneciente al conjunto de ciudadanos que el sentido común denomina incorruptibles.

Nota: este artículo está vinculado con ¿Qué es un regalo?

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martes, 16 de febrero de 2010

Primero cobro y después hago

En el artículo titulado El orgasmo salarial les decía que:

«El placer sexual funciona como una remuneración. El interés que despierta en los humanos el deseo sexual es suficiente estímulo como para que en este momento seamos más de 6.700 millones de habitantes en el planeta ... y sigamos creciendo.»

Ahora les planteo una comparación.

La naturaleza remunera al ser humano con maravillosos orgasmos para que el varón inyecte semen en el cuerpo de la mujer y se produzca un nuevo ejemplar de la especie.

Ahora describiré la fabricación de un producto de tal forma que pueda compararse con la gestación de un niño.

El empresario invierte (inyecta) dinero (semen) en su fábrica (cuerpo de la mujer), crea productos (hijos) que vende con una ganancia (remuneración, orgasmo).

En el mismo artículo mencionado en el primer párrafo, sugiero que una solución al milenario problema de la pobreza patológica debería apoyarse fundamentalmente en el estímulo placentero y no en el clásico uso de la violencia.

Observe que al comparar la gestación de un niño y la producción de objetos con fines de lucro, tenemos una situación idéntica pero invertida.

La naturaleza remunera primero y obtiene lo que busca (la reproducción para conservar la especie) después. Sin embargo los humanos primero hacemos el esfuerzo y recién al final somos remunerados (premiados con la ganancia-orgasmo).

El procedimiento que utiliza la naturaleza es efectivo porque la especie humana está creciendo permanentemente, mientras que el procedimiento que usamos los humanos siempre genera un faltante, una escasez generadora de pobreza.

Para que el sistema capitalista se parezca más a la naturaleza, tendríamos que ubicar la ganancia-orgasmo al principio del proceso de fabricación y venta.

La pregunta es: ¿Cómo hacer para que los procesos productivos pongan la ganancia-orgasmo antes que el de fabricación y venta?

Quizá se nos ocurra alguna idea.

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lunes, 15 de febrero de 2010

Remuneración maternal

En el artículo titulado El orgasmo salarial comentaba con ustedes que la solución a la pobreza patológica deberá excluir la violencia y contar con el atractivo placer del orgasmo.

Otra característica que debería tener esa solución a la pobreza patológica es un particular vínculo con la realidad.

Hasta ahora hemos hecho uso y abuso de la mentira, de la ilusión, las creencias fantásticas y estamos como estamos.

Me refiero particularmente a mentirnos con la negación de la muerte definitiva, a la ilusión de que estamos protegidos por seres mágicos infinitamente poderosos y amorosos, o a la creencia fantástica en el alma, el espíritu y sus múltiples actividades cuando ya han perdido el cuerpo biológico.

Aunque parezca paradójico, ese mayor vínculo con la realidad debería incluir un repliegue de toda la sabiduría hoy contenida en el sentido común.

Por ejemplo: no es seguro (aunque lo parezca) que «dos cabezas piensan más que una». Para generar esta duda observo los pavorosos disparates que han aplaudido los pueblos a lo largo de la historia.

Redoblo la apuesta: Todo lo que piensan las mayorías debería ser revisado con más cuidado que lo que piensan las minorías.

Otro ejemplo: para disminuir la pobreza patológica, ¿será necesario trabajar más o trabajar menos?

El sentido común diría por un lado que será necesario trabajar más pero simultáneamente recomendaría no exigir más horas de trabajo porque «la gente es ociosa».

En esta última duda me inclinaría a decir que quizá deberíamos seguir trabajando como hasta ahora, pero repartiendo el esfuerzo de otra forma.

Para ello quizá haga falta generalizar lo que ya hacen algunas naciones: las mujeres, cuando son madres de niños pequeños, no deberían tener necesidad de ocuparse en otras tareas que seguramente serán menos importantes.

No me extrañaría que la escasez de cuidados maternales sea generadora de pobreza patológica.

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domingo, 14 de febrero de 2010

Les enseñaré a ser como yo

Los maestros y profesores son personajes de nuestra vida que se nos presentan como modelos a copiar.

Los primeros aprendizajes son por imitación. Los pequeños tratan de ser como sus padres, como sus hermanos mayores, como las personas que ellos consideran poderosos.

