
Mi hipótesis de que el psicoanálisis posee herramientas teóricas que pueden aliviar las dificultades económicas de algunas personas, tiene su razón de ser.
La idea-herramienta que más puede ayudarnos es la que tiene que ver con un mejor uso de los mecanismos de defensa que habitualmente usamos para poder compatibilizar nuestro deseo con las posibilidades de satisfacerlo.
Deseamos ser amados por todos, no enfermarnos, no perder, no morir, no cansarnos, no tener dolores, no sufrir contrariedades, no padecer frustraciones.
Los mecanismos de defensa son formas de
pensar y de
percibir que alivian el incumplimiento de nuestro deseo. En general las copiamos de quienes nos rodean o las elaboramos en edades muy tempranas. Luego de instaladas (esas formas de pensar y de percibir), pasan a formar parte de nuestra personalidad y por eso se vuelven invisibles. Creemos que no existe otra forma razonable de pensar y de percibir.
Para no sufrir por los desaires, indiferencia y abandonos afectivos,
pensamos que esas personas no se merecían nuestra amistad,
pensamos que la Medicina cura absolutamente cualquier enfermedad y que alivia cualquier dolor,
pensamos que existen seguros que cubren cualquier pérdida (¡existen seguros de vida!).
Para sostener estas formas de pensar,
percibimos cuántos defectos tenían las personas que «no merecían nuestra amistad»,
percibimos cuántas proezas curativas hace la Medicina,
percibimos que muchas personas inteligentes contratan todo tipo de seguros y se las ven distendidas.
Según el psicoanálisis, estas formas de pensar y percibir equivalen a disminuir la cantidad de luz hasta que nuestros ojos ya no vean los defectos que a plena luz nos molestarían. Como está demostrado que vivir a oscuras disminuye la productividad, el psicoanálisis propone encender todas las luces pero de tal forma que pasemos a estar mucho mejor que a oscuras.
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