jueves, 5 de marzo de 2009

Casamiento laboral

Les he comentado recientemente que al nacer con dolorosas necesidades impuestas por la agresiva naturaleza, es nuestra mamá quien las alivia, a partir de nuestro pedido-exigencia (llanto), desarrollando de esta forma la estrategia de pedir-exigir mediante algún método que «estimule» a nuestro proveedor y generándose en nosotros lo que será nuestro sentimiento de amor (hacia quien dé satisfacción a nuestras necesidades).

Condensado en un sólo párrafo tenemos varias ideas que están en el núcleo de nuestra habilidad para sobrevivir.

Pues bien, llegamos a nuestra adultez, terminamos nuestros estudios, las hormonas nos apremian para que busquemos con quién reproducirnos y surge la necesidad de ganar dinero para mantener a la familia que formaremos.

Aquellas ideas primarias del primer párrafo, procuraremos reciclarlas para que se adecuen a nuestro nuevo rol social: joven interesado/a en formar una familia.

Necesitaremos «una mamá proveedora» que podrá ser un empleador que nos dé trabajo o un emprendimiento por nuestra cuenta (empresa o profesión).

Pediremos-exigiremos un salario digno o una ganancia razonable. Tendremos que negociar, estimular al otro para que esté dispuesto a darnos aquello que calmará nuestra necesidad de dinero.

Estas comparaciones tienen un faltante: En el primer párrafo vemos que el amor surge ante el buen cumplimiento de la proveedora pero en el caso del empleador o de nuestra empresa, ese sentimiento está presente en quienes realmente aman su trabajo, su empresa o su profesión.

La ausencia de este sentimiento genera la «pobreza patológica».

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23 comentarios:

Rosario Cardozo dijo...

Si odiar los trabajos es una condición suficiente para padecer la pobreza patológica, en mi caso queda todo explicado.

De todos modos, no estoy tan convencido con lo que usted afirma.

Carla Yebra dijo...

Extraño mucho la vida con mis padres y sobre todo con mi madre que siempre nos está ayudando a todos sin pedir nada a cambio.

Fuera de mi casa, todo es diferente.

Yo podría hacer la comparación que el licenciado hace.

celso imbriaco dijo...

Mi empresa me provee el dinero pero no la puedo comparar con mi mamá porque me provea. Más bien la compararía con una hija mogólica que me saca canas verdes.

Néstor De Luca dijo...

Tengo una fuerte discrepancia con lo que dice acá. Yo con mi mamá me siento agradecido porque ella siempre me dio cuanto pudo cada vez que yo tuve una necesidad, mientras que los empleadores siempre han tratado de sacarme lo más posible pagándome lo menos posible.

Soledad Ortíz dijo...

Yo siento que estoy casada con mi profesión, estoy muy enamorada pero me funciona alrevés. Como me gusta tanto, muchas veces trabajo por el AMOR al arte.

ander brazeiro dijo...

Me llama poderosamente la atención la descripción casi mecánica de fenómenos tan abstractos. Eso me dice de su poder de síntesis pero también me hace dudar sobre la exactitud de su propuesta.

De todos modos es lo suficientemente seria como para que no me pase desapercibida.

tomás etcheverz dijo...

Parece un poco ridículo afirmar que el amor sirve para ganarse la vida honestamente, pero cada vez creo más en que esa actitud es primordial a la hora de ofrecerse como trabajador.

silvia piccardo dijo...

No puedo encontrar ningún punto de comparación entre la vida con mis padres y la vida sin ellos. Es probable que no le haya entendido. Volveré.

long dijo...

soy bígamo porque tb estoy casado con mi profesión.

González Más dijo...

Yo trabajo honestamente pero hay días en que me parece que estoy robando el dinero que me pagan.

justo casal dijo...

Yo quisiera pedir-exigir, pero las veces que lo intenté terminé quedando peor que antes. Ya no lo intento.

López Arregui dijo...

Eso del salario digno suele verse desde un único punto de vista. No existe el concepto "productividad digna".

Tengo varios empleados y me molesta bastante que las exigencias no se cotejan con lo que cada uno está dispuesto a entregar.

Fantomas dijo...

Somos todos personas desarrolladas y responsables. Lula (presidente de Brasil) comenta que él como dirigente gremial tenía un discurso pero como presidente de todos los brasileros tiene que tener otro muy diferente, que hasta puede ser contrario al anterior.

Anónimo dijo...

bueh, con esa cara de ácido muriático está todo dicho

CHECHU dijo...

NO LE ENTENDÍ NADA

Laura Restrepo dijo...

Amo mi trabajo. No es un trabajo perfecto, tiene días que se hace insoportable, horas en las que querés huir, pero aún así es un hermoso trabajo. Podrán existir mejores, pero éste me hace sentir bien.
A pesar de lo que le estoy planteando, el ingreso que me da ese trabajo apenas me alcanza para vivir. En mi caso, al menos, no le veo ninguna aplicación a lo que ud dice.

Efraín dijo...

primer paso para progresar en un laburo, sea el que sea: que te guste y lo hagas con entusiasmo. algo que influye bastante para que te guste es que esté bien pago.

Roberto Mas dijo...

Licenciado, está lleno de gente que no hace su trabajo con responsabilidad, que sólo trata de llenar el ojo e intercambiar favores y sin embargo muchas veces son los que están mejor pagos.

Oriente dijo...

Me puse la camiseta de la empresa y me lo valoraron. Hoy ocupo un puesto de gran responsabilidad y muy bien pago, pero tengo que reconocer que no siempre sucede así.

Nolberto Z. dijo...

En mi caso no sirve de mucho que ame mi trabajo porque no tengo posibilidades de ascenso. Lo más que puedo hacer es mantenerlo y lograr buenas referencias el día que me vaya de allí.

Yenny dijo...

Mal el fotógrafo, ese no debe amar demasiado su profesión, al novio lo dejó en una oscuridad vergonzante.

Márquez García dijo...

Para que el empleador nos de trabajo tenemos que llorar a gritos e insistir, hasta que el señor o la señora venga, intente tomarnos en brazos, nos limpie los mocos y apoye el contrato en la falda para que firmemos. Luego podrá arroparnos con la gabardina de la subjefa (que es bastante grande) y hacernos dormir para que despertemos sintiéndonos mejor.

Robert dijo...

Mi mamá proveedora fue la profesión de albañil. A mi me gusta ser albañil. Me gusta el asado con madera de obra, chiflarle a las mujeres de encima de las paredes (como dice la canción) y también me gusta sacar lomo. A pesar de todo mi mamá proveedora es muy inestable. A veces se le da por no querer construir nada, otras por tirarnos al vacío sólo porque nos distrajimos un poco o estamos mal dormidos y lo peor es que no nos compensa como lo merecemos. Terminamos agotados, dejamos la vida al frío o al calor, hasta las huellas digitales de las manos perdemos, y la muy perra nos paga como si en lugar de construir viviendas hiciésemos nidos de cotorra.