Así funciona nuestra mente: si nos sentimos vulnerables, no solamente buscamos protección mediante el llanto o la seducción, sino que también nos esforzamos por hacer lo mismo que hacen los que parecen fuertes y no necesitan ayuda.

Todos los sistemas educativos se basan en mostrarle a los alumnos cómo deberán ser cuando sean adultos: como el maestro o como el profesor.

A su vez, estos trabajadores del sistema educativo tienen una marcada vocación docente. Son profesionales que en la casi totalidad de los casos, aman lo que hacen.

Los trabajadores que más aman lo que hacen, menos cobran en dinero porque todos pagamos lo mínimo imprescindible.

Esto es así porque los salarios se fijan por la oferta y la demanda: si encontramos que alguien disfruta tanto lo que hace que acepta realizarlo sin cobrar, a ese contrataremos.

Pero este caso extremo es casi inexistente. Lo que sí encontramos son personas que trabajan ganando bajos salarios porque gozan mucho con la tarea.

Los docentes son personas que se conforman con bajos salarios porque gozan con ser elegidos como modelos a imitar.

Esto produce varios inconvenientes. Uno de ellos es que esos modelos a imitar (los docentes) son personas que ganan muy poco dinero y esa característica también es imitada por los estudiantes.

De esta forma estoy diciendo que si los docentes se conforman con bajos salarios porque lo que más les importa es ser imitados, entonces serán agentes reproductores de la pobreza.

Otro inconveniente es que en realidad no trasmiten conocimientos sino que sólo procuran seducir a la platea estudiantil... pero éste ya es otro tema.

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sábado, 13 de febrero de 2010

El orgasmo salarial

Cuando publique este artículo, será el Nº 779. El primero se tituló Anorexia monetaria y lo publiqué el día 22 de diciembre de 2006.

Algún día quizá encontremos (usted, otros, yo) alguna idea que termine con este flagelo milenario que es la pobreza patológica.

Ya he pensado, sobre todo mientras me desembarazo de la pereza que me da levantarme en las mañanas, cómo tendrá que ser esa solución.

En el artículo titulado Menos orgasmos y menos salario les comento que la naturaleza nos gratifica por cumplir la tarea de reproducirnos.

El placer sexual funciona como una remuneración. El interés que despierta en los humanos el deseo sexual es suficiente estímulo como para que en este momento seamos más de 6.700 millones de habitantes en el planeta ... y sigamos creciendo.

El sentido común está convencido de que los métodos violentos son la gran solución a los grandes problemas y de hecho lo son en muchos casos.

Desde mi punto de vista, la medicina convencional es una usina de soluciones violentas ovacionada por el sentido común.

Esta ciencia produce curas reales y aparentes. Son reales cuando el mal desaparece pero son aparentes cuando el síntoma se transforma en otro diferente o la curación es seguida de efectos secundarios imprevistos.

Esta ciencia hace reparaciones como un mecánico amateur, pensando que tenemos órganos que se pueden extirpar sin más, o que se pueden agregar productos químicos a nuestro cuerpo como si fuera una probeta de vidrio.

Pues bien, pienso que las soluciones a la pobreza patológica no podrán ser violentas sino placenteras... como un orgasmo.

Comprendo si me dice que le parece difícil. Yo también pienso igual que usted, pero agrego que vale la pena intentarlo.

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viernes, 12 de febrero de 2010

Muerte económica

La palabra capital deriva del vocablo caput que en latín significa «cabeza».

En economía, se llama capital a la diferencia que hay entre los bienes que tenemos y el dinero que debemos.

Pondré un ejemplo: Tengo una casa que vale 100 pero debo 80. Mi capital es de 100 – 80 = 20.

Ahora recordemos de dónde proviene la palabra capital (caput = «cabeza») y cambiando los términos digamos que mi «cabeza» vale 20.

También compartimos la creencia en que alguien que «tiene poca cabeza», es alguien que toma decisiones equivocadas, que comete errores frecuentemente, que sus opiniones no son dignas de tener en cuenta.

Por el contrario, también compartimos la creencia en que alguien que «tiene mucha cabeza», es alguien que toma decisiones acertadas, que comete pocos errores y que sus opiniones son dignas de tener en cuenta.

Para ir acercándonos a las conclusiones que busco, vemos que el idioma tiene asociado en su origen el capital con una parte de nuestro cuerpo tan importante como es la «cabeza».

