sábado, 12 de octubre de 2013

En ciertas condiciones, la riqueza corrompe



 
Cuando alguien agota todos sus deseos, queda «muerto en vida», corrompido, podrido (¿en plata?), sin valores morales, como cualquier fallecido.

Es cierto que la riqueza económica corrompe, pero siempre y cuando se den ciertas condiciones.

La palabra «corromper» significa varias cosas parecidas (1):
Alterar y trastrocar la forma de algo, echar a perder, depravar, dañar, pudrir, sobornar a alguien con dádivas o de otra manera, pervertir o seducir a alguien, estragar, viciar.
Todas estas acciones giran en torno a su causa: el deseo.

El deseo es una sensación que se parece a una necesidad, pero con la característica de que si no se satisface nada grave puede ocurrir. Por ejemplo, si alguien tiene la necesidad de comer y no se satisface, en poco tiempo puede morir, pero si alguien tiene el deseo de escuchar música y no se satisface, nada grave puede ocurrirle.

Por el contrario, y aunque parezca paradójico, es la satisfacción radical del deseo lo que podría quitarnos las ganas de vivir.

Los deseos constituyen estados psicológicos que nos inducen a buscar ciertos estímulos, que si bien no son vitales como el hambre, cuando se satisfacen moderadamente contribuyen a mejorar la calidad de vida. Sin embargo, cuando se satisfacen radicalmente, el ser humano cae en estados de apatía, indiferencia, insensibilidad afectiva, tristeza, deseos de muerte por ausencia de los deseos de vida.

¿Quiénes nunca deberían disponer de mucho dinero ni de mucho poder? Necesitan ser pobres y carentes de poder quienes no puedan controlar el deseo e intenten aplicar sus disponibilidades (de dinero y de poder) para satisfacer radicalmente sus deseos.

Cuando morimos nuestro cuerpo se pudre, se corrompe y, de forma similar, cuando perdemos las ganas de vivir porque agotamos todos nuestros deseos, entonces quedamos «muertos en vida», corrompidos, podridos, sin valores morales, como cualquier persona fallecida.

 
(Este es el Artículo Nº 2.030)

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