También podríamos decir que en idioma castellano estamos lingüísticamente condicionados para pensar que los ricos son más inteligentes (capaces, sabios) que los pobres.

Y para terminar, observen que hay muchas personas que tienen deudas mayores a los bienes que disponen.

Concretamente, hay personas que tienen una casa de 100 pero deben 120. Es decir que deben todo lo que tienen y un poco más.

Estas personas son las que perdieron la «cabeza» porque no tienen capital. Desde el punto de vista económico, están muertas.

Naturalmente que esta situación patrimonial (tener un capital negativo (1), deber más de lo que se posee) es un caso extremo de pobreza patológica porque ya estamos hablando de muerte económica.

(1) La imagen se justifica por ser un retrato en negativo.

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jueves, 11 de febrero de 2010

Menos orgasmos y menos salario

Habitualmente digo que las únicas tareas naturales de todos los seres vivos (incluidos los seres humanos) consisten en conservarnos como individuos y como especie.

En nuestro idioma podríamos trasponer los verbos y decir que lo único que tenemos que hacer es producir (trabajar para ganarnos el sustento) y reproducir (fornicar para tener hijos).

Simplificando aún más, la lógica deductiva nos autoriza a decir que la única misión de un ser humano es producir.

Cuando producimos trabajando, nuestros clientes o empleadores nos gratifican con dinero con el que podremos comprar lo que necesitemos para conservarnos como individuos.

Cuando nos reproducimos fornicando, la naturaleza nos gratifica con el placer sexual, que en el mejor de los casos, llega a su punto máximo en el orgasmo.

¿Sabía usted que el 66% de las mujeres no accede al orgasmo?

Con estos datos podríamos decir que cuando la naturaleza gratifica con el orgasmo a los seres humanos para que se reproduzcan, les está pagando salarios más bajos a las mujeres que a los hombres.

Aunque reconozco que puede tratarse de una casualidad, igual me parece interesante relacionar este hecho con que el salario femenino promedio es inferior al de los hombres.

Entre otros, el Banco Interamericano de Desarrollo decía hace poco (octubre de 2009) que los hombres ganamos 17% más que las mujeres (brecha salarial entre géneros).

Cabría mencionar también que la mayoría de los pobres del mundo son mujeres (feminización de la pobreza).

En suma: estoy relacionando la mayor dificultad que tienen las mujeres para acceder a la remuneración sexual que nos proporciona la naturaleza como pago por reproducirnos (orgasmo), con la mayor dificultad que tienen ellas mismas para acceder a la remuneración económica que nos proporciona el mercado laboral.


Nota: La imagen corresponde a famosa escena de la película Cuando Harry conoció a Sally, en la que Meg Ryan demuestra cómo es posible fingir un orgasmo.


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miércoles, 10 de febrero de 2010

El inspector de errores

¿No le resulta novedosa esa moda de agregar al final de cada programa los errores de filmación que se cometieron antes de lograr el producto final que acabamos de disfrutar?

En el Río de la Plata (Argentina y Uruguay) los llamamos «perlitas».

No quisiera hacer una apología del error porque eso sería un error, pero también es cierto que estamos rodeados de personas que nos deprimen involuntariamente.

Tienen visión aguda, certera y precisa para descubrir que omitimos vocalizar una «s» final, o que pronunciamos mal un apellido extranjero, o equivocamos el día de la semana en que Colón descubrió América (fue el viernes 12 de octubre de 1492).

En el artículo titulado Definición de salud les decía que «El desinterés (desgano, indiferencia, apatía), en tanto nos quita posibilidades de disponer de nuestro cuerpo, es una enfermedad».

Las personas que acostumbran señalarnos continuamente nuestros errores y defectos, necesitan hacerlo para imaginar que son tan perspicaces que podrán evitar cualquier peligro que las perjudique.

De hecho, su estado de alerta obedece al miedo difuso y genérico que padecen, asociado a la firme convicción de que las vicisitudes de la vida se producen sólo por descuido, negligencia o ignorancia de las víctimas.

Suelen enviar e-mails con dietas, advertencias médicas y los descubrimientos científicos más persecutorios.

Con esa «destreza» se imaginan invulnerables y si no comprendemos por qué hacen lo que hacen, podemos pensar que sus críticas son justificadas, generándonos una pérdida de autoestima que termina funcionando como una enfermedad ya que podría quitarnos entusiasmo, voluntad, confianza, empuje, deseo, alegría.

De más está decir que el miedo (por ejemplo, la hipocondría) que los lleva a ser tan observadores, también es un poco contagioso.

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martes, 9 de febrero de 2010

Definición de salud

¡Mire usted que definición original!: «Tenemos salud cuando podemos disponer de nuestro cuerpo».

Sólo para que conste: «Estamos enfermos cuando no podemos disponer de nuestro cuerpo».

Algo que me llama mucho la atención es la discusión sobre si las mujeres están o no autorizadas legalmente a interrumpir un embarazo no deseado (aborto).

Los legisladores, representantes de la sociedad, deciden si el cuerpo de las mujeres está o no a disposición de sus dueñas.

En los países donde está prohibido el aborto (que son la mayoría) se dice que estas ciudadanas deben gestar, parir y criar a un niño, porque lo desean todos menos ellas.

Si aceptáramos la definición del primer párrafo, entonces la mitad femenina de la población de los países donde está prohibido el aborto, está enferma.

Pero cuando decimos que «salud es poder disponer del cuerpo» nos surge otra reflexión:

Si un trabajador concurre a realizar ciertas tareas para otra persona que le paga por ese esfuerzo, podrá sentir que está sano o enfermo según trabaje porque lo desea o contrariado (a desgano, molesto).

La escasa energía que posee un trabajador desmotivado (que se siente prisionero de una situación que lo molesta), es igual a la escasa energía que padece alguien con gripe, diarrea o cualquier otra enfermedad invalidante.

Por lo tanto, si por salud entendemos el poder disponer del cuerpo, existirán agentes externos que nos quitarán la salud (virus, accidentes, legisladores) o internos (desinterés).

Conclusión 1: La prohibición del aborto provoca el mismo efecto que una enfermedad porque les quita a las mujeres la plena disponibilidad de sus cuerpos.

Conclusión 2: El desinterés (desgano, indiferencia, apatía), en tanto nos quita posibilidades de disponer de nuestro cuerpo, es una enfermedad.

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lunes, 8 de febrero de 2010

Locatarios mundiales

En un artículo titulado La llave de nuestra casa, les comentaba que un buen dominio de nuestro idioma nos permite sentirnos más seguros, más confiados, más locatarios en cada lugar donde estemos.

Las personas que saben expresarse con claridad (y si es con elegancia, mejor aún), tienen mayores posibilidades de ganarse la confianza, el respeto, la consideración y hasta la hospitalidad de los demás.

Hace pocos días, en el artículo titulado ¡Haga de cuenta que está en mi casa! volvía sobre el tema pero encarándolo desde el punto de vista de nuestro instinto territorial.

Ponían el énfasis en la diferencia muy notoria que existe entre ser locatario y visitante, no solamente en las competencias deportivas sino cada vez que alguien incursiona en un lugar que no es su casa.

Ahora resumo ambos conceptos tratando de encontrar una idea de cómo poseer una filosofía de vida que nos facilite las cosas.

1) Una persona puede tener la tendencia a imaginarse que siempre es un pasajero que acostumbra a vivir en hoteles o

2) Puede tener la tendencia a imaginarse que siempre es un paciente que acostumbra estar internado en lugares donde todas las decisiones las toman los locatarios (funcionarios del hospital).

Si podemos usar el idioma con destreza y nos sentimos cómodos en cualquier lugar, inspiramos en los otros un sentimiento de respeto, confiabilidad y agrado.

Si es difícil entender lo que decimos y tenemos miedo de molestar, probablemente pensarán que no sabemos lo que queremos y que si nos consideramos una persona molesta, por algo será.

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domingo, 7 de febrero de 2010

«Cuídame que te cuidaré»

Imaginemos que José y María son dos personas que se gustan tanto que deciden asociarse para facilitarse la vida recíprocamente (se casan, forman una pareja, se van a vivir juntos).

José le promete a María (en privado, ante testigos, con ceremonia o no) que cuidará de ella como de sí mismo y María le promete lo mismo a él.

Lo que realmente están procurando estos dos enamorados es un poco diferente y que podría describirse así:

José trata de comprometer a María (en privado, ante testigos, con ceremonia o no) para que ella lo cuide como lo hizo su propia madre cuando era pequeño y aún no sabía cuidarse solo.

María trata de comprometer a José exactamente para lo mismo.

Debido a la hipocresía inherente al conflicto que existe entre nuestros instintos y nuestra cultura (1), ambos presentan su propuesta como un ofrecimiento amoroso y desinteresado, pero lo real es que ambos sólo quieren pedir sin dar nada a cambio.

En otras palabras: ambos hacen una maniobra para recuperar los desinteresados cuidados maternales.

Esforzarse por recuperar la situación infantil no es mera nostalgia, sino un intento de eludir los efectos indeseables del instinto de conservación (miedo e inhibición) (2)

Como nuestro instinto de conservación incluye el cuidado de la propia vida y de lo que haga falta para poder mantenerla (vivienda, abrigo, alimentos, utensilios, dinero), todo intento de delegar en otro (cónyuge, instituciones de asistencia social, ONG’s) esa responsabilidad, será generador de pérdidas porque quienes prometen protección (maternaje) también son personas que están ineludiblemente coaccionados por su propio instinto de conservación, que no les permitirá preocuparse efectivamente de los problemas ajenos.

Conclusión: Los cuidados maternales alimentan hasta la adolescencia y luego son adictivos y empobrecen.

(1) «Haga de cuenta que está en mi casa»

(2) «Poder es querer»


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sábado, 6 de febrero de 2010

La sugestión exitosa

Las creencias son ideas que no pueden ser demostradas pero que se aceptan como verdaderas.

Dentro de esta categoría podemos incluir las hipótesis («mañana, si llueve, no jugaremos al fútbol»), las teorías («en nuestra psiquis existe una parte desconocida que llamamos ‘inconsciente’») y los prejuicios («los amantes latinos son apasionados»).

No creo exagerar si digo que nuestra inteligencia es tan precaria que nos provee de 1 certeza cada 99 creencias.

Esta parecería ser una conclusión muy pesimista, pero sin embargo la situación no es tan grave.

De esas 99 creencias extraemos ‘datos’ con los que tomamos decisiones concretas.

En los hechos nuestra vida está guiada por creencias, hipótesis, teorías, prejuicios.

Son tan influyentes las creencias que pueden determinar el estar 1) sano o enfermo, 2) alegre o triste y 3) rico o pobre … y estos son solamente tres ejemplos que uso para explicarme.

1) La psicosomática estudia la relación que existe entre los fenómenos psíquicos y la salud;

2) Ante circunstancias idénticas, algunas personas pasan bien y otras se deprimen;

3) Si alguien cree que nació para ser rico, aumenta las posibilidades de que no tenga carencias económicas así como también, si alguien cree que nació para ser pobre, verá aumentadas sus posibilidades de verse ratificado por los hechos.

Existen técnicas para entrenar la imaginación en la creación de escenarios deseados con la expectativa de que estos se conviertan en una realidad.

Una de esas técnicas es la «visualización (o mentalización) creativa» consistente en algo así como soñar despierto una situación anhelada.

Quienes practican esta técnica aseguran que —en una plazo no determinable—, logran conservar la buena salud, acceder a estados de ánimo satisfactorios y resolver la mayoría de las dificultades económicas.

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viernes, 5 de febrero de 2010

Su majestad el cliente, es un vasallo

He pensado en tres fenómenos laborales que llaman la atención por lo paradójicos.

1) Las niñeras son personas contratadas por los padres para enseñar a sus hijos cómo tratar a sus padres.

2) Los suboficiales militares instruyen al personal de tropa sobre cómo tratar a los oficiales.

3) En las oficinas del estado los ciudadanos son atendidos por los funcionarios menos experimentados. Cuando estos aprenden la tarea, son ascendidos y dejan de atender a los usuarios.

Si vamos a su origen, la palabra burocracia significa «gobierno de los oficinistas» (así como democracia es ‘gobierno del pueblo’ o aristocracia es ‘gobierno de un grupo privilegiado’).

Dicho en otras palabras:

1) Los padres le pagan a una niñera para que el hijo que engendraron sepa cómo tratarlos;

2) Los coroneles ordenan a los sargentos que eduquen a los soldados a rendirle honores a los coroneles;

3) Los ciudadanos, además de pagar los impuestos, están obligados a soportar la incompetencia de los empleados públicos para que estos se capaciten y algún día se dediquen a resolver problemas que ya no son de los ciudadanos.

Los ejemplos de la niñera y de los militares son conocidos por muy pocas personas, pero el fenómeno de la burocracia es más popular.

El funcionamiento de las oficinas del estado emite —sin querer— un mensaje a todos los ciudadanos de cada país.

Ese mensaje podría resumirse en que «lo que menos importa es el cliente (ciudadano, usuario, empleador * )».

Dicho así, en pocas palabras, queda muy claro que este criterio contribuye a empobrecer a quien lo utilice. Sin embargo así funciona y parece que no es tan fácil de percibir.

* Nota importante: a quien nos da trabajo (empleador) corresponde considerarlo un cliente, aunque prejuiciosamente acostumbramos tratarlo con menos consideración.

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jueves, 4 de febrero de 2010

¡Haga de cuenta que está en mi casa!

El animal humano es instintivamente territorial pero culturalmente respetuoso del visitante.

En otra palabras, las normas de convivencia nos obligan a ser hospitalarios, a ofrecer nuestra casa al viajero, a darle albergue a quien lo precisa, pero instintivamente no queremos hacerlo.

Los hoteles son expertos en esta transgresión del afán territorialista. Ellos hacen todo lo contrario a lo que haríamos si nos dejáramos llevar por nuestros impulsos más primarios.

En los juegos competitivos ocurre todo lo contrario a lo que hacen los hoteles.

Cuando un equipo juega en su territorio, tiene la invalorable ventaja de contar con el aliento de su hinchada, la que simultáneamente mostrará toda la hostilidad posible hacia los visitantes.

A veces llegamos a un grupo de trabajo, a un club, a una familia y ahí se produce un fenómeno ambivalente: por un lado el instinto presionará a los «locatarios» para que sometan al recién llegado y por otro lado la cultura los presionará para que seas hospitalarios, atentos, amables.

El ingreso a un nuevo «territorio» puede ser transitorio y permanente.

Si es transitorio (una fiesta, una visita, una excursión), la situación no merece comentarios.

Si es permanente, es bueno saber que la referida ambivalencia (sentimientos opuestos del tipo sometimiento-hospitalidad), estará disimulada con halagos, ofrecimientos, promesas, chistes.

El visitante que llega para quedarse sabe que:

1) tendrá que ganarse el lugar que viene a ocupar («pagar el derecho de piso»);

2) que la hostilidad de los locatarios irá descendiendo a medida que él logre mostrarse como «uno más» del grupo; y

3) que mostrarse sumiso ante la cultura que lo recibe es un método casi infalible para ser aceptado en el menor tiempo posible.

En suma: cuando el instinto y la cultura están en conflicto, no hay más remedio que ser hipócrita.

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miércoles, 3 de febrero de 2010

El dinero que da asco

Para poder ordenar mis pensamientos, imagino que los seres humanos recibimos (y cumplimos) órdenes de dos lados: del instinto y de la cultura.

Del instinto recibimos órdenes tales como evitar el dolor, tener relaciones sexuales, apoderarnos de todo lo que necesitamos (objetos o personas).

De la cultura recibimos órdenes tales como utilizar cubiertos para comer, no tener relaciones sexuales con familiares, transar con otros cuando quieren apoderarse de los mismos objetos o personas que nosotros.

Claro que esta separación tan nítida sólo existe en la teoría. En la práctica se vuelve difícil discernir cuándo recibimos una orden del instinto (de nuestra naturaleza) y cuándo recibimos una orden de la cultura (leyes, normas, usos y costumbres).

He comentado en dos artículos (1) sobre la búsqueda de la humildad como forma de tratamiento psicológico (hospital psiquiátrico), reeducación para la vida en sociedad (cárceles) e inclusive para alcanzar la paz interior a través del pensamiento místico (conventos).

Alguna vez he mencionado (2) la relación inconsciente que existe entre el dinero (o la riqueza en general) y los excrementos.

Esta asociación pertenece a la simbología universal de los sueños.

La idea que quiero comentarles (y que incluye las ideas mencionadas anteriormente) es que para algunas personas, tomar el dinero=caca ajeno es humillante, lastima su amor propio, les impone una humildad que no están dispuestas a aceptar y hasta podrían sentir asco.

Reconozco que para llegar a esta hipótesis es preciso hacer un recorrido tortuoso, en el que es fácil extraviarse.

Observen por ejemplo que la gente que trabaja gratis, dice que «trabaja en forma honoraria» porque para ellas no recibir dinero es un honor (o sea que si lo recibieran, se verían deshonradas, humilladas, ultrajadas).

Estas mismas personas sentirían —al recibir dinero—, que están encerradas injustamente en un hospital psiquiátrico, en una cárcel o en un convento.

(1) La humillación terapéutica y El amor propio y la caca ajena .

(2) Caca = niños = dinero ; Doce bombachas o una Toyota 4 x 4.

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martes, 2 de febrero de 2010

El amor propio y la caca ajena

Si la sociedad hablara, nos diría: «No me importan tus sentimientos hacia mí, sólo me importa lo que yo creo que tú sientes hacia mí».

La sociedad también podría decirnos: «No me importa lo que eres sino lo que pareces ser».

Las cárceles y los hospitales psiquiátricos son empresas —generalmente estatales— cuyo único cliente es la sociedad.

Esta sociedad observa lo que hace un cierto ciudadano, piensa para sí misma: «Creo (me parece) que esta persona es peligrosa. Lo enviaré a una empresa de reclusión (cárcel u hospital psiquiátrico)».

Una de las características que la sociedad observa en los ciudadanos es su obediencia a las leyes y normas de convivencia.

En esas empresas (instituciones) de reclusión, se aplican algunos criterios que deberían ser terapéuticos pero que en muchos casos son punitivos (castigos). (1)

Cuando la sociedad observa si la obediencia de los ciudadanos es la adecuada, está determinando si estos tienen la humildad suficiente. Por lo tanto, algunas formas de orgullo (narcisismo, rebeldía, desacato), provocan la orden de reclusión.

El principal criterio («que debería ser terapéutico») sugiere que el internado abandone la mayor cantidad posible de elementos (libertad, documentos, prestigio) que pudieran conservarle ese orgullo que se manifiesta como antisocial.

Como digo en el artículo titulado La humillación terapéutica se combaten el orgullo, el amor propio y la autoestima obligando al internado a que se convierta en humilde, porque la sociedad entiende que «los ciudadanos humildes son buenos».

Las llamadas «laborterapia», «terapia industrial» o «terapia del trabajo» procuran que el internado se convierta en humilde haciendo tareas serviciales (fundamentalmente limpieza de lo que otros ensucian) pensando que así aprenderá a vivir en sociedad.

(1) Tan es así que con total soltura decimos que cuando un presidiario egresa, es porque «ha cumplido su condena» o «ha pagado su deuda con la sociedad».


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lunes, 1 de febrero de 2010

Amor, pasión, odio, indiferencia

¿Estamos de acuerdo en que «el amor mueve montañas»?

Si estamos de acuerdo, veamos algo más de lo que les comentaba en el artículo titulado El verdadero amor verdadero.

Es conocido por todos que cuando estamos poseídos por una pasión, somos capaces de «mover montañas» levantándonos temprano, acostándonos tarde, trabajando todo el día inclusive en condiciones adversas (calor, frío, ruido).

Mi hija era tan inerte como una planta hasta que conoció un joven que (entre otras cosas) le inyectó un objetivo, una meta, entusiasmo.

Se fue a vivir con él en condiciones más precarias de las que tenían cuando vivía con nosotros.

Mi hijo salió de la universidad con trabajo asegurado en la empresa de mi hermano. Se dedican a la importación y exportaciones de insumos informáticos, pero a él sólo le gusta el campo, la naturaleza, la vida al aire libre.

Tengo ejemplos bien cercanos de lo que puede el amor y de lo que sucede sin amor.

En el artículo mencionado decía que el amor es un: «Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo».

Es posible pensar que si existe un «sentimiento de (…) entrega a (…) algo» es posible tener un «sentimiento de (…) no entrega a (…) algo».

Hay personas que rechazan (odian) el dinero con la misma pasión que otros lo buscan, lo aceptan, lo atesoran (aman).

Y para marcar el contraste, corresponde agregar que también existen personas que sienten indiferencia por el dinero.

Los resultados deberían ser disímiles en un caso y en otro.

Quienes rechazan enérgicamente (odian) el dinero deberían poseer una calidad de vida peor que la que logran quienes son indiferentes (apáticos, descuidados, despilfarradores).

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